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miércoles, 10 de diciembre de 2014

“MANO NEGRA” EN EL MERCADO CAMBIARIO




Imagen: Wikipedia
Esta semana se anunció casi como “gran decisión” de parte de la Comisión de Cambios, que intervendrá en el mercado de divisas. Como sabe esta medida vigente desde ayer, consiste en subastar 200 millones de dólares diarios si el peso cae al menos 1.5 por ciento entre sesiones. La decisión aunque con matices, fue aplaudida por senadores del PRD, PAN y PRI como Miguel Barbosa, Ernesto Cordero y José Yunes. Pese a los discursos y los buenos deseos, lo cierto es que este consenso apresurado se debe a la creencia lopezportillista de que hay que defender al peso. Esto, es síntoma de una enfermedad económica que, debemos reconocer, no es exclusiva de México: el intervencionismo estatal.

Este verdadero cáncer económico, y no el capitalismo de mercado libre –que no hemos tenido en el país, es responsable de que por más políticas que se intentan sexenio tras sexenio, nada funcione para sacarnos del atraso. De seguir así, México seguirá condenado.

Peor aún es que la medida de meter “mano negra” al tipo de cambio se presenta en un contexto político en el que las decisiones de gobierno se están tomando dando palos de ciego.

Por ejemplo, hace unos meses el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, se había comprometido a no hacer más ajustes a los impuestos durante el sexenio. Lo que creyó sería visto como un signo de certeza, fue motivo de preocupación para los empresarios: sin cambios, quiere decir que tampoco van a bajar. Pero hace unos días, Videgaray dijo que no están cerrados a bajar la carga impositiva en 2016 si es que “las condiciones lo permiten”. Para ser claros, con el rumbo que lleva el país, es muy poco probable que esta situación se presente. Otra pésima señal para los inversionistas.

Una muestra más son las tres Zonas Económicas Especiales que el presidente quiere establecer en el Sur del país. En este espacio explicamos ya los motivos por los cuales esta ocurrencia sacada de la manga puede terminar convirtiendo esas zonas en auténticos elefantes blancos, que no compensarían los costos en que incurriríamos para crearlas.

Nuestros funcionarios deberían ser más cuidadosos a la hora de hacer declaraciones, pues evidencian que son vacilantes.

De vuelta al tema cambiario, conviene recordar que apenas el 1 de diciembre pasado, Videgaray decía que el mercado funcionaba “con liquidez y orden”, por lo que no veía necesidad de llevar a cabo una intervención. Una semana después –y tras apenas una depreciación de 3 por ciento, la Comisión de Cambios hizo su anuncio. Pero no se vale que haya libertad en el mercado de divisas solo cuando el peso se aprecia y se argumenta que es gracias a los “sólidos fundamentos de la economía mexicana”. Bajo esa lógica oficial, la devaluación del peso sería ahora un signo de desconfianza, pero no, ahora culpan a la “volatilidad” en los mercados financieros. La realidad es que solo esto último es cierto, pues la impresión masiva de billetes que están haciendo los mayores bancos centrales del orbe ha provocado una liquidez que está inflando burbujas financieras por doquier. Así que mentían al atribuir el súper peso a nuestra solidez económica.

Más que intentar moderar la devaluación de nuestra moneda, Hacienda debería de dejar de influir en el mercado. La cura para un dólar caro, es un dólar caro. Si los participantes consideran que el peso está subvaluado, comenzarán a vender sus billetes verdes y comprar pesos, y el tipo de cambio bajaría. Oferta y demanda en plena operación. Manipular el mercado de divisas es tergiversar el mensaje que este debe mandar a los inversores. Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, dice que el peso podría fortalecerse en 2015. Puede ser. Pero eso lo debe decidir el mercado. El peso no se defiende subastando dólares, sino fortaleciendo la economía con libertad, no más intervencionismo.

El problema de tener un Estado intervencionista, es que el gobierno y el banco central quieren asumir la responsabilidad de la conducción económica y ello, solo puede terminar en desastre. Sus manipulaciones no hacen ningún bien, pero sí en cambio mucho mal. No son inocuas. La responsabilidad del nivel “adecuado” de tipo de cambio no debe ser asumida por la decisión política de un grupo de notables. Dejen que los mercados trabajen. Después de todo, ellos siempre se imponen por la buena o por la mala. No hay que meterse con fuerzas tan poderosas. Tal acción, nunca queda sin castigo y México, lo sabe de sobra.

viernes, 18 de mayo de 2012

CATACLISMO FINANCIERO: LA TRAGEDIA GRIEGA ES SOLO EL COMIENZO

México, D. F., 18 Mayo 2012 (Guillermo Barba) – Sobre la salida griega de la zona Euro se seguirán escribiendo cientos de artículos que, como es habitual, quieren encontrar respuestas coyunturales a problemas estructurales. Esa falla en la que también incurren políticos e inversores, es muy común. Tanto, que ven por ejemplo en el fracaso griego de formar un nuevo gobierno de coalición, la causa del inminente abandono de dicha divisa.

Se equivocan. Grecia se comenzó a condenar a sí misma, quizás desde el mismo momento en que se incorporó oficialmente a la región. Para decirlo con claridad, se convirtieron junto con otros países del vecindario continental, como España y Portugal, en víctimas de sus propios ímpetus de riqueza pronta.

La ventana de oportunidad que les permitió alcanzar este sueño, se materializó en la moneda única, condenada de nacimiento a su fracaso. La razón fundamental: la ausencia de una unidad fiscal que imposibilitara de hecho y de derecho, que cualquiera de sus miembros abusara de los privilegios de adquirir súbitamente, acceso amplio y barato a fuentes de crédito, y por ende, manga ancha para el dispendio.

Eso sí constituyó el error sustancial de la Unión Monetaria, sobre todo, en un contexto en el que la visión económica predominante, privilegia y alienta el consumo sobre el ahorro y la deuda sobre la inversión. Los beneficiarios no iban a desperdiciar la oportunidad, cuyo resultado no podía haber sido diferente al que ya vimos, con burbujas en activos como los bienes raíces, colosales déficits públicos y abultados endeudamientos gubernamentales y privados.

El péndulo del ciclo económico es infalible. Comprender eso es importante para no perder de vista que a la expansión crediticia (inflación), le sucederá siempre su colapso (deflación). Cualquier intento de desviar esas fuerzas o de evitar lo inevitable, solo empeorará la situación.

Los griegos se convierten así en el botón de muestra de lo que más tarde vendrá para otras naciones. Por ello, pese a los previsibles esfuerzos franco-alemanes, del Banco Central Europeo (BCE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) por forzar la integridad de la zona, la salida griega y de otros más tarde, es cuestión de tiempo.

El nerviosismo que esto genera explica, por supuesto, por qué los capitales no dejan de abandonar a los bancos y territorio helénicos, las caídas bursátiles, y también por qué el dólar se ha fortalecido por su condición, todavía existente, de ser el refugio “seguro”.

Pese a que no podemos perder de vista que el dólar tiene sus propias cuentas por pagar en el futuro, debe tenerse cuidado en no adelantar sus obituarios, como lo ha señalado el profesor Antal Fekete, de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (http://bit.ly/Lb9y0a).

Asimismo, deberían ser precavidos aquellos que hoy denuestan al oro acusándolo de “perder” su condición de amparo ante las vicisitudes de la economía mundial, por las normales correcciones que ha sufrido los últimos meses.

Y es que como queda explícito en la gráfica de Steen Jakobsen, economista en jefe de Saxo Bank en Dinamarca (tomada del blog de Mike Shedlock), el temor supremo de los bancos centrales de Estados Unidos (Fed), Japón (BoJ), Inglaterra (BoE) y BCE, seguirá siendo la deflación, a la que infructuosamente querrán seguir combatiendo con más inyecciones de liquidez conocidas como “flexibilizaciones cuantitativas” (QE, en inglés).

De ahí que en todos los casos, su hoja de balance como porcentaje del PIB, marque una clara tendencia alcista a partir del inicio de la crisis en 2008.



Así que no nos distraigamos. Los bancos centrales pueden controlar la cuantía de dicha liquidez, pero no hacia dónde se dirigirá. Es previsible que una parte muy importante de ella se siga yendo al oro, y que su subida se acelere a velocidades insospechadas cuando el turno protagónico de la crisis fiscal y de divisas, toque a Estados Unidos, la última ficha.

De tal suerte que no es casualidad ni coincidencia, que muchos otros bancos centrales como el de México y Rusia, continúen ampliando sus reservas en metal, ante lo que el mismo FMI ha reconocido como “elevados riesgos crediticios”. Que no se nos olvide, la tragedia griega, es solo el comienzo.

Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com