Hoy los estadounidenses salen a votar por quien será el ocupante de la Casa Blanca por los próximos cuatro años. En los medios del mundo hay un inteso debate sobre si la elección será "cerrada" como la que en el pasado tuvieron George Bush y Al Gore, o si la reelección del presidente Obama será por amplia mayoría en el Colegio Electoral.
En este espacio nos hemos pronunciado por la segunda opción. Como sea, estamos a solo unas horas de saberlo, pero lo cierto es que los mercados financieros, y en particular los del oro y la plata, ya se están pronunciando por lo que, anticipan, será el resultado: gane quien gane, nada habrá cambiado para el destino económico-financiero de ese país.
Para decirlo de otro modo, la reelección casi segura de Obama nos permite anticipar que pocos ajustes de fondo habran de realizarse en la administración federal, pese a los recortes ya programados con anterioridad que iniciarían en 2013, y que se conocen como el "precipicio fiscal" (fiscal cliff).
Esto, porque las presiones internas e incluso a escala internacional -provenientes del G20, habrán de forzar que, de una forma o de otra, estos ajustes sean pospuestos o bien atenuados, bajo el pretexto de evitar una recesión que, a decir verdad, en el mejor de los casos solo podrán posponer unos trimestres más. No habrá tal "precipicio fiscal".
En otras palabras, el sistema sabe de antemano que para seguir sobreviviendo, necesita más gasto, deuda e impresión monetaria (QE), a pesar de que nada de esto resuelva uno solo de los problemas que acarreó la crisis global, pues de hecho, son exactamente sus causas: excesos de deuda, consumo y crédito.
Asimismo, una muy poco probable victoria de Romney, traería meros cambios superficiales al presupuesto y más promesas de responsabilidad, equilibrio y finanzas públicas sanas, pero nada más. Hacer cambios profundos sí implicaría adelantar la necesaria e inevitable nueva gran recesión, que ningún político estaría dispuesto a asumir, por el costo electoral, político y social que esto implica para ellos.
Quizás también en el futuro, significaría la sustitución del presidente de la Fed, Ben Bernanke, por alguien con postura más "hawkish" (anti inflacionista y anti QE), pero eso no sería sino hasta finales de enero de 2014, y seguramente su trabajo no sería liderar a la Fed para retirar la liquidez ya inyectada (y por inyectar). Cuando más, buscará detenerla o hacerla más lenta, eliminarla, para nada.
Por eso, llama la atención que haya voces que pregonan que una victoría de Romney sería fatal para el oro y benéfico para el dólar. Nada de eso. Quizás habría un efecto de corto plazo en ese sentido, pero el mercado no tardaría en retomar su tendencia ascendente de largo plazo. Que no se nos olvide que el oro, la plata y otras commodities (materias primas), están inmersos en un mercado alcista mayor (bull market) que dista mucho de terminar. Lo hará, como todos, en una euforia que se ve todavía muy lejana.
De cualquier manera, la apuesta de los metales preciosos hoy, que los ha llevado a alzas importantes en unos cuantos minutos, está echada.
Apuntan a la reelección de Obama, sí, pero más importante aún, nos recuerdan que en todo momento, pese a la bruma y el ruido típicos de fechas como hoy, no debemos distraernos en la coyuntura, sino fijar la atención en los fundamentales. Estos, pese a los accidentes en el camino, nos terminaran llevando irremediablemente al mismo destino, que por cierto, se encuentra en una cima muy alta, más de lo que ahora podemos imaginar.
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martes, 6 de noviembre de 2012
viernes, 15 de junio de 2012
BASTA YA DE ESPECULACIONES, SÍ HABRÁ FLEXIBILIZACIÓN CUANTITATIVA QE3

México, D. F., 15 de Junio 2012 (Guillermo Barba) – En el sistema financiero global que nos ha tocado vivir, es la deflación (entendida como la contracción crediticia), y no la inflación (su expansión), el causante supremo del pánico que sufren los que se benefician más de él. No podría ser de otra manera, si consideramos que esa estructura, para funcionar, depende justamente de la expansión al infinito, de algo que por definición no se puede: la deuda.
Eso explica también por qué, este castillo de naipes en realidad, está construido de dinero fíat que puede ser creado a voluntad, sin el respaldo del oro. Una molesta piedra en el zapato que, hecha a un lado, permitió dar paso a una etapa de crecimiento económico inimaginable, en la que el alza perpetua de los precios se convirtió en parte de la vida cotidiana, y en el arma perfecta e invisible de gobiernos cada vez más intervencionistas.
Por ello, no gusta en absoluto a los principales gobiernos y bancos centrales, que el ciudadano en su búsqueda instintiva de buscar protección y salida a sus problemas, comience a pagar sus deudas y reducir gastos, pues esto es “malo” para el crecimiento económico.
Los párrafos anteriores, nos ayudan a entender, de fondo, por qué la creación monetaria permanente, expresada en las llamadas flexibilizaciones cuantitativas (QE, en inglés), está más que garantizada, con todo lo que ellos significa para el futuro de los metales preciosos: oro y plata.
Sin embargo, mucho se especula sobre si la más representativa de todas, la fase QE3 de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), llegará en la próxima reunión de su Comité de Mercado Abierto (FOMC), a celebrarse el 19 y 20 de junio. En opinión de esta columna, las probabilidades de que su presidente, Ben Bernanke, anuncie ya una nueva compra de bonos del tesoro y activos respaldados en hipotecas, todavía no son muy altas.
Eso, a pesar de las pésimas noticias económicas, y de un evidente cambio de ánimo que da visos de desesperación en varios grupos de poder, como los representados por Goldman Sachs, que a través de Jan Hatzius ha expresado su “confianza” en que el FOMC, relajará la política monetaria en su encuentro de la próxima semana. Ya podemos imaginar el tipo de cabildeo y presiones que están ocurriendo detrás del telón.
Ahora bien. Toda flexibilización cuantitativa, además de un fenómeno monetario, es también político. Los tiempos electorales en Estados Unidos distan mucho de estar en su punto álgido, y la aprobación de Obama se mantiene más o menos estable. Todo ello compensaría, en parte, la innegable desaceleración de su economía, la caída del Índice de Precios al Consumidor y el desendeudamiento hipotecario de las familias americanas entre otros pésimos datos que, no obstante, pueden ser aún peores en los meses por venir.
En este sentido, de no anunciarse el QE3 la semana siguiente, el pronóstico es que se lanzará, a más tardar, en la reunión del FOMC del 12 y 13 de septiembre (nota: en esta columna se adelantó con exactitud, lo que más tarde sería el lanzamiento oficial del QE3, ver el enlace), que al igual que la de junio, presentará un Resumen de Proyecciones Económicas y una conferencia de prensa de Bernanke. Hagan sus apuestas. Lo cierto es que, la reelección de Obama y el QE3, son elementos que deben estudiarse juntos como lo que son: la cara y la cruz de una misma moneda.
Guillermo Barba
https://twitter.com/memobarba
memob@hotmail.com
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