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lunes, 11 de agosto de 2014

OCCIDENTE Y RUSIA, EN RUMBO DE COLISIÓN




Gabor Steingart.
Imagen: Handelsblatt
Occidente y Oriente están sin duda alguna en rumbo de colisión, y de no dar un golde de timón pronto, el resultado puede ser fatal. Cada día son más las voces que entienden la gravedad de la escalada verbal y de sanciones que está ocurriendo entre la alianza EE.UU.- Europa por un lado, y Rusia por el otro. Es el destacado caso de Gabor Steingart, editor del principal periódico financiero de Alemania, Handelsblatt.

Steingart publicó el viernes pasado un artículo de lectura obligada, titulado The West on the wrong path” (Occidente en el camino equivocado). El texto –que con toda intención cuenta con versiones en alemán, inglés y ruso, rompe con la inercia de los medios alemanes y occidentales en los que la “mala” de la película es la Rusia de Vladimir Putin, y donde se clama por acciones más “contundentes” contra ellos. El autor acusa que “Incluso los titulares demuestran una tensión agresiva usualmente característica de los hooligans cuando ‘apoyan’ a sus respectivos equipos”. Cita por ejemplo al Tagesspiegel: “¡Basta de hablar!”; al FAZ: “Muestren fuerza”; al Süddeutsche Zeitung: “Ahora o nunca” y al Spiegel “Fin a la cobardía”, todos apoyando un endurecimiento del trato político alemán contra Moscú.

Asimismo, Steingart señala que esto se debe a lo que llama la “fiebre de la guerra”, de la que ni siquiera mentes inteligentes escapan, como la de Max Weber, a quien cita con una frase de 1914: “Esta guerra en toda su atrocidad sigue siendo una cosa grande y maravillosa. Es una experiencia que vale la pena tener”.

En este sentido, también se cuestiona si todo comenzó con la invasión rusa a la península de Crimea o bien con la desestabilización –patrocinada por Occidente– del gobierno ucraniano pro-ruso. Del mismo modo, se pregunta si Rusia fue la que quiso expandirse hacia el Oeste o la OTAN hacia el Este, o si solo fue una coincidencia que dos potencias con intenciones similares se encontraran en un tercer país, Ucrania, que pagará las consecuencias.

El editor alemán explica que la agresividad del tono americano debe entenderse en el contexto preelectoral. De esta manera, cuando Hillary Clinton compara a Putin con Hitler, lo hace para atraer simpatías hacia el partido Demócrata, claro está, con el fin de volver a ganar la presidencia.

Por ello, hace un llamado al gobierno alemán para que deje de seguir a Obama, pues junto con Putin, dice, van hacia un “callejón sin salida”. Criticó la bélica tendencia americana y recordó que “La última importante acción militar de éxito para los EE.UU. fue la del desembarco de Normandía. Todas las demás –Corea, Vietnam, Irak y Afganistán fueron una clara falla.

Steingart concluye afirmando que Alemania debe entender la situación conforme a su contexto actual, en el que no se debe comportarse “como si las violaciones a la ley internacional hubiesen comenzado con los eventos en Crimea”. Recuerda que en los últimos 100 años los alemanes le han declarado la guerra en dos ocasiones a Rusia, por lo que a pesar de la indignación contra Putin, asegura, esta debe venir con cierto rubor de vergüenza. En suma, se debe evitar repetir la historia.

Es innegable que la visión de este editor es importante en el tenso ambiente actual, y más por ser de los muy pocos que entienden el problema de fondo. Lo que es peor, Alemania y los medios que azuzan a las autoridades de su país no parecen darse cuenta que sólo están siendo utilizados como una herramienta americana para lograr los fines que interesan a Washington. Esto es, en el más pacífico y optimista de los casos: aislar a Rusia e imponer en toda Ucrania una sumisa autoridad que los incorpore a la OTAN y permita instalar misiles en su territorio. En el peor, propiciar una nueva guerra mundial.

Por supuesto, Putin no quiere misiles tan cerca como en su momento Washington tampoco quiso tener los soviéticos en Cuba.

Alemania como país líder en Europa, debe entender que más puede ganar independizándose de la desastrosa política exterior estadounidense que actuando como su lacaya. En vez de ningunear a Rusia deberían dialogar con ella, pero las sanciones no ayudan. Después de todo aunque los americanos digan a los alemanes que son sus amigos y aliados, solo estos últimos los tratan como tales. En cambio, los primeros no han dejado de espiar a altos funcionarios germanos –incluida la propia canciller Merkel, y también se niegan de manera sistemática a devolverles las reservas de oro que se supone, les “guardan” en la Reserva Federal de Nueva York. Ese es el nivel de “amistad” que ofrece Obama.


Es evidente que Washington y los poderes que desde atrás los mueven tienen interés en incitar a una Gran Guerra. Justo por eso desde el campo de las ideas debemos insistir con fuerza en la necesidad de actuar con inteligencia, y de buscar evitar a como dé lugar una conflagración que sin duda sería catastrófica. Por eso aquí apoyamos la postura de Steingart. Un tercer conflicto mundial es algo que incumbe a cada habitante del planeta, y como tales, no lo debemos permitir.

lunes, 24 de marzo de 2014

CONTRAATAQUES: RUSIA APUNTA AL PETRODÓLAR




Imagen: laborlist.org
En el “ajedrez” geoestratégico el presidente Vladimir Putin lleva la ventaja sobre el disminuido estadounidense Barack Obama. Después de la anexión de la península de Crimea a Rusia, Washington respondió con sanciones que fueron vistas como tenues por parte tanto de los propios rusos como de analistas internacionales.

Esa fue la causa de que el jueves pasado, Obama anunciara medidas adicionales contra una veintena de altos funcionarios rusos y de que amagara con ir por sectores estratégicos de la economía rusa, como el energético. Si hay movimientos rusos sobre las regiones sur y oriental de Ucrania, esos castigos entrarían en operación, aseguró el mandatario.

Pero el gobierno de Moscú ya tiene planteada la fase dos de su estrategia de contraataque –la primera terminó con éxito con la anexión de Crimea, y esta vez, tiene la mira puesta nada menos que en el petrodólar. Rusia está apuntando así nada menos que al corazón del sistema financiero global.

El esquema de contragolpe se ha dejado entrever por medio de declaraciones como las del ministro de Desarrollo Económico de Rusia, Alexei Ulyukayev, quien dijo que Rusia  trabajaría en incrementar el volumen de comercio internacional en divisas nacionales distintas al dólar –como el yuan y el rublo. “¿Por qué deberíamos tener contratos en dólares con China, India, Turquía?” cuestionó, agregando que esto aplicaría a “energía y otras esferas”. En el fondo, el objetivo es crear nuevas petro-divisas, que si bien no serían de “reserva”, sí serían divisas de comercio bilateral.

Estas declaraciones se dieron en el marco de un pre-ataque orquestado por Estados Unidos, y cuyo autor intelectual parece ser el famoso inversionista, George Soros, conocido por su simpatía y jugosas aportaciones financieras al Partido Demócrata, al cual pertenece Obama.  La semana pasada Soros hizo pública en Berlín su propuesta de castigar a Rusia por medio de la venta de parte de la reserva estratégica de petróleo, para manipular el precio a la baja. El “oro negro” es, por supuesto, una de las principales fuentes de financiamiento para el presupuesto federal ruso.

Según Soros, Rusia necesita el precio del barril a 100 dólares “para equilibrar su presupuesto”.

Estas revelaciones llegaron no por casualidad ocho días después de que el Departamento de Energía americano anunciara la primera “prueba de venta” desde 1990, por apenas cinco millones de barriles de su reserva. Los precios cayeron a su nivel más bajo en un mes después de esta noticia, una clara amonestación para Moscú.

Lo malo para Washington es que el propio Soros hizo una advertencia: "La tarea es ayudar a Ucrania en lugar de castigar a Rusia, porque solo castigarla acorralaría a Putin y como un animal herido, devolvería el golpe y sería una proposición perder-perder."

Es evidente que Soros también conoce los planes rusos de contraofensiva contra el dólar, que podrían llegar a la venta masiva de bonos del Tesoro, la suspensión de pagos de compañías rusas con deudas en el billete verde, entre muchas otras.

De hecho, entre el 5 y el 12 de marzo, según datos de la Fed ocurrió un gran desplome de 104.5 mil millones de dólares en los bonos del Tesoro que mantiene en custodia a favor de instituciones extranjeras y otros bancos centrales. Esta fue la mayor caída de que se tenga registro. Dado que no se trató de una venta sino de una salida de los valores guardados, se sospecha que Rusia habría cambiado la ubicación de sus “treasuries” fuera de Estados Unidos, para en caso necesario poder disponer de estos cuantiosos recursos, y quizá, usarlos como arma.

Cabe recordar que según cifras del Tesoro, al cierre de enero Rusia tenía 131.8 mil millones de dólares en bonos.

Imagen: bolsaclick.com
Asimismo, Putin contaría con un aliado estratégico en su ataque al petrodólar: China.

El mensaje fue enviado por al titular de la más grande compañía petrolera rusa, Rosneft, citado por Reuters: “si Europa y Estados Unidos aíslan a Rusia, Moscú mirará hacia Oriente para hacer nuevos negocios, tratos energéticos, contratos militares y alianzas políticas.” De hecho, se encuentran ya muy avanzadas las negociaciones para un acuerdo por el cual Rusia vendería a China 38 mil millones de metros cúbicos de gas natural hacia 2018, a través del primer gasoducto entre el mayor productor y el mayor consumidor mundiales. Putin podría formalizar el acuerdo en mayo en su visita a ese país.

Quizás lo que sigue haciendo falta a Moscú es una ampliación significativa de sus compras de oro para reservas. Podría incluso hacerlo en secreto, al estilo chino. Los manipuladores occidentales no podrán manejar a su antojo por siempre el precio del metal precioso, y cuando el dólar colapse –algo que no está en duda si sucederá o no sino sólo el cuándo, quien tenga el oro físico llevará mano en la conformación del nuevo sistema monetario internacional que nacerá sobre las cenizas de la divisa estadounidense.

Washington no solo no tiene una “reserva estratégica de oro”: no posee ni siquiera todo el oro que clama tener en el papel.


De modo que una espiral de sanciones económicas americanas sobre Rusia sería un disparo en el propio pie, y podrían poner pronto en peligro al sistema monetario global basado en el dólar. Estados Unidos la debe pensar muy bien. Ya no es la superpotencia que puede hacer lo que quiera, sino una decadente cuyos mejores tiempos han quedado muy atrás.