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viernes, 11 de noviembre de 2011

LA FALTA DE TRANSPARENCIA EN EL MERCADO DEL ORO

México D.F., 11 Noviembre 2011 (Guillermo Barba/OroyFinanzas) – Otra ficha del dominó está cayendo: Italia. Sin embargo, nadie debe sorprenderse por ello o por la volatilidad de los índices bursátiles, ni por los rendimientos récord observados los últimos días en los bonos soberanos del país transalpino.

La crisis de los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) y sus efectos, fue anticipada por una minoría de analistas que, por sentido común, sabían de antemano que la hora de la verdad y de pagar las cuentas siempre llega. El tiempo se ha cumplido.

Al otro lado del Atlántico asimismo se avecina un cataclismo financiero, tan previsible como el de los PIIGS. Al endeudamiento estadounidense y a su moneda, también les llegará su hora.

 ¿Dónde están las reservas de oro?
En medio del nerviosismo general, una pregunta comienza a rondar por diversas latitudes. Se trata de una pregunta que se haría cualquiera al encontrarse en un barco que zozobra: ¿dónde están los salvavidas? ¿Están donde deberían y hay suficientes? El silencio o las evasivas del capitán, desatarían el caos.

De la misma manera los zozobrantes barcos financieros tanto en Europa como en EEUU, disparan las alertas de aquellos que cuestionamos con insistencia: ¿dónde están las reservas de oro?

La cerrazón de la mayoría de las autoridades a contestar, desata toda clase de sospechas y pone de relieve la falta de transparencia hacia los ciudadanos a los que deben servir.

La poca difusión que se le da a esta falta de transparencia ha evitado el pánico, pero no la intención de los más avezados por comprar oro y plata físicos.

Falta de Transparencia en el mercado del oro
Gracias al trabajo de periodistas independientes como Lars Schall, sabemos de la negativa del Bundesbank (banco central de Alemania) de revelar dónde se encuentra el oro que tienen en reservas.

Esta semana en el Financial Times Deutschland, (la edición alemana del Financial Times) se retomó el tema y citaron las palabras de Hans-Helmut Kotz (miembro del consejo ejecutivo del Bundesbank), quien en 2004 dio la única pista oficial que se tiene hasta la fecha, cuando afirmó que la mayoría de las reservas de oro alemanas se encontraban depositadas en Nueva York, Londres y París.

En Estados Unidos la causa de la “transparencia” esta encabezada por el congresista Ron Paul, quien una y otra vez ha demandado sin éxito auditar la existencia de las 8,133 toneladas de oro, que afirman tener los Estados Unidos.

Recientemente este columnista solicitó al Banco de México la información de donde se localizaban físicamente los 3.4 millones de onzas de reservas del metal que posee la institución monetaria y la contestación fue: “No se otorgará el acceso a la información solicitada, toda vez que está clasificada como reservada” (aquí el artículo completo http://bit.ly/viGYYb).

Tampoco supieron contestar cuántos lingotes componían su más reciente adquisición de 93 toneladas, quedó claro que ni siquiera habían comprado oro físico, sino una simple promesa de entrega con la London Bullion Market Association. No es fortuito que el caso haya tenido mayor resonancia en el extranjero, que en México.

Asimismo el secretario del Tesoro holandés respondía a un cuestionario elaborado por un político socialista, y señaló que las reservas de oro del Banco Central de Holanda se encontraban en Nueva York, Ottawa, Londres y Ámsterdam, pero sin dar detalles sobre cuánto había en cada sitio, o por qué motivo lo mantenían ahí, ni si las existencias habían sido auditadas.

El oro un valor estratégico ¿expuesto a la confiscación?
Lo que es un hecho, es que esa “reliquia” llamada oro que se guarda “por tradición” (en palabras de Bernanke), es un activo con valor estratégico. La evidencia más contundente la ha dado Alemania al negarse con firmeza a utilizar sus reservas del metal para expandir el ‘Fondo Europeo de Estabilidad Financiera’.

El mensaje fue claro: “con mi oro, no se metan”. El discurso de Angela Merkel sobre una eventual modificación del Tratado de la Unión Europea, refuerza el argumento de que se puede negociar con el euro, pero con el oro, jamás.

Falta por ver si todos los países que poseen el metal tienen alguna intención en repatriarlo. El riesgo de mantenerlo fuera de las fronteras es demasiado alto, pues se vislumbra una ineludible reforma del sistema monetario que incluya de alguna manera al oro, como contrapeso a los desenfrenados excesos de gobiernos y bancos centrales. Al estar en manos ajenas, esas reservas se exponen entre otros peligros a una confiscación.

El retorno al empleo y a la prosperidad global, tendrán que pasar por que el oro y la plata retomen el rol que les corresponde como el dinero por excelencia, lugar del que nunca debieron ser depuestos.

© Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com

viernes, 21 de octubre de 2011

¿Y PARA QUÉ POSEER ORO Y PLATA EN FÍSICO?

(Guillermo Barba/ Inteligencia Financiera) – Alguien dijo alguna vez que el oro es dinero, todo lo demás, es crédito. Una razón muy sencilla subyace a este hecho y que lo distingue, junto con la plata, del dinero fíat (de papel, digital o de cualquier otra forma): no tiene que realizarse, es decir, en sí mismo constituye un bien privado con valor particular, y por tanto, sin riesgo de contraparte si está en físico.

El dinero fíat, en cambio, ante la ausencia de valor intrínseco, sí tiene que ser realizado (vendido) a la mayor velocidad posible, pues el vicio que constituye su emisión descontrolada obliga a sus tenedores a cambiarlo hoy, bajo el peligro de que mañana valga menos. Justo así es el sistema monetario actual en el que la absoluta mayoría de la población del mundo, está habituada al aumento constante de los precios.
Dicho de otro modo, ese sistema está basado en una ilusión inflacionaria que por un lado, castiga la responsabilidad financiera y el ahorro, pero por otro, premia el dispendio y la deuda.

Después de todo, para qué perder el tiempo guardando dinero que en unos años quizás no valga nada. Y no es que haya desaparecido mágicamente ese poder de compra, sino que en realidad alguien más lo está gastando, pues no hay manera más fácil y oculta de meter la mano a los bolsillos y cuentas bancarias de todos, que emitiendo dinero fíat.

Se esconda donde se esconda, con cada nueva emisión monetaria perderá valor. Parece que después de todo, las “cigarras” encontraron la manera de hacerse de lo que guardan las desprevenidas “hormigas”.

Los metales preciosos, en cambio, por sus cualidades y escasez no pueden ser creados de la nada, y gracias a eso quien los posee protege su poder de compra. Seguro que por eso en el corazón del sistema monetario, los bancos centrales ven en el oro a su enemigo público número uno. Muestra de ello son expresiones de desprecio como las del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, cuando afirmó en julio que el oro “no es dinero”, sino un simple activo al que se atesora “por tradición”.

Esa “reliquia barbárica”, sin embargo, acumula ya 10 años de mercado alcista, algo que uno de los más grandes inversionistas en el área de materias primas, Jim Rogers, califica de “extremadamente inusual”.

De ahí que con la pronunciada corrección que afectó hace poco el precio del oro, no dejen de sonar las voces y propaganda de sus detractores señalando que su “burbuja” ha reventado, y le auguren un futuro sombrío. Todos ellos olvidan (u ocultan) en primer término, que problemas como la crisis de las deudas soberanas de países europeos y la crítica situación fiscal de E.U., no solo no han sido resueltos, sino que lucen peor que nunca.

No podría ser de otra forma, cuando se pretende solucionar un problema de gasto, consumo y crédito excesivos, con más de lo mismo, rescatando en el camino a instituciones financieras y países que en un verdadero libre mercado, tendrían que quebrar. Todo, desde luego, con cargo a los contribuyentes. Las manifestaciones de inconformidad con esta situación, apenas comienzan.

Asimismo, esos detractores soslayan que la mayoría de los bancos centrales, en un esfuerzo inútil por “estimular” sus economías, están dispuestos a imprimir tantos billetes como crean necesario, como si hubiera atajos a la prosperidad que nada más puede adquirirse con el trabajo arduo, la disciplina y el ahorro.

Por eso, el oro en realidad se encuentra todavía subvaluado, sea que tomemos como medida la cantidad de circulante o el tamaño de las deudas, por ejemplo. Ahora mismo sobre niveles de mil 600 dólares la onza troy, se encuentra lejos de los 2,340 dólares que marcarían un nuevo máximo histórico ajustado por inflación oficial.

Por supuesto, eso no significa que estén descartadas mayores bajas que, en todo caso, se deben aprovechar. Y es que con estos fundamentos sería un error despreciar al oro ahora, sobre todo si tomamos en cuenta el comportamiento del mercado alcista de los años ‘70. En aquel entonces, el oro subió primero casi seiscientos por ciento para luego caer un 50 por ciento que estremeció y espantó a muchos del mercado, que más tarde se perdieron la mejor parte del “toro” que empujó el precio de 100 a 850 dólares la onza, en poco más de tres años.

Las voz experta del propio Rogers es contundente: los mercados alcistas (bull markets) “siempre terminan en histeria”, pero no suben en línea recta. Así pues, estas bajas consolidan la tendencia ascendente del oro que sí, finalizará un día en una burbuja de proporciones históricas por una causa: la fuerza del mercado siempre termina siendo más poderosa que cualquier manipulación.

En este escenario, queda claro que con independencia de la decisión personal que cada uno tome con respecto a sus inversiones, un buen escudo de oro y plata en físico no debiera estar ausente. Ahora que para los que desconfían de ellos, siempre quedará la opción de creer en sus políticos, papel-moneda y banqueros centrales. Que cada uno tome su mejor decisión.

twitter: @memobarba
guillermobarba@outlook.com