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viernes, 9 de enero de 2015

Alta inflación, con la complacencia de Banxico

Imagen: laprimeraplana.com.mx
2014 cerró con la inflación más alta de los últimos 4 años: 4.08 por ciento a tasa anual según el INEGI. Este nivel está ocho décimas por arriba del límite superior que Banco de México (Banxico) se ha autoimpuesto, e implica que cuando menos en este nivel, el poder adquisitivo de los mexicanos se ha perdido durante los últimos 12 meses. Los productos con precios al alza y mayores incidencias en el Índice Nacional de Precios al Consumidor fueron el jitomate, con un aumento de 41.09 por ciento mensual, y la carne de res, con 1.97 por ciento. En la lista de productos con precios a la baja en diciembre destacaron los servicios de telefonía móvil, que cayeron 5.58 por ciento, y la cebolla, con un descenso de 16.86 por ciento.

Aquí hemos lanzado voces de alerta desde hace meses, previendo que la inflación seguiría presionada, a pesar de las positivas esperanzas del banco central de que bajaría.

Según la Constitución, Banco de México tiene como objetivo prioritario el de procurar la estabilidad del poder adquisitivo del peso, pero como hemos visto, su trabajo ha dejado mucho que desear. El mensaje del alza de precios es que hay demasiada demanda en la economía, en parte debido al excesivo gasto deficitario del gobierno y a la promoción del crédito en vez del ahorro. Por si fuera poco, como sabe, en Los Pinos siguen empeñados en tratar de “estimular” la economía con acciones como la de impulsar el otorgamiento de “apoyos financieros” para el desarrollo de viviendas. Puras ocurrencias de burócratas.

Una economía no puede tener crecimiento sostenido si no ahorra, porque este es el pilar del capital, es decir, de la inversión productiva que genera riqueza y empleos que tanto necesitamos. No es lo mismo deuda que capital, ni expansión del crédito que acumulación de capital, condición indispensable para el crecimiento y desarrollo. Por si fuera poco, las tan ansiadas inversiones extranjeras prometidas por la reforma energética, no llegarán en el corto plazo por el colapso en los precios del crudo.

¿Qué deberíamos pedir? Primero que nada, que el gobierno equilibrara sus finanzas, que no gaste más de lo que recibe de ingresos, pues además, en los próximos años si se mantienen bajos los aludidos precios del petróleo, solo habrá dos opciones: o se recortan los gastos o expandimos aún más la deuda pública. Esta última opción sería la peor porque implica además mayores impuestos futuros.

En segundo lugar, Banxico debería comenzar a subir ya su tasa de interés interbancaria a un día, hasta que esté por arriba de la inflación. Esta tasa de referencia está en un mínimo histórico de 3 por ciento y el rendimiento de los Cetes está por debajo de ese nivel. Y claro, no es que esté bien que el Instituto Central manipule los tipos, pero por desgracia, dado que no existirá un mercado libre en el futuro previsible, es un mal menor que ahora utilice el poder que tiene para combatir la inflación y propiciar el ahorro. Es su obligación. Para ser atractivos, los rendimientos deberían estar por encima del 4.08 por ciento de la tasa inflacionaria.


Se aproximan meses difíciles y lo mejor es que tomemos acción. El tiempo de prepararse ya se terminó. Ante ello y la alta probabilidad de que ni el gobierno ni el banco central muevan un solo centímetro el curso que llevamos, no queda mucho más que tomar medidas personales de autodefensa financiera. Ya se vio que mantener el dinero debajo del colchón más allá de un fondo de emergencia tiene un elevado costo, por lo que es oportuno que se considere el refugiarse en activos tangibles –como los metales preciosos monetarios en físico, que en gran medida conserven, cuando menos, la mayoría del poder adquisitivo que nuestras autoridades se empeñan en destruir –con la falsa creencia de que estimulan la economía– “en beneficio de todos”.

jueves, 8 de noviembre de 2012

HIPERINFLACIÓN: CUIDADO, NO ES UN CUENTO CHINO



La historia está repleta de casos en los que la insensatez, ha conducido a graves episodios de lo que se conoce como hiperinflación. Esta, ocurre cuando hay una pérdida absoluta de confianza en una divisa, y ante la caída en su aceptación, los precios medidos en ella se disparan rápido y a niveles inimaginables: para recibir un pago, se exige cada vez más y más cantidad de ese falso dinero para tratar de compensar la devaluación inmediata que sufre, incluso, mientras apenas se pasa entre las manos.

Una carrera sin control provocada por la creación masiva de dinero de papel, que a diferencia del real, el oro y la plata, puede ser creado “de la nada”. Visto desde otra óptica, no es que los precios suban, sino que es el valor de la divisa el que se diluye, en proporción a la velocidad con que ésta se imprime e inyecta al mercado.

La respuesta que dan las leyes de la economía es muy claro: “podrán crear las divisas a voluntad, pero no así la riqueza”. De ser tan fácil, la pobreza no existiría en el mundo, pues bastaría con entregar o depositar en efectivo una determinada cantidad a las personas, para satisfacer todas sus necesidades y deseos, un absurdo.

La hiperinflación suele presentarse a causa de algún acontecimiento violento, de gran impacto, como una guerra civil o contra otro país, por lo que juega también un rol fundamental la decisión política de financiar de forma directa, gastos con billetes recién impresos y sin respaldo en metal. El impacto es inmediato, pues la puesta en circulación es instantánea.

El caso de la China de mediados del siglo XX, es uno de los más representativos de entre los fenómenos hiperinflacionarios. Un reciente estudio de Steve H.Hanke y Nicholas Krus, editado por el “Cato Institute”, ha podido estimar que entre octubre de 1947 y mediados de mayo de 1949, tomaba en promedio solo 5.34 días para que los precios, medidos en yuanes, se duplicaran.

Con su cálculo, en el mes de inflación más alta (abril de 1949), la tasa fue de un impresionante 5,070%. Cabe recordar que esto sucedía en medio de la cruenta lucha interna por el control del país, entre Nacionalistas y Comunistas, que culminaría con la victoria de estos últimos, y  que dio pie a la fundación formal de la República Popular China, por Mao Zedong, el 1 de octubre de ese mismo año.

De ahí que los gastos que ambos bandos financiaron con papel, fueron sobre todo los bélicos. Los comunistas incluso pusieron en circulación divisas locales en las zonas que fueron controlando.

Del mismo modo, cabe señalar también que durante los 10 últimos años que los nacionalistas ostentaron el poder, mantuvieron siempre elevados déficits fiscales, en parte también, para hacer frente a los gastos militares producto de la guerra con Japón, que duró de 1937 a 1945. No es casual por tanto, que en ese periodo China hubiera sufrido un periodo hiperinflacionario previo, aunque menor, entre julio de 1943 y agosto de 1945, cuando la duplicación de precios tomaba solo 15.2 días.

Llama la atención que justo a la mitad de la segunda gran hiperinflación china, el 19 de agosto de 1948, fue introducida una reforma monetaria que reemplazó los viejos billetes por nuevos “yuanes de oro”, a una razón de tres millones a uno. Desde luego, la palabra “oro” solo era una idea para dar más “confianza”, pues en realidad no se trataba de billetes amparados, redimibles en el metal. Era simplemente otra divisa que correría luego la misma suerte que la anterior.

En realidad, lo más relevante de esa reforma fue que se prohibió la tenencia de oro y plata a los individuos, que tenían que entregarlo al banco central de forma obligatoria a cambio de “yuanes de oro”. Tanto precios como tipos de cambio fueron congelados a los niveles vigentes en esa fecha, y se impusieron castigos severos contra “especuladores” y aquellos que fueran descubiertos realizando transacciones en el mercado negro.

Todas estas medidas, son típicas de todo gobierno que se ve inmiscuido en procesos inflacionarios, sin saber que además de absurdas, son inútiles, pues el mercado y el dinero real, al final, siempre prevalecen.

La prueba está en que desde mediados de octubre la presión social creció a tal grado, que los controles de precios fueron hechos a un lado, sin remedio, el 1 de noviembre, pues los comerciantes ya se negaban a vender sus productos a los precios oficiales. Llegó el caos.

Solo la centralización del poder en toda la China continental, alcanzada con la victoria de los comunistas sobre el decadente gobierno nacionalista, habría de traer mayor estabilidad hacia el primer trimestre de 1950.

En preparación para esto, el recién fundado por ellos Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés), había comenzado en diciembre de 1948, a emitir los billetes de la nueva divisa que comenzó a unificar todas las locales que circulaban en territorios dominados por las tropas de Mao, y a remplazar los moribundos y rechazados “yuanes de oro”.

El titular del PBOC en julio de 1949, estimó que la emisión total de estos últimos, en mayo de ese año, habría alcanzado los 60 billones de yuanes áureos, cuando unos meses antes, en noviembre de 1948, oficialmente estaban circulando solo 3.4 mil millones.

Como vemos, la trágica historia de la hiperinflación china es otra muestra de lo que sucede cuando se prueban los límites de la creación de dinero fíat, y de que se diga lo que se diga, el resultado nunca es la creación de riqueza, sino la generalización de la miseria. Un cuento de nunca acabar, que seguirá sorprendiendo en la actualidad a los que, por no protegerse con activos tangibles como el oro y la plata, les seguirán robando sin darse cuenta.