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miércoles, 29 de octubre de 2014

UNA GRAN DEFLACIÓN SE APROXIMA (IV)




Imagen: Reuters
En el artículo anterior describimos el proceso de destrucción de capital que la política de operaciones de mercado abierto de la Reserva Federal (Fed) estadounidense –en esencia compra de bonos para monetizar la deuda gubernamental–, está trayendo al mundo. Como resultado de ello, se prepara el terreno económico para una devastadora gran deflación que, en el fondo, era lo que se supone buscaban evitar a toda costa los banqueros centrales con sus “estímulos” de creación ilimitada de dinero.

Como ya se explicó, a través del mecanismo de transmisión de la especulación “libre de riesgo” en el mercado de bonos, producto de aquellas intervenciones en el mercado abierto, las tasas de interés tienden a caer en todos los vencimientos. Las consecuencias centrales que comentamos en el artículo anterior son tres: el incremento en el valor de liquidación de la deuda, el deterioro de los términos de intercambio del trabajo y el desvanecimiento de las cuotas de depreciación.

De manera que la reposición a tiempo del capital desgastado se vuelve imposible. El Prof. Antal Fékete, fundador de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (NASOE, por sus siglas en inglés), explica que lo mismo le ocurre a los bancos, que ven cómo su capital es insuficiente en un ambiente de tasas descendentes de interés. Critica asimismo que la práctica de la contabilidad pase por alto los mencionados efectos de esta manipulación del mercado. A causa de ello, las pérdidas pasan disfrazadas como ganancias, y falsas utilidades son pagadas como dividendos y compensaciones. Este proceso se acelera cada vez más conforme empeora la caída en los tipos de interés. El resultado no puede ser otro que la deflación.

El desgaste del capital, su destrucción, provoca que cada vez más empresas cierren sus operaciones, y las que quedan, se vean obligadas a competir más ferozmente por la menguante demanda en un ambiente recesivo, a través de la baja de precios. La Fed volverá cada vez a intentar crear inflación comprando bonos del Tesoro, pero como ya vimos, eso solo empeora las cosas al tirar aún más los tipos de interés, y el capital productivo se erosiona cada vez más rápido.

Fékete argumenta que la especulación juega un papel principal en la formación de los precios, y de este modo, las bajas de estos en el mercado de materias primas por erosión de capital, se ven agravadas en la medida en que los especuladores saquen sus fondos de éste hacia el mercado de bonos, donde existen las citadas ganancias “sin riesgo”, desconocidas en la esfera de las “commodities”. En suma, el círculo vicioso se cierra así: la “mano negra” de la Fed empuja la especulación “libre de riesgo”, que es el impulso inicial para la caída en las tasas de interés, las estructura descendente de estas causa una erosión del capital que dispara la baja de precios, y esto, aumenta la presión sobre las tasas de interés que se comprimen más. El banco central quiere catapultar la inflación, pero en ese afán, sus operaciones de mercado abierto solo crean más especulación y el ciclo se repite.

Las enseñanzas de Fékete y la NASOE por supuesto, se ubican dentro de la tradición de la Escuela Austríaca fundada por el gran Carl Menger, y luego continuada por Ludwig von Mises y Hayek en el siglo pasado. En este sentido, existe plena coincidencia con la teoría austríaca del ciclo en la cual, la manipulación a la baja de la tasa de interés a través de la política monetaria resulta en malas inversiones de los empresarios. Sin embargo, Fékete va más allá en el sentido de explicar el rol protagónico que juega la especulación generada por las intervenciones del banco central, que comprime los tipos de interés en todos los plazos.

Asimismo, Fékete expone lo que llama el “talón de Aquiles” del keynesianismo, la corriente económica predominante, que predica los peligros del “exceso de ahorro” y el “subconsumo”. El profesor los califica de tonterías, debido a que no hay razón para que la sociedad no sea capaz de ajustar las necesidades de aquellos de sus miembros que tienen que ser ahorradores netos, por lo general los más jóvenes, y de aquellos que son consumidores netos –las personas mayores. Lo anterior claro está, solo es posible en un sistema de dinero sólido con mercado libre, no bajo el fraudulento dinero fíat. Ese talón de Aquiles keynesiano se halla pues en su tratamiento del capital, o mejor dicho, en su omisión al no exponer los peligros de la destrucción de capital. Cuando esta ocurre, aquel debe ser repuesto, de lo contrario, las consecuencias económicas son devastadoras.

Como advierte Fékete, la sociedad no puede seguir viviendo con el mismo nivel de seguridad y confort con menos capital. En el keynesianismo, como señala la Escuela Austríaca, no se observa en el ahorro un objetivo de incrementar el poder de compra futuro de los ahorradores. Para ellos, la inversión está en función de la tasa de interés, que entre más baja, la propicia más. Su error pues está en no comprender que esa tasa no ha ser manipulada, y que si desciende, debe ser solo en un mercado libre y gracias a la abundancia de ahorro, que por cierto, junto con el capital, están aniquilando con cada recorte artificial de los tipos. Manipularlos pues, sólo conduce al colapso. La NASOE va más allá y critica además la confusión keynesiana entre crédito y capital, y en especial, entre expansión del crédito y acumulación de capital. No son lo mismo.

Por lo anterior, es absurdo que nuestras autoridades financieras y monetarias continúen siguiendo las recetas equivocadas de solución a la crisis global actual. La siguiente entrega, estará dedicada justo a las confusiones keynesianas entre causa y efecto que mantienen a la economía global, navegando en aguas turbulentas.

jueves, 8 de noviembre de 2012

HIPERINFLACIÓN: CUIDADO, NO ES UN CUENTO CHINO



La historia está repleta de casos en los que la insensatez, ha conducido a graves episodios de lo que se conoce como hiperinflación. Esta, ocurre cuando hay una pérdida absoluta de confianza en una divisa, y ante la caída en su aceptación, los precios medidos en ella se disparan rápido y a niveles inimaginables: para recibir un pago, se exige cada vez más y más cantidad de ese falso dinero para tratar de compensar la devaluación inmediata que sufre, incluso, mientras apenas se pasa entre las manos.

Una carrera sin control provocada por la creación masiva de dinero de papel, que a diferencia del real, el oro y la plata, puede ser creado “de la nada”. Visto desde otra óptica, no es que los precios suban, sino que es el valor de la divisa el que se diluye, en proporción a la velocidad con que ésta se imprime e inyecta al mercado.

La respuesta que dan las leyes de la economía es muy claro: “podrán crear las divisas a voluntad, pero no así la riqueza”. De ser tan fácil, la pobreza no existiría en el mundo, pues bastaría con entregar o depositar en efectivo una determinada cantidad a las personas, para satisfacer todas sus necesidades y deseos, un absurdo.

La hiperinflación suele presentarse a causa de algún acontecimiento violento, de gran impacto, como una guerra civil o contra otro país, por lo que juega también un rol fundamental la decisión política de financiar de forma directa, gastos con billetes recién impresos y sin respaldo en metal. El impacto es inmediato, pues la puesta en circulación es instantánea.

El caso de la China de mediados del siglo XX, es uno de los más representativos de entre los fenómenos hiperinflacionarios. Un reciente estudio de Steve H.Hanke y Nicholas Krus, editado por el “Cato Institute”, ha podido estimar que entre octubre de 1947 y mediados de mayo de 1949, tomaba en promedio solo 5.34 días para que los precios, medidos en yuanes, se duplicaran.

Con su cálculo, en el mes de inflación más alta (abril de 1949), la tasa fue de un impresionante 5,070%. Cabe recordar que esto sucedía en medio de la cruenta lucha interna por el control del país, entre Nacionalistas y Comunistas, que culminaría con la victoria de estos últimos, y  que dio pie a la fundación formal de la República Popular China, por Mao Zedong, el 1 de octubre de ese mismo año.

De ahí que los gastos que ambos bandos financiaron con papel, fueron sobre todo los bélicos. Los comunistas incluso pusieron en circulación divisas locales en las zonas que fueron controlando.

Del mismo modo, cabe señalar también que durante los 10 últimos años que los nacionalistas ostentaron el poder, mantuvieron siempre elevados déficits fiscales, en parte también, para hacer frente a los gastos militares producto de la guerra con Japón, que duró de 1937 a 1945. No es casual por tanto, que en ese periodo China hubiera sufrido un periodo hiperinflacionario previo, aunque menor, entre julio de 1943 y agosto de 1945, cuando la duplicación de precios tomaba solo 15.2 días.

Llama la atención que justo a la mitad de la segunda gran hiperinflación china, el 19 de agosto de 1948, fue introducida una reforma monetaria que reemplazó los viejos billetes por nuevos “yuanes de oro”, a una razón de tres millones a uno. Desde luego, la palabra “oro” solo era una idea para dar más “confianza”, pues en realidad no se trataba de billetes amparados, redimibles en el metal. Era simplemente otra divisa que correría luego la misma suerte que la anterior.

En realidad, lo más relevante de esa reforma fue que se prohibió la tenencia de oro y plata a los individuos, que tenían que entregarlo al banco central de forma obligatoria a cambio de “yuanes de oro”. Tanto precios como tipos de cambio fueron congelados a los niveles vigentes en esa fecha, y se impusieron castigos severos contra “especuladores” y aquellos que fueran descubiertos realizando transacciones en el mercado negro.

Todas estas medidas, son típicas de todo gobierno que se ve inmiscuido en procesos inflacionarios, sin saber que además de absurdas, son inútiles, pues el mercado y el dinero real, al final, siempre prevalecen.

La prueba está en que desde mediados de octubre la presión social creció a tal grado, que los controles de precios fueron hechos a un lado, sin remedio, el 1 de noviembre, pues los comerciantes ya se negaban a vender sus productos a los precios oficiales. Llegó el caos.

Solo la centralización del poder en toda la China continental, alcanzada con la victoria de los comunistas sobre el decadente gobierno nacionalista, habría de traer mayor estabilidad hacia el primer trimestre de 1950.

En preparación para esto, el recién fundado por ellos Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés), había comenzado en diciembre de 1948, a emitir los billetes de la nueva divisa que comenzó a unificar todas las locales que circulaban en territorios dominados por las tropas de Mao, y a remplazar los moribundos y rechazados “yuanes de oro”.

El titular del PBOC en julio de 1949, estimó que la emisión total de estos últimos, en mayo de ese año, habría alcanzado los 60 billones de yuanes áureos, cuando unos meses antes, en noviembre de 1948, oficialmente estaban circulando solo 3.4 mil millones.

Como vemos, la trágica historia de la hiperinflación china es otra muestra de lo que sucede cuando se prueban los límites de la creación de dinero fíat, y de que se diga lo que se diga, el resultado nunca es la creación de riqueza, sino la generalización de la miseria. Un cuento de nunca acabar, que seguirá sorprendiendo en la actualidad a los que, por no protegerse con activos tangibles como el oro y la plata, les seguirán robando sin darse cuenta.