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viernes, 16 de diciembre de 2011

EL "TORO" DE ORO, NO HA MUERTO

México, D. F., 16 Diciembre 2011 (Guillermo Barba) – Esta semana se han vuelto a escuchar con fuerza los coros de los detractores del oro, que han vuelto con la vieja cantinela ‘the gold bull market is over & the death of the gold bull market’ (el mercado alcista del oro ha terminado, la  muerte del mercado alcista del oro).

Estas palabras las utilizó esta semana Dennis Gartman (editor de The Gartman Letter), quien hace unos meses también hablaba de una burbuja en ese mercado. En ambos casos, ha estado equivocado.
Si bien es cierto que desde el 6 de agosto, mientras se acumulaban sucesivos nuevos máximos históricos en el precio del oro, incluso en esta columna (http://bit.ly/nKbUZ1 ) advertimos de una “posible y deseable” corrección  a la baja, nunca estuvimos remotamente cercanos a una burbuja.

¿Cómo podríamos estarlo, si ajustado a la inflación oficial, los máximos reales del oro se encuentran por encima de los 2,300 dólares la onza?

Cuando el precio del oro rebasó en septiembre la marca nominal de 1,900 dólares, dio inicio la esperada fase correctora que ya cumple tres meses.

Las pronunciadas caídas de esta semana en los metales preciosos, de ninguna manera simbolizan que su mercado alcista esté herido de muerte. Al contrario, el tiempo confirmará más adelante lo que dice el refrán: “lo que no mata, te hace más fuerte”.

Eso sí, debe tenerse claro que este periodo bajista podría no haber encontrado aún suelo y podría prolongarse durante varios meses más, como ha sucedido en el pasado.

En 2008 por ejemplo, el oro cayó alrededor de un 30 por ciento después de superar por primera vez los 1,000 dólares en marzo, cifra que no volvió a alcanzar hasta septiembre de 2009, un año y medio después.
Cómo olvidar, que muchos de los que hoy se burlan del rey de los metales, son los mismos que lo hicieron anteriormente, y que quienes los escucharon sin duda se perdieron,  lo que en la distancia se ve como una oportunidad extraordinaria. La película, se repite.

Para aquellos que conocen o intuyen la realidad, estos precios son una auténtica ganga. No podría ser de otro modo, cuando el mercado está inundado de “oro” y “plata” papel, cuyas ventas masivas hacen caer su precio, en beneficio de quien los adquiere físicamente. Gartman al pasar por alto este hecho llega a una conclusión equivocada, y a la incomprensión de estas bajas, frente a enormes compras como las de China.
Solo en octubre el país asiático importó desde Hong Kong un nuevo récord mensual de 86.3 toneladas, que el propio Gartman admite: “deberían haber elevado los precios del oro”.

Y es que la actual corrección, como la de 2008, anticipa los datos que en unos meses se  confirmarán, que ‘Europa está en recesión’. La falta de soluciones de fondo a la crisis del Euro, sumadas a datos económicos mejores a lo esperado (aunque no necesariamente buenos) en Estados Unidos, nos ayudan a entender la relativa fortaleza que ha mostrado el “dólar-refugio” en comparación con los mercados bursátiles y las materias primas.

No obstante, para la mayoría, que no vive de operar el mercado como lo hacen los “traders”, los fundamentales a largo plazo para invertir en oro y plata físicamente no se han debilitado en absoluto.
Estos siguen fuertes, ante la evidencia histórica que demuestra que pese a las fluctuaciones, el oro prevalece y rinde buenos resultados en escenarios de contracción del crédito y de impresión monetaria como los de Europa y Estados Unidos.

Si hay dos cosas que nutren al mercado alcista del oro, es precisamente ese dinero creado de la nada por los bancos centrales y los déficits públicos, herramientas equivocadas que volverán a ser utilizadas cuando se haga oficial la recesión.

Así las cosas, habrá que seguir teniendo a buen recaudo nuestros metales preciosos, pues siempre valdrán más que las meras promesas de austeridad gubernamental, y nos “vacunan” contra la enfermedad de una crisis que empeora cada día, y de la que Cristine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, sentencia “ningún país será inmune”.

© Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com

viernes, 12 de agosto de 2011

P.D. A 40 AÑOS EL REY ORO NO HA MUERTO,¡VIVA EL REY!

Este 15 de agosto de 2011, se cumple un aniversario más de aquella fatídica fecha en que, por decreto del presidente norteamericano Richard Nixon, se abandonó lo que quedaba del patrón oro. Ese acontecimiento marcó, de hecho, el primer “default” (incumplimiento de pago) de Estados Unidos, al que sin embargo solo después de cuatro décadas la calificadora Standard & Poor’s se atrevió a degradar de la nota más alta (AAA).

Grosso modo, el estándar vigente hasta entonces implicaba que el billete verde era tan bueno como el metal áureo: para obtener una onza, bastaban 35 billetes verdes a una tasa de cambio fija, a la que se sujetarían todas las demás monedas. No obstante, esta relación implicaba un límite a la creación de dinero de papel, pues para emitirlo debía estar amparado antes por su equivalente en metal, cuya disponibilidad desde luego, es limitada.

Los déficits de las cuentas estadounidenses con el exterior (por comprar mucho más de lo que vendían al mundo) acumulados por varios años, les significaron ver cómo rápidamente sus arcas comenzaron a vaciarse, pues países como Francia demandaron se les entregara el oro que les correspondía por los dólares que poseían. Sin la orden de Nixon, pronto se hubiesen quedado sin un gramo de oro. En otras palabras, no podían pagar, estaban quebrados.

Lo que es cierto, es que esa decisión les permitió vivir la época de mayor expansión económica de su historia, pues por su posición hegemónica el planeta entero asumió de facto, un patrón dólar. Gracias a él, podrían vivir más allá de sus propios medios con solo imprimir dinero, por supuesto, mientras todas las demás naciones estuvieran dispuestas a aceptar sus billetes.

Para hacer una analogía, es como si a cualquiera de nosotros se nos permitiera pagar cualquier cosa con billetes del “Monopoly” (“Turista” en México), y cuando se nos acabaran pudiéramos sacarles copias fotostáticas desde la comodidad de nuestro hogar, para seguir la fiesta y el derroche. Un absurdo total.

El problema fundamental de este nuevo sistema, vigente hasta hoy, es que se sostiene en algo que, por definición, no puede crecer al infinito: el endeudamiento. Tarde o temprano, todas las cuentas se tienen que pagar, de un modo o de otro; por la buena o por la mala. Cada billete ya no está respaldado por oro, ni por la supuesta capacidad de pago del emisor, nada más por su promesa de hacerlo, por mera deuda.

Por este motivo, el dólar ya no es lo que alguna vez fue. Su posición como divisa internacional de reserva, se debilita cada minuto, pues ya no estamos todos tan dispuestos a aceptar una la moneda de una nación que, como en 1971, está en quiebra. Grave error, por tanto, es la soberbia que se demuestra en palabras como estas, pronunciadas por Obama: "Los mercados bajan y suben. No importa lo que diga una agencia de calificación. Estados Unidos es y siempre será un país  triple A”. O peor todavía, las de Ben Bernanke, presidente de su banco central (Fed), que con desprecio ha dicho que el oro “no es dinero”. Ese mismo desdén, fue con que Nixon humilló en su momento al oro, al rebajarlo de su calidad de ser el dinero por excelencia, a una simple “materia prima”.

Muy a su pesar, en 2011 el metal amarillo sigue cobrando fuerza y, 40 años después, ridiculiza al dólar. Si entonces bastaban 35 unidades de aquél para valer igual que 31.1 gramos de oro (una onza), ahora han llegado a necesitarse más de 1,800, evidencia irrefutable de que toda divisa de papel eventualmente regresa a su valor original…cero. ¿Podrá solucionarse una enfermedad estructural como esta, combatirse con más impresión de dinero como ahora no sólo lo ha hecho la Fed, sino el Banco Central Europeo, el japonés, el suizo, etc.? ¿Puede más alcohol curar al alcohólico?

Una cosa es cierta, la historia muestra que todos los experimentos de este tipo, han tenido desenlaces terribles; el dinero de papel siempre termina autodestruyéndose y su emisor arruinado. Así que para los que quisieran ver al monarca de los metales desaparecer de la faz de la Tierra, el mensaje es claro: el Rey no ha muerto, y muy pronto reclamará su lugar en el sistema monetario global ¡que viva el rey!