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jueves, 5 de julio de 2012

MANIPULACIÓN DE LAS TASAS DE INTERÉS: EL ERROR FATAL

Ayer en lo que pareció una acción deliberadamente concertada, tres de los más importantes bancos centrales del mundo lanzaron medidas que pretenden, se supone, coadyuvar a la recuperación económica. El Banco Popular de China recortó su principal tasa de interés por segunda ocasión en un mes, mientras que el Banco Central Europeo hizo lo propio bajándola a un récord histórico de 0.75 por ciento, y su tasa de depósitos a cero. Por su parte, el Banco de Inglaterra incrementó los alcances de su programa de compra de bonos (impresión monetaria) en 50 mil millones de libras (78,000 mdd) para llegar hasta 375 mil millones.

Estos estímulos cumplieron con lo que el consenso de los economistas esperaba para esta semana, sin embargo, lo que suponían sería recibido con agrado por los mercados, no dio los resultados deseados.

No al menos a juzgar por los índices bursátiles que, en toda Europa y América, terminaron mayoritariamente en números rojos. Tampoco por los rendimientos de los bonos soberanos italianos y españoles a 10 años, que se dispararon respectivamente 3.66 y 5.71%.

El oro y la plata también cayeron, cuando las alzas de los días previos habían sido argumento para que los especialistas, especularan sobre la inminente reducción de tasas e impresión de billetes que, debemos decirlo, continuará beneficiando a largo plazo al mercado alcista mayor en que se encuentra la dupla de metales preciosos.

El gran ganador como suele ocurrir en estos casos, fue el dólar estadounidense que vio surgir su índice (DXY) en 1.24%, mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro se siguieron comprimiendo.

Lo revelador de estos movimientos coordinados, no es solo que tengan reacciones adversas, sino que constituyen evidencia clara, para el que lo quiere ver, de que los tomadores de decisiones no tienen la mínima idea sobre lo que deben hacer para “estimular” el crecimiento económico. La única receta que conocen –reducir tasas y expandir sus hojas de balance, no solo es vieja sino que además ha demostrado su rotundo fracaso.

De ahí que el mercado las rechace por una razón fundamental: no resuelven el problema de fondo de países que, en lugar de perder el tiempo con rescates inútiles, deberían componer sus finanzas reduciendo drásticamente sus gastos, sí, pero sobre todo enfrentando la dura realidad de que no podrán pagar sus obligaciones. Jugar por más años a que se puede apostar con más dinero barato y derrochándolo, sin que al final los acreedores asuman pérdidas colosales, es un callejón sin salida. El quebrado, debe quebrar de una vez y no prolongar su agonía.

No olvidemos que todas estas medidas ya fueron probadas desde el inicio de la recesión global en 2008, y en el mejor de los casos, provocaron un rebote de una economía de “gato muerto”. Los esfuerzos fueron liderados desde entonces por la Reserva Federal de Estados Unidos que, podemos asegurarlo, volverá a actuar con flexibilizaciones cuantitativas ad infinitum. La situación fiscal de aquella nación es tan adversa, que cuando estalle esa bomba de tiempo hará que la crisis europea parezca un juego de niños.

¿Por qué entonces si en el fondo saben que no funcionará, repiten sin cesar las mismas decisiones? Muy sencillo. El temor supremo de los bancos centrales es la deflación (contracción del crédito) que, por desgracia, no tiene cura. El remedio para la deflación es la deflación misma, que será la consecuencia inevitable de la mayor borrachera inflacionaria (de expansión crediticia) que haya existido en la historia humana. El péndulo, siempre, tiene que regresar al lado opuesto.

Querer presionar a los entes financieros a que presten y a los individuos y empresas a que se endeuden, es un absurdo. Más deuda no solucionará un problema de sobreendeudamiento. En cambio, la manipulación de tasas a niveles ínfimos, como es el caso, solo alentará la especulación (burbuja) en el mercado de bonos considerados “libres de riesgo” (como los treasuries), que redundará en el empeoramiento de la deflación que se quería evitar (http://bit.ly/zfrhYR). De ahí que la reducción artificial de tipos de interés, que en un mercado libre serían muy distintos, quedará marcada, como un error fatal.

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viernes, 8 de junio de 2012

EL PRECIO DEL ORO, LISTO PARA EXPLOTAR

México, D. F., 8 de Junio 2012 (Guillermo Barba) – Cuando se trata de tocar el tema del mercado del oro, muchos son los aspectos que se deben cuidar para no dejarse llevar por apariencias, trampas o malos consejos de expertos que, en el mejor de los casos por error, y en el peor por mala fe, orillan a los inversores a tomar malas decisiones. Como dijo un clásico, aquel que engaña siempre encontrará a alguien que se deje engañar.


Lo mismo aplica para los medios de comunicación especializados, que por su dinámica propia muchas veces conducen a anticipar conclusiones, a poner encabezados en las notas que no se corresponden con lo declarado por alguien, a interpretar de forma equivocada algún comentario, etc. Lo mejor, en todo caso, es conocer los hechos, ponderar las opiniones de los diferentes expertos en la materia y asumir uno mismo las consecuencias de sus determinaciones.

Así las cosas, pese a todo el ruido que existe en su entorno, la realidad es que la dupla de metales preciosos, oro y plata, sigue inmersa en un mercado alcista mayor que dista mucho de haber llegado a su fin, y que casi nació con el siglo. Dicho de otro modo, el “toro” de oro, no ha muerto (http://bit.ly/u000jU). Esta circunstancia, por supuesto, no obsta para que a lo largo del camino haya correcciones también mayores, como la que inició hace más de nueve meses en el oro y casi 14 en la plata, pero que deben verse como lo que son: un descanso en el camino, no el fin de sus mejores tiempos.

En este sentido, cabe subrayar que incluso afamados inversores de la talla de George Soros, por ejemplo, han estado equivocados más de una vez respecto al oro. Cómo olvidar que él mismo se deshizo del 99 por ciento de sus posiciones en el metal, durante el primer trimestre de 2011, en que promedió apenas 1,384.37 dólares la onza. Hubo quien interpretó esto como “el comienzo del final” de este mercado al alza. Vaya decepción para quien meses más tarde, vieran subir su cotización a un nuevo máximo histórico por encima de los 1,900 dólares. Perdieron el tren.

El mismo Soros parece haber querido enmendar su falla, al adquirir acciones del mayor fondo cotizado de oro del mundo, el SPDR Gold Trust (GLD) en el tercer trimestre de ese mismo año, cuando el oro promediando 1,700 dólares la onza. Vaya, vaya. De ahí que encabezados como los que se leyeron en Bloomberg en diciembre pasado, diciendo que Soros veía los precios del metal “al borde de un mercado bajista”, estaban más que desfasados. La prueba es que hoy sabemos, el fondo de este inversionista cuadruplicó su participación en el GLD en los primeros tres meses de 2012, con el metal a una media de 1,690 dólares. Esta vez, seguro que no quiere equivocarse.

Desde entonces la corrección del oro ha continuado, y desde el punto de vista técnico es posible que la tendencia continúe por varios meses más, a nuevos mínimos, sobre todo en el caso de una eventualidad comparable a aquella quiebra de Lehman Brothers. Sin embargo, la fortaleza e independencia que el rey de los metales ha demostrado en las últimas jornadas en que los principales índices bursátiles se han desplomado, son solo una pequeña señal que, entrelíneas, nos dice que al final del camino seguirá siendo el último refugio de pie.

Después de todo, su condición de dinero junto con la plata, lo aparta del resto de las materias primas (commodities), y lo pone en una posición de privilegio dual, desde donde sorteará las vicisitudes propias de un colapso deflacionario como el que estamos atestiguando, que gobiernos y bancos centrales querrán seguir compensando con las falsas medicinas de los déficits públicos y masivas impresiones monetarias (QE). La verdadera época de oro, está por venir.

Guillermo Barba/OroyFinanzas

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viernes, 13 de abril de 2012

ORO Y PLATA EN ZONA DE COMPRA A LOS NIVELES ACTUALES

México, D. F., 13 Abril 2012 (Guillermo Barba) – Las victorias suelen tener a muchos que quieren llevarse el crédito, pero las derrotas y las crisis son un “niño abandonado” del que nadie se quiere hacer cargo. Esa lógica es aplicable a la realidad económica actual, en la que mientras duró la falaz bonanza económica de los “fabulosos” años 2000, los políticos se jactaban de sus logros, derrochaban sin pudor y se preparaban para “administrar la abundancia”. El mismo cuento de los fabulosos años 20 del siglo anterior, del que ya conocemos su desenlace en la Gran Depresión. No aprendimos.

Hoy que algunas de las más grandes burbujas de todos los tiempos han reventado, y llegado el inevitable desenlace trágico que siempre les sucede, jefes de estado y gobierno pretenden descargar sus responsabilidades en quien mejor les acomode: a veces en sus predecesores; otras, en los extranjeros, periodistas o “especuladores”. El primer ministro italiano Mario Monti, por ejemplo, ha dicho que la caída del 5% en la bolsa de Milán y la subida de su prima de riesgo por encima de los 400 puntos, son “culpa de España”. Un vago deslinde con alta carga de cinismo puro.

España sí es culpable, pero solo en la misma medida que Grecia, Portugal e Italia misma, lo son de sus propias tribulaciones económicas. Vivir del fácil aplauso popular puede ser estimulante, pero los costes que se acumulan terminan siendo peores que los males a remediar. Esa ilusión de prosperidad que se crea tiene que salir de algún lado, y es de los colosales déficits fiscales y las abultadas deudas públicas y privadas, que de una forma o de otra, se terminan pagando con un elevado interés, tanto financiero como social.

Debemos entender que de haber contado con una economía de auténtico libre mercado, los desbalances nunca hubiesen podido llegar a los extremos de hoy, pero que esa oportunidad se perdió cuando en 1971, se abandonó lo que quedaba del patrón oro.

Desde entonces, se dejó atrás la posibilidad de contener las ansias derrochadoras de los gobiernos y la ambición de los grandes bancos centrales y privados por financiarlos, para dar paso a un gran ciclo de inflación (expansión del crédito) y de erosión del poder adquisitivo de las personas (alza de precios), cortesía de un sistema basado en dinero-papel.
En este sentido, tenemos que ser claros en que, cuando una entidad tiene la potestad de ejercer una gran influencia en un mercado o ámbito de poder, sin duda alguna la ejercerá a cabalidad.

La Reserva Federal de Estados Unidos, su banco central, es una muestra de ellas, y su facultad de intervenir para manipular artificialmente a la baja las tasas de interés y crear dinero a voluntad para “estimular” el crecimiento económico, es la evidencia contundente.

De ahí que sea un error dejarse llevar por las declaraciones coyunturales de su presidente Ben Bernanke, por sus minutas o el Libro beige para analizar si vendrá o no una nueva ronda de flexibilización cuantitativa (impresión monetaria; QE, en inglés). Seguro que llegará, pero será cuando lo dicte la lógica de la agenda de poder de los señores Obama y Bernanke, antes no.

La agenda política y electoral pues, es la que marcará la fecha de inicio de un nuevo QE, mucho más que las meras cifras económicas. Ahora que las “buenas noticias” y el optimismo acapararán los medios informativos de aquí a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, está claro que no habrá flexibilización cuantitativa antes de que se sepa quién gobernará aquel país por los próximos cuatro años.

El resto, la especulación de si siempre sí o no habrá más QE y cuándo, es solo el ruido del juego perverso de la Fed. Una “cortina de humo” que debe evitarse para no perder de vista el desastroso panorama general.

La única posibilidad real que existe de que la nueva impresión monetaria se presente antes, es una abrupta y continua caída de los principales índices bursátiles (más del 20%) y una recesión este año en la Unión Americana, algo poco probable.

Por eso, también sería un grave error escuchar voces como las del FMI que afirman que “ningún activo puede considerarse totalmente seguro”, que no puede haber confianza en ellos. Se equivocan. Confianza sí hay, como la que da el activo refugio por excelencia y dinero real: el oro. Si bien no está exento de riesgos, es mucho mayor el peligro de no tenerlo, y jamás, valdrá cero.

En este sentido, no podemos soslayar que él y su compañera la plata, están como pocas veces, juntos en zona de compra a los niveles actuales. Haciendo a un lado la bruma de la Fed y los eufemismos de Europa, el panorama para los metales preciosos sigue resplandeciente y dando las últimas oportunidades de subirse, a la sin duda será la mejor parte de su mercado alcista. Que no quepa la mínima duda.

Guillermo Barba/OroyFinanzas

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viernes, 18 de noviembre de 2011

LA PLATA, UNA LUZ QUE RESPLANDECE EN LAS TINIEBLAS

México D.F., 18 Noviembre 2011 (Guillermo Barba/OroyFinanzas) – Siempre será mala idea recibir consejos en materia financiera de alguien que esté en peor situación que uno mismo.

Por ello, debido a la complicada situación económica que atraviesan la mayoría de los gobiernos de Occidente, solo puede haber malos presagios para quien se deje guiar por sus medidas, como las de querer recuperar la economía promoviendo el consumo en lugar del ahorro.

En México, por ejemplo, el banco central se ha opuesto a la monetización de la onza de plata Libertad que protegería el poder adquisitivo popular, pero desde el gobierno se organizan y promueven campañas de consumo al igual que sucede en muchos otros países.

Podemos situar con claridad el punto de partida de las ‘crisis recurrentes’ en el año 1971, cuando se desligó definitivamente al dólar del oro.

Los “pecados originales” que condujeron a esa tragedia, fueron el consumo, la deuda y el crédito excesivo; su fruto: el dinero fíat (sin respaldo).

Hoy ese “dinero” se ha convertido en una especie de “dios” cuya religión es el dispendio. Por lo tanto, sus predicadores no conducen a los fieles al paraíso de la prosperidad, sino a la más absoluta de las ruinas.
Pese a ello, en Estados Unidos siguen “cavando” y esta semana acaban de pasar por primera vez los 15 billones de dólares de endeudamiento, un aumento de 41% solo durante la administración Obama.

Por su parte, en la zona euro siguen perdiendo el tiempo en discusiones sobre cómo rescatar a los PIIGS. Solo falta que ante la fuerza de las circunstancias, funcionarios públicos y financieros comiencen a exigir impresiones frescas de dinero.

Incluso en estos momentos corre el rumor de que el Banco Central Europeo (BCE), le prestaría al Fondo Monetario Internacional para que éste a su vez pueda “rescatar” a Italia y eventualmente a España. Las artimañas político/monetarias, no conocen límites.

De confirmarse cualquier movimiento en esa dirección, será una forma de burlar la prohibición legal al BCE de financiar el gasto gubernamental de sus estados miembros.

Esta restricción nació debido al reconocimiento de las desastrosas consecuencias que eso traería. No obstante, una vez pasado ese punto, el frenesí desatado por la creación masiva de dinero de papel será imparable, al igual que el anhelo de los ciudadanos por protegerse de ella con dinero real como el oro y la plata.

A propósito, ayer el precio de ambos sufrió un fuerte retroceso (-3.1 y -8.5% respectivamente en sus puntos más bajos) que, los más astutos, deberían aprovechar para acumular más físico.

Correcciones como estas, no durarán mucho. Menos aún si el BCE ‘mete la mano’ para disfrazar la gravedad de la situación en el mercado de bonos españoles e italianos.

Debe entenderse que los tipos de interés al alza que aterrorizan a todos los sectores, no son la causa de la enfermedad sino únicamente el síntoma, algo que no parece importarles.

No es de extrañar que impere el pesimismo en el ambiente. La directora del FMI, Christine Lagarde, hace unos días hizo referencia a los riesgos de una ‘década perdida’. La verdad es que tiene razón, en parte, pero desde luego no habló de la otra cara de la moneda.

En medio de las tinieblas, resplandece una luz
Eric Sprott experimentado inversor y gestor de Sprott Asset Management, ha señalado que esta será “la década de la plata”.

Los primeros 10 años de este siglo los ha protagonizado el oro, pero cederá ese lugar a su compañera la plata.

Las cifras del mercado de metales preciosos físicos revelan un hecho interesante que Sprott destaca: hay casi tantos dólares comprando plata como oro, algo que no puede prolongarse demasiado sin inclinar la balanza a favor de la primera, pues que existe menos plata de inversión disponible que oro.

Está claro entonces que, como suele suceder, aunque vivamos en el mismo planeta la suerte no les sonreirá a todos por igual. En esa última batalla, que cada uno elija a tiempo su propio bando.

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