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viernes, 25 de marzo de 2011

OPTIMISMO OFICIAL EN MÉXICO

Hace algunas semanas, el secretario de Hacienda se lució con una pifia que opacó la nota que quería presumir: la del crecimiento de la economía mexicana en 2010. Sólo para recordarlo, aquel resbalón fue conocido por decir que con seis mil pesos de ingreso mensual, había mexicanos que pagaban casa, carro y escuela privada para sus hijos, al más puro estilo de la canción “Peso sobre peso” del famoso Chava Flores. Pues bien, Ernesto Cordero sigue dando de qué hablar, y si antes nos hizo recordar a la “Bartola” de la canción, ahora hace lo propio con aquel personaje conocido como “La Chimoltrufia”.

Y es que en menos de una semana, ha mandado mensajes bastante contradictorios. Al más puro estilo de la creación de “Chespirito” (que repetía su frase de “así como digo una cosa, digo otra”), primero el lunes declaró que la reciente alza en los precios del petróleo significaban una amenaza mayúscula para la economía del país. En lo que parecía una esperada entrada en razón, admitió abiertamente también que nuestra recuperación está en función de la de Estados Unidos, y que la apreciación del peso se está convirtiendo en una “mala noticia” para las arcas nacionales, al recibirse menos pesos por cada dólar que ingresa.

Sin embargo, sólo un día más tarde, el secretario pareció olvidar los riesgos de los que hablaba por el alza del crudo, al referirse a “una fuerte posibilidad” de que el PIB en 2011 crezca a una tasa aún mayor que la del año pasado, de 5.5 por ciento. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Le debemos creer al Cordero realista o al optimista?

Queda claro que la primera perspectiva luce más sustentada, en un escenario que cada vez se asemeja más a una tormenta perfecta para los precios del crudo. A factores como la creación masiva de liquidez monetaria (a cargo de los principales bancos centrales), las apretadas reservas petroleras mundiales y la demanda creciente, se suman ahora la inestabilidad política en Medio Oriente, África del Norte y la crisis nuclear japonesa; todos, elementos que fortalecen su tendencia alcista. Aunque todavía estamos lejos de los máximos históricos (alrededor de 150 dólares el barril) vistos en 2008, la cotización ya está de nuevo arriba de los 100 dólares. Las probabilidades de una recaída económica mundial, avanzan a la par de los precios del oro negro. Por eso se antoja muy complicado que nuestro principal motor, Estados Unidos, pueda vigorizar su producción en un marco de combustible caro.

Eso sí, no debemos perder de vista que el petróleo y sus derivados, con todo y su importancia, forman parte de las materias primas. En este sentido, otras aún más importantes como los alimentos, están experimentando encarecimientos por razones similares, y que en conjunto merman a diario la capacidad de compra de la gente. Eso explica en gran parte, por qué la recuperación que tanto anuncian en los medios genera serias suspicacias. ¿O acaso de veras estamos mejor con gasolina y tortillas más caras?

Ahora que si el bando de los optimistas quiere conservar los adeptos que tiene, que no voltee a Europa ni a ver las cotizaciones del dinero real (oro y plata), pues corre peligro de irse de espaldas. Ayer mismo el oro tocó un máximo histórico por arriba de 1446 dólares la onza, y la plata uno de 31 años en 38.09 dólares/oz, mientras Europa se cimbra ante la inminencia de un rescate financiero para Portugal.

Visto de esta manera, tal vez Ernesto Cordero quiso remediar el descontento que generó con la anécdota de los seis mil pesos, ideando una manera de estar siempre en lo correcto, como aquella trampa en los “volados” en que uno dice: “sol, yo gano; águila, tú pierdes. De ser así, ¿usted de qué lado lo apoya?

viernes, 18 de marzo de 2011

JAPÓN: UN TSUNAMI QUE SUBIRÁ LOS PRECIOS DE COMBUSTIBLES

La catástrofe que sufrió Japón hace unos días y que ha consternado al mundo entero, no es una tragedia más, sino una que quedará marcada con tinta indeleble en la historia de la humanidad. Si bien hay desastres de toda índole que ocurren año con año a lo largo y ancho del planeta, existen algunos que sirven de referencia obligada para marcar cambios en los paradigmas existentes.

Entre estos sucesos se cuentan desde fenómenos meteorológicos y extinciones masivas de especies, hasta grandes guerras. Así pues, el terremoto, posterior tsunami y posible gran tragedia nuclear en el país del Sol Naciente, será uno de esos hitos históricos al margen de lo que suceda de aquí en adelante.

Por supuesto, lo más doloroso sin duda es que miles de personas hayan perdido la vida, y que millones de afectados más, tendrán que cambiar sus hábitos, costumbres y actividades cotidianas para habituarse a una nueva realidad. No me refiero solamente al pueblo japonés, sino incluso a aquellos que nos encontramos en otros continentes, a los que nos serviría tomar conciencia de que esta desgracia acelerará procesos de cambio, en un ámbito que incumbe a toda la humanidad: la economía.

En este sentido, debemos entender otra cara del problema originado en Japón que poco se ha abordado: las consecuencias que tendrá en los precios de alimentos, combustibles y materias primas en general. Su tendencia alcista no sólo sigue intacta, sino que además se ha reforzado y acelerado con lo ocurrido.

Así pues, mientras Alemania decreta un cierre temporal de sus plantas nucleares más viejas, y Estados Unidos y México realizan nuevas revisiones en los sistemas de seguridad de las propias, el descrédito que recibe la energía atómica la condena sin remedio a soportar una pesada carga de la que no será fácil desprenderse.

El beneficiario directo de esto es el petróleo, que junto con el carbón y el gas natural, constituye el principal recurso para la generación de energía eléctrica. Esto se traduce en que, a pesar de las caídas en precios que se puedan observar en el corto plazo, la realidad es que podemos esperar que esta década el crudo y sus derivados sigan encareciéndose.

No podemos hacer a un lado que hace mucho no se descubren nuevos yacimientos súper masivos del “oro negro” que, por su accesibilidad, pudieran asegurar un pronto crecimiento de la oferta para descender su cotización. Es más, gracias a los cables de Wikileaks, ahora se sabe que la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita, reportó a Washington entre 2007 y 2009 sus sospechas fundadas de que los sauditas habrían exagerando hasta en 40 por ciento las reservas petroleras que dicen tener.

Este aliado de los estadounidenses, siempre ha prometido elevar su producción de crudo en el caso de que precios altos comprometan el ya por sí mermado crecimiento económico yanqui. ¿Qué pasaría entonces si se comprueba que, pese a su compromiso, Arabia Saudita fuera incapaz de producir más petróleo? No hace falta explicarlo.

En fin, al pueblo japonés no nos queda más que desearle que la contingencia que enfrenta se resuelva pronto, e inicien su reconstrucción. Mientras tanto, en el resto del mundo vayámonos preparando para lo que, todo indica, será un “tsunami” en el precio de los energéticos que, afortunadamente, sí podemos predecir.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿BANCOS CENTRALES CONTRA LA INFLACIÓN? (NUNCA COMBATA UN INCENDIO CON GASOLINA)

Es curioso que los principales responsables de la expansión monetaria y del crédito, los bancos centrales del mundo, se dividan ya entre los que no ven la inflación y los que comienzan a “preocuparse” por ella. Ninguno tiene remedio, pues si bien la desvergüenza de los primeros es mayor, los segundos se rasgan las vestiduras en el tema como si en ello no tuvieran nada que ver.

Las muestras más representativas de cada caso, son la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). Banco de México ha tomado partida del lado de la Fed, pues además sus respectivos titulares han concluido lo mismo: no hay presiones inflacionarias serias, pero de llegar a existir por los precios del petróleo y demás commodities, éstas serán “temporales”. Basta revisar las declaraciones de Bernanke y Carstens para notar sus coincidencias.

Estas falaces conclusiones, así como la fingida preocupación por el incremento de precios, nos revelan su nula comprensión de este fenómeno monetario o su desfachatez. Esta semana, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, coordinó conversaciones entre los principales banqueros centrales en las que descargó toda la responsabilidad de lo que llamó “amenaza de inflación”, en los precios del crudo y alimentos. En otras palabras, fue capaz de ver el peligro presente pero ninguna de sus causas estructurales, como si la inflación fuese un asunto de generación espontánea. En cambio, siempre será más fácil atribuir las vicisitudes a coyunturas externas como la inestabilidad en Medio Oriente.

Para contrarrestar estos riesgos, Trichet dio señales de que está listo para comenzar a subir las tasas de interés en la zona Euro. Sin embargo, poco éxito puede augurarse a su intento, pues contra el incendio inflacionario más grande de la historia un solo carro de bomberos con un chorro insignificante de tipos de interés, nada podrá hacer contra las grandes oleadas de combustible (dinero de papel) que se arrojan desde América a todo el orbe.

La apuesta de Carstens, Bernanke y Trichet es que el sobrecalentamiento de economías emergentes como la china, provoque una desaceleración que alivie las presiones en las commodities. Pero el tsunami de liquidez que devalúa al dólar, no se detendrá en el corto plazo, por lo que tanto alimentos como energéticos continuarán su tendencia alcista. Es más, incluso de presentarse una pronunciada desaceleración, los problemas de oferta que atraviesan las commodities seguirán presionando los precios.

Por ese motivo, la lucha de “todos contra la inflación” sólo puede ser liderada por los propios ciudadanos. Aquél que piense que los banqueros centrales le pondrán fin a este problema, verá perder con impotencia la capacidad de compra de su dinero. De ahí que resulte indispensable proteger el valor de lo ganado, jugando las contras a los que se empeñan en robar de los bolsillos de todos. El ahorro en onzas de plata amonedadas como la “Libertad”, en México; las “Eagles”, en la Unión Americana; las “Maple Leaves”, en Canadá, etc., es sin duda una opción insoslayable.

A propósito de la plata, las últimas semanas ha tocado máximos de 31 años, y aunque una corrección parece inminente, lo cierto es que los fundamentos para que su “bull market” (mercado a la alza) continúe, siguen sólidos. A pesar de eso, con tristeza vemos que en México, por un lado, se sigue desaprovechando la oportunidad de monetizar la onza Libertad, y por otro, que la demanda de dicha moneda podría estarse desacelerando.

Según informa Banxico en respuesta a la solicitud de información OFI006-3646 realizada por este columnista, la colocación de onzas Libertad se disparó de 375,282 piezas en 2007, a 1,275,731 en 2008, cuando inició la crisis. Sin embargo, para 2009 sólo creció 20.25 por ciento más, y para 2010 cayó 26.07 por ciento a 1,134,043 unidades. ¿Será acaso que haya quien sí se esté creyendo el cuento de la recuperación? Que cada uno decida qué camino tomar, pero ante la posibilidad de una gran tormenta, más valdrá siempre estar preparados.

viernes, 18 de febrero de 2011

LA "GUERRA" POR LOS ALIMENTOS: EL PUNTO CRÍTICO

En Inteligencia Financiera hemos dedicado por su importancia, un amplio espacio al tema del alza en el precio de los alimentos. No es ninguna sorpresa que los niveles de pobreza y hambre estén vinculados estrechamente a estos, pues las familias de menores ingresos destinan una porción mayor de su gasto a la comida que aquellas más favorecidas. Por ello, cada peso o dólar de aumento implica que miles de personas más se suman sin remedio a las estadísticas de pobreza y desnutrición, dondequiera que se encuentren.

Dos organismos internacionales, la FAO y el Banco Mundial –que cuentan con sendos índices de precios alimenticios, ya han expresado en reportes por separado su preocupación al respecto. El primero, porque su medición acumula siete meses consecutivos hacia arriba; el segundo, porque estima que justo en ese mismo periodo (de junio a enero pasados), 44 millones de personas en países en desarrollo han caído dentro de lo que considera como “pobreza extrema”, es decir, aquellos que sobreviven con menos de 1.25 dólares diarios. Por supuesto, estas coincidencias no son producto de la casualidad.

Nuestro país, como es obvio, no es ajeno a esa realidad. Sin embargo, en cualquier entrevista podemos escuchar muy tranquilo al titular de SAGARPA, Francisco Mayorga, hablar de que el abasto de maíz y hortalizas, por ejemplo, está garantizado a pesar de la tragedia agrícola de un estado tan importante en esa materia, como Sinaloa. Asimismo, que los problemas de precios tienen su origen en las cotizaciones de los productos en el mercado internacional, afectados nada más que por las condiciones climáticas.

Sí, claro que en esas variaciones influyen los fenómenos meteorológicos, pero contrario a lo que cree el alto funcionario, esa no es la raíz de los crecientes precios sino sólo un ingrediente más. Queda clara entonces la intención oficial de atribuir los inminentes aumentos sólo a meras motivaciones externas. Una reedición de aquella frase de: “esta crisis, vino de fuera”.

De este modo se pretende fingir que México puede darse el lujo de perder el 75 por ciento de su producción nacional de maíz (del ciclo otoño-invierno), sin que pase nada; eso no es posible. Las leyes de oferta y demanda no fallan y, en este caso, la menor disponibilidad del grano tendrá severas consecuencias inmediatas en precios como el de la tortilla. Para ello ya sólo es cuestión de tiempo.

En otras palabras, aunque se satisficieran los requerimientos de maíz como promete Francisco Mayorga, éste no estará a costos accesibles para todos. Si no, que le pregunten a los castigados empresarios de la industria tortillera, que ya sufren la subida de sus costes en un ambiente de dura competencia frente a las grandes cadenas, que pueden subsidiar el kilo para ser más competitivos.

Ante estas circunstancias internas, podemos esperar un golpe más fuerte de lo que se preveía por la elevada liquidez monetaria global. La historia demuestra que, cada vez que gobiernos y bancos centrales se dedican a derrochar e imprimir dinero para enfrentar sus dificultades económicas, como está ocurriendo ahora, el resultado es un incremento en el valor de activos tangibles. Las commodities –entre las que se encuentran los alimentos,  forman parte de esos activos que además se potencian con la escasez de inventarios y de tierra cultivable disponible que hay en el mundo.

Mientras no se vislumbre un cambio de dirección en esta política de creación monetaria, la tendencia al alza seguirá imparable. Esa sí, es la causa original de este “big bang”.

Ahora bien, ¿qué sucedería si para cumplir con el abasto se requiriera importar el maíz? Los riesgos son evidentes, pues la crisis alimentaria que se gesta no es exclusiva de México. Aquellas naciones en posición de exportar sus excedentes agrícolas, sobre todo de granos, la pensarán dos veces antes de venderlos, bajo el riesgo de comprometer la oferta suficiente en sus mercados internos. Justo eso sucedió con Rusia el año pasado, cuando prohibió las exportaciones de trigo.

Como en una guerra, los frentes guardan sus provisiones. Es por todo eso que el Banco Mundial califica los precios actuales como “peligrosos”, en punto crítico, pues pueblos hambrientos son susceptibles de organizar movimientos sociales que generan inestabilidad al estilo de Túnez o Egipto. En América Latina, Bolivia, Guatemala, Haití y Honduras enfrentan desafíos todavía mayores al nuestro.

Por eso hoy más que nunca, nada puede haber más importante que, primero, buscar ser autosuficientes en materia alimentaria. Luego, a través de la investigación, del desarrollo y de más infraestructura, sentar las bases para poder ofrecer en el largo plazo, nuestros productos agropecuarios al continente asiático, que será el que lidere el crecimiento económico en el presente siglo. El campo, después de todo, resultará ser un gran negocio si lo sabemos aprovechar.

Guillermo Barba


Twitter: @memobarba

viernes, 4 de febrero de 2011

EL CONFESIONARIO DE GEITHNER Y BERNANKE

Todos conocemos la forma en que los políticos suelen mentir acerca de diversos temas de interés público. Pareciera que imaginarlos declarar con la verdad sería un sueño imposible. Pero no, por increíble que parezca, al menos en Estados Unidos dos de los funcionarios públicos del más alto nivel se han visto forzados de algún modo u otro, a reconocer las más crudas realidades.

Sin embargo, lo que más llama la atención no es eso, sino que parece que lo dijeran en alguna lengua extraterrestre, pues la mayoría o no entiende, o de veras no les cree aunque sea cierto.

Lo digo porque mientras aquí el gobernador del Banco de México y el secretario de Hacienda ya dejaron en el pasado cualquier alusión a la crisis para hablar sólo de recuperación, sus homólogos gringos han pasado ya, de plano, al confesionario. Como si de un programa de “Big Brother” se tratara, Tim Geithner y Ben Bernanke, secretario del Tesoro y Presidente del Banco Central, respectivamente, han llegado al punto de descararse y hablar con la verdad, cada uno con su estilo, incluso frente a los medios informativos. Lo curioso del tema es estas “confesiones”, no han generado ni por mucho una alerta general.

Sí, insisto, mientras Ernesto Cordero se regodea con las “fortalezas” de la economía mexicana y su crecimiento, omite como típico funcionario decir lo obvio: que nuestro ciclo está atado al de nuestros vecinos del Norte y que, por ende, cuando ellos se desaceleren o caigan de nuevo en recesión, correremos su suerte. Algo debería aprenderle a su homólogo Geithner, que dejó por un momento de esconder lo inocultable.

En su carta a los “reyes magos” (la envió el 6 de enero pasado), Tim Geithner fue explícito en su mensaje al Congreso rogando que se eleve aún más el techo de endeudamiento de la administración Obama: de no hacerlo habrá “consecuencias económicas catastróficas que durarían por décadas”. De antemano se sabe que, pese a las resistencias de la oposición, los legisladores terminarán aprobando el nuevo tope. El detalle es que eso no les permitirá salir de sus problemas, sólo posponer el “Juicio Final”.

¿Qué ocurrirá entonces cuando por las fuerza del mercado, ya no puedan postergar la inevitable caída? El mismo Geithner nos da las respuestas en su misiva: Estados Unidos incumplirá el pago de sus obligaciones soberanas; estallarán de inmediato las tasas de interés; caerán los precios de las casas; se perderán miles de empresas y millones de empleos; el dólar “morirá” como moneda de reserva internacional; se eliminarán o recortarán beneficios de seguridad social y pagos a pensionados, entre muchos otros.

Claro, si algún ciudadano tan acostumbrado a las mentiras desconfiara todavía –y con razón- de tan encumbrado funcionario, podría escuchar la versión del presidente de la Reserva Federal (Fed), el señor Bernanke. Éste, ayer mismo, pronunció un discurso estremecedor. Al referirse a la urgente necesidad de que el gobierno norteamericano deje de gastar más de lo que puede, dejó en claro que los ajustes llegarán y que la cuestión ya sólo es de si “estos se presentarán a través de un cuidadoso y deliberado proceso […] o si serán una respuesta rápida y dolorosa a una inminente crisis fiscal”.

Sobra decir que todos estos caminos no conducen a “Roma”, sino a su debacle.

Por eso digo que tantas veces han ocultado la verdad, que ahora no pasa gran cosa cuando se descaran. Más allá de una subida ayer en el precio del oro y otros indicadores, para la gran mayoría estas “confesiones” pasaron de largo. Las implicaciones por supuesto, son múltiples pero bien conocidas. Quizá la más representativa seguirá siendo la inflación.

Toda vez que el punto de no retorno ha quedado ya muy atrás, los gobiernos seguirán creando dinero de la nada para no pagar a través de esa vieja y mañosa vía.

En su momento en Inteligencia Financiera anticipamos que llegarían nuevas rondas de estímulos monetarios conocidos como Quantitative Easing (QE), pronóstico que se cumplió en noviembre pasado con el anuncio del QE2. Sin embargo, todo apunta a que estas compras de bonos (impresión de dólares) que se proyecta terminen en junio, continuarán con más QE ad infinitum, so pretexto de la debilidad de la recuperación y las altas tasas de desempleo.

Lo correcto, sería dejar de intentar tapar el sol con un dedo, y permitir que el sistema colapse por su propio peso, pues luego de un periodo doloroso, se reiniciaría el crecimiento económico con bases más sólidas. Al mal paso darle prisa.

En tanto eso ocurre en la “metrópoli”, más valdría poner nuestras barbas a remojar. Aunque con tamaños distintos, las debilidades fiscales de México, la dependencia del erario de los ingresos petroleros, el peso de las pensiones, la nula diversificación de nuestros mercados, etc., también nos obliga a replantearnos alternativas de prevención. Si aquellos “Pedros” yanquis ya nos anunciaron que ahí viene el “lobo”, de nosotros nada más, dependerá el creerles o no.

Guillermo Barba

viernes, 28 de enero de 2011

LAS "DROGAS": ¿AL RESCATE DE LA ECONOMÍA MUNDIAL?

Es lugar común que, para que un adicto pueda rehabilitarse, el primer paso es reconocer que lo es, sin importar si su vicio es la cocaína o cualquier otra droga. Al menos suena lógico. En todo caso, la idea es disminuir su dependencia a tal o cual sustancia, con el firme propósito de independizarse de ella algún día. Seguramente, el proceso además de difícil, es doloroso pero necesario.

En este sentido, pocas esperanzas abrigan al alcohólico, por ejemplo, que ni siquiera es capaz de reconocer que lo es, y peor aún, si llega a concluir que su situación mejorará a medida que bebe más. No dudo que una de sus frases favoritas sea “evite la cruda, manténgase ebrio”. Una locura.

Este último caso, es una buena analogía de lo es ahora la economía mundial: una adicta a una droga maravillosa, llamada Deuda. Sí, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) reveló a través de un reporte hace unos días, que para apoyar el crecimiento económico global, los niveles de crédito deben duplicarse en esta década, a niveles de 103 billones (millones de millones) de dólares.

De ese tamaño es la “botella” que necesita nuestra enferma, que se encuentra en estado de comapor los excesos cometidos, sobre todo, en los últimos diez años. Si el diagnostico de estos “doctores” es que este alcohólico necesita más de lo mismo, la verdad es que el resultado no puede ser más que aterrador.

Fue justo la abusiva expansión monetaria y crediticia, la que nos condujo a un interminable ciclo de crisis cada vez más severas desde 1971, cuando por decreto del presidente estadounidense Richard Nixon, se abandonó lo que quedaba del patrón oro.

Es curioso que estos economistas del WEF, incluyeran el término y monto de lo que consideran “crédito sostenible” en su texto, pero lo es más que para definirlo, consultaran a directores generales de la industria financiera, ejecutivos de agencias calificadoras, banqueros centrales y reguladores, pues este selecto grupo ha sido precisamente el mayor beneficiario de las burbujas crediticias que se han inflado en el planeta.

Total, ya saben que a la hora de los problemas, los gobiernos los rescatarán echándose a cuestas (con cargo a los contribuyentes) las pérdidas que dejaron.

Así ocurrió ya en México hace unos años, en Estados Unidos hace menos y en unos meses más sucederá en España, que ya anunció que nacionalizará sus Cajas de ahorro hacia la segunda mitad de 2011. El común denominador es siempre “proteger a los ahorradores”, “evitar nuevas crisis”, bla, bla, bla… sin admitir jamás que se trata de un “socialismo para ricos”, no vaya a ser que pierdan el dinero de sus inversiones estos señores banqueros.

Eso sí, está garantizado que una vez que pasen las turbulencias, les será reintegrada la empresa para seguir haciendo negocio.

Por eso, da igual escuchar a los funcionarios norteamericanos o a los europeos, el discurso, es el mismo. La muestra más reciente la puso la vicepresidenta económica de España, Elena Salgado, que ofreció consuelo a sus ciudadanos diciendo que las ayudas financieras estatales no cuentan para su déficit fiscal, “nada más” engruesan la deuda pública. Menos mal.

En fin, el mercado nos enseña que por la buena o por la mala, los ajustes se tienen que dar. La moraleja es muy sencilla: no se puede por avaricia andar prestando dinero incluso a quien no puede pagar, sin que tarde o temprano se sufran las consecuencias.

Tal vez convendría regalar a nuestros políticos, un diccionario de la Real Academia Española, para que lo abran en la siguiente palabra, pues en una de sus acepciones dice: “Droga: Deuda, a veces la que no se piensa pagar”. ¿Será?

Guillermo Barba

viernes, 14 de enero de 2011

PESO VS. DÓLAR: LA DEVALUACIÓN QUE MATA DE HAMBRE

Dice un clásico que aquel que engaña, siempre encontrará alguien que se deje engañar. Para el caso de la economía, esas palabras aplican a la perfección. 2011 inició con protestas de todo tipo en contra del alza de precios de mercancías y servicios. Existe pues un claro sentimiento de enojo e impotencia, que no encaja con el optimismo de muchos gobiernos que insisten en clamar la existencia de una recuperación que no se percibe.

En medio de esta niebla de mentiras, conviene ser cuidadosos cuando nos hablan de términos como los de “devaluación” e “inflación”, para evitar caer en la trampa. Y es que en los tiempos actuales, uno corre el riesgo de dejarse llevar, por ejemplo, por la apreciación del tipo de cambio peso/dólar (que esta semana alcanzó niveles mínimos que no se veían desde octubre de 2008), y creerse el cuento de la recuperación. Lo mismo en el caso de la supuesta “inflación controlada” o nula, que de existir, no generaría descontento popular.

Debemos tener claro que la baja del dólar, obedece a las políticas de “relajamiento cuantitativo” (en español, impresión masiva de dinero) de su banco central (Fed). Esa creación de dinero, es inflación pura que luego se manifiesta en los precios. En un ambiente de tasas de interés manipuladas hacia cero por ciento, esa liquidez empuja a los capitales en su lógica de buscar con desesperación, nuevos destinos para la obtención de rendimientos.

México ha mantenido –también de modo artificial, tasas más altas que por supuesto, nos convirtieron en uno de los destinos favoritos de esos flujos especulativos. No por nada en 2010, los recursos de extranjeros en el mercado mexicano de bonos gubernamentales, se dispararon casi 90 por ciento para imponer un récord de 22.3 mil millones de dólares.

Banco de México (Banxico) se quedó cruzado de brazos en momentos en los que estos influjos extraordinarios y anormales, exigían bajar los tipos de interés. Hoy, ese irresponsable temor de actuar mantiene sobrevaluado al peso, y manda señales tergiversadas a ciudadanos e inversionistas.

Estos últimos sacarán todo el provecho posible mientras dure, pero no titubearán en reaccionar cuando la casa de naipes se tambalee. En este espacio pensamos que, con estas presiones cambiarias, Banxico reforzará pronto sus compras de dólares (imprimiendo pesos), para comenzar a depreciar paulatina pero consistentemente al peso frente al billete verde; un nuevo frente en la Guerra de Divisas.

Pero, si el tipo de cambio no es un indicador fiel de la verdadera devaluación que sufrimos, sí lo es en cambio el precio de las commodities o materias primas (metales, café, petróleo, gas, etc.).  Evidencias sobran. El oro por ejemplo, cerró el año con una ganancia en dólares de alrededor de 30 por ciento; la plata, de 80 por ciento.

Hacemos un paréntesis para recordar que esta columna, es una férrea defensora de la propuesta de monetizar la onza de plata Libertad para fomentar el ahorro en México. Estos resultados nos ayudan a explicar el por qué es una manera sencilla y práctica de proteger nuestro poder adquisitivo.

Ahora bien, la mayor preocupación no llega por el lado del alza en los metales preciosos, sin los cuales todos podemos vivir. No. El peligro más grande se encuentra en la imparable escalada de precios de otras commodities indispensables para vivir: los alimentos. La ONU ha lanzado ya una alerta de “crisis alimentaria” que, sobra decir, pegará más a las naciones y personas más pobres. No es casual que el índice con que la FAO mide los precios de productos agropecuarios base (cereales, carne, azúcar, etc.), se encuentre en su máximo desde que comenzó a elaborarlo hace 20 años.

¿Podrán explicarnos cómo es que la economía se está recuperando, mientras los billetes y monedas que cargamos cada día compran menos? Esa, la devaluación que mata de hambre, es la que debe ocupar toda nuestra atención. Ayer mismo, la CANACINTRA anunció inminentes aumentos en bebidas y alimentos, una historia sin fin.
Por eso, la disputa Peso vs. Dólar, en tanto que peleadores de papel, ya es secundaria. Ambos están perdiendo valor a un ritmo vertiginoso e irrefrenable frente a activos reales como las commodities, que afectan directamente la vida cotidiana de millones de habitantes del planeta. En esta ocasión, la devaluación del billete verde nos arrastra con él.

El panorama no cambiará pronto, menos aún con los crecientes déficits fiscales y “estímulos” que seguirán en Estados Unidos. Así que señor presidente, en vez de decir que la economía “está más fuerte que nunca”, debería admitir que el crecimiento del PIB se lo debe a Barack Obama y sus absurdas políticas keynesianas, que tienen a su país al borde de una cesación de pagos y de la próxima Gran Depresión.


Guillermo Barba

Twitter: @memobarba

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA "RELIQUIA BARBÁRICA" vs. LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE SEGURA


No, por desgracia el título del artículo no tiene nada que ver con Harry Potter. Se trata de algo mucho más serio, de una auténtica batalla entre dos rivales que alguna vez fueron compañeros inseparables, pero que ante la avaricia y soberbia de aquel que se creyó superior, el destino los terminó separando de mala manera el 15 de agosto de 1971. 

Uno, a la fecha, ha tenido que soportar por décadas, toda clase de agravios de los partidarios del otro, que incluso se atrevieron a degradarlo a nivel de “reliquia barbárica”. Ello, a pesar de que cuando los ofensores se hayan ido, él aquí seguirá por su naturaleza perenne. Sin embargo, el error que cometieron los que siguieron al falso líder (más obligados que por voluntad), algún día tendrá que ser corregido.

Llegado el momento, las viejas injurias se transformarán en loas.

Esa metafórica lucha a que nos referimos, no es otra que la puja financiera que nos tocó vivir. Los nombres de los peleadores son bien conocidos: Oro y Dólar. De hecho, este último es sin duda el más representativo de las “reliquias de la muerte”, o dinero fíat. Ese que siempre fenece con el tiempo para regresar a su valor esencial… cero

No obstante, al tratarse en esta ocasión de la divisa de reserva internacional, es el sistema completo el que está en riesgo con su inminente caída, producto de todos los excesos cometidos. Nunca antes una moneda de papel había jugado este rol a escala global, como tampoco hay precedente para la impresión masiva de divisas por todo el orbe. 

Esa falsa medicina que se está tomando, finge que se está solucionando un problema de fondo: el abuso en la deuda, consumo y crédito. Una trilogía de empobrecimiento.

Por eso, es cuestión de sentido común conocer de antemano al vencedor de esta contienda, más aún cuando la Reserva Federal de Estados Unidos nos ha anunciado una nueva ronda de creación de dólares por alrededor de 900 mil millones (Inteligencia Financiera, 05 de nov. http://bit.ly/bIs6Jw). De hecho, en lo que va del siglo, el dólar ya ha perdido todos los “rounds” con el metal dorado, frente al que ha caído más de 400 por ciento(el peso 550 por ciento). 

No es gratuito que naciones poderosas como Brasil, China, Rusia y Alemania hayan condenado aquellas políticas expansivas, ni que J.P. Morgan haya predicho ya que el dólar se convertirá en la “divisa más débil” del mundo.

Ojalá fuese tan sencillo expandir la riqueza echando a andar una impresora. En cambio, sólo encendieron la mecha de una “guerra de divisas”, en la que los países compiten con los norteamericanos devaluando sus propias monedas para impulsar sus exportaciones.

Y es que la crueldad máxima, consiste en meter las manos a los bolsillos de todos los habitantes del planeta, por la vía inflacionaria. Cada nuevo billete creado, extrae una porción de valor de todos los demás que ya circulan, y así, no hay escapatoria. Sea que se encuentre bajo el colchón, en una cuenta o pagaré bancarios, etc., el dinero va perdiendo poder adquisitivo de modo irremediable. 

Se supone que la meta es estimular el consumo y la recuperación, cerrando la pinza con tasas de interés cercanas a cero.  Como resultado, el ahorro es aniquilado. Por eso no es ninguna casualidad que pese a que se pregone que la inflación es “demasiado baja” en Occidente, los precios de materias primas, alimentos y bienes tangibles en general sigan a la alza.

Qué diferente sería, si echásemos a competir al dinero real (oro y plata) con el ficticio, en las manos de todos. En este caso, la plata jugaría un papel primordial. No por nada esa palabra es sinónimo de dinero en muchas lenguas. Hace poco un amigo me decía: “si tuviera que elegir entre pagar el cine con una moneda de plata o con un billete, lo haría con un billete”. 

Es definitivo, “duele” desprenderse de un bien tan apreciable, de tal suerte que la mayoría de la plata se atesoraría como ahorro efectivo, valioso. De éste provienen la inversión, el producto y un mejor nivel de vida: un círculo virtuoso de riqueza. 

En México, la mejor manera de lograrlo sería con la introducción de la onza Libertad monetizada, en vez de engañar y robar a los incautos ahorradores vendiéndoles Cetes directo (programa que inaugura hoy el presidente Calderón).

Con la onza Libertad sí podríamos sortear mejor lo que falta de las turbulencias financieras, pues la bomba que ayer fue Grecia, hoy Irlanda y mañana Portugal y España, no es nada junto a la madre de todas las crisis por venir: la del dólar- bonos del Tesoro estadounidense. 

Sin importar dónde nos encontremos, o lo que estemos haciendo, todos sentiremos las consecuencias de ese cataclismo que ensombrecerá la peor de las maldades imaginadas por J.K. Rowling.

memob@hotmail.com