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martes, 7 de julio de 2015

EURO: ¿LA CULPA ES DE ALEMANIA O DE GRECIA?

Cuando se habla de la crisis griega se suelen escuchar dos extremos: aquellos que culpan solo a Grecia por su mala costumbre de derrochar, endeudarse y no pagar, y los que responsabilizan a los acreedores –en especial Alemania- por haberles prestado. Ambos están equivocados.

En este espacio hemos dicho que el euro luce condenado producto de su mal diseño, que propicia justo que esta situación crítica se presente. Hay quien dice que no es el diseño, sino que el problema es que uno de los miembros –o varios, engañen a los demás y entonces, la unión desaparece. Es cierto. El punto es que ese engaño no se hubiese realizado si en primera instancia hubiese habido mecanismos de aplicación y corrección obligatoria de desbalances como los hay en el patrón oro. Como no los hubo, no los hay ni parece que los pueda haber en el futuro, la suerte del euro como lo conocemos podría estar echada.

No falta por cierto quien ha comparado al euro con el patrón oro. Es un error. En el patrón oro, es cierto, la emisión monetaria no puede ser desenfrenada –como no lo pueden hacer ahora tampoco por ejemplo los griegos, que tanto lo quisieran–, pero la realidad es que la política de una (manipulada) tasa de interés común es justo lo opuesto a dicho patrón.

Antes de que en 1971 el presidente estadounidense Richard Nixon cerrara la ventanilla del oro, aquellos países con déficits de cuenta corriente permanentes veían evaporarse sus reservas del metal, por lo que esa sangría dorada tenía que corregirse, no podía crecer indefinidamente. En la eurozona, sin embargo, el Banco Central Europeo (BCE) establece la política de tasa de interés y los déficits de cuenta corriente se acumulan entre los países deudores y los acreedores, sobre todo Alemania, como si no importaran. A esto ha contribuido un canal para la fuga de capitales de países de la periferia hacia Alemania, como lo es el sistema Target2.

Con el euro pues, se quiso hacer como si todos los países fueran iguales o cuando menos se rigieran bajo reglas uniformes. Algunos como Grecia incluso mintieron para ser aceptados en él. El problema es que ni son iguales a Alemania, ni quieren imitarlo y mucho menos adoptar iguales políticas en aspectos como las pensiones, legislación laboral, agricultura y un interminable etc. Tampoco hay una unión política ni fiscal con el que la eurozona funcionara como un solo país.

Mish Shedlock, uno de los blogueros financieros más destacados del mundo, asegura que a estas alturas ya es casi imposible resolver todos estos temas, “porque un cambio de reglas (para el euro) requiere el consentimiento de todos y cada uno de los países de la eurozona. Entre más países se sumen, más difícil será cambiarlas.” Tiene razón.

Bajo el patrón oro nadie se hubiese atrevido a prestar su valioso oro a los países de la periferia europea, menos a Grecia, pues en automático eso hubiese requerido tasas de interés mucho más elevadas y colateral para garantizar los créditos. Ante ese escenario, el apetito por la deuda se hubiese contenido junto con el dispendio.

Por desgracia, esta ausencia del freno real que representa el patrón oro –y que tampoco se impuso en la eurozona- al gasto y los desbalances comerciales, no solo tiene en quiebra a los griegos, sino al propio sistema monetario global, que desde el inicio de la crisis no ha dejado de acumular deudas en masa (más de 57 millones de millones de dólares según McKinsey). Y es que de hecho no puede hacerlo, pues el sistema mismo depende de esa expansión ad infinitum del crédito o de lo contrario, hace implosión.

La culpa entonces no es ni de Grecia ni de Alemania, sino de ese sistema donde el freno que imponía el patrón oro, no existe más. La élite bancaria que siempre empujó que se le hiciera a un lado, lo logró.

No por nada la Fed, el BCE, el de Japón, etc., han emprendido políticas sin precedentes de tasas de interés cero –que ya han empezado a ser negativas- e impresión monetaria sin límites con el propósito explícito de continuar la bacanal de crédito. Los bancos centrales son parte fundamental del problema, no de la solución.

Como hemos explicado antes, el punto es que lejos de combatir la “deflación” del índice de precios al consumidor –que tanto les preocupa pero no es dañina-, lo que alientan es la inflación de burbujas que, al reventar, generan auténticas deflaciones de activos que son devastadoras. Es la consecuencia inevitable luego de buscar expandir lo que por definición no puede crecer para siempre: la deuda. El momento de pagar siempre llega.


Lo anterior explica por qué la “escasez” de oro y plata continúa: la crisis griega es solo un botón de muestra. La gran crisis sistémica, aún está por estallar.

miércoles, 1 de julio de 2015

¿De veras el euro está en peligro?

Ayer se consumó la moratoria griega con el Fondo Monetario Internacional a quien le debía abonar más de 1.5 mil millones de euros. Conforme se aproxima el domingo, día en que se celebrará el referéndum en el que se preguntará a los griegos si aceptan o no las condiciones que les quieren imponer sus acreedores a cambio de ayuda financiera, las presiones continúan subiendo de tono con mentiras y amenazas de ambos bandos.

Del lado europeo no cabe duda que no toleran la permanencia en el cargo del primer ministro griego Alexis Tsipras. Quizá la crítica más dura sea la de Sigmar Gabriel, vice-canciller alemán, quien calificó a Tsipras y su radicalismo como una amenaza para el orden europeo.

A juzgar por las notas de los medios predominantes ya están en campaña abierta por el “sí”, e irán de la mano del resto de países de la eurozona en un esfuerzo para tumbar al jefe de gobierno griego. Tsipras ha dicho que podría dimitir si pierde el referéndum, pero una victoria para el “no”, en cambio, le significaría tener una mano invencible: la troika no podría exigirle austeridad y disciplina financieras que el pueblo no respalda formalmente.

Tsipras tiene confianza en que no los echarán del euro por los elevados costos –más allá de los financieros, que tendría para toda Europa y en particular para Alemania. Por eso decidió jugarse su futuro en el referéndum.

Pero del otro lado también dan la batalla. El vice-canciller Gabriel también declaró amenazante que si gana el no, los griegos estarían votando “en contra de permanecer en el euro”. Como se dice, quieren asustar a los votantes “con el petate del muerto”, nada más.

Ayer por cierto, la canciller alemana Angela Merkel desechó también la solicitud de Atenas de más ayuda, y aclaró que no negociará nada antes del domingo. La apuesta es hacer campaña abierta por el sí. Reiteramos, esto se ha convertido en el juego de “todos mienten”.

El mentiroso confeso de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, dijo en un largo discurso que “(el) no significaría que Grecia le está diciendo que no a Europa”, y recomendó a los griegos que “no cometan suicidio porque tienen miedo de morir”. Sí, es cierto que una eventual salida del euro significaría para el país helénico el caer en una depresión muy profunda, pero de todos modos ya está en ella y al final, no sería el fin del mundo.

Miente también el gobierno alemán porque, aunque nunca lo dirá en público, está más que dispuesto a mantener a Grecia en la Unión Monetaria casi al costo que sea. Su proyecto continental no lo echará por la borda por un pequeño país sureño.

Miente además Alexis Tsipras porque vende el referéndum como una forma de empoderar a la gente, cuando en realidad solo la quiere utilizar para sus planes de seguir haciendo de la República Helénica un parásito de Europa. En el camino, está dispuesto a sacrificar al extremo a los ciudadanos que no pueden retirar sus ahorros del banco, con el único fin de seguir manteniendo el dispendio público, privilegios y un Estado obeso. La izquierda pues, ahorcando al pueblo.

Este “estira y afloja” no es más que una doble puesta en escena cuyo único propósito es, en realidad, llegar a un mutuo acuerdo de quita para las deudas griegas.

Así que ni Alexis Tsipras es “un peligro para Europa y el euro” como se le pinta, ni Grecia será echada de la Unión Monetaria.

En el fondo unos –los acreedores, quieren que la quita sea la menor posible, mientras Atenas se juega el todo por el todo para que le perdonen la mayor cantidad de deuda que se pueda. Los dos resistirán hasta el límite. Cuando las conversaciones vuelvan a fallar, es de esperar más “gritos y sombrerazos” que terminarán en un apretón de manos que no satisfará a nadie, pero calmará los titulares y los mercados.

El mayor riesgo colateral es que les guste o no, se sentará un precedente para que otros países europeos en apuros levanten la mano y pidan también el “borrón” en su deuda, en especial, si partidos o coaliciones de izquierda radical al estilo de Syriza llegan al poder.


A final de cuentas, lo relevante es que este mal experimento del euro terminará por fracasar más tarde de todas maneras. Lo que mal se diseña, mal acaba.

martes, 30 de junio de 2015

GRECIA: LAS DEUDAS MATAN

En este espacio hemos dicho que Grecia está quebrada y que juega a la desvergüenza del deudor: si acepta los términos del “rescate” y continúa pagando, el problema es de Atenas y los ciudadanos; si deja de pagar, la bomba es para los acreedores. Sin embargo, a decir verdad el tema es bastante más complicado porque todos perderán. Para cuando usted esté leyendo este artículo el gobierno que encabeza Alexis Tsipras se habrá negado a pagar al Fondo Monetario Internacional alrededor de 1.6 mil millones de dólares que tenía que liquidar hoy.

El anuncio del impago se hizo ayer, lo que ha incrementado las tensiones entre el país helénico y sus acreedores, que cada día subirán más el tono de sus exigencias. Pese a ello, la posición de fuerza la tienen los griegos. Atenas está llevando al límite la capacidad de tolerancia y paciencia de los alemanes porque sabe que si a alguien no le conviene que se resquebraje el euro, es a Alemania, el país líder.

El juego de “todos pierden”

Como sea, a estas alturas ya no hay remedio, todos saldrán perdiendo de un modo o de otro: los acreedores no verán jamás todo el dinero que les deben y los griegos tendrán que ajustarse el cinturón, recortar sus beneficios sociales, subir impuestos e imponer la austeridad. Todo lo anterior lo harán de forma voluntaria porque no les quede de otra –en caso de que los expulsaran de la moneda única, o por la fuerza agachando la cabeza y aceptando los términos impuestos desde arriba. Esto último es cada vez menos probable porque el domingo se espera que en el referéndum los votantes griegos se nieguen a aceptar dichos términos.

Después de eso, ¿con qué argumento la Troika podría pedir que hicieran a un lado la voluntad popular y aceptaran sus condiciones? Tsipras se mostró hábil y les ganó jugando sus cartas. Después del domingo tendrá una mano que nadie le podrá “matar”.

Estados Unidos tampoco quiere el “Grexit”

Así que como ya incluso Estados Unidos recomendó el domingo por medio del secretario del Tesoro, todo apunta a que de nuevo la deuda griega tendrá que ser reestructurada –o sea, perdonada en gran parte-, con el fin de evitar que salga de la eurozona. De realizarse las quitas, se habría confirmado que los griegos tenían todas las de vencer.

En realidad, se habrá ganado tiempo nada más, pues de fondo, el euro sigue siendo una divisa mal diseñada que quizá, como algunos analistas e inversores vaticinan, terminará desapareciendo de todas maneras.

El euro, ¿condenado al fracaso?

Uno de ellos, Simon Black, escribió ayer en su blog que la lección es muy clara: “un mal sistema fallará. Especialmente cuando ese sistema está construido sobre una montaña de deuda y engaño”. Tiene razón. Poco importa cuánto tiempo le tome al euro fallar. Grecia es un país pequeño y de poca importancia relativa incluso desde el punto de vista de Europa. Pero el tema es que otros como España no están en una mucho mejor situación, y su peso específico sí los convertiría  en una “bomba nuclear” para la divisa única.


Los griegos tuvieron tiempo de prepararse para esto, y los más avezados lo habrán hecho sacando todo su dinero del país, mientras la mayoría se quedó esperando sentada a que las cosas empeoraran o mejoran de milagro. Así suele ocurrir. La moraleja del cuento no puede ser otra: nunca confíe en que los políticos arreglarán algo, nunca lo hacen. No pierda tiempo y cuando vea una crisis venir muévase, protéjase sin importar que lo haga demasiado temprano. Siempre será mejor prevenir que tratar de solucionar una tragedia demasiado tarde.

viernes, 9 de marzo de 2012

¿POR QUÉ ALEMANIA TEME POR SUS RESERVAS DE ORO?

México, D. F., 9 Marzo 2012 (Guillermo Barba) – En todo el mundo existe una innegable falta de transparencia en el mercado del oro. Hace unos meses, hicimos hincapié en que cada día más personas y países se preguntan dónde está resguardado su valioso metal (http://bit.ly/vbZa3), pues muchos de ellos cuentan solo con un papel que los llama propietarios de un activo que ni siquiera han visto, ni les permiten auditar.

Esto en el mundo de los metales preciosos es un problema, pues bajo el sistema de reserva fraccionaria con el que trabajan los bancos especializados (Bullion Banks), es posible vender o prestar con interés varias veces una misma cantidad de oro físico.

Aquel que no tenga posesión directa sobre sus monedas o lingotes específicos, corre el riesgo real de haber comprado una ilusión, no un refugio seguro. La razón es sencilla, pues una de las reglas en este rubro de inversión es: “el que tiene el metal precioso en sus manos, es su verdadero dueño”. El que no, se arriesga a cualquier forma de expropiación o robo.

En un mundo financiero como el actual, es necesario que todo aquel que invierta en el metal como protección sepa las condiciones a las que está expuesto. Esto incluye tanto a inversores individuales como a naciones enteras, que muchas veces tienen la mayoría de sus reservas áureas supuestamente resguardadas en bóvedas extranjeras.

En esa situación se encuentran por ejemplo México y Alemania, entre muchos otros países que sobre papel, poseen importantes reservas. Por eso cada día se suman más voces que exigen saber dónde están, pues esta materia no es un asunto de fe, sino que se trata de dinero real.

En este sentido, esta semana el periódico germano ‘Bild Zeitung’, dio a conocer que legisladores alemanes revisarán la gestión que el Bundesbank (banco central) ha hecho de sus reservas de oro –que estarían en Frankfurt, París, Londres y Nueva York

El Comité Presupuestario del Parlamento alemán evaluará cómo se han manejado. El medio enfatizó las críticas que la Oficina de Auditoría Federal, ha hecho sobre la laxitud del Bundesbank en sus controles de inventario. A Alemania le preocupa, por supuesto, auditar sus 3,396.3 toneladas de oro (a febrero 2012).

Y no es para menos. Con la insolvente Grecia en su vecindario, los problemas de España, Portugal e Italia en puerta, y el desperdicio de recursos en “rescates” que en realidad no servirán para salvar a aquellas economías, un rompimiento de la unidad de la zona euro parece solo cuestión de tiempo. Por ello Alemania como todos los países, necesita íntegro su respaldo áureo y como tal, debería llevarlo a casa.

Según Ralf Schuler, periodista de ‘Bild Zeitung’, el parlamentario Philipp Missfelder quiere que se revise especificamente el oro alemán situado en la Reserva Federal (Fed) de N.Y., y demandó la lista de lingotes al presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. Missfelder dijo a Bild que primero le contestaron que “no había lista”, y luego que sí, pero que era “secreta”, y que además estos requerimientos “ponen en peligro la confianza entre el Banco Federal Alemán y la Reserva Federal de Estados Unidos”.

Lo que está claro es que los periodistas no pueden realizar lo que es tarea de un banco central que, ya sea el de México (Banxico) o el Bundesbank, que deberían ejercer su derecho a pedir la entrega de su oro. No hacerlo por temor a ofender a una contraparte como la Fed, o a represalias de otro tipo, podría tener costos aún mayores en el futuro para nuestras economías y divisas. Negocios son negocios, y no hay ninguna necesidad de seguir temiendo, como los alemanes y mexicanos (http://bit.ly/viGYYb), por algo que debería hacerlos sentir más tranquilos ¿No cree usted?

Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com

viernes, 22 de julio de 2011

LA CRISIS DE GRECIA: ¿TAN CONTAGIOSA COMO EL SARAMPIÓN?

Lo inevitable, inevitable es. Sin embargo, hoy Europa celebra el nuevo “rescate” de Grecia que, según dicen, fue hecho para salvar al euro y evitar un contagio de la crisis a otros países de la zona. Llama la atención que tanto políticos como diversos medios masivos de comunicación, hagan tanta alusión a ello como si de verdad los problemas provocados por gastos excesivos, déficits fiscales, falta de liquidez y de solvencia se propagaran como el sarampión. Nada más lejos de la realidad.

Esos mismos funcionarios y sus medios afines, son los que suelen expiar sus culpas descargándolas en especuladores que “atacan” mercados como el de bonos para obtener ganancias y poner de rodillas a naciones enteras.

Si fuera cierta la idea de que un segundo paquete europeo de ayuda va a curar de facto la crisis, podríamos estar seguros de los rendimientos de los bonos portugueses, irlandeses italianos y españoles comenzarían a volver ya a niveles considerados normales, pero sin duda eso está lejos de ocurrir. Luego de una previsible baja, volverán en todos los casos a los máximos históricos observados hace poco, alejándose cada vez más de los bajos rendimientos que pagan los seguros bonos alemanes.

A decir verdad, diversos mecanismos e instrumentos financieros sí permiten a los inversionistas más avezados, obtener utilidades en mercados al alza o a la baja, pero en ningún caso ellos son la causa de los problemas económicos. Su trabajo es ganar dinero y, si las torpezas de los gobiernos les permiten tomar posiciones para maximizar sus ganancias, lo van a hacer. Echarles la culpa, es como responsabilizar a los apostadores en un mundial de fútbol, por el fracaso del equipo peor clasificado del torneo.

De antemano se puede saber que una selección extremadamente débil, tiene ínfimas probabilidades de ganar la copa. Los números, no mienten. ¿O acaso los especuladores derrocharon el dinero con el que se endeudaron los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? ¿Puede contagiarse una enfermedad que ya tienen y que ellos mismos se auto provocaron?

Los apoyos a Grecia anunciados ayer, constituyen la admisión tácita de algo que ya se sabía desde un principio: no podrían cumplir sus compromisos como estaban pactados, pues desde siempre, estuvieron quebrados. Es así que por donde se le vea, el rescate griego es de hecho un “default” (impago) disfrazado.

El paquete de financiación consistirá en 109 mil millones de euros de la unión monetaria y el FMI, más 50 mil millones de la banca privada que de manera “voluntaria” tendrá que cambiar sus bonos por otros de mayor plazo. La tasa de interés se rebaja más de un punto porcentual hasta el 3.5%, y se amplían los tiempos de pago de siete y medio a mínimo 15 y máximo 30 años.

Uno de los protagonistas de esta historia, el señor Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, ha subrayado: “lo que hemos hecho por Grecia no lo vamos a hacer por otros países”. Solo el tiempo dirá si tendrá que comerse sus palabras, como ya lo hicieron otros en su momento: “No necesitamos un crédito”, dijo el griego Papandreou; “no tenemos que pedir prestado dinero alguno”, presumió el irlandés Cowen; “Portugal no necesita el rescate”, desdeñó Sócrates.

Es decepcionante ver cómo el sentido común y la razón, son hechos a un lado por la prepotencia y la soberbia de los que, sintiéndose todopoderosos, pretenden manipular las fuerzas del mercado, lo mismo en Europa que en América. Esto porque se ha anunciado también que los estados miembros, reforzarán los usos del denominado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) de 440 mil millones, para que pueda comprar deuda pública de países en problemas, refinanciar bancos, etc. para “impedir” nuevos rescates. En otras palabras, estará facultado para intervenir en el mercado secundario cuando éste mande señales de alerta, y fingir (engañar) que todo está bien.

La peor parte para estos neo planificadores centrales, es que la historia no está de su lado. Echar el polvo debajo de la alfombra nunca funcionó para recomponer las cosas, y nunca funcionará. El tiempo que hoy han ganado con estas medidas, solo se equipara a lo que también harán en unos días los legisladores estadounidenses al aprobar un nuevo techo de deuda, pero tarde o temprano todos pagaremos más caro el costo de su estupidez, que nada más puede ser resuelta con un doloroso pero necesario “reset” (reinicio) de todo el sistema. En fin, allá ellos, y que algún día, el oro y la plata los rediman.

Guillermo Barba