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domingo, 23 de noviembre de 2014

OTRA SEÑAL: HOLANDA RETIRA SUS RESERVAS DE ORO DE NY




DNB: foto WSJ
El viernes pasado, el Banco de los Países Bajos –u Holanda como se le conoce comúnmente– anunció un “ajuste a su política de localización de inventarios de oro”, que levantó muchas cejas: sacó de plano 122.5 toneladas de oro de la Reserva Federal (Fed) de Nueva York para llevárselas a Ámsterdam. El total retirado equivale a cerca de 5 mil millones de dólares, y a casi la totalidad de reservas de oro del Banco de México (Banxico), de apenas 123.1 tons.

Como saben los amables lectores de este blog, el mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa, y en materia monetaria, esto se está reflejando en la huída masiva de oro desde Occidente hacia Oriente. El oro nunca se equivoca: siempre va donde están la abundancia, el ahorro y la riqueza, nunca se queda en manos quebradas.

Es así que el fraudulento e insostenible sistema monetario basado en el dólar, está mandando señales muy claras de agotamiento.

Aunque todavía son minoría, allá fuera hay mentes inquisitivas que se están dando cuenta de que lo mejor, es irse preparando para el momento del colapso. Por eso tanto inversores individuales como institucionales y hasta bancos centrales, están comenzando a atesorar todo el oro que pueden en forma física, que es la única forma de inversión real. La compra de “oro” papel es mera especulación con grandes riesgos.

Por eso en esta columna hemos hecho llamados explícitos a nuestros lectores para que, si tienen oro o plata en manos ajenas, reclamen cuanto antes su entrega material. Esa recomendación la hemos convertido en exigencia para el Banxico, que tiene insignificantes 3 toneladas en sus bóvedas mientras el grueso de sus tenencias, 120 tons., se supone que están custodiadas en el Banco de Inglaterra (BoE por sus siglas en inglés). Por desgracia, nuestra demanda de que el poco oro de las reservas de México sea repatriado, no ha merecido ninguna respuesta positiva por parte de la institución que gobierna Agustín Carstens.

Muy distinta es la situación de otros bancos centrales que cada día atienden nuestras voces de alerta. En el pasado, el caso más destacado había sido el de Alemania, que a principios de 2013, dio a conocer que por medio de un lentísimo proceso de repatriación, transportaría de la Fed de NY a Fráncfort un total de 300 tons. de oro. El proceso concluiría en 2020, por lo que cada año en promedio debía recuperar al menos 60 tons. Para “sorpresa” de propios y extraños, el año pasado los alemanes sólo recibieron 5 tons. A ese ritmo les tomaría 60 años repatriar sus lingotes, en vez de siete. Se esgrimieron toda clase de pretextos de “logística” para este retraso, pero lo cierto, es que todo se resume en que los americanos no le quisieron entregar su oro al Bundesbank (banco central alemán).

Estados Unidos le recordó así por vías diplomáticas al gobierno de Angela Merkel quién es el que manda, y como fieles lacayos, los funcionarios alemanes agacharon la cabeza. Todo indica que el Bundesbank ha decidido desistirse de su demanda de repatriación. El banco privado más importante de ese país, el Deutsche Bank, en un reporte firmado por el analista de investigación Robin Winkler, confirmó que “dificultades diplomáticas” fueron la probable causa del retraso. Y es que ya a principios de siglo el Bundesbank repatrió en total 930 toneladas del oro alemán situadas en el BoE, así que no deberían tener problema alguno en preparar la logística para solo 300 toneladas.

Pero esta vez fue el Banco de Holanda (DNB) el que le puso la muestra a todos: primero organizó durante meses las medidas de seguridad y luego concluyó la repatriación del oro en secreto este mismo año. Concluido el proceso, lo hizo público. Con la política de distribución anterior, 51% de sus reservas áureas (612.5 tons.) estaba en Estados Unidos. Ahora, solo dejó el 31%. El resto está ya en Ámsterdam (31%), Ottawa (20%) y Londres (18%).

El comunicado oficial afirma que de este modo, el “DNB está en línea con otros bancos centrales que mantienen gran parte de sus inventarios de oro en sus propios países […], esto puede tener también un efecto positivo en la confianza del público.” El portal Telegraaf.nl informó que el portavoz del DNB dijo que ya no era aconsejable mantener la mitad de su oro en Estados Unidos, "tal vez eso fue durante la Guerra Fría, no ahora”, concluyó. Según Dutch News, la cadena pública de televisión NOS confirmó que el traslado de los lingotes se hizo por barco.


De manera que ni Alemania, ni México ni ningún otro país tiene pretexto válido para no repatriar su tesoro, o al menos parte de él cuanto antes. Los holandeses ya hicieron lo correcto. Ahora, los demás deben apresurar el paso, porque el tiempo, juega en nuestra contra.

viernes, 22 de marzo de 2013

SUIZA TAMBIÉN QUIERE REPATRIAR SU ORO ¿NOSOTROS CUÁNDO, BANXICO?

Imagen: Swissinfo.ch

Es innegable que existe en el mundo, una creciente ola de países que comienzan a demandar la repatriación de sus reservas soberanas de oro. Esto no debe parecernos raro, pues vivimos en un ambiente de crisis, causada precisamente por la corrupción del sistema monetario actual, que pretende seguir expandiendo al infinito el crédito, las deudas y el consumo. Un absurdo.

De ahí que las principales medidas de “estímulo” para la decadente economía actual, sigan siendo el deprimir de forma artificial las tasas de interés –que deberían ser determinadas por el libre mercado, el gasto público deficitario y la impresión monetaria sin límite (QE, o Quantitative Easing en inglés).

Esa concepción de “dinero infinito” es muy destructiva, pues si bien se pueden imprimir tantos billetes como se desee, no ocurre lo mismo con la riqueza que estos pueden adquirir, pues es finita y escasa. De este modo, lo único que le queda al dinero de papel, para compensar su exceso, es la devaluación.

Entonces, ¿por qué se sigue recetando la misma dañina y fracasada medicina?

La respuesta tiene que ver con los juegos del poder. Y es que esa creación desmedida de divisas (dinero fíat), desde luego, beneficia en gran medida a unos cuantos que son los que primero lo reciben –como los grandes banqueros y gobiernos derrochadores, a quienes poco importa que se merme de modo irreversible el poder adquisitivo de las mayorías.

Los tiene sin cuidado por una razón: el robo es sigiloso, pues llega disfrazado en forma de alza de precios, algo a lo que toda persona en el planeta ya se ha acostumbrado. Es más, esa “normalidad” ya ni siquiera es cuestionada. La estabilidad de precios queda como una mera aspiración en las leyes y mandatos de bancos centrales como el de México.

Lo que todo lo anterior nos dice, es que más que nunca necesitamos al único dinero real en el sistema, a la divisa que cumple con todas las funciones dinerarias que las demás tienen, pero con una cualidad que la hace superior a todas: no puede ser reproducida a voluntad. Nos referimos por supuesto, al oro.

Ese enemigo indeseable del dispendio, que justo por ello fue “pateado” fuera del sistema, será al final de este trágico experimento el último refugio de pie.

Así fue, ha sido y seguirá siendo siempre, como lo demuestra la fuerza implacable de la historia. Nada de esta crisis es nuevo, excepto que por primera vez la impresión monetaria es global, y por ende, serán iguales sus terribles alcances de miseria y destrucción.

Aún son pocos los que anticipan la llegada de este “día del juicio”, pero no por eso han callado. Sus voces se hacen sentir por diversas latitudes, advirtiendo del peligro y de la necesidad de que como medida de autodefensa, personas y naciones se preparen con “escudos” de oro, y de su eterna compañera la plata.

En este sentido, puede entenderse por qué la corriente que demanda la repatriación del oro a sus respectivos territorios, va adquiriendo fuerza.

Llegado el día crítico, ¿alguien cree que las grandes potencias como Inglaterra o Estados Unidos, que se supone son los principales custodios, lo van a entregar a sus propietarios cuando lo soliciten? Valdría la pena recordar que Estados Unidos ya incumplió antes, cuando en 1971 declaró que ya no entregaría más oro a cambio de sus propios dólares. Insistimos, nada de lo que se atestigua hoy es “sin precedentes”.

Pero vayamos todavía más lejos. ¿Se puede confiar en que tienen ese oro, cuando los propios bancos centrales como Banco de México, tienen simples papeles que los acreditan como dueños de lingotes que ni siquiera han comprobado que existan?

No. La única manera es contar con el metal áureo en propias manos, y por eso, naciones tan diferentes como Venezuela y Alemania ya han demandado su repatriación. La primera ya la ha concretado, pero el Bundesbank de forma inexplicable lo hará de forma paulatina, hasta tener la mitad de su oro en Fráncfort hasta 2020.

Ahora es Suiza. Esta semana, un grupo ha entregado más de 106 mil firmas a las autoridades federales, buscando un voto nacional que permita detener la venta de sus reservas áureas, y el traslado de sus barras, que se supone están en gran parte almacenadas en la Unión Americana, al Banco Nacional Suizo (SNB).

La iniciativa busca asimismo que su Constitución, obligue al banco central a mantener un mínimo de 20% de sus activos en oro, el doble del nivel actual, y que el gobierno revele abiertamente en qué otros países se encuentran sus reservas.

El parlamentario Luzi Stamm lo ha dicho de modo contundente: “las reservas de oro garantizan la estabilidad del Franco suizo. Aseguran que los ahorros privados, salarios y pensiones conserven su valor”, y que “solo está manos seguras si lo mantenemos en Suiza”.

Esperemos que aquí, Banco de México detenga ya la venta del muy poco oro físico que está en el país, incremente su posición aprovechando los bajos precios actuales y ordene la repatriación de esa valiosa parte de nuestro patrimonio nacional. El tiempo y la crisis, no se detienen.