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viernes, 6 de junio de 2014

MARIO DRAGHI HUNDE A EUROPA… BANXICO A MÉXICO




Imagen: Marketoracle.co.uk
Ayer el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, cumplió las expectativas para combatir el muy bajo crecimiento e inflación de la eurozona –que podría convertirse de nuevo en deflación: recortó la tasa de interés de refinanciamiento de 0.25 a 0.15% y la que paga a los depósitos a -0.1%. Sus acciones incluyen preparativos para compras de activos y medidas para aliviar restricciones de crédito a pequeños negocios, incluyendo 400 mil millones de euros en préstamos a bancos.

Esta es la primera vez que uno de los mayores bancos centrales establece una tasa negativa, lo que significa que a diferencia de lo que estamos acostumbrados, en la zona Euro el banco central les cobrará a esas instituciones por mantener su dinero en él. La intención, claro, es empujarlos a que mejor salgan al mercado a prestarlo. Pero, ¿por qué tomar esta medida? Bueno, se debe a que en Europa la actividad económica es débil y están subiendo “muy poco” los precios (0.5% anual en mayo) y hay incluso riesgo de que caigan, como ocurrió entre junio y octubre de 2009.

De hecho, la tendencia de la inflación al consumidor es a la baja desde noviembre de 2011, cuanto alcanzó el 3% anual.

Por supuesto, sin bien la gente no vería mal un descenso de precios, los funcionarios y banqueros no lo quieren permitir bajo ninguna circunstancia. La razón es que eso afectaría el valor de sus activos e incrementaría relativamente la carga de sus ya de por sí excesivas deudas. El sistema, para decirlo claro, depende de que las deudas crezcan de manera exponencial para seguir en marcha. Un castillo de naipes, pues, en el que la deflación (desplome) es inevitable.

De manera que el “plan Draghi” es intentar levantar la economía de Europa con las recetas que se ha probado desde 2008 y que siguen sin funcionar: bajar el costo del crédito. O sea, esperan resultados diferentes haciendo lo mismo. Por eso, más allá de que sus decisiones las vendan al público  como positivas, es necesario hacer algunas precisiones.

De entrada, porque las viejas teorías de que aumentar el gasto público, bajar las tasas de interés e imprimir dinero son suficientes para impulsar el crecimiento económico sostenido, la evidencia y los resultados recientes nos han demostrado que no solo son falsas sino muy destructivas. Se han inyectado millones de millones de dólares a la economía global para un endeble rebote que dicen, es una “recuperación”. No obstante, esos cañonazos de dinero papel cargados con tipos de interés manipulados en extremo a la baja, cada día tienen menores efectos. Como un enfermo adicto, Europa, Estados Unidos y el mundo necesitan más y más “estímulo” que sienten menos.

Recordemos por ejemplo que entre octubre de 2007 y abril de 2008, el BCE recortó su tipo de refinanciamiento de 3.75 a 1.25% –una baja de más de 66%, y la de depósitos de 3.25 a 0.25% -casi 93% abajo. En aquel lapso la inflación pasó apenas de 2.6 a 3.3% y el crecimiento del PIB en la eurozona en realidad fue mínimo: trimestre a trimestre en el primer cuarto de 2008 solo 0.6% según cifras del BCE. Y ya ni hablar del crecimiento ese año de 0.4%, y del desplome de 2009 de -4.5%.

Parece que “Súper Mario” no entiende que lejos de ayudar, empeora todo. ¿De veras cree que estimulará el crecimiento y la inflación un recorte mucho menor que los que se hicieron antes? La tasa de refinanciamiento solo bajó 10 puntos porcentuales y la de depósitos una décima. Como en el videojuego, Draghi parece tocado por algún enemigo y se ha vuelto pequeño, un “Mini Mario”.

Lo malo es que en las universidades más importantes del mundo, donde se formaron y siguen formando muchos de los actuales funcionarios que gobiernan o presiden los bancos centrales, esta fórmula es lo único que les enseñan, despreciando verdaderas soluciones alternativas. Por ello nunca les es suficiente. Si ya no se tienen los resultados esperados, la respuesta siempre es igual: más gasto, más impresión de dinero y menores tasas… hasta que dejen de funcionar. Su sistema estilo planificación central está condenado al fracaso. Lo peor es que los mercados y la economía real les harán ver su suerte no solo a ellos, si no a todos los habitantes que padecemos los costos de sus malas decisiones.

Agustín Carstens.
Gobernador de Banxico
Deberían escuchar a quienes les decimos que esas medidas no servirán. Ese mensaje va también para el Banco de México, que en octubre pasado bajó su tasa de interés de referencia a un mínimo histórico de 3.5% y aquí tampoco ha servido para nada. Por si fuera poco, hoy ha vuelto a recortarla a 3%. El Instituto Central no ha entendido tampoco.

De hecho, este esquema de tasas de interés descendentes está destruyendo al capital y atrayendo la deflación, como hemos explicado antes en este blog.

Explicado grosso modo, la razón es que no importa qué interés tome el empresario para invertir, siempre será visto mañana como caro y en mal momento, pues en el futuro las condiciones habrían sido mejores y más baratas. De modo que el instinto de aquellos no los lleva por el lado de arriesgarse a emprender, generar riqueza y empleos como creen los gobiernos y bancos centrales, sino en el mejor de los casos a acumular activos para defenderse de la desgracia que sin remedio se avecina: la Gran Deflación. No por nada los índices bursátiles y el oro se fueron al alza con la decisión. En los primeros, parece que la burbuja se seguirá inflando hasta límites insospechados.

Lo que necesitamos en el mundo y en el país es más ahorro –interno y externo, no deudas; más inversión privada y menos gasto del gobierno. Mercados libres y no manipulación de la tasa de interés ni tipos de cambio para hacernos “competitivos”. Cuando en Europa, EE.UU. y aquí lo entendamos, daremos el primer paso para salir de la crisis. Seguimos lejos, muy lejos.

sábado, 7 de septiembre de 2013

EL PÁNICO DE HACIENDA Y BANXICO




Imagen: El Universal y Sinembargo.mx
Este viernes, la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) hizo un anuncio que sorprendió a propios y extraños, al reducir su objetivo de Tasa de Interés Interbancaria a un día, a 3.75 desde el 4 por ciento  en que se encontraba desde marzo pasado.

Aunque el ajuste en sí mismo no era esperado, lo cierto es que se inscribe dentro de la nueva política que el banco central ha implementado, no por casualidad, desde la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República.

Ese giro de 180 grados se hizo patente desde el primer momento, y nos permite reconocer un hecho importante: la autonomía de Banxico, por supuesto, no significa su independencia de las lógicas del poder. 

Para su gobernador, sería un suicidio hacerlo.

Recordemos lo que le ocurrió a Guillermo Ortiz Martínez, gobernador del Banco de México durante el primer trienio de Felipe Calderón y con quien tuvo abiertas diferencias que a la postre, le significaron tener que dejar el cargo ante quien se había desempeñado como secretario de Hacienda: Agustín Carstens.

Esta dinámica que rebasa a los bancos centrales, desde luego no es un fenómeno exclusivo de nuestro país, sino mundial.

El ejemplo más representativo de esto en las economías avanzadas ocurrió en Japón.

En 2012, el entrante primer ministro Shinzo Abe amenazó con quitarle la autonomía legal al banco central de su país si no garantizaba “ilimitada” impresión monetaria, y un objetivo de inflación de 2 por ciento.

Meses más tarde, Abe logró imponer un nuevo gobernador del Banco de Japón afín a sus intereses.

Regresando a México, el político Agustín Carstens, y en general la Junta de Gobierno del Instituto Central, marcó su alineación a las directrices de la nueva administración federal llegada el 1 de diciembre de 2012.

Esto es evidente cuando comparamos lo que decía Banxico antes y después de la llegada de Peña Nieto a Los Pinos, y de Luis Videgaray a la silla de Hacienda.

En noviembre de ese año, Banxico manejaba la posibilidad de “un ajuste al alza en la tasa de interés de referencia”. Menos de dos meses después, en enero de 2013, anticipaba ya que bajaría su tasa de interés de fondeo “para facilitar el ajuste de la economía a una situación de menor crecimiento económico y menor inflación.” Las casualidades no existen en política.

En marzo se concretó dicha baja en el tipo de interés de referencia, y se supo que en la sesión en que la Junta de Gobierno decidió hacerlo, el “invitado de honor” fue nada menos que el mismo Luis Videgaray.

En aquella ocasión Banxico aseguró que el recorte no representaba el inicio de un ciclo de bajas a la Tasa de Interés, pero de nuevo, algo pasó.

¿Qué fue? Que tanto el gobierno federal como Banxico entraron en pánico, ante algo que no escucharemos pronunciar pronto en ningún discurso oficial: ya estamos en recesión.

Por eso el primero en celebrar el viernes el anuncio del banco central fue el propio Videgaray, que en su cuenta de Twitter escribió “La @SHCP_mx respalda plenamente la oportuna decisión de @Banxico de reducir de 4.0 a 3.75 su tasa de interés objetivo”.

En el comunicado de prensa de Banxico, puede leerse entre líneas una aceptación tácita de la recesión, que habría comenzado con la contracción del sector industrial desde el tercer trimestre de 2012. Se refiere a ella también como un “debilitamiento” más rápido y profundo que lo anticipado, que atribuye a causas tanto externas como internas.

El investigador de El Colegio de México, Gerardo Esquivel, escribió en su artículo “¿Estamos o no en recesión?” que: “De acuerdo a los propios datos y definiciones del INEGI, la recesión habría empezado a partir de junio/julio de 2012 y las cifras de abril de este año habrían confirmado que teníamos elementos suficientes para identificarla como tal.”

El pánico no admitido de Hacienda y Banxico, queda expuesto.

Como sea, lo que es cierto es que ambas dependencias quieren que el país crezca a cualquier costo, y han hecho una apuesta algo arriesgada.

Aunque la decisión fue bien recibida por el mercado bursátil, el tipo de cambio y los rendimientos de los bonos mexicanos, se ve complicado que una baja de 0.25 puntos porcentuales tenga un impacto significativo en el impulso a la economía.

Eso sí, como la postura del gobierno y de Banxico ya no es cuidar la inflación, que no les preocupa, lo que se pretende sin duda es que nuestra competitividad aumente a través de un tipo de cambio más depreciado.

Eso es algo positivo pues, con la llegada de capitales golondrinos, se tuvo una percepción falsa de fortaleza del “súper peso”. Ahora, los flujos de capital serán a la inversa.

Entre las implicaciones de la decisión está también que el mercado bursátil y los bonos, luego de un alza temporal, continuarían su tendencia bajista que podría acentuarse una vez iniciado el ataque estadounidense contra Siria.

Pronto veremos los primeros resultados pero hay que abrocharse los cinturones, porque la siguiente fase de la crisis global, está haciendo su arribo.