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martes, 4 de noviembre de 2014

LA FIEBRE DEL ORO Y LA PLATA




Imagen: Commodityonline.com
En la entrega anterior expusimos cómo la demanda física de oro y plata en el planeta se mantiene fuerte, según lo demuestran las lecturas de Base y Cobase que indican no solo la existencia de backwardation (inversión de la curva de contratos de futuros) en el mercado, sino que ésta se ha disparado. Los recientes desplomes de precio observados en ambos, por lo tanto, se debieron a ataques especulativos en el mercado de forwards y futuros, es decir, en el de papel. Esa disociación del mundo del metal real y el imaginario, ha propiciado que con las bajas de precios, se desate una auténtica fiebre por los metales preciosos monetarios.

En Alemania por ejemplo, reportes periodísticos del portal Goldreporter.de, dan cuenta de que en ese país, algunos distribuidores se han quedado sin inventarios. La alta demanda de los inversores alemanes continuó el fin de semana, en especial, sobre monedas de plata. Andreas Heubach, director general de Heubach Edelmetalle en Nuremberg, dijo que tan solo el jueves y viernes vendieron 80 mil onzas. Para darle una idea de la dimensión de lo que esto significa, este solo proveedor vendió en dos días el equivalente a más del 80 por ciento del total de onzas de plata Libertad que se pusieron en circulación en todo México, durante el pasado mes de septiembre, el dato más reciente. “La demanda y la histeria también, están de regreso”, dijo Heubach.

Christian Brenner, director general de Philoro Edelmetalle GmbH en Leipzig y Berlín, reportó que la demanda se disparó en 100 por ciento, y la venta en línea, hasta 300 por ciento.

René Lehmann de Münzland en Dresden, aseguró que el 80 por ciento de sus clientes regulares están aprovechando la baja de precios para aumentar sus posiciones, en particular de las canadienses “hojas de maple” de 1 oz. de plata, ½ oz. y la moneda australiana Lunar de 1 kg. En oro, el interés ha estado también sobre las “hojas de maple” y barras de 1 oz. Su ratio de compradores sobre vendedores es de 50 a 1.

Por su parte, la US Mint, casa de moneda estadounidense, reportó una venta de 625 mil monedas de una onza de plata “American Eagle” en los dos primeros días hábiles de noviembre. De igual forma, la colocación de esa serie de monedas pero de una onza de oro, fue de 10 mil 500, equivalentes al 50 por ciento de todas las que se vendieron en agosto de este año.

Asimismo, el neerlandés Koos Jansen, analista especializado en el mercado chino de oro, describe como “insaciable” el apetito de China por el rey de los metales. Sus estimaciones, como lo ha confirmado la Asociación del Oro de China (CGA, por sus siglas en inglés), han sido más precisas que lo que ha reportado el Consejo Mundial del Oro (WGC). Por ejemplo, para 2013, los cálculos de demanda china de oro de Jansen, estuvieron en línea con lo que oficialmente publicó la CGA en su China Gold Yearbook 2014: 2199 toneladas, equivalentes por cierto a más del 73 por ciento de la producción minera mundial del año pasado (2,994 tons.).

En cambio, para el WGC, los chinos solo compraron 1,120 tons., casi un 50 por ciento menos. Inverosímil. No es casualidad que los medios occidentales sólo repitan lo que dice el WGC, pues Estados Unidos tiene especial interés en que no se difunda lo inocultable: China se está empoderando cada día más a través del oro, y se está llevando todo lo que puede de este hemisferio.

Cabe agregar además, que fuentes de la CGA revelaron a Jansen que el Banco Popular de China, el banco central, importa el metal fino por otras vías distintas a la Bolsa de Oro de Shanghái. Aquí en exclusiva para este espacio, el analista Jim Rickards nos reveló hace unos meses que el gobierno de Beijing está empleando incluso canales militares para hacerse del metal precioso en secreto.

En este contexto, Jansen calcula con base en las últimas cifras publicadas, que en la semana del 20 al 24 de octubre, es decir, una antes de los más recientes desplomes de precio, los chinos importaron 46.7 toneladas, de un total de 1,036 tons. en lo que va del año. Eso nos dice que las importaciones semanales chinas rondan el equivalente a 3,736 lingotes London Good Delivery, o más de 46 mil barras de un kilo. Dichas importaciones representan también casi el 40 por ciento del total de reservas imaginarias de oro del Banco de México (Banxico), en solo cinco días hábiles (lunes a viernes).

Sea en Alemania o China, el patrón se repite: menores precios orquestados desde el mercado de papel, serán respondidos con alta demanda física de los inversores en valor, que se preparan así para el desastre económico que viene. Aquí, ya consultamos a Banxico para que nos informe las últimas cifras de demanda de onzas Libertad en el país durante octubre, y en cuanto las tengamos, las publicaremos. Pese a lo que se diga, hay una fiebre del oro y la plata en el mundo, que los beneficiarios del sistema monetario basado en el dólar, no han podido ni podrán contener.

domingo, 27 de enero de 2013

LAS TRES GUERRAS PERDIDAS DE LOS BANCOS CENTRALES


Guillermo Barba / Oroplata.com 

El mundo se encuentra inmerso en una crisis económico- financiera que no ha terminado. Esto es evidente, pues a pesar de los típicos discursos sobre la “recuperación”, las acciones de los políticos gritan en sentido contrario la desesperación en que se encuentran.

Más que nunca es válida la frase de: no creas nunca en lo que te digan, sino solo en los hechos de quien te las dice.

En estos años desde el estallido de la Gran Recesión, hemos sido testigos del rebote de un “gato muerto”. 

Este, solo fue posible gracias a la inyección de trillones de divisas y déficits públicos, con los que bancos centrales y gobiernos pudieron dar la impresión de revivir incluso a un enfermo terminal como la economía global, que se sustenta en lo insostenible: un sistema de dinero fíat (divisas digitales o de papel, sin respaldo en oro).

Sin embargo, las cifras que evidencian una nueva recaída en el futuro cercano para Estados Unidos, las permanentes tensiones en Europa y la preocupante situación en Japón, por citar solo algunos ejemplos, han empujado a los tomadores de decisiones a pensar en invadir esferas que no les corresponden, para dar la impresión de que todo marcha bien.

En específico, podemos referirnos a la nueva andanada de presiones y ataques a los que se está sometiendo a los bancos centrales y su pretendida autonomía, de los que la mayoría goza. Al menos por ahora.

Para decirlo sin eufemismos, estas instituciones están bajo asedio en una guerra que, por definición, tienen perdida: la guerra de la politización.

Y es que para la mente de los gobernantes, cuando una ley estorba a sus intereses es momento de cambiarlas, y pueden hacerlo. En este sentido, su lógica será amenazar a los banqueros contrales con una consigna: o hacen lo que se les pide –por lo general  “coadyuvar” al avance de la economía por la vía de más expansión crediticia (inflación), o se les cambiarán las reglas para que no sea voluntario hacerlo, sino por fuerza.

El caso más paradigmático es reciente: el del Banco de Japón (BoJ).

No olvidemos que el entrante primer ministro japonés, Shinzo Abe, fue categórico al señalarle que si no garantizaba una “ilimitada” impresión monetaria de yenes, y elevaba al doble su objetivo de inflación, perdería su independencia.

Con esa “arma” en la cabeza, el BoJ cumplió. Este martes anunció que para 2014 cambiará a un enfoque abierto de compra de activos (13 billones de yenes), cada mes, sin una fecha ni monto límite, por lo que se equipara al QE4 de la Reserva Federal estadounidense (Fed). La diferencia está en que no se establecen, como sí lo hizo la Fed, metas específicas de desempleo ni inflación. El sueño de la creación de divisas sin fin, se le cumplió a Abe.

Es de esperarse que la sucesión en la cabeza del BoJ que se dará en abril, traiga a un funcionario todavía más agresivo y afín al gobierno, por lo que la “flexibilización cuantitativa” japonesa ad infinitum podría ocurrir antes y con montos más grandes, pues la misión que le encomendará Abe, no es fácil aún: destruir al yen.

Ahora bien, el BoJ no es el único bajo ataque político.

El Banco Nacional de Hungría está sufriendo presiones análogas, y también tendrá un cambio de titular en marzo de este año. Éste, según el ministro de Economía húngaro Gyorgy Matolcsy, será aprovechado para construir una “alianza estratégica” que ayude al crecimiento y el empleo. Discusiones como estas también ocurren en otras latitudes.

Ante esto, una voz sensata como la del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, advierte con razón los peligros que esto conlleva, pues de hecho será visto como una declaración abierta de guerra de divisas (devaluaciones competitivas), en las que todos quieren correr las imprentas lo más rápido posible para que su moneda, al perder poder adquisitivo, el país gane en “competitividad”.

Esto no es nuevo, pero se acelerará con la mano gubernamental. Todos sabemos que lo que tocan los políticos en materia económica termina peor de lo que empezó, por la sencilla razón que lo que les importa, es la apariencia en el corto plazo para poder ganar la siguiente elección.

En este sentido, las declaraciones de Weidmann hacen notar que entre los motivos para repatriar su oro desde Nueva York y París, como anunció este mes, el Bundesbank tuvo que haber ponderado los costos y alcances de esa guerra de divisas, pues saben de antemano que pronto se convertirá en un juego en el que, quieran o no, todas las monedas tendrán que participar. Una a una caerá como ficha de dominó.
Justo ahí radica también la similitud que tendrá este efecto con el del oro.

Tal como hizo Alemania, es cuestión de tiempo para que cada día más países comiencen a demandar la repatriación de sus lingotes. Si nadie querrá quedarse atrás en la carrera de la devaluación, mucho menos en otra más importante: la carrera por un oro que no alcanzará para todos. Los banqueros centrales, aunque lo guarden “in pectore”, lo saben muy bien.

Como en el juego de las sillas, en el que al cesar la música siempre hay alguien que se queda sin asiento, así la falsa sobreoferta de oro físico maquinada por los derivados de “oro” papel, garantiza que a alguien se le tendrá que incumplir la entrega de su metal, y que para cuando eso ocurra, no será imposible conseguirlo en el mercado, pero para ello, se tendrá que pagar un precio que habrá crecido exponencialmente.

Así pues, los bancos centrales enfrentan tres guerras perdidas: la de la politización, la de divisas y la del oro, que auguran un escenario en el que las víctimas serán cuantiosas. Por supuesto, sobre todo aquellas que por desconocimiento u omisión, no hayan recurrido al incomparable amparo del oro y la plata físicos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

LA FIEBRE DEL ORO DEL SIGLO XXI

México, D. F., 23 Diciembre 2011 (Guillermo Barba) –  En este espacio hemos explicado cómo y por qué el oro y la plata “se esconden” (http://bit.ly/sJumfv ) de la circulación por la llamada Ley de Gresham. Es por eso que en la actualidad los principales bancos centrales del mundo están inmersos en rondas periódicas de “flexibilización cuantitativa”, (que no es otra cosa que la creación e inyección de dinero a la economía, a través de la compra de bonos al público), ambos metales son guardados celosamente por personas y países en los lugares más seguros que pueden encontrar.

La elección es sencilla: o se prefiere el dinero de papel que mientras pasa por nuestras manos va perdiendo poder de compra por el aumento de precios (causado por la reproducción desenfrenada de billetes), o bien el metal precioso que por ser un activo útil, finito y tangible, su valor jamás caerá hasta cero. Se entenderá bien entonces por qué mientras que el primero es una “patata caliente” que fomenta el consumismo, el segundo alienta el ahorro. En otras palabras, se gasta el que vale menos para la gente.

Por eso, es crucial que comprendamos que si bien el precio es importante, lo es más el valor. En este sentido, hemos explicado también (http://bit.ly/txWHoq ), que en base a diversos métodos, el valor justo del oro está muy por encima del máximo histórico nominal, que cruzó este año la barrera de los 1.900 dólares la onza.

Esto no se debe perder de vista, en un escenario que en el corto y mediano plazo parece algo sombrío para los metales preciosos y en general para las materias primas. Los fundamentales del mercado alcista en que se encuentran estos activos son sumamente fuertes.

En un mundo financiero como el de hoy, infestado de derivados, apalancamiento y poderosos intereses que pueden manipular mercados y medios de comunicación, se llega a veces al extremo de tener precios ridículamente bajos en el papel, mientras que resulta imposible conseguir oro y plata físicos. De nuevo, se ocultan para decirnos en secreto: “valgo mucho más”.

Este fenómeno ya se vivió en 2008 y parte de 2009. En ese entonces, la baja en el precio del oro llegó a ser del 30% desde máximos, pero los lingotes y monedas de inversión nunca cayeron tanto. Si se querían conseguir, en el mejor de los casos tenía que pagarse una “prima” (diferencial) de hasta el 40% sobre el precio del oro-papel. Así pues, la verdadera directriz del mercado no la marcan los manipuladores de los contratos de futuros, sino la gente en la calle, la voz del pueblo; lo demás, es una fantasía que habrá de terminar como si fuese por “justicia divina”.

Por ello, el inversor en metales preciosos nunca debe olvidar la que quizás sea la regla suprema: “el dueño, es aquel que puede tocarlos con sus propias manos”. Cualquier promesa de entrega, certificado de resguardo, etc. no es más que una oferta con riesgo de incumplimiento, ni oro ni plata auténticos.

De ahí que el final de esa trágica historia podamos conocerlo de antemano: El punto de inflexión será cuando el desacoplamiento definitivo  del mercado ficticio y real, dé inicio definitivamente a lo que en los libros de historia reflejaran como el día en que comenzó la “Fiebre del oro del siglo XXI”.


© Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com

viernes, 6 de mayo de 2011

MÉXICO, ¿AVERGONZADO POR LLENARSE LOS BOLSILLOS DE ORO?

Ojalá que la frase del título de este artículo hiciera referencia a que la “pujante” economía mexicana, nos estuviera permitiendo a la mayoría de los ciudadanos llenar nuestros bolsillos de oro contante y sonante. Por desgracia no es así, pero resulta que al menos esa expresión es válida en el plano macroeconómico. Y es que esta semana se dio a conocer que, durante el primer trimestre de 2011, Banco de México (Banxico) acumuló una de las mayores compras de oro de su historia: nada menos que 100 toneladas.

No obstante, lo que sin duda fue una decisión acertada de parte de ese Instituto Central (entre muchas equivocadas, por cierto), quedó empañada por una enorme duda: ¿por qué una inversión de estas proporciones en un activo tan poco habitual, ni siquiera mereció en su momento un boletín de prensa tan pobre, como el que sacaron tras la publicación del hecho en el Financial Times?

Dice Banxico en su escueto comunicado, que dichas adquisiciones “se inscriben dentro de la política habitual de este Instituto Emisor referente a la inversión y diversificación de sus activos.” Sin embargo, lo cierto es que esto no tiene nada de habitual, al contrario. Se trata de una de las mayores y más aceleradas compras del metal amarillo que haya hecho un banco central, en la historia reciente, por un monto aproximado de 4.5 mil millones de dólares. B

Banco de México se defiende argumentando que las notas periodísticas se sustentaron en su propio Reporte sobre las Reservas Internacionales y la Liquidez en Moneda Extranjera, publicado en internet, pero queda claro que se comportó como aquel niño inquieto que, después de una de sus travesuras, hace todo lo posible para que sus padres no lo noten.

En este caso, es evidente que alguien tuvo que tomar la decisión de no hacerlo público. Eso en tierra de “sospechosistas”, nos conduce a pensar que quizá no se haya querido incomodar al país vecino que, vaya casualidad, es el emisor del enemigo público número uno del oro: el dólar.

¿De veras era una vergüenza admitir abiertamente que nuestro país se sumó a otras naciones que han expandido sus reservas de oro como Rusia, India y China? No tendría por qué haberlo sido. Después de todo, cada país tiene el genuino derecho de obrar conforme a sus propios intereses.

Sea como fuere, la realidad es que el hecho de que en el propio vecindario de los Estados Unidos se esté considerando reducir las reservas internacionales en su divisa, es una señal más de que la suerte del dólar está echada. Esos 4.5 mil millones de dólares no fueron a dar a Bonos del Tesoro norteamericano para ganar cero intereses, como de costumbre, sino que fueron convertidos en dinero real, un bien valioso y tangible. Eso es justo lo que poco a poco comienzan a hacer cada vez más bancos centrales y personas, que guardan sus propias reservas para el día en que el billete verde, y en general el dinero ficticio, sean sometidos a su “Juicio Final”.

Por eso, hoy que ha llegado una sana corrección a los mercados de oro y plata, no debemos perder de vista el bosque distrayéndonos con un árbol. Si bien el rey de los metales cayó por debajo de los 1,500 dólares la onza, todavía está uno por ciento arriba de donde se encontraba hace sólo un mes, y su caída no ha sido estrepitosa como la de su compañera.

El caso de la plata es distinto, pues los datos muestran que quizás subió demasiado en muy poco tiempo, y su corrección será más drástica. Pero el bosque al cual nos referimos, sigue ahí: la debilidad de la economía y su adicción a la impresión de dinero para mantenerse con vida, las monumentales e impagables deudas soberanas en Europa y Estados Unidos, los incontrolables déficits fiscales, etc.

En fin, el punto es que, para los desilusionados que piensan que el oro y la plata están enfermos, mejor váyanse haciendo a la idea de todo lo contrario; lo que vieron en las últimas semanas, no fue más que un mero ensayo de lo que vendrá cuando de veras estén ardiendo. No por nada se dice: “no hay ninguna fiebre, como la fiebre del oro”.