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viernes, 16 de mayo de 2014

MERCADOS BURSÁTILES, EN RIESGO




Imagen: Kingworldnews
A lo largo de la última semana, hemos destacado cómo tres expertos y reconocidos inversores de la Bolsa de Valores de Nueva York, han lanzado advertencias muy concretas respecto a los altos índices bursátiles que se están observando en los Estados Unidos, a pesar por supuesto de las bajas que han sufrido esta semana. Estos expertos son nada menos que Jim Rogers, gurú de la inversión en materias primas; Marc Faber, conocido por haber predicho el crack de la bolsa en 1987 y la crisis financiera de 2008; y Richard Russell, decano de los articulistas por suscripción de Wall Street.

Primero, Jim Rogers dice que aunque las acciones de algunos sectores como el de la biotecnología y los medios sociales en Estados Unidos parecen estar en burbuja, es decir en niveles demasiado caros, en general el mercado no lo está todavía. Pese a ello, sí considera que las cotizaciones accionarias en ese país son lo suficiente elevadas como para que no le interese comprar a estos niveles de precio, sino buscar mejores oportunidades en mercados externos que estén más baratos.

Por su parte, Marc Faber asegura que por el momento es mejor mantenerse en efectivo, o sea recomienda vender y guardar, pues durante los próximos meses los mercados de bonos e índices accionarios podrían desplomarse juntos. Por el momento también los ve demasiado altos.

Asimismo, Richard Russell también ha advertido a sus suscriptores que es mejor liquidar y mantenerse al margen por ahora, pues asegura, lo que se conoce como rentabilidad por dividendo, que no es otra cosa que una manera de medir cuánto vale una acción con respecto a lo que paga de rendimiento, nos dice que los principales índices bursátiles están demasiado elevados. En otras palabras, también llega a la misma conclusión que los otros expertos. Para Russell, la caída podría darse en los próximos seis meses.

Aunque los comentarios se refieren sobre todo a la bolsa de Nueva York, es muy relevante para todo el mundo, pues lo que ahí ocurre, suele replicarse también en muchas partes del mundo. Para nadie es una sorpresa por ejemplo, la gran influencia de los movimientos que tiene el mercado bursátil estadounidense sobre el mexicano.

Por otro lado, el mercado de bonos del Tesoro estadounidense se ha mantenido al alza en lo que va del año, es decir, bajando sus tasas de interés (ver gráfico de Zerohedge). Es de destacar que esto ha ocurrido en sentido opuesto a la opinión de una encuesta citada por MarketWatch de The Wall Street Journal, en la que en abril pasado todos y cada uno de los 67 economistas entrevistados opinó que las tasas subirían en los siguientes seis meses.
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También llama la atención que hubo hasta ahora un consenso entre los “especialistas” (80 de 81, dato citado por Zerohedge) que creían que en abril continuaría el crecimiento industrial en EE.UU. y en cambio, la cifra ayer publicada revela que se contrajo 0.6 por ciento. Como siempre ha sido en los mercados, seguir la corriente mayoritaria no ha probado nunca ser buena idea.

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Lo anterior revela dos cosas: primero, que a pesar del optimismo oficial del otro lado de la frontera y aquí en México, los datos duros demuestran que la economía de allá no está mejorando ya sin el pretexto del “mal clima”, y segundo, que esta circunstancia es en parte también responsable del alza de los bonos del Tesoro, que se expresa con sus menores tasas de interés.

Dicho de otro modo, el mercado anticipa una desaceleración más pronunciada y posible recesión en los próximos meses, y por ello los inversores corren a la aparente protección de los bonos que se cree son los más “seguros”. Otros, en cambio, acumulan metales preciosos cada vez que hay una baja importante, sobre todo plata que está relativamente subvaluada.

De manera que aunque es posible que los bonos y las bolsas pudieran caer al mismo tiempo este año, también lo es que antes la burbuja se siga inflando y atrayendo más incautos. Dado que entre más alto suban los índices y los bonos más riesgoso es mantenerse en ellos, los inversores inteligentes en otras latitudes, deben tomar posiciones defensivas.

Si se confirma una nueva desaceleración/recesión en Estados Unidos, los efectos se sentirán de inmediato, si no es que ya los estamos sintiendo. Más vale ir haciendo previsiones a nivel personal, empresarial y de gobierno, pues después de estos avisos, no podremos decir que nos tomó desprevenidos.

lunes, 10 de marzo de 2014

ECONOMÍAS EMERGENTES, EN GRAVES APUROS




Imagen: www.theguardian.com
La impresión masiva de dólares a cargo de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, así como su manipulación a la baja de las tasas de interés, todo, para “estimular” la economía de ese país, tiene al mundo entero metido en un gran problema: la inflación de precios de los activos.

Y es que no es lo mismo producir riqueza real, material, que mantener a flote las cotizaciones que, de otro modo, colapsarían sin remedio. Es el caso por ejemplo de los bonos del Tesoro, los índices bursátiles, etc., que poco aportan a la economía pero mucho a la sensación de riqueza de quienes los poseen.

En este espacio hemos comentado con anterioridad que esa inflación de activos ocurre porque si bien la Fed puede crear todos los billetes que quiera, no puede definir hacia dónde se irá esa oleada de liquidez. La fragilidad de la economía global que se hunde cada día en más deuda y expansión monetaria, fuerza a los inversores no a arriesgarse en nuevos emprendimientos y generar empleo, sino a buscar la aparente mayor protección de los activos que suben de precio y/o les pagan rendimientos más altos, sobre todo, en mercados emergentes.

En otras palabras, los estímulos monetarios (QE) no ayudan a la economía, sino que solo amplían la propensión de los inversores a acumular.

Los más avezados a nivel personal, empresarial y de naciones enteras, buscan el amparo de aquello que sí posee algo más importante que un precio que por ahora sube: auténtico valor. Por eso recurren por ejemplo al dinero real, plata y oro físicos. Ambos, pese a la manipulación a la baja que sufren sus precios, mantienen una elevada demanda sobre todo en Asia.

Así pues, el “tsunami” de liquidez que los mayores bancos centrales del mundo siguen inyectando, inundó a gran escala los mercados en vías de desarrollo. Este proceso sin embargo, se ha desacelerado con los primeros recortes al programa de “flexibilización cuantitativa” (QE) de la Fed, iniciados este año.

De manera que lo que antes benefició a los emergentes, ahora los tiene sufriendo las consecuencias de salidas de capitales.

No por nada el gurú de las commodities (materias primas), Jim Rogers, dijo el mes pasado: “la crisis de los mercados emergentes apenas ha comenzado”. Estos “tomaron dinero prestado para encubrir sus verdaderos problemas… estén preocupados.”

Hace unos días, otro muy reconocido experto financiero, Marc Faber, dijo en entrevista: “Creo que algunas economías emergentes se pueden sumergir en breve, y tienen problemas económicos”. Para Faber, estas tribulaciones harán que la gente en estos países continúe comprando grandes cantidades de oro, para protegerse de la devaluación de sus monedas. Lejos de afectar la demanda del metal, esta nueva crisis podría dispararla.

Faber señala que “los fundamentos del oro son mucho mejores” hoy de lo que fueron cuando el precio alcanzó su máximo histórico de 1,923 dólares la onza en septiembre de 2009, a pesar de que hoy día cotice más bajo.

Por último, advirtió que el mercado alcista en los índices bursátiles que ya cumple cinco años, “es el segundo más largo en los últimos cien años […] yo no compraría acciones aquí. No estoy interesado”. Tiene razón.

Hay señales diversas que apuntan a que los principales índices accionarios, sobre todo en Wall Street, están alcanzando niveles que, históricamente, han precedido grandes caídas. Sobra decir que un colapso mayor allá tendría efectos inmediatos ampliados en economías emergentes, como México, tan ligado al comportamiento del mercado estadounidense.

No debería sorprendernos entonces ver mayores presiones en el tipo de cambio, inflación y alzas en las tasas de interés en los meses por venir, por lo que deberíamos reforzar nuestros escudos financieros en oro y plata, al contrario de lo que de forma absurda Banco de México continúa haciendo al vender nuestros lingotes localizados en territorio nacional, como aquí le hemos informado.

Es momento pues de hacer previsiones para un futuro complicado. Bajar la guardia y creer que las reformas estructurales por sí mismas nos llevarán al crecimiento, sería un error que pagaríamos demasiado caro.

jueves, 9 de agosto de 2012

LOS ALIMENTOS: MÁS CAROS QUE EL ORO


Existe un mercado más valioso que el del oro y la plata, en todos los sentidos posibles: el de los alimentos. Pese a ubicarse en el plano de las “materias primas” (commodities), y a su cualidad adicional de ser dinero, los metales preciosos pueden ser intercambiados por comida, pero no lo son en sí mismos. Justo por eso, dichos bienes agrícolas no pueden ser omitidos en ningún análisis de la situación económico-financiera mundial. El hambre por sí sola, es capaz de generar revoluciones armadas y guerras de grandes proporciones.


Como ya se ha expuesto en este espacio con anterioridad, los activos tangibles y los intangibles se alternan en grandes ciclos (http://bit.ly/Q7VcX2), la supremacía y atención de los inversores, como si se tratara de un gran péndulo que va y viene sin detenerse jamás. Este vaivén, cuando ha mantenido deprimidos los precios de las materias primas por años, provoca por supuesto grandes desbalances en las variables de oferta y demanda. La razón es muy clara. La menor rentabilidad esperada conduce a afectar de manera negativa a la oferta: cada día menos productores están dispuestos a llevar sus mercancías al mercado, pues lejos de ganar podrían incluso perder lo poco que les queda.

Esto en un mercado como el de los productos agrícolas y en particular el de los alimentos, cuya demanda llega a disminuir pero nunca cesar, solo puede tener como destino la reversión de la tendencia de sus precios. Los inventarios se consumen y ante la caída de la producción, las cotizaciones comienzan a subir. El “oso” (mercado bajista) muere y renace el “toro” (mercado alcista) de entre sus cenizas.

Por supuesto, una situación de estas características siempre verá magnificados sus efectos, volatilidad y consecuencias a causa de la creación monetaria desmedida, característica de un sistema basado en dinero fíat (de papel o meros dígitos en computadoras), como el actual. Esto es así, pues su facultad de ser creado “de la nada”, solo puede llevar a una acelerada pérdida de su valor, ante algo que tiene evidentes límites físicos a su producción: los bienes materiales.

En este contexto, se entiende mejor cómo y por qué todos los índices de precios de alimentos han registrado alzas significativas durante los últimos años. Los desequilibrios acumulados en las dos últimas décadas del siglo XX, prepararon el terreno. El gráfico de abajo, es elocuente.



De hecho durante 2008, tan solo meses antes del estallido de la crisis financiera global, el índice de la FAO para esos precios se encontraba ya en máximos históricos, que tuvieron un respiro solo gracias a la Gran Recesión.

No obstante, la tendencia se recuperó pronto. Para 2011, el índice ya había vuelto a nuevas marcas, tras los cuales disminuyó otra vez hasta junio de este año. Su gran salto vino en julio pasado, en que esa medición se catapultó seis por ciento al alza. El repunte fue liderado por los cereales y el azúcar, dentro de los cuales el maíz y el trigo ascendieron un impresionante 23 y 19 por ciento, respectivamente.

Es cierto que las condiciones del clima como las sequías y el calor, o por el contrario el exceso de agua, influyen de manera muy importante en el mercado. Sin embargo, esas coyunturas son solo un trampolín más en una carrera hacia arriba que, por donde se vea, luce imparable. Superar los récords anteriores será solo cuestión de tiempo.

El gurú de las “commodities”, el veterano inversor Jim Rogers lo ha señalado en repetidas ocasiones: “tenemos escases de todo desarrollándose en el mundo productivo. La edad promedio de un agricultor en Estados Unidos es de 58 años. En Australia es 58; en Japón, de 66. Hay enormes campos vacíos sin nadie que las cultive en Japón. Los productores de bienes reales tienen un gran futuro por delante”.

Lo más grave, desde luego, es que estos precios impactan más a los que menos tienen, y cada dólar de alza significa que miles, si no es que millones de personas, pasan a las filas de la pobreza, en un ambiente en que muchos países padecen crisis de desempleo histórico y deudas impagables. Esto tarde o temprano, tentará gobiernos de todas latitudes a caer en un error más grande: el de querer controlar los precios por decreto, que empeorará aún más los desajustes del mercado.

De esta forma, si el panorama de inversión es positivo para aquellos inmersos en la producción de materias primas agrícolas, de igual modo lo es para los que sigan buscando la preservación de su poder adquisitivo en el dinero real, oro y plata, que como lo han hecho a través de los tiempos, seguirán viajando junto con ellas

Twitter: @memobarba

memob@hotmail.com

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