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viernes, 14 de marzo de 2014

BONO A 100 AÑOS: ¿FORTALEZA MEXICANA?




Imagen: Elfinanciero.com.mx
Esta semana el gobierno Federal, presumió con bombo y platillo el haber sido el primer emisor soberano de un bono a 100 años en libras esterlinas. El monto colocado asciende a £1,000 millones (cerca de 1,660 millones de dólares) y cuenta con un cupón de 5.625%, con una tasa de rendimiento de 5.75% al vencimiento. Como es usual, fue anunciado como un signo más de la “confianza” que tienen agentes extranjeros en el manejo macroeconómico de las finanzas públicas y en la “fortaleza” de nuestra economía.

La realidad, sin embargo, no es tan prometedora.

A pesar de que las tres calificadoras más importantes como Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch subieron la nota crediticia de México –en diciembre la primera y las demás en febrero, la realidad es que esa mejora en sus percepciones las basaron por igual en “expectativas favorables” por las reformas estructurales. Promesas y nada más.

Lo malo es que, si como se espera esas reformas funcionan para elevar la inversión, el crecimiento y el empleo, lo harán en un futuro que no es nada cercano. Mientras tanto, seguiremos atados a lo que suceda con la economía de Estados Unidos: si se expande, lo haremos también en mayor o menor proporción, pero si cae, el desplome aquí será ampliado. La historia se repite.

En este espacio comentamos el lunes que las economías emergentes, como la nuestra, están comenzando apenas a ver el inicio de sus tribulaciones. El recorte de estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal estadounidense, es el foco amarillo que nos recuerda que el “tsunami” de dinero barato con el que han inundado al mundo no durará para siempre. Tampoco las tasas de interés manipuladas a niveles históricamente tan bajos.

Esto viene al caso porque a pesar de la arrogancia del gobierno de la República, lo cierto es que lo único que ha permitido que coloque bonos a tasas tan accesibles y plazos tan largos, es el contexto internacional. Si el mercado de bonos no fuese manejado para “estimular” la economía –como lo tratan de hacer sin éxito los monetaristas a cargo de los principales bancos centrales del mundo, es un hecho que los tipos de interés que estaríamos viendo serían mucho más altos. Así, sería imposible para México gozar de las condiciones que está obteniendo en la actualidad.

Tarde o temprano la fuerza del mercado se impondrá, y las tasas de interés explotarán. Es tan seguro como que mañana saldrá de nuevo el sol.

Ahora bien, claro que es preferible tener un crédito a plazo largo y con tasa preferencial, cualquiera lo sabe. No obstante, el mal no se encuentra ahí, sino en el comportamiento financiero de quien se endeuda.

Si por ejemplo una persona con sus tarjetas de crédito hasta el tope decide solicitar un préstamo hipotecario sobre su casa, para con eso liquidar sus tarjetas y pagar menos, desde luego que tendría una tasa mucho más baja y un plazo extendido. Pero si su patrón de consumo siempre ha sido gastar más de lo que le ingresa, volverá a saturar pronto sus tarjetas de crédito y al final, tendrá dos problemas enormes cuando lo que quería era salir de uno.

Eso a escala macroeconómica es lo que nos está sucediendo. El gobierno federal se ha comprometido a “impulsar” el crecimiento este año –y lo que resta del sexenio, por medio de la típica receta keynesiana: ampliar el déficit público. Eso asegura que el endeudamiento crecerá de forma acelerada. En otras palabras, el gobierno es esa persona cuyo problema es su forma de gastar, más que el nivel relativo de todo lo que debe.

Aunque al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, le gusta comparar la deuda del Sector Público mexicano con respecto al PIB (36.3%), que en 2013 fue menor a la de otros países como Estados Unidos (104.1%), Francia (113%), Italia (145.7%), España (99.6%), etc., lo cierto es que omite decir que esa adicción a endeudarse es una de las causas fundamentales de los serios problemas de estancamiento y depresión en que se encuentran metidos. Mal hacemos en quererlos imitar, pues en vez de seguirlos, deberíamos hacer lo contrario para mitigar los efectos de la nueva Gran Depresión a la que están arrastrando al mundo.

La fuente de la prosperidad no es encuentra pues en el crédito, la deuda y el consumo excesivos sino en todo lo contrario: la austeridad, el ahorro y la creación de capital. Bien haríamos aquí si primero equilibramos nuestras finanzas públicas y nuestras cuentas con el exterior. Luego, la meta serían los superávits. Es una pena que luzca imposible por el momento. Esa es una fórmula que no gusta a los políticos, porque el avance es lento, muy progresivo, y ellos tienen prisa por quedar bien hoy, exaltar su ego y ganar las siguientes elecciones.


Mientras no instauremos esa fórmula como un objetivo de Estado, seguiremos presumiendo que colocamos bonos a 100 o mil años en divisas extranjeras, pero cavando más hondo nuestra propia tumba frente a la que sin duda, es la burbuja más grande de todos los tiempos: la burbuja de los bonos soberanos.

viernes, 7 de febrero de 2014

¿USTED LE CREE A LAS CALIFICADORAS?




Imagen: Aztecanoticias.com.mx
Desde diciembre del año pasado, cuando Standard & Poor’s (S&P) subió la “calificación” crediticia de México a BBB+ desde BBB, el gobierno de la República comenzó a presumir que, gracias a las reformas estructurales y en particular a la energética, han mejorado las “posibilidades económicas” del país.

Así lo ha reiterado esta semana, una vez que ahora la calificadora Moody’s ha hecho lo propio al ascender nuestra nota soberana de Baa1 a A3.

Está en la lógica de cualquier gobernante magnificar cualquier aspecto positivo que le sea reconocido, y más, si se trata de un organismo o autoridad extranjeros. Esa es la normalidad política, lo mismo que minimizar o deslindarse de la culpa cuando se trata de buscar responsables ante cualquier error u omisión.

Por eso no debe sorprendernos el triunfalismo oficial.

De lo que debe de cuidarse la opinión pública, es de creer a ciegas lo que dice tal o cual empresa por más “reconocida” que esta sea, como las propias Moody’s, S&P y Fitch.

Y es que si lo expresáramos en términos escolares, esos “maestros” que hacen las evaluaciones serían profesores que reprobaron su examen de grado, no una sino varias veces.

Sí. Cómo olvidar por ejemplo que antes de que reventara la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos –detonante de la gran crisis global que vivimos, las calificadoras daban las notas más altas a activos respaldados en hipotecas, que en realidad no valían nada. Debían valer menos que basura, y sin embargo, les otorgaron el nivel máximo.

De manera que mal hace quien cree en las “calificadoras”, sea que suban o bajen tal o cual recomendación crediticia.

Cuando las bajan, por lo regular ya es muy tarde, y cuando las suben, como en el caso de México, muchas veces justifican sus acciones con base en criterios muy subjetivos, en meras expectativas.

S&P dijo en diciembre que la mejora en la nota de país se debía a su convicción de que los cambios aprobados a la Constitución tienen el potencial de atraer inversiones significativas".

Para Moody’s, no es muy diferente. Espera que las reformas “fortalezcan las potenciales perspectivas de crecimiento del país y los fundamentos fiscales”. Ambas por lo visto, creen en promesas.

Si volvemos al símil escolar, es como si esos reprobados maestros decidieran subir la calificación de un alumno, nada más porque les prometió que ahora sí cumplirá en los próximos años con sus tareas y que se pondrá a estudiar, a pesar de que ya empezó a portarse mal.

Ojalá que México rinda los frutos económicos de crecimiento que todos esperamos con los cambios legales. No obstante, que a nadie se le olvide y menos a esos “maestros”, que este año se dio el banderazo de salida al crecimiento más acelerado de la deuda y déficit públicos del país.

El presidente no resistió la presión de que su primer año haya sido tan decepcionante en materia económica. Sí, logró las reformas, pero como tardarán años en dar resultados que nos permitan medirlas, dio un manotazo en la mesa para echar mano de la deuda y el gasto gubernamentales para “estimular” el crecimiento.

Por la mente del Ejecutivo no pasa el volver a tener un año tan mediocre que roce la recesión como 2013, por lo que es un hecho que hará (gastará) lo que sea necesario para que eso no ocurra, y menos, en un contexto internacional que antes que mejorar, seguirá deteriorándose.

Se preguntará el lector. ¿Acaso al gobierno no le preocupa el pago de facturas en el futuro? No mucho, el sexenio se acaba en 2018.

Esas, son las realidades que las calificadoras extranjeras han decidido omitir de sus análisis por ahora, pero que nosotros, los que aquí vivimos, no podemos darnos el lujo de pasar por alto.