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lunes, 5 de agosto de 2013

JOYAS, MONEDAS Y LINGOTES ¿CÓMO INVERTIR EN ORO Y PLATA?





Cada día más y más personas se interesan por la inversión en metales preciosos monetarios, oro y plata, por diversos motivos. El principal, desde luego, sigue siendo el de la protección de su poder adquisitivo en el tiempo, gracias a su valor.

Esto cobra relevancia en la actualidad, pues indicadores poco conocidos como la “base” y la “cobase” del oro (gold basis and co-basis), nos revelan hoy día un mensaje mucho más importante que el del simple precio.

Y es que si bien es cierto que éste se ha desplomado en los últimos meses, también lo es que la visión de que por esto la dupla de metales preciosos ha perdido “brillo”, es simplista.

La base y la cobase –que describen de diferente manera la relación entre el precio al contado del oro (spot) y el de sus contratos de futuros, lleva todo 2013 diciéndonos con su condición de “backwardation” o “retroceso”, que el mercado de oro físico, el de verdad, está muy estrecho y con muy elevada demanda. 

Entre más baratos, “brillan” más.

Esa backwardation ha alcanzado ya al contrato con vencimiento en diciembre, mientras que ha aumentado para el contrato de octubre.

Base y cobase son así, auténticos referentes de medición del valor del oro y la plata, como ya no lo es el precio.

De ahí que cada vez más y más personas, sobre todo en el continente asiático, estén aprovechando la oferta que les significa el adquirir joyas, monedas y lingotes de estos metales finos, a precio reducido.

Cumplen de este modo con una de las reglas fundamentales de la inversión en ellos: o los tienes materialmente, o no puedes asegurar que son de tu propiedad. Las promesas en papel, son solo eso y se pueden incumplir.

Esta norma de elemental sentido común, despierta algunas preguntas del público respecto a la “mejor” manera de invertir en este mercado.

Como en todos los tipos de activos, no existe una respuesta única.

La forma ideal de adquirir metales preciosos depende de los gustos, preferencias y grado de información que el inversor esté dispuesto a mantener.

Por ejemplo, aunque la compra de joyería por lo general es bastante más cara que su contenido de oro o plata, por el valor agregado que conllevan, lo cierto es que muchos preferirán esta forma de “inversión” por el mero deseo de lucirla, en vez de guardar una moneda o barra en una caja de seguridad.
Imagen: castelldefelsoro

El perfil de este inversor no exige mucha más información. Le basta con saber que en caso de necesidad, puede echar mano de sus joyas para salir de un apuro.

Lo que sí debe conocer toda persona interesada en los metales preciosos, es el contenido real de estos en los productos que adquiere. Esto es posible gracias a los quilates y a la “ley”.

En el oro, los 24 quilates (karat, en inglés) representan al metal puro, de tal suerte que un número menor de estos incorpora diferentes proporciones de él en una aleación.

El de 18 quilates, por tanto, contiene 75% de metal fino; el de 14, 58.33%; el de 10, solo 41.66%.

Pongamos el caso de un anillo de oro de 14 quilates que pesara 5 gramos en total. Gracias a las proporciones que comentamos, podemos saber que en realidad contiene solo 2.91 gr. del metal amarillo.

El oro es muy blando, por lo que se recurre a aleaciones con otros para endurecerlo, llegando a cambiar su apariencia original.

Por eso al oro que contiene un porcentaje de plata, platino o paladio se le conoce como “oro blanco”. 

Cuando tiene cobre su apariencia es rojiza, como el de la muy famosa moneda de inversión Krugerrand, de Sudáfrica.

En el caso de la plata, la “ley” más común es de .999 y .925, que se refieren también a diversas proporciones de metal fino por cada mil partes.

Por otro lado, debe aclararse que la unidad de medida más utilizada para pesar metales preciosos no es el gramo, sino la onza “troy”.

La onza “troy” es una unidad de masa que equivale a 31.1 gramos, y no debe ser confundida con la onza común de 28.3 gramos.

El precio spot que vemos en los mercados internacionales para el oro y la plata siempre se refiere –salvo que indique otra cosa, al precio por onza troy.

Muchas monedas de inversión que hay en el mercado contienen una onza troy de oro o plata pura, como las de la serie “Libertad” en México (ambas, Ley .999), o las American Eagles en los Estados Unidos.

Otras más como el conocido Centenario mexicano, tienen una Ley de 0.900. Dado que su peso total es de 41.667 gramos, su equivalencia en oro fino es de 37.5 gr. o 1.2 onzas troy.

Este tipo de monedas son una de las mejores opciones para la gran mayoría de inversionistas, pues a diferencia de las joyas, el costo adicional que se paga sobre el contenido de metal fino es bajo y son más o menos asequibles.

La mayoría de los países ponen monedas de similares características a disposición del público, pero suele recurrirse a las que poseen mejor reputación a nivel internacional.

Por último, para quien prefiere la compra de pequeñas barras o grandes lingotes de oro y plata, existe en el mercado diversas opciones que van desde 1 oz., 10 oz., 1 kilo hasta los viejos conocidos lingotes estándar de aproximadamente 400 onzas troy de oro, y de 1 mil oz. de plata.

En fin, opciones sobran. Sin embargo, lo más importante es que contemplemos que el mercado alcista mayor de los metales preciosos monetarios dista mucho de haber terminado.

Pese a los discursos en contrario, la economía global no está en mejores condiciones que al inicio de la crisis de 2008-2009, sino peor. La inyección de liquidez monetaria con que se ha mantenido a flote terminará por “ahogar” a quien, por ignorancia u omisión, no disponga de activos tangibles que le sirvan de salvavidas financieros.

El mensaje del oro, no debe ser ignorado.

jueves, 16 de mayo de 2013

AUMENTA DEMANDA DE JOYERÍA, LINGOTES Y MONEDAS DE ORO ¿POR QUÉ?


Este jueves el Consejo Mundial del Oro (WGC) ha publicado las cifras de demanda del metal para el primer trimestre de 2013. Los resultados son elocuentes y positivos. De entrada, destaca la subida en el consumo que ha experimentado el rubro de la joyería, así como el de barras y monedas de oro en todo el planeta. 

Las joyas alcanzaron una demanda histórica en divisas, por más de 28.9 mil millones de dólares, y un total de 551 toneladas. Destacan India y China, que acapararon el 62% de este segmento del mercado global.

La demanda conjunta de joyería, lingotes y monedas tuvo su mayor expansión en India, con un crecimiento de 27%, mientras que en China y Estados Unidos escaló 20% con respecto al mismo período del año pasado.

Para nuestros vecinos, es la primera vez en más de siete años que experimentan un incremento anual en joyería.

De la misma manera en el sector oficial, los bancos centrales continuaron como compradores netos, y sumaron su séptimo trimestre consecutivo con adquisiciones arriba de 100 toneladas (109.2).

A pesar de estos datos, la demanda total aparentemente cayó en 13% (más adelante explicamos por qué solo en apariencia), alentada sobre todo por las grandes ventas de los fondos cotizados (ETFs), y las menores compras del área tecnológica.

Conviene subrayar la divergencia entre la gran demanda de inversión en valor, que se manifiesta en el tonelaje requerido para joyas, barras y monedas, y la especulativa o “institucional”.

En el primer caso, el énfasis está puesto por los inversionistas en la cualidad del oro como refugio, tanto para los que esperan un futuro con problemas de alta inflación como para los que anticipan deflación.

En otras palabras, su apuesta por el rey de los metales va más allá del precio.

Cabe recordar que este crecimiento del primer trimestre de 2013, sucedió incluso antes del gran ataque que detonó el desplome de las cotizaciones de los metales preciosos monetarios, oro y plata, que vimos en abril.

Por ello es previsible que en el segundo cuarto de este año, las estadísticas se disparen aún más.

En este primer círculo de inversores se encuentran las llamadas “manos fuertes”, que como hemos comentado, son las encargadas de retirar de un modo lento pero consistente, el oro físico del mercado. Tiende así a “desaparecer”.

Este ocultamiento es alentado por la especulación (manipulación) en futuros, que inunda el mercado con cantidades cada vez mayores de “oro” papel, tira el precio por la borda, y con ello cada vez menos y menos personas se sienten dispuestas a desprenderse de  su metal físico, o a mantenerlo en posesión de terceros.

El temor es por el riesgo de incumplimiento de pago que esto significa. No hay oro que alcance para todos.

En el segundo círculo, se ubican quienes más que en el valor, se fijan en el precio de corto plazo: los especuladores.

Estos cuando son de verdad profesionales, saben obtener beneficios ya sea que el mercado vaya al alza o a la baja. Por eso tampoco sorprende que haya habido grandes ventas de oro de parte de los ETFs, que llegaron casi a las 177 toneladas en el trimestre, con la tendencia negativa de los precios ya se advertía. Es su negocio.

Ahora bien. Incluso con estas liquidaciones, debemos aclarar que las tenencias totales de los ETFs al corte de marzo de 2013, apenas llegaban al 1% de las 175,000 toneladas de oro que existen sobre la faz de la Tierra.

De este modo, sus ventas constituyeron poco más del 0.1% de las existencias.

Reportes recientes indican que una parte de quien ha liquidado sus posiciones en ETFs, ha reubicado su capital en “cuentas localizadas” en oro, donde sí se tiene posesión sobre lingotes específicos.

Por último, debemos resaltar la diferencia entre demanda aparente y demanda real de oro.

La aparente que nos reporta el WGC, se refiere solo a la cifra que se cuadra con respecto a la oferta, proveniente de la extracción minera más el reciclaje.

La demanda real es de esas 175,000 toneladas aprox., más lo que se obtiene de la extracción minera.
La razón es que el oro siempre tiene un poseedor y así, un demandante. Para fines prácticos, casi todo el oro que se ha extraído a lo largo de la historia está todavía aquí en alguna forma. ¿Por qué? Porque el oro es 
dinero, y como tal, no se tira.

Dinero auténtico que está siendo demandado al guardarse lo mismo en bóvedas que en alhajeros, debajo de la cama, enterrado en el jardín, etc., y cuya escasez aporta a su valor.

El oro es la “materia prima” que tiene el mayor ratio stock-to-flow (existencias sobre flujo) de todas, precisamente por ser atesorado. El segundo lugar lo ocupa la plata. Esta característica es la que los diferencia y convierte de hecho, en los metales preciosos monetarios. Riqueza material que, como tal no, puede ser creada de la nada.

Vaya diferencia con respecto a las divisas fíat (pesos, dólares, euros), cuyos apologistas, nos están conduciendo a un callejón sin salida en esta crisis, cuyos efectos, marcarán un hito en la historia de la humanidad.

Visto así, no sorprende que la gente por conocimiento o intuición se percate de esta anomalía, y por eso, estén acumulando y resguardando sus metales mejor que nunca, pues durante la peor parte de la crisis por venir, seguro los van a necesitar.