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viernes, 12 de agosto de 2011

P.D. A 40 AÑOS EL REY ORO NO HA MUERTO,¡VIVA EL REY!

Este 15 de agosto de 2011, se cumple un aniversario más de aquella fatídica fecha en que, por decreto del presidente norteamericano Richard Nixon, se abandonó lo que quedaba del patrón oro. Ese acontecimiento marcó, de hecho, el primer “default” (incumplimiento de pago) de Estados Unidos, al que sin embargo solo después de cuatro décadas la calificadora Standard & Poor’s se atrevió a degradar de la nota más alta (AAA).

Grosso modo, el estándar vigente hasta entonces implicaba que el billete verde era tan bueno como el metal áureo: para obtener una onza, bastaban 35 billetes verdes a una tasa de cambio fija, a la que se sujetarían todas las demás monedas. No obstante, esta relación implicaba un límite a la creación de dinero de papel, pues para emitirlo debía estar amparado antes por su equivalente en metal, cuya disponibilidad desde luego, es limitada.

Los déficits de las cuentas estadounidenses con el exterior (por comprar mucho más de lo que vendían al mundo) acumulados por varios años, les significaron ver cómo rápidamente sus arcas comenzaron a vaciarse, pues países como Francia demandaron se les entregara el oro que les correspondía por los dólares que poseían. Sin la orden de Nixon, pronto se hubiesen quedado sin un gramo de oro. En otras palabras, no podían pagar, estaban quebrados.

Lo que es cierto, es que esa decisión les permitió vivir la época de mayor expansión económica de su historia, pues por su posición hegemónica el planeta entero asumió de facto, un patrón dólar. Gracias a él, podrían vivir más allá de sus propios medios con solo imprimir dinero, por supuesto, mientras todas las demás naciones estuvieran dispuestas a aceptar sus billetes.

Para hacer una analogía, es como si a cualquiera de nosotros se nos permitiera pagar cualquier cosa con billetes del “Monopoly” (“Turista” en México), y cuando se nos acabaran pudiéramos sacarles copias fotostáticas desde la comodidad de nuestro hogar, para seguir la fiesta y el derroche. Un absurdo total.

El problema fundamental de este nuevo sistema, vigente hasta hoy, es que se sostiene en algo que, por definición, no puede crecer al infinito: el endeudamiento. Tarde o temprano, todas las cuentas se tienen que pagar, de un modo o de otro; por la buena o por la mala. Cada billete ya no está respaldado por oro, ni por la supuesta capacidad de pago del emisor, nada más por su promesa de hacerlo, por mera deuda.

Por este motivo, el dólar ya no es lo que alguna vez fue. Su posición como divisa internacional de reserva, se debilita cada minuto, pues ya no estamos todos tan dispuestos a aceptar una la moneda de una nación que, como en 1971, está en quiebra. Grave error, por tanto, es la soberbia que se demuestra en palabras como estas, pronunciadas por Obama: "Los mercados bajan y suben. No importa lo que diga una agencia de calificación. Estados Unidos es y siempre será un país  triple A”. O peor todavía, las de Ben Bernanke, presidente de su banco central (Fed), que con desprecio ha dicho que el oro “no es dinero”. Ese mismo desdén, fue con que Nixon humilló en su momento al oro, al rebajarlo de su calidad de ser el dinero por excelencia, a una simple “materia prima”.

Muy a su pesar, en 2011 el metal amarillo sigue cobrando fuerza y, 40 años después, ridiculiza al dólar. Si entonces bastaban 35 unidades de aquél para valer igual que 31.1 gramos de oro (una onza), ahora han llegado a necesitarse más de 1,800, evidencia irrefutable de que toda divisa de papel eventualmente regresa a su valor original…cero. ¿Podrá solucionarse una enfermedad estructural como esta, combatirse con más impresión de dinero como ahora no sólo lo ha hecho la Fed, sino el Banco Central Europeo, el japonés, el suizo, etc.? ¿Puede más alcohol curar al alcohólico?

Una cosa es cierta, la historia muestra que todos los experimentos de este tipo, han tenido desenlaces terribles; el dinero de papel siempre termina autodestruyéndose y su emisor arruinado. Así que para los que quisieran ver al monarca de los metales desaparecer de la faz de la Tierra, el mensaje es claro: el Rey no ha muerto, y muy pronto reclamará su lugar en el sistema monetario global ¡que viva el rey!

viernes, 29 de abril de 2011

FUTURO REY ORO Y FUTURA REINA PLATA, LA FIESTA QUE AÚN NO TERMINA

Las últimas dos semanas han sido verdaderamente emocionantes para los mercados, pero sobre todo para el de metales preciosos.  Mientras que la Semana Santa y la de Pascua son para muchos de solaz y diversión, los centros bursátiles no dieron tregua. En particular llamó la atención lo que ocurrió con el oro y, por su espectacularidad, con la plata. La actividad de estos ha sido tanta o más activa que antes de los días feriados. Ayer mismo, ambos tocaron a la par, por primera vez en más de 31 años, nuevos máximos históricos. El primero dejó atrás la barrera psicológica de los 1,500 dólares por onza (1,538.35), y el segundo rozó los 50 dólares (49.51).

Y es que si bien el metal amarillo no ha dejado de acumular un largo historial de nuevos récords, la plata había permanecido “dormida” la mayor parte de la década, alejada de la atención de los inversionistas que, a causa de su bajo precio, la tuvieron menospreciada por largo tiempo. Este típico error de la mayoría de los inversores –incapaces de detectar la oportunidad de compra precisamente por su subvaluación, generó enormes oportunidades a los que sí las vieron: en lo que va del año, su precio se ha disparado casi 60 por ciento.

Los amables lectores de este espacio, recordarán que desde la aparición de Inteligencia Financiera, expusimos las ventajas que ofrecía la plata para quien gusta de invertir en valor, así como las bondades de la pospuesta monetización en México de la onza Libertad.

Hoy, todo y nada ha cambiado. Todo porque la plata ya no está a menos de 10 dólares como en 2008; y nada, porque pese a los agoreros que pregonan que la “burbuja” de las commodities está cerca de explotar, la realidad es que estamos quizá apenas a medio camino en su “bull market” (mercado alcista).

Para quien tenga duda, valdría la pena que revisara las cantinflescas declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, que en un hecho insólito sostuvo el miércoles una conferencia de prensa posterior a la reunión de su Comité de Mercado Abierto. Si bien por un lado dejó claro que la fase dos de su programa de impresión monetaria (QE2) terminará en junio, lo cierto es que reconoció la inocultable desaceleración de la economía estadounidense, que se reflejó en los decepcionantes datos de crecimiento del PIB en el primer trimestre (1.8%).

Asimismo, echó por tierra las voces de los que auguraban una pronta subida de tasas de interés, y reiteró el compromiso de mantenerlas casi en cero “por un periodo prolongado”.

Si a ello sumamos los inminentes recortes presupuestales que tendrá que asumir Obama ante el embate republicano, ¿alguien tiene duda de que sólo es cuestión de tiempo para el anuncio de una nueva inyección de liquidez QE3? ¿O acaso también pasó de noche que los chinos ya dieron visos de querer deshacerse de dos terceras partes de sus reservas de dólares?

En este sentido, la debilidad de la divisa norteamericana es sintomática. El Índice Dólar está en su nivel más bajo desde 2008, y su caída libre la vemos en el país con el espejismo del “súper” peso, que ayer se situó en 11.54 por billete verde. El dúo fatídico del secretario del Tesoro, Geithner y Bernanke, podrá decir que está en su interés un dólar fuerte, pero sus hechos demuestran lo contrario. Su complacencia ante esta circunstancia, abona a las condiciones que permitirán que se sigan encareciendo materias primas indispensables como los alimentos y los combustibles.

Por todo eso, hoy que los reflectores de los medios apuntan hacia Londres por el enlace matrimonial de William y Kate, valdría la pena no distraerse del hecho de que, pese a las habituales correcciones en el camino (como la que podría darse pronto), la fiesta del oro y la plata está lejos de terminar. Sin duda, llegará el día en que con su empoderamiento, ambos monarcas recuperarán la corona que por la naturaleza de las cosas, siempre les ha correspondido. Más que futuros rey y reina, volverán al lugar del que nunca debimos de haberlos movido.