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martes, 15 de abril de 2014

RUSIA YA GANÓ




Imagen: Kingworldnews.com
Los últimos días las tensiones entre los gobiernos de Ucrania –cuyo “aliado” es el bloque occidental integrado por Estados Unidos y Europa, y el de Rusia, han vuelto a escalar.  Después de la anexión de la península de Crimea, queda claro que quien marca la agenda y ha demostrado ir un paso adelante hasta ahora en el conflicto, es el presidente ruso Putin.

En este blog explicamos que el gobierno de Obama tuvo una participación activa en los disturbios de la plaza de Maidán en Kiev, la capital ucraniana, que terminaron con la defenestración del entonces presidente Víctor Yanukóvich. Está claro que los estadounidenses calcularon mal los costos políticos para Ucrania, y peor aún la eventual reacción de parte de Moscú.

Para Estados Unidos, Ucrania tiene una importancia relativa baja. Si la gana, qué bueno, pero si no, no pierde gran cosa. En cambio para Rusia, su posición en el mapa geopolítico es de la mayor relevancia para su seguridad nacional. De ahí que el hombre más poderoso del mundo en 2013 según la revista Forbes, Vladimir Putin, reaccionara de un modo que los occidentales subestimaron.

Los americanos pensaron que imponiendo un gobierno pro- europeo y afín a sus intereses, que luego pudiera incluso solicitar su incorporación a la OTAN, sería muy fácil instalar bases militares y hasta misiles en ese territorio como parte de su plan para acorralar a Rusia. Sin embargo, es evidente que los rusos están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias para evitar que eso suceda.

Aquí advertimos que el costo real para Ucrania, al inclinarse por el bando europeo, podría llegar incluso a la división de su país. Ese peligro sigue latente pues su parte oriental, colindante con Rusia, ya comienza a dar muestras cada vez más violentas de que simpatiza con el camino que siguió Crimea: referéndum y separación.

¿Qué debería ocurrir? Lo mejor para la paz y la tranquilidad en la zona y el mundo, sería que el gobierno central de Kiev permitiera la celebración de sendos referéndums en las regiones del país para determinar su futuro político y económico. Es obvio que, ante la gran probabilidad de obtener un resultado adverso, sobre todo en la zona oriente, dichas consultas al pueblo jamás se harán.

Por lo tanto, la represión armada que apenas comenzó en ciudades de la región de Donetsk, será la constante de hoy en adelante. El asalto ayer al aeropuerto de Kramatorsk en el que cuatro integrantes de la milicia opositora murieron, es el botón de muestra. La justificación será, como era de esperarse, que se trata no de ciudadanos comunes que se manifiestan contra el gobierno tomando edificios e instalaciones, sino de “fuerzas especiales” rusas que operan de forma ilegal.

Como quiera, mañana en Ginebra se celebrará un encuentro entre Ucrania, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea que intentará apaciguar la situación y encontrar puntos de acuerdo.

Más allá de los resolutivos de Ginebra, será muy difícil que Kiev y Moscú, tras bambalinas, dejen de lado sus propias agendas para resolver el conflicto. ¿O acaso la primera dejará que crezca el movimiento separatista pro-ruso, y la segunda dejará de alentarlo? Se ve muy complicado. No por nada Putin ha dicho que Ucrania está “al borde de una guerra civil”.

En el fondo, el gobierno ucraniano sabe que una escalada de la represión es justo lo que da argumentos a Putin para eventualmente justificar una ocupación del Este, pero aún así no dejará crecer el movimiento separatista ante la dura lección que recibió por Crimea. Correrá el riesgo.

Ojalá entendieran que Estados Unidos al final, los dejará solos. Pese a las advertencias y amenazas, del bloque occidental y la OTAN, no pasarán jamás a usar las armas incluso si ocurriera una invasión rusa. Saben que si lo hicieran, el colapso de sus mercados bursátiles y su “recuperación” económica sería inmediato. De cualquier modo sucederá, pero no les urge acelerarlo. Entonces, a  lo que más llegarían es a elevar las sanciones, pero como también aquí hemos abordado, estas ni siquiera podrán ser demasiado duras ante el posible contraataque de Rusia contra el petrodólar, y su alianza con China.

En suma, cualquiera que sea la conclusión del conflicto, Rusia ya ganó.

Estados Unidos pretendió dar un paso adelante en su proceso de largo plazo para arrinconar a su eterno rival, y en el camino no le importó desestabilizar a Ucrania. El resultado para este último es que se convirtió en el “Gran Perdedor”: perdió Crimea, está al borde de una guerra civil y podrían escindirse nuevos territorios. Los americanos saldrán derrotados, pero para ellos los costos serán mínimos más allá del desprestigio político que de por sí tienen mermado.

La moraleja es: nunca deje que Washington se inmiscuya en sus asuntos. Sin importar qué tan atractivo pueda ser, siempre saldrá perdiendo.

martes, 11 de marzo de 2014

¿EE.UU. SE COBRÓ CON EL ORO DE UCRANIA?




Imagen: http://kingworldnews.com
Los últimos días corrió la especie de que el oro de las reservas internacionales de Ucrania, habría salido del país de forma secreta y posiblemente con destino a la Reserva Federal (Fed) de Nueva York. Desde luego, debido a las crecientes tensiones bélicas entre Moscú y Kiev, a unos días del referéndum que podemos adelantar decidirá la anexión de la península de Crimea a Rusia, esta noticia no suena descabellada.

Sin embargo, la única fuente disponible hasta el momento es el periódico pro-ruso Iskra News (искра news), que publicó una supuesta crónica relatando cómo al filo de las 2:00 de la mañana del viernes, un avión despegó del aeropuerto internacional de Boryspil “con más de 40 pesadas cajas”. Según el personal del aeropuerto, estas habrían sido subidas al avión por quince personas uniformadas de negro, con máscaras, chalecos antibalas y algunos armados con ametralladoras, que con anterioridad habían llegado a bordo de vehículos de carga.

Según el portal de este medio, los editores recibieron una llamada de “altos funcionarios” del otrora Ministerio de Ingresos y Tarifas, en la que se les informó que bajo las órdenes de los “nuevos líderes” del país, todas las reservas de oro habían sido trasladadas a los Estados Unidos.

Desde luego, debemos tomar esta información con cierto recelo. Hasta el momento, ninguna otra agencia noticiosa o autoridad se ha pronunciado al respecto, pero reiteramos, dadas las circunstancias que se viven en Ucrania, no sería imposible que así hubiese ocurrido.

En todo caso, debería manejarse asimismo hipótesis alternativas como que funcionarios del nuevo gobierno podrían haber sacado el oro del país, pero hacia cuentas privadas en paraísos fiscales o países que consideren seguros. Tal vez los lingotes tuvieron como destino otro banco central como el de Inglaterra o quizás el poco oro que tienen siga en Kiev, y todo sea mentira. Por ahora, nadie lo sabe a ciencia cierta.

El Comité de Acción Antimonopolio del Oro (GATA, por sus siglas en inglés), solicitó información a la Fed sobre si custodiaba o no ese oro, respondiendo –como era de esperarse, que eso se lo debían preguntar al Banco Nacional de Ucrania (BNU).

Cabe señalar que según el Consejo Mundial del Oro (WGC), ese país tenía al corte de febrero apenas 42.3 toneladas del metal en reservas, que la colocaban en el sitio 48 de su ranking. De ellas, no sabemos qué porcentaje está o habría estado almacenado en bóvedas del Banco Nacional, y cuánto en “oro” papel.

Según información de Zerohedge, ese país habría comenzado a incrementar de manera continua sus reservas áureas desde 2005, cuando contaba con solo 15 toneladas.

No obstante, Russia Today dio a conocer el año pasado que las compras ucranianas se efectuaron tanto “en el mercado local como el extranjero”. Es muy probable que las compras en el exterior se hayan efectuado como lo suelen hacer los bancos centrales: por medio de operaciones en papel con el Banco de Pagos Internacionales (BIS). Por eso no se sabe bien a bien cuántas onzas hay o había en las bóvedas del BNU.

Lo que sí sabemos de sobra, es que Estados Unidos está moviendo todos los hilos de las decisiones que toman los nuevos gobernantes ucranianos, sus títeres, que Moscú se niega a reconocer.

Así que en el caso de que el oro ucraniano hubiese partido hacia Nueva York, entonces estaríamos ante dos revelaciones.

La primera, que los americanos se cobraron de facto el favor que hicieron a los ultranacionalistas ucranianos, al apoyar la desestabilización política que defenestró al presidente “legítimo” Víctor Yanukóvich, hoy exiliado. Recordemos que el ahora nuevo primer ministro Arseny Yatseniuk, era visto por la secretaria de Estado adjunta para asuntos europeos Victoria Nuland, días antes de su nombramiendo, como “el tipo con la experiencia económica, la experiencia de gobierno”, según la escucha telefónica filtrada por los rusos el mes pasado.

La segunda: que el “apoyo” por mil millones de dólares que Washington garantizó al gobierno de Kiev, habría sido en realidad un empeño.

Y es que aunque a algunos puede parecer mucho, la totalidad de las reservas áureas ucranianas -42.3 toneladas, equivalen a poco más de 1.8 mil millones de dólares –una cantidad no demasiado alejada de lo ofrecido por el gobierno de Obama.

Bajo este supuesto, convendría que los ucranianos supieran que nunca más, ni pagando lo que deben, recuperarán su oro. Si Estados Unidos no le ha devuelto todos los lingotes que le ha reclamado su “aliado”, Alemania, menos lo hará con ellos.

Si no fuera así, de todos modos el gobierno de Kiev admite que se está quedando con las manos vacías. El lunes la agencia RIA Novosti reportó que el ministro de Finanzas ucraniano Alexandr Shlapak, declaró en entrevista que “El Tesoro está casi vacío. Las reservas de oro y de divisas de Ucrania se agotarán en menos de dos meses”. Callejón sin salida.


Al final de esta crisis, los habitantes de ese país despertarán sin oro, quebrados y con la pérdida de la península de Crimea, y todo, por dejarse seducir por el canto de la “sirena americana”. Tal vez sea entonces cuando se den cuenta de que fueron una víctima más, de los malévolos planes estadounidenses por expandir su poder e influencia mundial a costa de quien sea, y ondeando la bandera de la “libertad”.