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sábado, 15 de diciembre de 2012

QE4: SEÑALES DE UNA NUEVA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL

Imagen: Oroplata.com
El 12 de diciembre se anunció, como se esperaba, una nueva expansión de las rondas de “flexibilización cuantitativa” (QE, en inglés) por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Esta ampliación consistirá en compras de “Treasuries” (bonos del Tesoro) de largo plazo por un monto mensual de 45 mil millones de dólares.

Estas adquisiciones se suman a los 40 mil millones en activos respaldados por hipotecas (MBS), del llamado QE3 lanzado en septiembre. Ello significa que ahora, la expansión monetaria será por un total de 85 mil millones de dólares: creación pura y llana de divisas, imprimir billetes.

No por nada bien podríamos llamar a esta fase QE4Ever (flexibilización cuantitativa para siempre).

La novedad en el comunicado de la Fed, es que por primera vez se vincula la manutención de esta medida de “estímulo” monetario y de su tasa de interés objetivo, que está entre 0 y 0.25%, a metas específicas, esto es, mientras el desempleo permanezca por arriba del 6.5%, y la expectativa de inflación no rebase el 2.5% proyectado entre uno y dos años.

¿Por qué la Fed eligió esa tasa de desempleo? Tal vez porque ese era el nivel de desempleo justo en octubre de 2008, mes siguiente al de la quiebra de la firma financiera Lehman Brothers, que dio inicio formal a la gran crisis mundial en septiembre.

Ahora, si la perspectiva del mercado laboral no mejora de forma sustancial, el Comité de Mercado Abierto de la Fed continuaría sus adquisiciones de Treasuries y MBS de forma indefinida, incluso, con posibilidad real de ampliarlas de manera importante.

El punto central para los mercados bursátiles, de entrada, es que todo esto nos lleva a una trampa. Veamos. En el futuro, cualquier dato positivo en el empleo podría ser juzgado como malo, pues en teoría se volvería menos necesaria la inyección de estímulo, que a su vez, incentivaría a los índices a ir a la baja. Para nadie es un secreto que existe una correlación directa entre la inyección monetaria y el alza de las bolsas.

Sin embargo, debemos tener claro que si Ben Bernanke, presidente de la Fed, no está dispuesto a tolerar alto desempleo, menos lo está para permitir que los mercados se vayan al suelo. Un callejón sin salida que nos permite concluir lo que ya sabíamos: para que la “fiesta” y la fantasía de la recuperación continúe, es indispensable la droga maravillosa de la creación de dinero con la que todos están más contentos.

Debemos recordar que, para bajar la tasa de desempleo estadounidense de su pico de 10% en octubre de 2009, al 7.7% de noviembre de 2012, fue necesario que la Fed agregara a la fecha, casi 1.8 billones de dólares a su base monetaria, que hoy, ronda los 2.7 billones de dólares (ver gráfica). Un alto precio. 

Al ritmo anunciado, dentro de un año el punto final del gráfico estará alrededor de los 3.7 billones, o más allá.

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Lo malo es que esto funciona y funciona, hasta que deja de funcionar. No es posible perpetuar la falsa creación de riqueza, pues las rondas QE son solo los alfileres que mantendrán en pie a la maltrecha economía, hasta que tenga que caer por su propio peso.

¿Qué se hará llegado ese punto? ¿Que la Fed triplique de nuevo su hoja de balance y el gobierno de Obama haga lo propio con el déficit y la deuda? Parece que esa “solución” solo puede caber en mentes como la de Paul Krugman, para quien nunca el agujero en que se está, es lo suficientemente profundo.

Como es obvio, nada de eso se puede hacer sin pagar las consecuencias. Por tanto, entre más lejos vayamos en este turbulento mar, más nos acercamos al día en que la crisis alcance al mercado de bonos estadounidenses, y entonces, exploten al alza las tasas de interés. Su burbuja, habrá reventado.

Quizá al acercarse ese punto crítico, sea cuando presenciemos la huida masiva de capitales hacia el refugio del oro y la plata, cuyos mercados alcistas (bull markets), como suele ocurrir, tendrán que terminar también en fase de euforia.

Por cierto, no podemos pasar por alto que, en el corto plazo, se vislumbran riesgos potenciales para los metales preciosos, en especial para el oro, que podrían traer nuevas oportunidades de compra.

Tampoco que los detractores del metal precioso (que incluye a los poderosos grupos con grandes posiciones “cortas”), no han dejado de celebrar cada una de  las recientes correcciones que ha observado, ni la propaganda que abunda en artículos y notas que cuestionan su calidad de refugio seguro.

De hecho, llama la atención asimismo, que a diferencia del día en que se anunció el QE3, cuando el oro y la plata terminaron fuerte al alza, este miércoles no fue así. Es más, por la noche se observó una sospechosa baja muy marcada que se puede apreciar en la siguiente imagen.

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Todas estas señales, solo pueden hacernos pensar que, en el corto plazo, tal vez podríamos ver una corrección algo mayor, tras la cual, por los sólidos fundamentos que hemos comentado en este artículo, podemos apostar que la fuerte resistencia observada alrededor de los 1,800 dólares la onza, será rebasada.

El nerviosismo de la Fed, los temores por el “Precipicio fiscal” en Estados Unidos y las tensiones en Europa, abonan todas a las señales que se han acumulado para indicar que, a la vista, estaríamos a las puertas de un nuevo colapso económico global. El detonante, es lo de menos. Lo que importa, en todo caso, es estar preparados.


viernes, 4 de febrero de 2011

EL CONFESIONARIO DE GEITHNER Y BERNANKE

Todos conocemos la forma en que los políticos suelen mentir acerca de diversos temas de interés público. Pareciera que imaginarlos declarar con la verdad sería un sueño imposible. Pero no, por increíble que parezca, al menos en Estados Unidos dos de los funcionarios públicos del más alto nivel se han visto forzados de algún modo u otro, a reconocer las más crudas realidades.

Sin embargo, lo que más llama la atención no es eso, sino que parece que lo dijeran en alguna lengua extraterrestre, pues la mayoría o no entiende, o de veras no les cree aunque sea cierto.

Lo digo porque mientras aquí el gobernador del Banco de México y el secretario de Hacienda ya dejaron en el pasado cualquier alusión a la crisis para hablar sólo de recuperación, sus homólogos gringos han pasado ya, de plano, al confesionario. Como si de un programa de “Big Brother” se tratara, Tim Geithner y Ben Bernanke, secretario del Tesoro y Presidente del Banco Central, respectivamente, han llegado al punto de descararse y hablar con la verdad, cada uno con su estilo, incluso frente a los medios informativos. Lo curioso del tema es estas “confesiones”, no han generado ni por mucho una alerta general.

Sí, insisto, mientras Ernesto Cordero se regodea con las “fortalezas” de la economía mexicana y su crecimiento, omite como típico funcionario decir lo obvio: que nuestro ciclo está atado al de nuestros vecinos del Norte y que, por ende, cuando ellos se desaceleren o caigan de nuevo en recesión, correremos su suerte. Algo debería aprenderle a su homólogo Geithner, que dejó por un momento de esconder lo inocultable.

En su carta a los “reyes magos” (la envió el 6 de enero pasado), Tim Geithner fue explícito en su mensaje al Congreso rogando que se eleve aún más el techo de endeudamiento de la administración Obama: de no hacerlo habrá “consecuencias económicas catastróficas que durarían por décadas”. De antemano se sabe que, pese a las resistencias de la oposición, los legisladores terminarán aprobando el nuevo tope. El detalle es que eso no les permitirá salir de sus problemas, sólo posponer el “Juicio Final”.

¿Qué ocurrirá entonces cuando por las fuerza del mercado, ya no puedan postergar la inevitable caída? El mismo Geithner nos da las respuestas en su misiva: Estados Unidos incumplirá el pago de sus obligaciones soberanas; estallarán de inmediato las tasas de interés; caerán los precios de las casas; se perderán miles de empresas y millones de empleos; el dólar “morirá” como moneda de reserva internacional; se eliminarán o recortarán beneficios de seguridad social y pagos a pensionados, entre muchos otros.

Claro, si algún ciudadano tan acostumbrado a las mentiras desconfiara todavía –y con razón- de tan encumbrado funcionario, podría escuchar la versión del presidente de la Reserva Federal (Fed), el señor Bernanke. Éste, ayer mismo, pronunció un discurso estremecedor. Al referirse a la urgente necesidad de que el gobierno norteamericano deje de gastar más de lo que puede, dejó en claro que los ajustes llegarán y que la cuestión ya sólo es de si “estos se presentarán a través de un cuidadoso y deliberado proceso […] o si serán una respuesta rápida y dolorosa a una inminente crisis fiscal”.

Sobra decir que todos estos caminos no conducen a “Roma”, sino a su debacle.

Por eso digo que tantas veces han ocultado la verdad, que ahora no pasa gran cosa cuando se descaran. Más allá de una subida ayer en el precio del oro y otros indicadores, para la gran mayoría estas “confesiones” pasaron de largo. Las implicaciones por supuesto, son múltiples pero bien conocidas. Quizá la más representativa seguirá siendo la inflación.

Toda vez que el punto de no retorno ha quedado ya muy atrás, los gobiernos seguirán creando dinero de la nada para no pagar a través de esa vieja y mañosa vía.

En su momento en Inteligencia Financiera anticipamos que llegarían nuevas rondas de estímulos monetarios conocidos como Quantitative Easing (QE), pronóstico que se cumplió en noviembre pasado con el anuncio del QE2. Sin embargo, todo apunta a que estas compras de bonos (impresión de dólares) que se proyecta terminen en junio, continuarán con más QE ad infinitum, so pretexto de la debilidad de la recuperación y las altas tasas de desempleo.

Lo correcto, sería dejar de intentar tapar el sol con un dedo, y permitir que el sistema colapse por su propio peso, pues luego de un periodo doloroso, se reiniciaría el crecimiento económico con bases más sólidas. Al mal paso darle prisa.

En tanto eso ocurre en la “metrópoli”, más valdría poner nuestras barbas a remojar. Aunque con tamaños distintos, las debilidades fiscales de México, la dependencia del erario de los ingresos petroleros, el peso de las pensiones, la nula diversificación de nuestros mercados, etc., también nos obliga a replantearnos alternativas de prevención. Si aquellos “Pedros” yanquis ya nos anunciaron que ahí viene el “lobo”, de nosotros nada más, dependerá el creerles o no.

Guillermo Barba