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viernes, 28 de septiembre de 2012

ESPAÑA: AL BORDE DEL PRECIPICIO


España está en bancarrota. Esta realidad es justo la que autoridades europeas y nacionales se niegan a aceptar, como si así pudieran evitar lo inevitable. En realidad, solo posponen lo que más tarde que temprano terminará llegando por su bien: la salida del euro.

Una y otra vez, el gobierno que encabezó Zapatero y ahora Rajoy, se ha negado a admitir que la salida de la crisis española, pasa por ser más competitivos y volver a generar empleos, algo que será imposible alcanzar en las condiciones actuales, mientras pertenezcan a la Unión Monetaria que los tiene maniatados.

De nada servirán más promesas de ajustes presupuestales que, aunque son indispensables, serán insuficientes por atender un mero síntoma, es decir, la carencia de recursos para enfrentar sus compromisos sociales y financieros de hoy, y no la enfermedad original: una pesada carga de endeudamiento que tanto el sector público como el privado, llevan a cuestas.

Claro, se supone que la intención de los recortes es sentar las bases para que en un futuro muy lejano, esas deudas puedan irse liquidando intactas, sin importar que eso implique que se queden millones y millones de desempleados en el camino, que con el paso del tiempo, pierden cada vez más las esperanzas.

No podría ser diferente, pues las consecuencias indeseadas de esas acciones gubernamentales, solo conducen a un destino: una larga depresión que durará más de una década, que difícilmente los ciudadanos estarán dispuestos a tolerar, pero que el gobierno les quiere imponer.

De esta forma, el ejecutivo de ese país ya ha tomado partido del lado de los grandes intereses de los capitales europeos. Los españoles lo saben de sobra y por eso, han salido con razón a manifestar en las calles su repudio a esta política que pone a banqueros de otras naciones, por encima de ellos.
Todo porque sus cálculos, parten del supuesto de que habrá un crecimiento que no llegará, en tanto la mayor parte de su deuda no sea borrada.

Para decirlo de otro modo, la puerta de salida de España pasa de forma obligada por el impago de miles de millones de euros en bonos, hipotecas y créditos de toda índole, que sobra decir, significará la ruina de cajas, bancos e inversionistas acreedores.

Un efecto dominó deflacionario que, sin embargo, es condición indispensable para una auténtica recuperación. La resaca ineludible después de la borrachera de préstamos, tras la cual, se podrá volver a empezar.

En otras palabras, tanto prestamistas como deudores, tendrán que dirimir sus diferencias a la antigua: el quebrado deberá quebrar, y sus contrapartes pasar el trago amargo de las pérdidas.

Por supuesto, esta fuerza deflacionaria (es decir de contracción crediticia) es el terror de todos los banqueros centrales, que ven como única “solución” la creación monetaria, para hacer creer que las pérdidas son evitables. Por eso el Banco Central Europeo ha prometido la compra ilimitada de bonos soberanos de países en problemas, a cambio de estrictas condiciones impuestas en sus “rescates”.

Un falso camino que pretende resolver un problema de sobreendeudamiento, prestando más a quien por sí ya no puede pagar.

Solo en la mente de los encumbrados funcionarios europeos, cabe la idea de que aquellas medidas, que buscan reducir la prima de riesgo y por tanto el costo de financiación estatal, conducirán a la reducción de los déficits y al incremento en la recaudación.

Cuando se ha llegado a este punto, más ingresos solo serían posibles con una economía pujante que no existe, y que la depresión se encargará de convertir en un círculo vicioso en el que la recesión traerá menos empleo, menos recaudación, más deuda y de nuevo una caída económica.

Por eso Rajoy se equivoca por partida doble al celebrar con soberbia, lo que ha llamado “la mayoría de españoles que no se manifiestan” en su contra. 

Ello, porque en primer lugar cierra los ojos a la realidad, que nos demuestra que todas las grandes revoluciones siempre comenzaron con un grupo que, desde lo alto, alguien ninguneó como “minoría”. Y en segundo, porque las decisiones que cree son correctas y muy respaldadas, están condenadas a perpetuar la crisis.

No por casualidad ayer el precio del oro, medido en euros, toco un nuevo máximo histórico de €1,379.32 la onza troy. El mejor y más antiguo de los refugios financieros, da así su propio veredicto en un mensaje discreto pero claro, de la situación de Europa. Ojalá que muchos, a tiempo, lo sepan escuchar.

viernes, 21 de septiembre de 2012

UN TSUNAMI DE DINERO DEVASTARÁ EL MUNDO


Existe en el planeta una ola gigantesca, más grande que cualquier tsunami que jamás se haya producido, y que amenaza con destruir el mundo civilizado como lo conocemos. Esa onda devastadora, por primera vez en la historia de la humanidad, se está generando simultáneamente desde varias latitudes, y es justo por ello, que sus consecuencias serán también sin precedentes.

Se trata, ni más ni menos, de la inundación global de dinero fíat (dinero de papel y/o digital), que los principales bancos centrales están inyectando a la economía, con la supuesta intención de estimular el crecimiento y la generación de empleos.

Esa gran mentira, será la versión oficial que escucharemos siempre, pero que esconde una realidad: jamás la impresión de billetes sin control ha creado riqueza, pues si así fuera ni el aumento interminable de los precios, ni la pobreza, existirían. Bastaría con repartir billetes a todos cada vez que lo necesitaran, incluso, sin tener que trabajar.

Un sueño tan maravilloso como absurdo, que existe gracias a la batalla temporal que ganaron los apologistas del sistema de reserva fraccionario, los adoradores de la deuda y los adictos al consumismo, cuando en 1971 el dólar –y por ende todas las demás divisas, abandonó por decreto el patrón oro.

Ese molesta “reliquia barbárica” que les impedía expandir a su entera voluntad la cantidad de circulante,  aunque lo hicieron, pues para ello hacía falta antes tener su respaldo en el escaso metal físico.

Una vez removido ese estorbo, pocos se atreverían a desafiar la idea que en otros tiempos hubiese parecido ridícula, de aceptar como pago por mercancías ya no otras mercancías, sino meros billetes pintados de verde que los americanos podrían crear sin límites, y que los demás países estarían obligados a acumular como “reserva”.

De ese experimento que ya cumple más de 41 años, puede conocerse de antemano el resultado volteando a ver lo que ha pasado con todos los que antes intentaron hacer lo mismo, como la Francia de finales del siglo XVIII (descargue el libro gratis: http://bit.ly/ojPJDU). Esta vez, no solo no será diferente, sino que la ruina y miseria que acarreó, serán mundiales.

No es casualidad entonces, que el oro y la plata físicos, el dinero real, se sigan escondiendo en las manos de aquellos que buscan guarecerse de esas calamidades.

Los ejemplos de esta creación monetaria, llamada ahora “flexibilización cuantitativa” (QE en inglés), son tan inmediatos que en menos de una semana tenemos dos: la Reserva Federal (Fed) estadounidense y su tercera ronda QE3 o QE ad infititum; y el Banco de Japón (BoJ) que decidió ampliar su “estímulo” monetario aumentando sus compras de activos a 80 billones de yenes.

La siguiente gráfica de Steen Jakobsen, economista en jefe de Saxo Bank Dinamarca (tomada del blog de “Mish” Shedlock), es muy clara al exhibir los crecientes porcentajes de las hojas de balance de la Fed, el Banco Central Europeo (ECB), el de Japón (BoJ) y el de Inglaterra (BoE) respecto al PIB nominal de sus países. Pura creación monetaria.


La Fed, que se había rezagado, tardará solo algunos meses en alcanzar niveles cercanos a los del ECB y el BoJ. No sería una sorpresa entonces, que el siguiente en la lista de anuncios de inyección de liquidez, sea el Banco de Inglaterra. Más agua y fuerza para el “tsunami” financiero.

No podemos olvidar que el ECB, aunque en teoría no puede hacer lo mismo, se ha comprometido en la compra ilimitada de bonos de naciones en problemas, que en los hechos, es una monetización disfrazada de su deuda, un fraude.

Todo esto, en medio de un contexto en el que una nueva recesión global es inminente, como lo anticipan los pésimos datos económicos revelados esta semana en la eurozona, que ha sufrido su peor contracción desde junio de 2009; en Japón, cuyas exportaciones se han hundido por tercer mes consecutivo; en China, que ve su índice de producción manufacturera en mínimos de 10 meses;  y en los propios Estados Unidos, cuyas manufacturas tuvieron su peor trimestre en tres años.

En suma, pese a que los resultados demuestran que las flexibilizaciones cuantitativas no solo no solucionan nada, sino que agravan el problema de fondo (el exceso de crédito, deuda y consumo), la recurrencia e intensidad de las crisis, los bancos centrales no se detendrán. No es lo correcto, pero es lo único que saben y se sienten dispuestos a hacer, pues las presiones que reciben tras bambalinas son inimagibnables.

Ojalá que gobernantes y presidentes de esos institutos centrales, entendieran que la “borrachera” de expansión crediticia se ha terminado, y que cuando se llega a este punto no queda más que resentir la depresión y pagar las consecuencias de sus excesos. Cuanto más pronto ocurra esto, por la buena o por la mala, más cerca se estará de iniciar la verdadera recuperación económica.


Guillermo Barba

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jueves, 13 de septiembre de 2012

LA FED JALA EL GATILLO: ¡Y EXPLOTA EL PRECIO DEL ORO!


La hora llegó. El mundo entero se mantuvo en vilo ante la expectativa del discurso de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos. No era para menos, pues este jueves se esperaba el anuncio de la más ansiada de todas las rondas de lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa” (Quantitative Easing o QE3, en inglés), junto con la promesa de mantener (manipular) las tasas de interés a un nivel históricamente bajo hasta 2015. Y Bernanke, les cumplió todo.

El pronóstico de esta columna hace tres meses, fue que se lanzaría “en la reunión del FOMC del 12 y 13 de septiembre, que al igual que la de junio, presentará un Resumen de Proyecciones Económicas y una conferencia de prensa de Bernanke.”

Esa tercera fase, que comprenderá la adquisición de 40 mil millones de dólares mensuales en activos respaldados en hipotecas, por un periodo abierto, en el que la Fed bien podría intervenir mucho más si las circunstancias, según su criterio, lo ameritan.

Esta ronda QE3 será la última anunciada como tal, pues de ahora en adelante solo se limitarán a dar a conocer los montos totales de compra, que a juzgar por los argumentos esgrimidos, no tendrá límites: una impresión monetaria al infinito.

La lógica es que, al vender los inversores sus activos a la Fed y recibir a cambio dinero líquido, estos lo utilizarán para gastarlo o reinvertirlo en áreas productivas, con su respectivo impacto benéfico en el crecimiento económico. Algo que suena muy bien en teoría, pero que en la práctica no solo no ha servido, sino que ha empeorado los problemas que se pretendía solucionar: el desempleo se mantiene tan elevado que cada día menos personas se sienten dispuestas a buscar trabajo, y la economía global se dirige a una nueva gran recesión.

De ahora en adelante, justo la ausencia de mejoras en el mercado laboral, será la que justifique futuras intervenciones. Es decir, si el desempleo no cede –y no lo hará, la Fed realizará “compras de activos adicionales y empleará sus otras herramientas de política monetaria según sea apropiado”. Lo que los hechos demuestran es que todas sus armas de política monetaria cada día proporcionan un alivio menos duradero, y no falta mucho para el punto en el que sean totalmente inútiles.

Llegado ese momento, no importaría nada que Bernanke prometiera tasas de cero por ciento para siempre, el mercado de bonos del Tesoro comenzará a derrumbarse con las consecuentes alzas en sus rendimientos. Algo como lo que vimos puso a temblar a España e Italia, pero de proporciones infinitamente superiores.

Llegará el día que cada vez menos inversionistas se sentirán convencidos de que esos “treasuries” sean de verdad de riesgo cero, pues aunque siempre les podrán pagar con billetes recién impresos, irremediablemente estarán perdiendo valor desde el mismo momento en que lo tengan en sus manos.

Esa devaluación se seguirá haciendo patente en la escalada del precio de los metales preciosos, oro y plata, que vieron ayer explotar al alza sus cotizaciones en el mismo momento en que se dio a conocer el comunicado de la Fed, por una razón: ambos son un dinero que nadie puede crear a voluntad.

Asimismo, su nueva medida nos anticipa que en 2013 no habrá tampoco los prometidos recortes presupuestales en el gobierno americano (no “fiscal cliff”). Pasadas las elecciones de noviembre, el Congreso se sumará a la nueva acometida de Bernanke con los mismos pretextos: “abatir el desempleo”. De este modo, lo que en el banco central es la promesa de impresión y tasas de interés ínfimas, será la garantía de déficits fiscales permanentes.

Cabe recordar que la Reserva Federal tiene un doble mandato de procurar el “máximo empleo” con “estabilidad de precios”. Esto le brinda la excusa perfecta para intentar compensar las descomunales presiones deflacionarias (de contracción del crédito) con creación de dinero. Uno que si bien pueden fabricar, no pueden decidir adónde irá a parar.

Muy pronto países como México, que pagan diferenciales positivos de tipos de interés con respecto a E.U., tendrán que hacer algo para contener este nuevo tsunami de dólares que vuelve a inundar el planeta, pues además podría crearles burbujas en sus valores.

Por eso, es indudable que los activos tangibles serán los beneficiarios directos de este QE ad Infinitum. La historia es contundente para demostrarnos que cada vez que se ha realizado este experimento de estimular la economía con dinero de papel, el resultado es la depresión total.

De este modo, Bernanke ha puesto ya la mesa para que a la vista, esté el logro de nuevos máximos históricos en oro y plata que, aunque con correcciones en el camino, se alcanzarán en cuestión de meses. La desesperación del presidente de la Fed ha llegado al punto del terror, que jamás admitirá. Un mensaje entrelíneas que nadie a quien le importe sus finanzas y seguridad debería ignorar, pues ya prácticamente no le queda nada más por hacer. El punto de no retorno, ha quedado atrás.



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jueves, 6 de septiembre de 2012

BCE: COMPRA DE BONOS Y ESTUPIDEZ INFINITAS


Este jueves se vivió una euforia real en los mercados financieros de todo el mundo, cortesía de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), que anunció una medida que, para muchos, por fin cumple con su compromiso de hacer “todo lo que sea necesario” para defender la existencia del euro: la compra ilimitada de bonos soberanos de países en problemas, conocidas como “transacciones monetarias directas”.

La decisión, con dedicatoria especial para España e Italia, tiene como objetivo la reducción de tipos de interés, y por ende, de los costos de financiación a que están expuestos. Las adquisiciones, que serán en bonos con vencimiento de uno hasta tres años, se supone que están sometidas a una limitación estricta que, de entrada, exige que los interesados deban solicitar un rescate a sus socios europeos y cumplir con las condiciones que para ello se les impongan.

Esto en el caso de la Unión Económica y Monetaria, no es más que palabras que se llevará el viento. No podemos olvidar que, justamente, es el incumplimiento de compromisos asumidos por los integrantes de la misma, desde su constitución, lo que nos trajo hasta aquí.

Grecia es el ejemplo perfecto de aquel que se dice dispuesto a todo hoy, con tal de recibir su “medicina” financiera, pensando en que mañana ya verá cómo vuelve a convencer a sus socios de que le den una nueva oportunidad. Así pues, esta dependencia llevará siempre a la práctica de estirar la mano en espera de ayuda. Un “modus vivendi” que durará hasta que, los que brindan el apoyo, se cansen.

En este sentido, Draghi podrá tener razón en que “el euro es irreversible”, pero no con la totalidad de sus miembros. Rajoy, Monti y compañía, solo han ganado algo de tiempo, y en Grecia, pueden ver el futuro que les aguarda.

La medida del BCE, como es obvio, no resuelve por sí misma ningún problema de fondo, porque atiende nada más a un efecto o síntoma –la subida de tasas de interés, y no a las causas que han generado todas las tribulaciones económicas. Entre ellas, desde luego, está el descomunal derroche público y el sobre endeudamiento de gobiernos, empresas y personas. Las cláusulas que les impongan los rescates, no ayudarán mucho a resolver esto.

El caso griego es un referente que nos muestra lo poco dispuestos que están los gobiernos a someter a más presión a sus electores, cuando estos tampoco están en el ánimo de mantener administraciones, que los castiguen más en tiempos de imparables aumentos en precios de alimentos y desempleo histórico. Con el tiempo, no hay duda que cuando menos tres de los llamados PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), tendrán que tomar la única salida que desde el principio tuvieron: salir del euro.

Por otro lado, debemos señalar que estas “transacciones monetarias directas”, contribuirán y no disminuirán, a la especulación en el mercado de bonos. Resultado idéntico al que ha empujado la Reserva Federal estadounidense (Fed) con sus flexibilizaciones cuantitativas (QE, en inglés).

Y es que si bien es cierto que el BCE renunciará a su condición de acreedor preferente, y que a diferencia de la Fed estas operaciones serán “esterilizadas” (es decir, que se retirará una cantidad de liquidez igual a la que se inyecta con las compras), lo que se está cometiendo es una artera y cínica manipulación del mercado.

La excusa de que lo hacen para reducir distorsiones en los tipos de interés, causadas por los “especuladores”, es un sofisma. Esos inversores no son responsables del mal manejo económico- financiero que han hecho políticos populistas de todas las corrientes políticas, causa real de la caída en el valor de los títulos de deuda soberanos. Su trabajo, en cambio, es ganar dinero en el mercado, sea que este vaya hacia arriba o hacia abajo.

De este modo, esos especuladores agradecerán el trabajo de Draghi, pues el mensaje que ellos reciben es que el riesgo “no existe”. Cada vez que se disparen las tasas de interés, comprarán bonos que, casi de inmediato, podrán vender más caros al BCE. Un negocio redondo y sin esfuerzos. Más especulación patrocinada desde el banco central.

Vaya forma de financiar, o mejor dicho, de disfrazar la monetización de deuda de los estados miembros más irresponsables. No por nada Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, ha votado en contra de las decisiones del BCE. Tal parece que la capacidad de estos políticos para eludir la ley, es tan infinita como su estupidez.

jueves, 23 de agosto de 2012

EL ORO SE DISPARA, Y SU DEMANDA, ¡ES MÁS GRANDE QUE NUNCA!


Esta semana ha sido sin duda la más emocionante de los últimos meses para los metales preciosos, pues tanto el precio del oro como el de la plata se han disparado. En el caso del primero, conviene contextualizar esta subida con el último reporte trimestral del Consejo Mundial del Oro (WGC por sus siglas en inglés), sobre sus tendencias de demanda global.

Vale la pena profundizar, pues la nota en la mayoría de los casos la nota fue que la demanda, se desplomó 7% respecto al mismo periodo de 2011, y 10% frente al primero de 2012.

Sin embargo, la realidad es que estos datos pueden conducir a una tergiversación del verdadero mensaje que nos está transmitiendo el rey de los metales.

No es ocioso recordar que en una década, la demanda de oro ha crecido en promedio a una tasa de 4.92% anual, y que a esta tendencia no le estorbó el haber pasado de una cotización media de 309.73 dólares en 2002, a 1571.52 en 2011 (London PM Fix).

Con todo y cifras “negativas”, las proyecciones para 2012 apuntan a que el segundo semestre será mucho mejor que el primero. Más si contemplamos que el WGC, considera como una de las principales causas de esta caída, la “falta de dirección clara en el precio del oro”, sobre todo en el caso de los consumidores chinos, algo que a juzgar por las señales al alza observadas en el mercado durante las últimas semanas, ya ha cambiado.

Cabe destacar que India y China continúan acaparando el mercado del metal por amplio margen, pues ambos abarcan el 45% de la demanda total de joyería, monedas y lingotes. Como es obvio, cualquier variación en estos países se verá reflejada en las estadísticas.

En este sentido, el menor apetito global por el oro habría sido coyuntural, pues en el primer caso se vio afectado principalmente por la devaluación de la rupia india frente al dólar, que condujo a nuevos máximos históricos locales en la cotización del metal. En el segundo, como ya se dijo, por la ausencia de una tendencia ascendente a los ojos de los inversores chinos.

En los dos casos, la avidez por el oro podría regresar con fuerza si las condiciones cambiarias mejoran, algo muy probable ante la inminencia de nuevas medidas de “estímulo” por parte de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, que incluirían más flexibilización cuantitativa (QE3) u otros mecanismos menos “convencionales”.

Las minutas de su Comité de Mercado Abierto (FOMC) reveladas el miércoles, además de haber sido el detonante de las alzas en oro y plata, dieron un aviso de que esos apoyos adicionales están a la vuelta de la esquina.

Por otra parte, no podemos perder de vista que excluyendo a India y China, la contracción en la demanda de joyería fue solo de 4%, mientras que la de inversión se disparó 16%. En este rubro, los inversores europeos jugaron el papel central por las turbulencias sufridas en la Unión Monetaria. Todos quieren un refugio seguro.

Esto es válido incluso para los demandantes del sector oficial, pues su apetito por oro continúa insaciable, al haber crecido a más del doble (157.5 toneladas) en el segundo trimestre de 2012 respecto al año previo. Un récord desde que los bancos centrales se convirtieron en compradores netos en 2009.

Un aspecto muy importante a considerar es que desde el reporte anterior, como debe ser, el WGC considera las compras de este sector como parte de la demanda, y ya no las deduce de la oferta como hacía antes. La justificación es sencilla: los bancos centrales ya no son vendedores.

Este cambio contable es significativo, pues como explicamos en este espacio con el artículo “El falso mito del excedente mundial de plata” (http://bit.ly/StGPe1), la demanda total real de oro, al ser la materia prima dinero y que como tal no se consume ni se tira, es la suma de todo el metal que ha producido la humanidad a lo largo de la historia, más la de su producción anual.

De alguna forma o de otra, ese metal está en posesión de alguien, y solo se convertirá en oferta cuando sus tenedores estén dispuestos a desprenderse de él, algo que claramente no estará sucediendo mientras el oro y la plata se encuentren infravalorados al extremo (manipulados), en medio de esta Depresión.

Hay otras evidencias en el propio reporte del WGC, que indica una caída de la oferta de oro del 6%, pero de 12% en la proveniente del reciclaje. Parece que pese a la proliferación de los “Compro Oro”, cada día menos personas quieren deshacerse de él. La lección es una: la demanda de oro, es más fuerte que nunca.

Guillermo Barba

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jueves, 9 de agosto de 2012

LOS ALIMENTOS: MÁS CAROS QUE EL ORO


Existe un mercado más valioso que el del oro y la plata, en todos los sentidos posibles: el de los alimentos. Pese a ubicarse en el plano de las “materias primas” (commodities), y a su cualidad adicional de ser dinero, los metales preciosos pueden ser intercambiados por comida, pero no lo son en sí mismos. Justo por eso, dichos bienes agrícolas no pueden ser omitidos en ningún análisis de la situación económico-financiera mundial. El hambre por sí sola, es capaz de generar revoluciones armadas y guerras de grandes proporciones.


Como ya se ha expuesto en este espacio con anterioridad, los activos tangibles y los intangibles se alternan en grandes ciclos (http://bit.ly/Q7VcX2), la supremacía y atención de los inversores, como si se tratara de un gran péndulo que va y viene sin detenerse jamás. Este vaivén, cuando ha mantenido deprimidos los precios de las materias primas por años, provoca por supuesto grandes desbalances en las variables de oferta y demanda. La razón es muy clara. La menor rentabilidad esperada conduce a afectar de manera negativa a la oferta: cada día menos productores están dispuestos a llevar sus mercancías al mercado, pues lejos de ganar podrían incluso perder lo poco que les queda.

Esto en un mercado como el de los productos agrícolas y en particular el de los alimentos, cuya demanda llega a disminuir pero nunca cesar, solo puede tener como destino la reversión de la tendencia de sus precios. Los inventarios se consumen y ante la caída de la producción, las cotizaciones comienzan a subir. El “oso” (mercado bajista) muere y renace el “toro” (mercado alcista) de entre sus cenizas.

Por supuesto, una situación de estas características siempre verá magnificados sus efectos, volatilidad y consecuencias a causa de la creación monetaria desmedida, característica de un sistema basado en dinero fíat (de papel o meros dígitos en computadoras), como el actual. Esto es así, pues su facultad de ser creado “de la nada”, solo puede llevar a una acelerada pérdida de su valor, ante algo que tiene evidentes límites físicos a su producción: los bienes materiales.

En este contexto, se entiende mejor cómo y por qué todos los índices de precios de alimentos han registrado alzas significativas durante los últimos años. Los desequilibrios acumulados en las dos últimas décadas del siglo XX, prepararon el terreno. El gráfico de abajo, es elocuente.



De hecho durante 2008, tan solo meses antes del estallido de la crisis financiera global, el índice de la FAO para esos precios se encontraba ya en máximos históricos, que tuvieron un respiro solo gracias a la Gran Recesión.

No obstante, la tendencia se recuperó pronto. Para 2011, el índice ya había vuelto a nuevas marcas, tras los cuales disminuyó otra vez hasta junio de este año. Su gran salto vino en julio pasado, en que esa medición se catapultó seis por ciento al alza. El repunte fue liderado por los cereales y el azúcar, dentro de los cuales el maíz y el trigo ascendieron un impresionante 23 y 19 por ciento, respectivamente.

Es cierto que las condiciones del clima como las sequías y el calor, o por el contrario el exceso de agua, influyen de manera muy importante en el mercado. Sin embargo, esas coyunturas son solo un trampolín más en una carrera hacia arriba que, por donde se vea, luce imparable. Superar los récords anteriores será solo cuestión de tiempo.

El gurú de las “commodities”, el veterano inversor Jim Rogers lo ha señalado en repetidas ocasiones: “tenemos escases de todo desarrollándose en el mundo productivo. La edad promedio de un agricultor en Estados Unidos es de 58 años. En Australia es 58; en Japón, de 66. Hay enormes campos vacíos sin nadie que las cultive en Japón. Los productores de bienes reales tienen un gran futuro por delante”.

Lo más grave, desde luego, es que estos precios impactan más a los que menos tienen, y cada dólar de alza significa que miles, si no es que millones de personas, pasan a las filas de la pobreza, en un ambiente en que muchos países padecen crisis de desempleo histórico y deudas impagables. Esto tarde o temprano, tentará gobiernos de todas latitudes a caer en un error más grande: el de querer controlar los precios por decreto, que empeorará aún más los desajustes del mercado.

De esta forma, si el panorama de inversión es positivo para aquellos inmersos en la producción de materias primas agrícolas, de igual modo lo es para los que sigan buscando la preservación de su poder adquisitivo en el dinero real, oro y plata, que como lo han hecho a través de los tiempos, seguirán viajando junto con ellas

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miércoles, 25 de julio de 2012

¿Y POR QUÉ SE DESPLOMAN EL ORO Y LA PLATA? Parte II

En la primera parte de esta entrega, abordamos las causas exógenas de las caídas tan pronunciadas que hemos observado en los mercados de oro y plata durante los últimos meses.
Ahora es turno de llegar a la sustancia, a la causa de las causas que explica cómo y por qué, durante años, sus precios han permanecido artificialmente deprimidos.
De entrada es justo recordar que, para que un mercado auténtico exista, tiene que ser libre. Esto es así, pues en el intercambio de cualquier tipo de bienes o servicios, y por tanto, en el establecimiento de sus precios, no debe mediar más que la voluntad expresa de las partes, el mutuo acuerdo sujeto a las fuerzas de oferta y demanda.
En este entendido, cualquier intervención exógena –peor aún si esta es gubernamental, que pretenda imponer condiciones, límites, precios, etc., no solo coarta la libertad de los que en él participan, sino que además terminará por degenerar en una artera distorsión con consecuencias insospechadas para todos: individuos, empresas y por supuesto en la provisión de las mercancías afectadas. El caos.
La evidencia histórica nos demuestra cuán desastroso es el final para aquellos casos en que el mercado libre es violado, pues sus colosales fuerzas siempre terminan por imperar, y el castigo para los responsables es proporcional al tamaño y período de la manipulación.
Ahora bien, oro y plata son dos “materias primas” que resaltan de entre las demás por sus cualidades monetarias. Ambas, cumplen con todas las funciones del dinero, y por tanto, lo son por antonomasia. Por cierto, uno elegido por la espontaneidad de la propia acción humana, que explica por qué lo han sido en todos los rincones del planeta a lo largo de los tiempos.
Es justo por esa incómoda condición y la de ser un dinero que por su naturaleza es finito, que los emisores y principales beneficiarios de otro “infinito”, el dinero fíat (el creado en papel o como dígitos en computadoras), se han enfrascado en una oscura guerra sin cuartel para mantener oprimida a la dupla de metales preciosos, a niveles en los que no estarían en un mercado de verdad. El móvil de este artilugio es entonces, no solo económico, sino también político.
La razón es clara: la cotización del oro, y en cierta medida la de la plata, es el indicador inequívoco de la devaluación del dinero fíat que, luego de agosto de 1971 –cuando se abandonó el patrón oro, tiene como eje de su modelo global al dólar estadounidense. Al menos así lo es en condiciones de mercado libre, que quieren evitar a toda costa, pues la corrupción de ese orden basado en la expansión ad infinitum del crédito, y por ende de la creación monetaria, pretende ser llevada hasta sus últimas consecuencias. Los beneficios que han obtenido, bien lo valen para ellos.
La herramienta principal en este ardid han sido los derivados financieros y el sistema de reserva fraccionario de los Bullion Banks (bancos especializados en metales preciosos), capaz de generar una falsa sensación de sobre oferta, que rebasa por mucho las existencias físicas. Dicho mecanismo en esencia consiste en la posibilidad de vender o prestar con interés varias veces un mismo lote de oro, a costa de todos los clientes que al no demandar la entrega material, se sienten simultáneamente propietarios de los mismos lingotes. En otras palabras, se auto dotan del poder de crear “oro” papel.
Jeff Christian, especialista de CPM Group, grupo especializado en materias primas y apologista del sistema fraccionario, ha declarado ante instancias oficiales de Estados Unidos, que: “los metales preciosos […] son intercambiados en múltiplos de cien veces su respaldo en físico”.
Por su parte, bancos centrales y privados tampoco dejan solos a ambos metales, pues son conocidos sus esfuerzos por manipular y/o “moderar” su sintomática alza. Los primeros, como ya se dijo, para no evidenciar la caída descomunal en el valor de sus divisas, y los segundos, para obtener utilidades prontas producto de su juego intencional con operaciones de derivados.
Una historia conocida ahora que se ha destapado la cloaca del escándalo del Líbor, pero de alcances todavía mayores. Tanto, que hace parecer a los manipuladores de ese tipo de interés como simples “niños traviesos”.
En esta trama juegan un papel principal las coordinadas ventas “en corto” (short selling) por parte de grandes corporaciones financieras de la talla de JP Morgan. Esas y otras acciones sospechosas han llevado a la CFTC (órgano regulador estadounidense) a conducir una investigación sobre una “potencial” manipulación del mercado de la plata, que no obstante ha tomado cuatro años sin llegar a conclusiones definitivas. Se espera que dicha indagatoria publique sus resultados en septiembre u octubre próximos.
Pese a ello, no se tienen muchas esperanzas de que se acabe con este fraude en el corto plazo, pues como han acusado voces autorizadas como la del especialista Ted Butler (http://bit.ly/NXIm8c), la propia CFTC podría estar jugando del lado de los señalados.
Dicho lo anterior, queda claro oro y plata tienen un largo trecho alcista por recorrer, lo mismo que todos nosotros en nuestro camino por exigir transparencia en los mercados. No podemos soslayar que esa batalla, es un frente más en una lucha mucho mayor y permanente: la lucha, por nuestra libertad.
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martes, 17 de julio de 2012

¿Y POR QUÉ SE DESPLOMAN EL ORO Y LA PLATA?

Todos los mercados que existen se mueven en un constante péndulo que, una veces, los tiene con los precios de sus productos deprimidos, y otras, absurdamente altos. Así es, ha sido y seguirá siendo la forma en que estos se comportan. Ese vaivén también se replica a escala mayor, en el que con claridad se observa que, cuando toca el turno protagónico a los activos financieros o intangibles, los “duros” o materias primas son relegados, y viceversa.

La búsqueda de la mayor ganancia, sin lugar a dudas, es la que mueve las voluntades de los inversionistas que colocan sus capitales donde apuestan que la obtendrán. Bien sabido es que dos emociones son las únicas responsables de esa toma de decisiones: la ambición, y el miedo.

En este sentido, esas mismas sensaciones son las que, en el corto plazo, son capaces de mover en sentido contrario las cotizaciones de cualquier mercancía o valor, pese a encontrarse dentro de un mercado alcista o bajista mayor. En otras palabras, algo que está destinado a seguir para arriba o para abajo, a lo largo de su camino tendrá oscilaciones que la harán por momentos (que pueden ser meses o años), ir hacia el otro lado. Las circunstancias económico-financieras, desde luego, serán las detonantes.

Esos movimientos o “correcciones” que citamos, depuran el mercado y consolidan la tendencia que más tarde será retomada hasta culminar en frenesí. Eso es justo lo que ha estado ocurriendo, a propósito, con la dupla de metales preciosos, el oro y la plata, que acumulan meses a la baja mientras su mercado alcista mayor (bull market), permanece intacto.

La corrección del primero comenzó en septiembre pasado, cuando alcanzó un nuevo máximo histórico por encima de los mil 900 dólares por onza troy. La segunda hizo lo propio desde finales de abril de 2011, después de haber tocado casi los 50 dólares/Oz.

Ese camino temporal hacia abajo los ha llevado hoy a niveles alrededor de 1580 y 27 dólares, respectivamente. En ambos casos, es muy importante tener presente que las correcciones fueron precedidas por “mini euforias”, que antes los llevaron a subir muy rápido en poco tiempo. El péndulo, por supuesto, debía regresar.

En su momento advertimos con anticipación que las correcciones en oro y plata eran inminentes (http://bit.ly/Q4Btqa y http://bit.ly/nKbUZ1), pero pocos escucharon. La ambición y el miedo, cuando se acercan al clímax, estorban la razón y ciegan a los inversores. Esa misma opacidad es la que ahora les estorba para ver que, aunque las bajas podrían ser aún mayores en este punto –sobre todo en el oro, la pareja de metales preciosos se aproxima de forma acelerada a tocar fondo.

En este caso, las críticas circunstancias en Europa y las evidentes e innegables señales de una recesión global en puerta, como los recientes malos datos observados en Estados Unidos y China, por ejemplo, siguen impulsando el “factor refugio” que orilla a grandes inversionistas a liquidar (vender) posiciones en activos considerados de mayor riesgo, como las materias primas, para irse a los más “seguros”.

Por paradójico que pudiera parecer, a causa la endeble situación fiscal de los estadounidenses, en esa categoría se encuentran por un lado sus bonos del Tesoro, que conforme siguen inflando su burbuja comprimen todavía más sus rendimientos; y por otro, el dólar.

De ahí que los desplomes que nos ocupan, que además se ven magnificados por las grandes ventas de oro y plata papel, sean la otra cara de ese juego de vasos comunicantes de capitales.

No obstante, lo que no podemos perder de vista es que la Reserva Federal americana, capitaneada por Ben Bernanke, tarde o temprano volverá a actuar para dar respiración artificial a su enferma economía. El formato será el conocido: nuevas rondas de flexibilización cuantitativa (impresión monetaria) con métodos ya conocidos u otros menos “convencionales”, que aseguran que los metales preciosos y en general los activos tangibles, retomarán con diligencia y firmeza, su camino al cielo.

jueves, 5 de julio de 2012

MANIPULACIÓN DE LAS TASAS DE INTERÉS: EL ERROR FATAL

Ayer en lo que pareció una acción deliberadamente concertada, tres de los más importantes bancos centrales del mundo lanzaron medidas que pretenden, se supone, coadyuvar a la recuperación económica. El Banco Popular de China recortó su principal tasa de interés por segunda ocasión en un mes, mientras que el Banco Central Europeo hizo lo propio bajándola a un récord histórico de 0.75 por ciento, y su tasa de depósitos a cero. Por su parte, el Banco de Inglaterra incrementó los alcances de su programa de compra de bonos (impresión monetaria) en 50 mil millones de libras (78,000 mdd) para llegar hasta 375 mil millones.

Estos estímulos cumplieron con lo que el consenso de los economistas esperaba para esta semana, sin embargo, lo que suponían sería recibido con agrado por los mercados, no dio los resultados deseados.

No al menos a juzgar por los índices bursátiles que, en toda Europa y América, terminaron mayoritariamente en números rojos. Tampoco por los rendimientos de los bonos soberanos italianos y españoles a 10 años, que se dispararon respectivamente 3.66 y 5.71%.

El oro y la plata también cayeron, cuando las alzas de los días previos habían sido argumento para que los especialistas, especularan sobre la inminente reducción de tasas e impresión de billetes que, debemos decirlo, continuará beneficiando a largo plazo al mercado alcista mayor en que se encuentra la dupla de metales preciosos.

El gran ganador como suele ocurrir en estos casos, fue el dólar estadounidense que vio surgir su índice (DXY) en 1.24%, mientras los rendimientos de los bonos del Tesoro se siguieron comprimiendo.

Lo revelador de estos movimientos coordinados, no es solo que tengan reacciones adversas, sino que constituyen evidencia clara, para el que lo quiere ver, de que los tomadores de decisiones no tienen la mínima idea sobre lo que deben hacer para “estimular” el crecimiento económico. La única receta que conocen –reducir tasas y expandir sus hojas de balance, no solo es vieja sino que además ha demostrado su rotundo fracaso.

De ahí que el mercado las rechace por una razón fundamental: no resuelven el problema de fondo de países que, en lugar de perder el tiempo con rescates inútiles, deberían componer sus finanzas reduciendo drásticamente sus gastos, sí, pero sobre todo enfrentando la dura realidad de que no podrán pagar sus obligaciones. Jugar por más años a que se puede apostar con más dinero barato y derrochándolo, sin que al final los acreedores asuman pérdidas colosales, es un callejón sin salida. El quebrado, debe quebrar de una vez y no prolongar su agonía.

No olvidemos que todas estas medidas ya fueron probadas desde el inicio de la recesión global en 2008, y en el mejor de los casos, provocaron un rebote de una economía de “gato muerto”. Los esfuerzos fueron liderados desde entonces por la Reserva Federal de Estados Unidos que, podemos asegurarlo, volverá a actuar con flexibilizaciones cuantitativas ad infinitum. La situación fiscal de aquella nación es tan adversa, que cuando estalle esa bomba de tiempo hará que la crisis europea parezca un juego de niños.

¿Por qué entonces si en el fondo saben que no funcionará, repiten sin cesar las mismas decisiones? Muy sencillo. El temor supremo de los bancos centrales es la deflación (contracción del crédito) que, por desgracia, no tiene cura. El remedio para la deflación es la deflación misma, que será la consecuencia inevitable de la mayor borrachera inflacionaria (de expansión crediticia) que haya existido en la historia humana. El péndulo, siempre, tiene que regresar al lado opuesto.

Querer presionar a los entes financieros a que presten y a los individuos y empresas a que se endeuden, es un absurdo. Más deuda no solucionará un problema de sobreendeudamiento. En cambio, la manipulación de tasas a niveles ínfimos, como es el caso, solo alentará la especulación (burbuja) en el mercado de bonos considerados “libres de riesgo” (como los treasuries), que redundará en el empeoramiento de la deflación que se quería evitar (http://bit.ly/zfrhYR). De ahí que la reducción artificial de tipos de interés, que en un mercado libre serían muy distintos, quedará marcada, como un error fatal.

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jueves, 28 de junio de 2012

100% RIESGO: CUANDO EL ORO, ES UN PELIGRO


El oro es una mercancía, que el hombre en el devenir de su actividad económica, ha elegido espontáneamente por sus propiedades y características, como el dinero por excelencia. Al ser una materia prima-dinero, que como tal no puede ser creada de la nada ni a voluntad de su tenedor, es requisito indispensable que para asegurar su existencia, se le tenga a la mano o en un lugar que lo proteja de las ajenas.


Un bien tan valioso, desde luego, requiere medidas de seguridad que lo resguarden de eventuales robos que serían desastrosos. Así pues, el oro en su forma física constituye propiedad privada para quien lo tiene, un activo sin riesgo de contraparte.
Esta obviedad no siempre entendida por los modernos inversores, tan acostumbrados a la sofisticación y la subjetividad, resulta fundamental para comprender los riesgos a los que se está expuesto cuando lo que se tiene, en lugar de oro, es cualquier instrumento que constituya una mera representación de él.
En este entendido, no podemos soslayar que el 12 de junio pasado, se dio a conocer una importante declaración conjunta entre tres reguladores bancarios estadounidenses –la  Reserva Federal (Fed), la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC, organismo federal que garantiza los depósitos bancarios) y la Office of the Comptroller of the Currency, en la que informaron de su propuesta de cambios a las reglas de capitalización actuales. Estos ajustes, de implementarse, entrarían en vigor a partir del 1 de enero de 2013.
Entre las reglas a reformar está una fundamental: que el oro sea clasificado como “activo de riesgo cero”, a nivel del efectivo y los bonos del Tesoro, por ejemplo. Aquí el comunicado íntegro http://1.usa.gov/LCEfQM del que se recomienda revisar sus anexos. La ponderación actual de riesgo para el oro es de 50 por ciento.
El punto medular en el planteamiento de estas agencias es que la clasificación de riesgo cero, aplicaría solo a “lingotes de oro mantenidos en bóvedas propias de la organización bancaria, o bien en bóvedas de otra institución de depósito en forma asignada…” O sea, siempre que se tenga derecho sobre barras específicas y localizadas, no oro papel.
Cabe destacar que ese mismo texto aparece en la propia legislación que se puede consultar en el portal de la FDIC, en específico el punto III. C.1 de este apéndice de la Bank Holding Company Act http://1.usa.gov/LPWb7j, que en su pie de página número 36 aclara: “Todas las demás posesiones de lingotes están asignadas a la categoría de riesgo 100 por ciento”. En otras palabras, una aparente contradicción nos choca de frente: ¿cómo es que puede serlo si se trata de un activo sin riesgo de contraparte?
La respuesta es sencilla. La tenencia de oro solo en el papel, y no sobre barras con número de serie conocido en bóvedas determinadas, estará siempre expuesta a un impago a causa del sistema de reserva fraccionario con que operan los llamados Bullion Banks (bancos especializados en metales preciosos). Un oro 100 por ciento en riesgo, más que una protección, según vemos.
De ahí que la regla número uno de inversión en oro y plata, sea que el que tiene la posesión material del metal, es en realidad su dueño; los demás, tienen solo una promesa de entrega. Por eso, se equivocan los inversionistas de todos tamaños, desde los pequeños hasta bancos centrales (como el propio Banco de México), que desdeñan la importancia de la ubicación física de sus reservas áureas.
En medio de la gran crisis global que nos ha tocado vivir, y mientras atravesamos una etapa correctiva en la dupla de metales preciosos, queda claro que su mercado alcista dista mucho de terminar, pues sus fundamentos además de sólidos, se seguirán multiplicando de concretarse estas propuestas. ¿Quién quiere correr riesgos innecesarios con la endeble situación financiera de Europa, y la inevitable crisis fiscal de Estados Unidos? La respuesta no es difícil de encontrar, como tampoco el refugio al que tarde o temprano, todo mundo habrá de correr.

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miércoles, 20 de junio de 2012

OPERACIÓN TWIST: A LAS PUERTAS DE LA DEPRESIÓN

21 de junio de 2012 (Guillermo Barba) Ayer la Reserva Federal de Estados Unidos, volvió a dejar con las ganas de estímulo monetario adicional a todos los que, más por deseo que por razones fundadas, veían como inminente una tercera ronda de “Flexibilización Cuantitativa” (QE3). En este espacio anticipamos hace unos días que las probabilidades de que su presidente, Ben Bernanke, anunciara esta medida, no eran todavía muy altas (http://bit.ly/KyTlsa).

En cambio, el anuncio que hizo de la extensión de la llamada Operación Twist, que consiste en reemplazar parte de su tenencia de bonos de corto plazo por deuda con vencimientos más lejanos, puede entenderse como una versión QE 2.2, pues mantiene su hoja de balance a la vez que busca seguir presionando, es decir, manipulando, a la baja las tasas de interés. El objetivo, como siempre, es reducir los costos de endeudamiento y así impulsar el crecimiento económico: un fracaso garantizado, pues la medicina para un enfermo de sobreendeudamiento, no puede ser más deuda.

Este aspecto de sentido común, parece no ser comprendido tampoco del otro lado del mundo, por la mayoría de países europeos en problemas que lucen muy indignados con la negativa alemana, expresada en la canciller Merkel, de ceder a cualquier mecanismo que implique la asunción directa o indirecta de deudas que no son suyas. De ahí que la idea de los eurobonos, y ahora la de las euroletras de corto plazo, hayan nacido muertas muy a pesar de sus promotores principales: el italiano Monti y el francés Hollande.

Dado que toda presión siempre produce resultados, tanto negativos como positivos, es previsible que Alemania termine cediendo, en parte, a las exigencias de sus contrapartes. Sin embargo, la ingenuidad de Hollande y compañía, raya en la estupidez si de verdad creen que la “ayuda” que pueda proporcionar el nuevo Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) permanente –que entrará en vigor en julio, o el Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera, podrá “calmar” a los mercados comprando bonos soberanos.

Al contrario. No lo hará porque el alza en los rendimientos de estos, que encarece el financiamiento a sus países, es solo el síntoma y no la causa de sus desgracias. Ese eventual “auxilio” de cualquiera de los Fondos, servirá para que aquellos inversores que tengan títulos de deuda, sobre todo de los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), se “limpien las manos” de bonos basura a mejores precios. La enseñanza es clara: se puede intentar controlar el mercado artificialmente, pero no para siempre ni sin consecuencias peores que las que se quería evitar.

Al final, el mercado siempre gana, y los rendimientos que se quería comprimir terminarán por estallar. Y es que no importa a qué condiciones una nación se comprometa hoy, si ya se sabe por experiencia que las palabras y promesas, se las lleva el viento.

Es por esto que los peligros de desintegración futura, aunque aún no inminente del euro, no desaparecerán. Es más, de seguir estirando la liga de la resistencia de Alemania, se podría llegar al punto en que incluso esta, se plantee la conveniencia de excluirse por sí misma del euro, para volver al marco. El experimento así, habría terminado.

En este contexto, hoy que las luces de alerta económica no dejan de encenderse en Europa, que la Fed en Estados Unidos ha reducido sus pronósticos de crecimiento y que las manufacturas de China se siguen desplomando, queda claro que lo que hoy aparece como una desaceleración, se enfila hacia una nueva recesión global. Sí, una que probará que de nada sirvieron los intentos por evitarla, y que a la postre será vista como la fase dos de esta nueva Gran Depresión, que comenzó en 2008.



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viernes, 15 de junio de 2012

BASTA YA DE ESPECULACIONES, SÍ HABRÁ FLEXIBILIZACIÓN CUANTITATIVA QE3


 México, D. F., 15 de Junio 2012 (Guillermo Barba) – En el sistema financiero global que nos ha tocado vivir, es la deflación (entendida como la contracción crediticia), y no la inflación (su expansión), el causante supremo del pánico que sufren los que se benefician más de él. No podría ser de otra manera, si consideramos que esa estructura, para funcionar, depende justamente de la expansión al infinito, de algo que por definición no se puede: la deuda.

Eso explica también por qué, este castillo de naipes en realidad, está construido de dinero fíat que puede ser creado a voluntad, sin el respaldo del oro. Una molesta piedra en el zapato que, hecha a un lado, permitió dar paso a una etapa de crecimiento económico inimaginable, en la que el alza perpetua de los precios se convirtió en parte de la vida cotidiana, y en el arma perfecta e invisible de gobiernos cada vez más intervencionistas.

Por ello, no gusta en absoluto a los principales gobiernos y bancos centrales, que el ciudadano en su búsqueda instintiva de buscar protección y salida a sus problemas, comience a pagar sus deudas y reducir gastos, pues esto es “malo” para el crecimiento económico.

Los párrafos anteriores, nos ayudan a entender, de fondo, por qué la creación monetaria permanente, expresada en las llamadas flexibilizaciones cuantitativas (QE, en inglés), está más que garantizada, con todo lo que ellos significa para el futuro de los metales preciosos: oro y plata.

Sin embargo, mucho se especula sobre si la más representativa de todas, la fase QE3 de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), llegará en la próxima reunión de su Comité de Mercado Abierto (FOMC), a celebrarse el 19 y 20 de junio. En opinión de esta columna, las probabilidades de que su presidente, Ben Bernanke, anuncie ya una nueva compra de bonos del tesoro y activos respaldados en hipotecas, todavía no son muy altas.

Eso, a pesar de las pésimas noticias económicas, y de un evidente cambio de ánimo que da visos de desesperación en varios grupos de poder, como los representados por Goldman Sachs, que a través de Jan Hatzius ha expresado su “confianza” en que el FOMC, relajará la política monetaria en su encuentro de la próxima semana. Ya podemos imaginar el tipo de cabildeo y presiones que están ocurriendo detrás del telón.

Ahora bien. Toda flexibilización cuantitativa, además de un fenómeno monetario, es también político. Los tiempos electorales en Estados Unidos distan mucho de estar en su punto álgido, y la aprobación de Obama se mantiene más o menos estable. Todo ello compensaría, en parte, la innegable desaceleración de su economía, la caída del Índice de Precios al Consumidor y el desendeudamiento hipotecario de las familias americanas entre otros pésimos datos que, no obstante, pueden ser aún peores en los meses por venir.

En este sentido, de no anunciarse el QE3 la semana siguiente, el pronóstico es que se lanzará, a más tardar, en la reunión del FOMC del 12 y 13 de septiembre (nota: en esta columna se adelantó con exactitud, lo que más tarde sería el lanzamiento oficial del QE3, ver el enlace), que al igual que la de junio, presentará un Resumen de Proyecciones Económicas y una conferencia de prensa de Bernanke. Hagan sus apuestas. Lo cierto es que, la reelección de Obama y el QE3, son elementos que deben estudiarse juntos como lo que son: la cara y la cruz de una misma moneda.

Guillermo Barba




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