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viernes, 11 de marzo de 2011

¿BANCOS CENTRALES CONTRA LA INFLACIÓN? (NUNCA COMBATA UN INCENDIO CON GASOLINA)

Es curioso que los principales responsables de la expansión monetaria y del crédito, los bancos centrales del mundo, se dividan ya entre los que no ven la inflación y los que comienzan a “preocuparse” por ella. Ninguno tiene remedio, pues si bien la desvergüenza de los primeros es mayor, los segundos se rasgan las vestiduras en el tema como si en ello no tuvieran nada que ver.

Las muestras más representativas de cada caso, son la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). Banco de México ha tomado partida del lado de la Fed, pues además sus respectivos titulares han concluido lo mismo: no hay presiones inflacionarias serias, pero de llegar a existir por los precios del petróleo y demás commodities, éstas serán “temporales”. Basta revisar las declaraciones de Bernanke y Carstens para notar sus coincidencias.

Estas falaces conclusiones, así como la fingida preocupación por el incremento de precios, nos revelan su nula comprensión de este fenómeno monetario o su desfachatez. Esta semana, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, coordinó conversaciones entre los principales banqueros centrales en las que descargó toda la responsabilidad de lo que llamó “amenaza de inflación”, en los precios del crudo y alimentos. En otras palabras, fue capaz de ver el peligro presente pero ninguna de sus causas estructurales, como si la inflación fuese un asunto de generación espontánea. En cambio, siempre será más fácil atribuir las vicisitudes a coyunturas externas como la inestabilidad en Medio Oriente.

Para contrarrestar estos riesgos, Trichet dio señales de que está listo para comenzar a subir las tasas de interés en la zona Euro. Sin embargo, poco éxito puede augurarse a su intento, pues contra el incendio inflacionario más grande de la historia un solo carro de bomberos con un chorro insignificante de tipos de interés, nada podrá hacer contra las grandes oleadas de combustible (dinero de papel) que se arrojan desde América a todo el orbe.

La apuesta de Carstens, Bernanke y Trichet es que el sobrecalentamiento de economías emergentes como la china, provoque una desaceleración que alivie las presiones en las commodities. Pero el tsunami de liquidez que devalúa al dólar, no se detendrá en el corto plazo, por lo que tanto alimentos como energéticos continuarán su tendencia alcista. Es más, incluso de presentarse una pronunciada desaceleración, los problemas de oferta que atraviesan las commodities seguirán presionando los precios.

Por ese motivo, la lucha de “todos contra la inflación” sólo puede ser liderada por los propios ciudadanos. Aquél que piense que los banqueros centrales le pondrán fin a este problema, verá perder con impotencia la capacidad de compra de su dinero. De ahí que resulte indispensable proteger el valor de lo ganado, jugando las contras a los que se empeñan en robar de los bolsillos de todos. El ahorro en onzas de plata amonedadas como la “Libertad”, en México; las “Eagles”, en la Unión Americana; las “Maple Leaves”, en Canadá, etc., es sin duda una opción insoslayable.

A propósito de la plata, las últimas semanas ha tocado máximos de 31 años, y aunque una corrección parece inminente, lo cierto es que los fundamentos para que su “bull market” (mercado a la alza) continúe, siguen sólidos. A pesar de eso, con tristeza vemos que en México, por un lado, se sigue desaprovechando la oportunidad de monetizar la onza Libertad, y por otro, que la demanda de dicha moneda podría estarse desacelerando.

Según informa Banxico en respuesta a la solicitud de información OFI006-3646 realizada por este columnista, la colocación de onzas Libertad se disparó de 375,282 piezas en 2007, a 1,275,731 en 2008, cuando inició la crisis. Sin embargo, para 2009 sólo creció 20.25 por ciento más, y para 2010 cayó 26.07 por ciento a 1,134,043 unidades. ¿Será acaso que haya quien sí se esté creyendo el cuento de la recuperación? Que cada uno decida qué camino tomar, pero ante la posibilidad de una gran tormenta, más valdrá siempre estar preparados.

viernes, 18 de febrero de 2011

LA "GUERRA" POR LOS ALIMENTOS: EL PUNTO CRÍTICO

En Inteligencia Financiera hemos dedicado por su importancia, un amplio espacio al tema del alza en el precio de los alimentos. No es ninguna sorpresa que los niveles de pobreza y hambre estén vinculados estrechamente a estos, pues las familias de menores ingresos destinan una porción mayor de su gasto a la comida que aquellas más favorecidas. Por ello, cada peso o dólar de aumento implica que miles de personas más se suman sin remedio a las estadísticas de pobreza y desnutrición, dondequiera que se encuentren.

Dos organismos internacionales, la FAO y el Banco Mundial –que cuentan con sendos índices de precios alimenticios, ya han expresado en reportes por separado su preocupación al respecto. El primero, porque su medición acumula siete meses consecutivos hacia arriba; el segundo, porque estima que justo en ese mismo periodo (de junio a enero pasados), 44 millones de personas en países en desarrollo han caído dentro de lo que considera como “pobreza extrema”, es decir, aquellos que sobreviven con menos de 1.25 dólares diarios. Por supuesto, estas coincidencias no son producto de la casualidad.

Nuestro país, como es obvio, no es ajeno a esa realidad. Sin embargo, en cualquier entrevista podemos escuchar muy tranquilo al titular de SAGARPA, Francisco Mayorga, hablar de que el abasto de maíz y hortalizas, por ejemplo, está garantizado a pesar de la tragedia agrícola de un estado tan importante en esa materia, como Sinaloa. Asimismo, que los problemas de precios tienen su origen en las cotizaciones de los productos en el mercado internacional, afectados nada más que por las condiciones climáticas.

Sí, claro que en esas variaciones influyen los fenómenos meteorológicos, pero contrario a lo que cree el alto funcionario, esa no es la raíz de los crecientes precios sino sólo un ingrediente más. Queda clara entonces la intención oficial de atribuir los inminentes aumentos sólo a meras motivaciones externas. Una reedición de aquella frase de: “esta crisis, vino de fuera”.

De este modo se pretende fingir que México puede darse el lujo de perder el 75 por ciento de su producción nacional de maíz (del ciclo otoño-invierno), sin que pase nada; eso no es posible. Las leyes de oferta y demanda no fallan y, en este caso, la menor disponibilidad del grano tendrá severas consecuencias inmediatas en precios como el de la tortilla. Para ello ya sólo es cuestión de tiempo.

En otras palabras, aunque se satisficieran los requerimientos de maíz como promete Francisco Mayorga, éste no estará a costos accesibles para todos. Si no, que le pregunten a los castigados empresarios de la industria tortillera, que ya sufren la subida de sus costes en un ambiente de dura competencia frente a las grandes cadenas, que pueden subsidiar el kilo para ser más competitivos.

Ante estas circunstancias internas, podemos esperar un golpe más fuerte de lo que se preveía por la elevada liquidez monetaria global. La historia demuestra que, cada vez que gobiernos y bancos centrales se dedican a derrochar e imprimir dinero para enfrentar sus dificultades económicas, como está ocurriendo ahora, el resultado es un incremento en el valor de activos tangibles. Las commodities –entre las que se encuentran los alimentos,  forman parte de esos activos que además se potencian con la escasez de inventarios y de tierra cultivable disponible que hay en el mundo.

Mientras no se vislumbre un cambio de dirección en esta política de creación monetaria, la tendencia al alza seguirá imparable. Esa sí, es la causa original de este “big bang”.

Ahora bien, ¿qué sucedería si para cumplir con el abasto se requiriera importar el maíz? Los riesgos son evidentes, pues la crisis alimentaria que se gesta no es exclusiva de México. Aquellas naciones en posición de exportar sus excedentes agrícolas, sobre todo de granos, la pensarán dos veces antes de venderlos, bajo el riesgo de comprometer la oferta suficiente en sus mercados internos. Justo eso sucedió con Rusia el año pasado, cuando prohibió las exportaciones de trigo.

Como en una guerra, los frentes guardan sus provisiones. Es por todo eso que el Banco Mundial califica los precios actuales como “peligrosos”, en punto crítico, pues pueblos hambrientos son susceptibles de organizar movimientos sociales que generan inestabilidad al estilo de Túnez o Egipto. En América Latina, Bolivia, Guatemala, Haití y Honduras enfrentan desafíos todavía mayores al nuestro.

Por eso hoy más que nunca, nada puede haber más importante que, primero, buscar ser autosuficientes en materia alimentaria. Luego, a través de la investigación, del desarrollo y de más infraestructura, sentar las bases para poder ofrecer en el largo plazo, nuestros productos agropecuarios al continente asiático, que será el que lidere el crecimiento económico en el presente siglo. El campo, después de todo, resultará ser un gran negocio si lo sabemos aprovechar.

Guillermo Barba


Twitter: @memobarba