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viernes, 15 de abril de 2011

LA GRAN MINA DE ORO, Y EL "ORO DE LOS POBRES"

Esta semana se dio a conocer el descubrimiento de una mega mina de oro y plata, al noroeste de Durango. Con este nuevo descubrimiento realizado por la empresa canadiense Chesapeak Gold Corp., llegaría a convertirse en la quinta más grande del mundo, con una producción anual de plata de 19.4 millones de onzas, que generaría también en sus 20 años de vida más de 17 millones de onzas del metal amarillo.

De acuerdo a proyecciones de la Cámara Minera de México, con este y otros proyectos en puerta, nuestro país pasaría de la posición 12 a estar en el “Top 5” de los productores de oro en los próximos años. Cabe recordar que en 2010 recuperamos ya el primer lugar en producción de plata a nivel global.

Estas señales constituyen un indicador más de que el “péndulo” de los mercados, ya ha cambiado de dirección. Y es que en esa infalible dualidad -tan evidente para el que la quiere ver, unas veces predominan los activos en papel y otras los activos tangibles. La historia financiera nos permite observar esta asombrosa periodicidad, que marca el compás al que los capitales se mueven.

Así pues, hay tiempos en los que los bienes “de papel”, como las divisas, los bonos (deuda) y las acciones, son la opción inteligente al brindar los mayores rendimientos y la mayor seguridad. Sin embargo, cuando la propia fuerza natural de los mercados conduce a excesos en alguno de sus componentes, oferta y demanda, el equilibrio se rompe, la balanza se inclina y el péndulo camina en sentido opuesto.

Cuando ello ocurre, sólo las mentes más avezadas suelen advertir los cambios y actúan en consecuencia. El efecto, por supuesto, es que lo que antes fue menospreciado, comienza a adquirir fuerza y notoriedad. Si antes los bienes tangibles fueron lo menos, se transforman poco a poco en lo más, hasta tocar el otro extremo: lo que pierde o carece de valor, es todo lo que huela a activos de papel; y el ciclo vuelve a empezar. Comprender esto es fundamental para todo aquel interesado en la adquisición y sobre todo, en la preservación de su riqueza, sea poca o mucha.

Hoy día, somos testigos de este cambio de dirección en un mundo que, grosso modo, podemos decir vivió un auge de activos de papel durante las dos últimas décadas del siglo XX. En 2011 entonces, estamos inmersos en un auge de su contraparte, los bienes materiales como las materias primas, que en los 20 años previos sólo vieron caer su valor, sus precios, su producción y su prestigio. Este nuevo apogeo que comenzó con el nuevo milenio es pues, resultado de un cambio fundamental, no sólo coyuntural.

De ahí que en anticipación a la fase de frenesí (que por cierto es el momento en que la mayor transferencia de riqueza ocurre), con la que suelen concluir estos mercados alcistas, veamos signos claros como las macro inversiones que apuntamos al principio: todos quieren llegar a la olla al final del arcoíris antes que nadie. Los grandes inversores, de este modo, prevén la transición y no esperan.

Por eso, del otro lado de la moneda, los síntomas inequívocos de la etapa de decadencia están aplicando para los activos en papel: las divisas, corrompidas por la impresión masiva de billetes a cargo de los principales bancos centrales; los bonos, por las ínfimas tasas nominales de interés que pagan (negativas en términos reales) y el elevado costo artificial que tienen; y las bolsas que ven opacadas sus utilidades reales frente a las que obtienen las “commodities”.

En este contexto, el rey de los metales y su pareja inseparable, la reina plata, no han dejado de revaluarse en la última década. Por ello, la expresión con la que muchos se han dirigido a esta última al llamarla “el oro de los pobres”, la tiene sin cuidado pues al día de hoy, su desempeño está opacando al de su compañero.

No obstante que ayer mismo oro y plata tocaron máximos, histórico en el primer caso y de 31 años en el segundo (1,479.01 y 42.41 dólares la onza, respectivamente), no debemos perder de vista que, ajustados por inflación oficial, ambos aún se ubican muy por debajo del pico que alcanzaron en enero de 1980. De esta manera, más valdría parafrasear así a un clásico: “oro y plata son dinero, todo lo demás, es crédito”, ¿está claro?

viernes, 11 de marzo de 2011

¿BANCOS CENTRALES CONTRA LA INFLACIÓN? (NUNCA COMBATA UN INCENDIO CON GASOLINA)

Es curioso que los principales responsables de la expansión monetaria y del crédito, los bancos centrales del mundo, se dividan ya entre los que no ven la inflación y los que comienzan a “preocuparse” por ella. Ninguno tiene remedio, pues si bien la desvergüenza de los primeros es mayor, los segundos se rasgan las vestiduras en el tema como si en ello no tuvieran nada que ver.

Las muestras más representativas de cada caso, son la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). Banco de México ha tomado partida del lado de la Fed, pues además sus respectivos titulares han concluido lo mismo: no hay presiones inflacionarias serias, pero de llegar a existir por los precios del petróleo y demás commodities, éstas serán “temporales”. Basta revisar las declaraciones de Bernanke y Carstens para notar sus coincidencias.

Estas falaces conclusiones, así como la fingida preocupación por el incremento de precios, nos revelan su nula comprensión de este fenómeno monetario o su desfachatez. Esta semana, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, coordinó conversaciones entre los principales banqueros centrales en las que descargó toda la responsabilidad de lo que llamó “amenaza de inflación”, en los precios del crudo y alimentos. En otras palabras, fue capaz de ver el peligro presente pero ninguna de sus causas estructurales, como si la inflación fuese un asunto de generación espontánea. En cambio, siempre será más fácil atribuir las vicisitudes a coyunturas externas como la inestabilidad en Medio Oriente.

Para contrarrestar estos riesgos, Trichet dio señales de que está listo para comenzar a subir las tasas de interés en la zona Euro. Sin embargo, poco éxito puede augurarse a su intento, pues contra el incendio inflacionario más grande de la historia un solo carro de bomberos con un chorro insignificante de tipos de interés, nada podrá hacer contra las grandes oleadas de combustible (dinero de papel) que se arrojan desde América a todo el orbe.

La apuesta de Carstens, Bernanke y Trichet es que el sobrecalentamiento de economías emergentes como la china, provoque una desaceleración que alivie las presiones en las commodities. Pero el tsunami de liquidez que devalúa al dólar, no se detendrá en el corto plazo, por lo que tanto alimentos como energéticos continuarán su tendencia alcista. Es más, incluso de presentarse una pronunciada desaceleración, los problemas de oferta que atraviesan las commodities seguirán presionando los precios.

Por ese motivo, la lucha de “todos contra la inflación” sólo puede ser liderada por los propios ciudadanos. Aquél que piense que los banqueros centrales le pondrán fin a este problema, verá perder con impotencia la capacidad de compra de su dinero. De ahí que resulte indispensable proteger el valor de lo ganado, jugando las contras a los que se empeñan en robar de los bolsillos de todos. El ahorro en onzas de plata amonedadas como la “Libertad”, en México; las “Eagles”, en la Unión Americana; las “Maple Leaves”, en Canadá, etc., es sin duda una opción insoslayable.

A propósito de la plata, las últimas semanas ha tocado máximos de 31 años, y aunque una corrección parece inminente, lo cierto es que los fundamentos para que su “bull market” (mercado a la alza) continúe, siguen sólidos. A pesar de eso, con tristeza vemos que en México, por un lado, se sigue desaprovechando la oportunidad de monetizar la onza Libertad, y por otro, que la demanda de dicha moneda podría estarse desacelerando.

Según informa Banxico en respuesta a la solicitud de información OFI006-3646 realizada por este columnista, la colocación de onzas Libertad se disparó de 375,282 piezas en 2007, a 1,275,731 en 2008, cuando inició la crisis. Sin embargo, para 2009 sólo creció 20.25 por ciento más, y para 2010 cayó 26.07 por ciento a 1,134,043 unidades. ¿Será acaso que haya quien sí se esté creyendo el cuento de la recuperación? Que cada uno decida qué camino tomar, pero ante la posibilidad de una gran tormenta, más valdrá siempre estar preparados.