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viernes, 6 de mayo de 2011

MÉXICO, ¿AVERGONZADO POR LLENARSE LOS BOLSILLOS DE ORO?

Ojalá que la frase del título de este artículo hiciera referencia a que la “pujante” economía mexicana, nos estuviera permitiendo a la mayoría de los ciudadanos llenar nuestros bolsillos de oro contante y sonante. Por desgracia no es así, pero resulta que al menos esa expresión es válida en el plano macroeconómico. Y es que esta semana se dio a conocer que, durante el primer trimestre de 2011, Banco de México (Banxico) acumuló una de las mayores compras de oro de su historia: nada menos que 100 toneladas.

No obstante, lo que sin duda fue una decisión acertada de parte de ese Instituto Central (entre muchas equivocadas, por cierto), quedó empañada por una enorme duda: ¿por qué una inversión de estas proporciones en un activo tan poco habitual, ni siquiera mereció en su momento un boletín de prensa tan pobre, como el que sacaron tras la publicación del hecho en el Financial Times?

Dice Banxico en su escueto comunicado, que dichas adquisiciones “se inscriben dentro de la política habitual de este Instituto Emisor referente a la inversión y diversificación de sus activos.” Sin embargo, lo cierto es que esto no tiene nada de habitual, al contrario. Se trata de una de las mayores y más aceleradas compras del metal amarillo que haya hecho un banco central, en la historia reciente, por un monto aproximado de 4.5 mil millones de dólares. B

Banco de México se defiende argumentando que las notas periodísticas se sustentaron en su propio Reporte sobre las Reservas Internacionales y la Liquidez en Moneda Extranjera, publicado en internet, pero queda claro que se comportó como aquel niño inquieto que, después de una de sus travesuras, hace todo lo posible para que sus padres no lo noten.

En este caso, es evidente que alguien tuvo que tomar la decisión de no hacerlo público. Eso en tierra de “sospechosistas”, nos conduce a pensar que quizá no se haya querido incomodar al país vecino que, vaya casualidad, es el emisor del enemigo público número uno del oro: el dólar.

¿De veras era una vergüenza admitir abiertamente que nuestro país se sumó a otras naciones que han expandido sus reservas de oro como Rusia, India y China? No tendría por qué haberlo sido. Después de todo, cada país tiene el genuino derecho de obrar conforme a sus propios intereses.

Sea como fuere, la realidad es que el hecho de que en el propio vecindario de los Estados Unidos se esté considerando reducir las reservas internacionales en su divisa, es una señal más de que la suerte del dólar está echada. Esos 4.5 mil millones de dólares no fueron a dar a Bonos del Tesoro norteamericano para ganar cero intereses, como de costumbre, sino que fueron convertidos en dinero real, un bien valioso y tangible. Eso es justo lo que poco a poco comienzan a hacer cada vez más bancos centrales y personas, que guardan sus propias reservas para el día en que el billete verde, y en general el dinero ficticio, sean sometidos a su “Juicio Final”.

Por eso, hoy que ha llegado una sana corrección a los mercados de oro y plata, no debemos perder de vista el bosque distrayéndonos con un árbol. Si bien el rey de los metales cayó por debajo de los 1,500 dólares la onza, todavía está uno por ciento arriba de donde se encontraba hace sólo un mes, y su caída no ha sido estrepitosa como la de su compañera.

El caso de la plata es distinto, pues los datos muestran que quizás subió demasiado en muy poco tiempo, y su corrección será más drástica. Pero el bosque al cual nos referimos, sigue ahí: la debilidad de la economía y su adicción a la impresión de dinero para mantenerse con vida, las monumentales e impagables deudas soberanas en Europa y Estados Unidos, los incontrolables déficits fiscales, etc.

En fin, el punto es que, para los desilusionados que piensan que el oro y la plata están enfermos, mejor váyanse haciendo a la idea de todo lo contrario; lo que vieron en las últimas semanas, no fue más que un mero ensayo de lo que vendrá cuando de veras estén ardiendo. No por nada se dice: “no hay ninguna fiebre, como la fiebre del oro”.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿BANCOS CENTRALES CONTRA LA INFLACIÓN? (NUNCA COMBATA UN INCENDIO CON GASOLINA)

Es curioso que los principales responsables de la expansión monetaria y del crédito, los bancos centrales del mundo, se dividan ya entre los que no ven la inflación y los que comienzan a “preocuparse” por ella. Ninguno tiene remedio, pues si bien la desvergüenza de los primeros es mayor, los segundos se rasgan las vestiduras en el tema como si en ello no tuvieran nada que ver.

Las muestras más representativas de cada caso, son la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). Banco de México ha tomado partida del lado de la Fed, pues además sus respectivos titulares han concluido lo mismo: no hay presiones inflacionarias serias, pero de llegar a existir por los precios del petróleo y demás commodities, éstas serán “temporales”. Basta revisar las declaraciones de Bernanke y Carstens para notar sus coincidencias.

Estas falaces conclusiones, así como la fingida preocupación por el incremento de precios, nos revelan su nula comprensión de este fenómeno monetario o su desfachatez. Esta semana, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, coordinó conversaciones entre los principales banqueros centrales en las que descargó toda la responsabilidad de lo que llamó “amenaza de inflación”, en los precios del crudo y alimentos. En otras palabras, fue capaz de ver el peligro presente pero ninguna de sus causas estructurales, como si la inflación fuese un asunto de generación espontánea. En cambio, siempre será más fácil atribuir las vicisitudes a coyunturas externas como la inestabilidad en Medio Oriente.

Para contrarrestar estos riesgos, Trichet dio señales de que está listo para comenzar a subir las tasas de interés en la zona Euro. Sin embargo, poco éxito puede augurarse a su intento, pues contra el incendio inflacionario más grande de la historia un solo carro de bomberos con un chorro insignificante de tipos de interés, nada podrá hacer contra las grandes oleadas de combustible (dinero de papel) que se arrojan desde América a todo el orbe.

La apuesta de Carstens, Bernanke y Trichet es que el sobrecalentamiento de economías emergentes como la china, provoque una desaceleración que alivie las presiones en las commodities. Pero el tsunami de liquidez que devalúa al dólar, no se detendrá en el corto plazo, por lo que tanto alimentos como energéticos continuarán su tendencia alcista. Es más, incluso de presentarse una pronunciada desaceleración, los problemas de oferta que atraviesan las commodities seguirán presionando los precios.

Por ese motivo, la lucha de “todos contra la inflación” sólo puede ser liderada por los propios ciudadanos. Aquél que piense que los banqueros centrales le pondrán fin a este problema, verá perder con impotencia la capacidad de compra de su dinero. De ahí que resulte indispensable proteger el valor de lo ganado, jugando las contras a los que se empeñan en robar de los bolsillos de todos. El ahorro en onzas de plata amonedadas como la “Libertad”, en México; las “Eagles”, en la Unión Americana; las “Maple Leaves”, en Canadá, etc., es sin duda una opción insoslayable.

A propósito de la plata, las últimas semanas ha tocado máximos de 31 años, y aunque una corrección parece inminente, lo cierto es que los fundamentos para que su “bull market” (mercado a la alza) continúe, siguen sólidos. A pesar de eso, con tristeza vemos que en México, por un lado, se sigue desaprovechando la oportunidad de monetizar la onza Libertad, y por otro, que la demanda de dicha moneda podría estarse desacelerando.

Según informa Banxico en respuesta a la solicitud de información OFI006-3646 realizada por este columnista, la colocación de onzas Libertad se disparó de 375,282 piezas en 2007, a 1,275,731 en 2008, cuando inició la crisis. Sin embargo, para 2009 sólo creció 20.25 por ciento más, y para 2010 cayó 26.07 por ciento a 1,134,043 unidades. ¿Será acaso que haya quien sí se esté creyendo el cuento de la recuperación? Que cada uno decida qué camino tomar, pero ante la posibilidad de una gran tormenta, más valdrá siempre estar preparados.