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viernes, 21 de septiembre de 2012

UN TSUNAMI DE DINERO DEVASTARÁ EL MUNDO


Existe en el planeta una ola gigantesca, más grande que cualquier tsunami que jamás se haya producido, y que amenaza con destruir el mundo civilizado como lo conocemos. Esa onda devastadora, por primera vez en la historia de la humanidad, se está generando simultáneamente desde varias latitudes, y es justo por ello, que sus consecuencias serán también sin precedentes.

Se trata, ni más ni menos, de la inundación global de dinero fíat (dinero de papel y/o digital), que los principales bancos centrales están inyectando a la economía, con la supuesta intención de estimular el crecimiento y la generación de empleos.

Esa gran mentira, será la versión oficial que escucharemos siempre, pero que esconde una realidad: jamás la impresión de billetes sin control ha creado riqueza, pues si así fuera ni el aumento interminable de los precios, ni la pobreza, existirían. Bastaría con repartir billetes a todos cada vez que lo necesitaran, incluso, sin tener que trabajar.

Un sueño tan maravilloso como absurdo, que existe gracias a la batalla temporal que ganaron los apologistas del sistema de reserva fraccionario, los adoradores de la deuda y los adictos al consumismo, cuando en 1971 el dólar –y por ende todas las demás divisas, abandonó por decreto el patrón oro.

Ese molesta “reliquia barbárica” que les impedía expandir a su entera voluntad la cantidad de circulante,  aunque lo hicieron, pues para ello hacía falta antes tener su respaldo en el escaso metal físico.

Una vez removido ese estorbo, pocos se atreverían a desafiar la idea que en otros tiempos hubiese parecido ridícula, de aceptar como pago por mercancías ya no otras mercancías, sino meros billetes pintados de verde que los americanos podrían crear sin límites, y que los demás países estarían obligados a acumular como “reserva”.

De ese experimento que ya cumple más de 41 años, puede conocerse de antemano el resultado volteando a ver lo que ha pasado con todos los que antes intentaron hacer lo mismo, como la Francia de finales del siglo XVIII (descargue el libro gratis: http://bit.ly/ojPJDU). Esta vez, no solo no será diferente, sino que la ruina y miseria que acarreó, serán mundiales.

No es casualidad entonces, que el oro y la plata físicos, el dinero real, se sigan escondiendo en las manos de aquellos que buscan guarecerse de esas calamidades.

Los ejemplos de esta creación monetaria, llamada ahora “flexibilización cuantitativa” (QE en inglés), son tan inmediatos que en menos de una semana tenemos dos: la Reserva Federal (Fed) estadounidense y su tercera ronda QE3 o QE ad infititum; y el Banco de Japón (BoJ) que decidió ampliar su “estímulo” monetario aumentando sus compras de activos a 80 billones de yenes.

La siguiente gráfica de Steen Jakobsen, economista en jefe de Saxo Bank Dinamarca (tomada del blog de “Mish” Shedlock), es muy clara al exhibir los crecientes porcentajes de las hojas de balance de la Fed, el Banco Central Europeo (ECB), el de Japón (BoJ) y el de Inglaterra (BoE) respecto al PIB nominal de sus países. Pura creación monetaria.


La Fed, que se había rezagado, tardará solo algunos meses en alcanzar niveles cercanos a los del ECB y el BoJ. No sería una sorpresa entonces, que el siguiente en la lista de anuncios de inyección de liquidez, sea el Banco de Inglaterra. Más agua y fuerza para el “tsunami” financiero.

No podemos olvidar que el ECB, aunque en teoría no puede hacer lo mismo, se ha comprometido en la compra ilimitada de bonos de naciones en problemas, que en los hechos, es una monetización disfrazada de su deuda, un fraude.

Todo esto, en medio de un contexto en el que una nueva recesión global es inminente, como lo anticipan los pésimos datos económicos revelados esta semana en la eurozona, que ha sufrido su peor contracción desde junio de 2009; en Japón, cuyas exportaciones se han hundido por tercer mes consecutivo; en China, que ve su índice de producción manufacturera en mínimos de 10 meses;  y en los propios Estados Unidos, cuyas manufacturas tuvieron su peor trimestre en tres años.

En suma, pese a que los resultados demuestran que las flexibilizaciones cuantitativas no solo no solucionan nada, sino que agravan el problema de fondo (el exceso de crédito, deuda y consumo), la recurrencia e intensidad de las crisis, los bancos centrales no se detendrán. No es lo correcto, pero es lo único que saben y se sienten dispuestos a hacer, pues las presiones que reciben tras bambalinas son inimagibnables.

Ojalá que gobernantes y presidentes de esos institutos centrales, entendieran que la “borrachera” de expansión crediticia se ha terminado, y que cuando se llega a este punto no queda más que resentir la depresión y pagar las consecuencias de sus excesos. Cuanto más pronto ocurra esto, por la buena o por la mala, más cerca se estará de iniciar la verdadera recuperación económica.


Guillermo Barba

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viernes, 5 de agosto de 2011

¡SE HUNDEN LAS BOLSAS! LLEGÓ EL GRAN COLAPSO

Las señales del colapso estuvieron siempre para el que las quiso ver. Por supuesto, en este rango no entran gobernantes, periodistas y medios que, una y otra vez, afirmaron que la recuperación económica estaba en marcha. Ante lo que no quisieron ver –u ocultaron, esta semana los mercados financieros los evidenciaron con un mensaje claro y contundente, al desplomarse los índices bursátiles. Este jueves negro en México, vio a la Bolsa Mexicana de Valores tener su peor caída desde 2009 (-3.37%), mientras que en Wall Street el Dow Jones y el S&P500 perdieron 4.31 y 4.78%, respectivamente.

Al cierre de esta columna, los índices asiáticos los imitaban teniendo su peor derrumbe desde marzo. En palabras llanas, el rebote económico provocado por todo el arsenal de estímulos fiscales y monetarios que soltaron, se agotó; estas caídas, son solo un reflejo. Descanse en paz su “recuperación”.

Como es evidente, cuando el dinero sale de un lado después entra en otro, por lo que el dólar, el franco suizo y los bonos del Tesoro estadounidense destacaron entre los ganadores del día, con lo que no queda lugar a dudas que, la madre de todas las burbujas, es la de los “treasuries”. Y es que por contradictorio que parezca, tanto el billete verde como sus bonos soberanos siguen siendo considerados aún, como un refugio seguro. De ahí que sus rendimientos, a pesar de ser ya tan bajos, sigan comprimiéndose.

Eso sí, llegará el día en que esta farsa global –en  la que todo el sistema se basa en dinero fíat (de papel), tendrá que caer por su propio peso, y entonces el dinero real (oro y plata) con su propia burbuja, verá estallar ante sus ojos la de los bonos yanquis.

Mientras tanto, la realidad es que como ya hemos señalado con anterioridad, es posible (y deseable) que ante el gran colapso que ha reiniciado, se presente una liquidación mayor en metales preciosos y otras commodities, que podría ser la última gran oportunidad de compra. Su “bull market” (mercado alcista), por lo tanto, seguirá intacto y más fuerte que nunca.

Por supuesto, la evidente tendencia bajista verá por momentos algunos rebotes temporales, hasta que las voces desesperadas de los inversionistas y grandes capitales de hoy, se conviertan mañana en exigencias de más de esa poderosa droga a la que el sistema es adicto: la impresión monetaria. De hecho, esta ya inició en Japón y Suiza que han tenido que inyectar (crear) dinero para tratar de controlar la apreciación de sus monedas. Asimismo, el Banco Central Europeo a través de su torpe titular, Jean-Claude Trichet, ha indicado que está listo para volver a intervenir en forma selectiva en el mercado de bonos irlandés y portugués.

¿Queda alguna duda de que nadie quiere una moneda fuerte? Por lo tanto, la guerra de divisas continuará también, hasta que el propio presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, termine anunciando alguna modalidad de “relajamiento cuantitativo” (QE3).

Ahora bien, para los escépticos que a estas alturas dudan que recaigamos en una recesión, habría que decirles que según estadísticas de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés), desde 1945 a la fecha, Estados Unidos ha caído en recesión luego de un promedio de 59 meses de expansión. No obstante, en ese periodo ha habido extremos en los que la misma fue tan breve como 12 meses (’81-’82), y tan larga como 10 años (1991-2001). O sea, una recaída en todo caso, es sólo cuestión de tiempo. Si como mero ejercicio tomáramos la media de meses de crecimiento (casi 5 años), eso marcaría altas probabilidades de contracción hacia 2014.

Para como están las cosas, se ve muy difícil que la economía aguante tanto, sobre todo si consideramos que en 2008-2009, cuando estalló la crisis, ni siquiera había reventado el problema en Grecia, España, Portugal, Irlanda, ni tampoco Estados Unidos tenía los problemas que enfrentó recientemente para elevar su techo de endeudamiento.

¿Qué “estímulos” les quedarán para la próxima vez? Si añadiéramos un ingrediente más, una eventual desaceleración china, el trazo de la tormenta perfecta queda concluido para lo que algún día, en definitiva, quedará marcado como la Gran Depresión que nos tocó vivir.

Twitter: @memobarba