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jueves, 27 de junio de 2013

EL ORO Y LA PLATA ¡A PRECIO DE OFERTA!

Imagen: Keywordpictures
En el mundo solo hay dos grandes fuerzas emocionales que mueven a cualquier mercado, o mejor dicho, a sus participantes: miedo y ambición. Ambos son los responsables de los grandes colapsos financieros de la historia, como también de las burbujas más absurdas de que se tenga registro.

Y es que las grandes masas de inversionistas, sin importar cuántas veces se repita, cometerán siempre el error de auto convencerse de que, si todos piensan igual, no pueden estar equivocados.

Esto, sin embargo, representa una enorme oportunidad para una minoría que desde fuera, observa cómo aquellos se dirigen en la dirección contraria a la de sus propios intereses, como si se tratara del viejo mito del suicidio colectivo de los “lemmings”.

De ahí que ese juego tenga un desenlace invariable: ganan pocos, pierden muchos.

Quizá lo más curioso y no casual del caso, es que en ese tránsito los medios siempre contribuyen a que la situación, sea permanente. Después de todo, no son ellos los que pierden.

El tema que nos ocupa, el del mercado del oro, es buen ejemplo de una situación en la que el pánico, hace de los inversores más apalancados, ingenuos, crédulos y/o desesperados, las víctimas consentidas que salen a venderlo todo. Son lo que se conoce como “manos débiles”.

Estas son sin saberlo, presas de aquellos que, tras bambalinas, manipulan el mercado a su antojo con grandes ventas de “oro” y “plata” papel, para engañar con su falso mensaje: el oro es una “reliquia barbárica”, una simple materia prima cuyo valor se desvanece. Dolosa conclusión.

Mientras tanto, las manos fuertes del llamado “dinero inteligente” sacan provecho en el mercado de metal físico, ansiando y comprando a precio de ganga lo que “nadie” quiere, abordando el barco que supuestamente “se hunde”.

¿Qué saben ellos que los demás no? Nada más allá del alcance del sentido común.

Así se nota en el comportamiento de verdaderos expertos internacionales de la talla del afamado Jim Rogers.

El autor de “best sellers” como “Hot Commodities” y creador del Rogers International Commodity Index (índice de futuros de materias primas), ha expresado en numerosas ocasiones su visión pesimista sobre el devenir económico-financiero, y positiva respecto a productos agrícolas, metales preciosos, entre otros.

Todo, cortesía de las irresponsables políticas expansionistas de los bancos centrales, y de gobiernos que pretenden estimular la economía con gasto público.

En particular sobre el oro, comparte la visión optimista de este blog, en el mediano y largo plazos.

En sendas entrevistas recientes con Tekoa Da Silva y el portal Hard Assets Investor, ha dicho cosas que no se pueden pasar por alto, como que “no se ha visto todavía una burbuja en el precio del oro”.

Las señales son muy claras y tan simples para el que las quiere ver, como que aún se lee en las calles numerosos anuncios de “compro oro y plata”, y que en cambio, cuando exista una burbuja de verdad, los anuncios que se verán cambiarán a “vendo oro”.

La gente, entonces, se formará para comprarlo en grandes cantidades a precios exagerados. Lo mismo sucederá en los principales centros financieros globales.

Todos los grandes mercados alcistas terminan en ese frenesí. Como decíamos, el ciclo de siempre: pierden los “lemmings”, ganan las “manos fuertes” que invirtieron en valor, no solo en el precio.

Por eso Rogers dice que sí presta atención a lo que está pasando, que sabe que el oro está colapsando, pero que no escucha a otras personas que tratan de convencerlo de que el metal está acabado, para no cometer el mismo error.

En cambio, recomienda: “descubran qué ha bajado más y dónde está la mayoría de pesimistas […] No sé si hay más pesimistas en plata, oro o en azúcar en este momento. Pero donde quiera que ellos estén, es donde ustedes deberían mirar.”

Vaya divergencia de discurso de alguien con décadas en el mercado real, respecto al de un simple agorero anti oro como el académico Nouriel Roubini, que muy a su pesar ha estado equivocado ya antes en su expectativa catastrofista respecto al metal áureo.

Sean leyendas de la inversión o académicos serios como Antal Fekete, fundador de la Nueva Escuela Austríaca de Economía, la coincidencia es la misma respecto a la valía indiscutible del oro, y más, en las circunstancias económicas actuales.

Por primera vez en años, Rogers ha declarado de forma abierta esta semana que compró oro, pues asegura que “usualmente cuando tienes este tipo de liquidación forzada, te estás acercando al fondo, tal vez no al fondo final, pero ciertamente a un fondo”.

Asimismo, debemos considerar lo que este blog le ha revelado en su entrega anterior: los precios del oro y la plata ya se encuentran por debajo de sus costos de producción, lo que implica que las provisiones de ambos metales se irán limitando cada vez más, en un contexto en el cual las existencias físicas siguen desplazándose de Occidente a Oriente –sobre todo India y China, de donde no volverán.

De igual modo, la estrechez del mercado físico se hace evidente con el fenómeno de “backwardation”, que también hemos explicado, y que en última instancia derivará en el colapso del mercado de futuros.


Así que la próxima vez que quiera seguir a todos en el mercado, piénselo dos veces. No vaya a ser que, con el tiempo, descubra que cometió un grave error.

viernes, 21 de septiembre de 2012

UN TSUNAMI DE DINERO DEVASTARÁ EL MUNDO


Existe en el planeta una ola gigantesca, más grande que cualquier tsunami que jamás se haya producido, y que amenaza con destruir el mundo civilizado como lo conocemos. Esa onda devastadora, por primera vez en la historia de la humanidad, se está generando simultáneamente desde varias latitudes, y es justo por ello, que sus consecuencias serán también sin precedentes.

Se trata, ni más ni menos, de la inundación global de dinero fíat (dinero de papel y/o digital), que los principales bancos centrales están inyectando a la economía, con la supuesta intención de estimular el crecimiento y la generación de empleos.

Esa gran mentira, será la versión oficial que escucharemos siempre, pero que esconde una realidad: jamás la impresión de billetes sin control ha creado riqueza, pues si así fuera ni el aumento interminable de los precios, ni la pobreza, existirían. Bastaría con repartir billetes a todos cada vez que lo necesitaran, incluso, sin tener que trabajar.

Un sueño tan maravilloso como absurdo, que existe gracias a la batalla temporal que ganaron los apologistas del sistema de reserva fraccionario, los adoradores de la deuda y los adictos al consumismo, cuando en 1971 el dólar –y por ende todas las demás divisas, abandonó por decreto el patrón oro.

Ese molesta “reliquia barbárica” que les impedía expandir a su entera voluntad la cantidad de circulante,  aunque lo hicieron, pues para ello hacía falta antes tener su respaldo en el escaso metal físico.

Una vez removido ese estorbo, pocos se atreverían a desafiar la idea que en otros tiempos hubiese parecido ridícula, de aceptar como pago por mercancías ya no otras mercancías, sino meros billetes pintados de verde que los americanos podrían crear sin límites, y que los demás países estarían obligados a acumular como “reserva”.

De ese experimento que ya cumple más de 41 años, puede conocerse de antemano el resultado volteando a ver lo que ha pasado con todos los que antes intentaron hacer lo mismo, como la Francia de finales del siglo XVIII (descargue el libro gratis: http://bit.ly/ojPJDU). Esta vez, no solo no será diferente, sino que la ruina y miseria que acarreó, serán mundiales.

No es casualidad entonces, que el oro y la plata físicos, el dinero real, se sigan escondiendo en las manos de aquellos que buscan guarecerse de esas calamidades.

Los ejemplos de esta creación monetaria, llamada ahora “flexibilización cuantitativa” (QE en inglés), son tan inmediatos que en menos de una semana tenemos dos: la Reserva Federal (Fed) estadounidense y su tercera ronda QE3 o QE ad infititum; y el Banco de Japón (BoJ) que decidió ampliar su “estímulo” monetario aumentando sus compras de activos a 80 billones de yenes.

La siguiente gráfica de Steen Jakobsen, economista en jefe de Saxo Bank Dinamarca (tomada del blog de “Mish” Shedlock), es muy clara al exhibir los crecientes porcentajes de las hojas de balance de la Fed, el Banco Central Europeo (ECB), el de Japón (BoJ) y el de Inglaterra (BoE) respecto al PIB nominal de sus países. Pura creación monetaria.


La Fed, que se había rezagado, tardará solo algunos meses en alcanzar niveles cercanos a los del ECB y el BoJ. No sería una sorpresa entonces, que el siguiente en la lista de anuncios de inyección de liquidez, sea el Banco de Inglaterra. Más agua y fuerza para el “tsunami” financiero.

No podemos olvidar que el ECB, aunque en teoría no puede hacer lo mismo, se ha comprometido en la compra ilimitada de bonos de naciones en problemas, que en los hechos, es una monetización disfrazada de su deuda, un fraude.

Todo esto, en medio de un contexto en el que una nueva recesión global es inminente, como lo anticipan los pésimos datos económicos revelados esta semana en la eurozona, que ha sufrido su peor contracción desde junio de 2009; en Japón, cuyas exportaciones se han hundido por tercer mes consecutivo; en China, que ve su índice de producción manufacturera en mínimos de 10 meses;  y en los propios Estados Unidos, cuyas manufacturas tuvieron su peor trimestre en tres años.

En suma, pese a que los resultados demuestran que las flexibilizaciones cuantitativas no solo no solucionan nada, sino que agravan el problema de fondo (el exceso de crédito, deuda y consumo), la recurrencia e intensidad de las crisis, los bancos centrales no se detendrán. No es lo correcto, pero es lo único que saben y se sienten dispuestos a hacer, pues las presiones que reciben tras bambalinas son inimagibnables.

Ojalá que gobernantes y presidentes de esos institutos centrales, entendieran que la “borrachera” de expansión crediticia se ha terminado, y que cuando se llega a este punto no queda más que resentir la depresión y pagar las consecuencias de sus excesos. Cuanto más pronto ocurra esto, por la buena o por la mala, más cerca se estará de iniciar la verdadera recuperación económica.


Guillermo Barba

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