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martes, 21 de enero de 2014

¿CÓMO MEDIR CORRECTAMENTE LA #DEFLACIÓN?




Imagen:
www.cmi-gold-silver.com/
Antes de entender lo que es el “precio” de algo, debe tenerse claro qué es qué no es lo que conocemos como dinero, pues el primero siempre será entendido en términos de determinada cantidad del segundo.

El dinero es una institución social y no una creada por el Estado. El origen de éste fue perfectamente explicado por Carl Menger –fundador de la Escuela Austríaca de Economía, en obras como “El Origen del Dinero” y “Principios de Economía”. En este espacio hacemos una invitación a conocer la valiosa obra de Menger, que ha sido ninguneada por las actuales escuelas predominantes: la monetarista y la keynesiana.

Pues bien, el dinero se define en términos de “mercadeabilidad”. Así pues, es el bien más vendible en determinado tiempo y espacio el que tenderá a convertirse en el medio de intercambio general. Es por eso que a lo largo de la historia de la humanidad, mercancías tan diversas como la sal, el cacao, conchas de mar, té o ganado han jugado este importante rol.

La razón es que el ser humano económico se dio cuenta de la necesidad de minimizar sus pérdidas a la hora de comerciar. Al principio, un sujeto A solo podría cambiar sus mercancías con el sujeto B si éste, a su vez, estaba dispuesto a entregar las suyas en reciprocidad.

Las complicaciones y problemas de este mecanismo directo conocido como trueque son obvias: si la persona B no quería recibir las mercancías de A, ni viceversa, tendrían ambas que salir a encontrar no solo quien sí las quisiera, sino además, que esa persona a su vez estuviera ofreciendo lo buscado por A y por B.

El desarrollo mismo del mercado, sin la intervención del Estado, permitió que aquellos más perspicaces notaran las ventajas de intercambiar sus mercancías primero por una más comúnmente aceptada por la mayoría, aunque ésta solo la deseara y utilizara para canjearla a su vez, por el bien que quería desde un principio. Un intercambio indirecto.

Esa segunda mercancía, usada como medio para llegar a un fin, es la que fungiría como dinero.

Ese proceso de ir descubriendo el mejor de los “dineros”, tanto en distintos lugares al mismo tiempo, como en los mismos lugares en diferentes momentos, ha concluido siempre en el descubrimiento de los metales preciosos, oro y plata, como los más convenientes para esa función.

Sus características y propiedades pues, los elevaron al rango de dinero por excelencia, como las mercancías más vendibles de todas y con el menor diferencial (spread) entre el precio de compra y de venta, gracias al apetito humano por aceptarlas y hasta acumularlas de manera casi ilimitada, en una palabra, por su valor.

La vieja frase de que una “monedita” de oro cae bien a todos, resultó cierta. De hecho, el comienzo de la acuñación de moneda, esta sí por parte del Estado al establecer contenidos y grado de pureza de las mismas, elevó aún más la por sí “vendibilidad” más alta de los metales preciosos.

Siendo el oro el dinero supremo, cualquier precio verdadero tiene que ser expresado en función de él. 
Imagen: www.coinnews.net
Todo “precio” (así entrecomillado) medido en dinero fíat (pesos, dólares, euros, etc.), es aparente, pues para conocer su precio real, debe ser comparado a su vez con el “precio” fíat del oro para saber su equivalencia en masa del metal.

Recordemos que por lo general, el “precio” fíat que se da a conocer es el de la onza de oro puro (31.1 gr.) en dólares de Estados Unidos.

En este entendido, nada importa la desmonetización forzada del oro que hicieron los gobiernos del mundo para imponer sus esclavizantes divisas de papel, cualquier “precio” para ser entendido en términos de precio verdadero o real, debe ser a su vez convertido a precio en oro (sea en gramos, onzas, etc.).

Por lo tanto, cuando se va a analizar el desarrollo futuro de los “precios”, o sea si habrá inflación (subida) o deflación (baja), debe examinarse si las mercancías en el comercio serán intercambiadas por más oro (precios verdaderos al alza), o por menos (precios reales a la baja).

Deflación no es otra cosa entonces que los precios verdaderos (cantidad de oro) desplomándose.

Aquí le he explicado cómo por medio de la utilización de dos herramientas de análisis como la Base y la Cobase del oro –que miden de diferente forma inversa la relación que guarda el precio al contado o spot del metal con el de los contratos de futuros más próximos, podemos darnos cuenta de que éste se encuentra desde el año pasado en una situación de “backwardation” que tiende a la permanencia.

En términos simplificados, esa backwardation nos dice que el oro tiende a salir de la circulación, por la creciente montaña de deudas impagables en dinero fíat que se acumulan en el mundo, cortesía del derroche universal de los gobiernos, y de la monetización que de ella hacen los bancos centrales al imprimir billetes “de la nada”.

Otra cara de esas deudas impagables es por cierto el sobreapalancamiento que hay de oro en el planeta.

En palabras sencillas, hay más oro del que es posible entregar en físico (a causa de los derivados de oro, préstamos de bancos centrales y el sistema de reserva fraccionaria con que operan los especializados Bullion Banks), y ante esta anomalía, de nuevo los más avezados están corriendo apresurados para acumularlo en manos privadas, antes de que se “agote”.

Imagen: Oroyfinanzas.com
Como en el juego de las sillas, cuando la “música” de la recuperación económica deje de tocar y de pronto todo el planeta descubra el monstruo deflacionario que ha nacido, todos correrán a por sus lingotes y monedas. 

Para desgracia de la mayoría, el oro ya no estará ahí, ni en el Comex (Commodity Exchange) ni en el Banco de Inglaterra ni en ninguna parte, o sí, pero lo estará en manos de quien no lo enajenará jamás a ningún “precio” fíat.

¿Quién en medio de un naufragio a mitad del océano querría vender el bote salvavidas de su familia, así le ofrecieran a cambio todo el dinero del mundo?

Ese colapso de los “precios”, su desaparición de facto, la imposibilidad convertir dólares, euros, pesos, etc. en oro contante y sonante, o dicho de otro modo, que no valgan nada en términos del metal, es hiperdeflación: el cese del intercambio de “dinero” fíat por dinero real, la extinción de su “precio”.

Ese que aquí podríamos llamar el Gran Colapso Original, que ha sido predicho por el análisis científico del Prof. Antal E. Fekete, fundador de la Nueva Escuela Austríaca de Economía, de inmediato se trasladará a todos los demás mercados, y más que nada al de materias primas.

A eso se refiere el gurú de las commodities Jim Rogers, cuando ha hablado de que “no habrá comida a ningún precio”. Sí, a ningún “precio” fíat. Los tenedores de materias primas solo aceptarán trueque, es decir, ser pagados a precios reales a cambio de dinero real, verdadero (oro y plata físicos), para a su vez tener capacidad de canjearlo por lo que necesiten.

Esta deflación puede verse como encarecimiento del oro en términos de mercancía, o bien, como que a cambio de “X” o “Y” bienes como pueden ser petróleo o trigo, podrá obtenerse menos oro, y mucho menos del que se puede obtener hoy. Un desplome de los precios verdaderos.

Con esto presente, puede comprenderse mejor que el que los asiáticos –sobre todo China- se estén llevando el oro y vaciando las arcas occidentales, no implica nada más un cambio de lugar de almacenamiento para el metal, sino una transferencia colosal de riqueza y poder real, que marcará sin duda el inicio de una nueva era para la humanidad.


Una, en la que por desgracia, habrá solo dos bandos: los que anticiparon el cambio… y los que se quedaron atrás.

jueves, 8 de noviembre de 2012

HIPERINFLACIÓN: CUIDADO, NO ES UN CUENTO CHINO



La historia está repleta de casos en los que la insensatez, ha conducido a graves episodios de lo que se conoce como hiperinflación. Esta, ocurre cuando hay una pérdida absoluta de confianza en una divisa, y ante la caída en su aceptación, los precios medidos en ella se disparan rápido y a niveles inimaginables: para recibir un pago, se exige cada vez más y más cantidad de ese falso dinero para tratar de compensar la devaluación inmediata que sufre, incluso, mientras apenas se pasa entre las manos.

Una carrera sin control provocada por la creación masiva de dinero de papel, que a diferencia del real, el oro y la plata, puede ser creado “de la nada”. Visto desde otra óptica, no es que los precios suban, sino que es el valor de la divisa el que se diluye, en proporción a la velocidad con que ésta se imprime e inyecta al mercado.

La respuesta que dan las leyes de la economía es muy claro: “podrán crear las divisas a voluntad, pero no así la riqueza”. De ser tan fácil, la pobreza no existiría en el mundo, pues bastaría con entregar o depositar en efectivo una determinada cantidad a las personas, para satisfacer todas sus necesidades y deseos, un absurdo.

La hiperinflación suele presentarse a causa de algún acontecimiento violento, de gran impacto, como una guerra civil o contra otro país, por lo que juega también un rol fundamental la decisión política de financiar de forma directa, gastos con billetes recién impresos y sin respaldo en metal. El impacto es inmediato, pues la puesta en circulación es instantánea.

El caso de la China de mediados del siglo XX, es uno de los más representativos de entre los fenómenos hiperinflacionarios. Un reciente estudio de Steve H.Hanke y Nicholas Krus, editado por el “Cato Institute”, ha podido estimar que entre octubre de 1947 y mediados de mayo de 1949, tomaba en promedio solo 5.34 días para que los precios, medidos en yuanes, se duplicaran.

Con su cálculo, en el mes de inflación más alta (abril de 1949), la tasa fue de un impresionante 5,070%. Cabe recordar que esto sucedía en medio de la cruenta lucha interna por el control del país, entre Nacionalistas y Comunistas, que culminaría con la victoria de estos últimos, y  que dio pie a la fundación formal de la República Popular China, por Mao Zedong, el 1 de octubre de ese mismo año.

De ahí que los gastos que ambos bandos financiaron con papel, fueron sobre todo los bélicos. Los comunistas incluso pusieron en circulación divisas locales en las zonas que fueron controlando.

Del mismo modo, cabe señalar también que durante los 10 últimos años que los nacionalistas ostentaron el poder, mantuvieron siempre elevados déficits fiscales, en parte también, para hacer frente a los gastos militares producto de la guerra con Japón, que duró de 1937 a 1945. No es casual por tanto, que en ese periodo China hubiera sufrido un periodo hiperinflacionario previo, aunque menor, entre julio de 1943 y agosto de 1945, cuando la duplicación de precios tomaba solo 15.2 días.

Llama la atención que justo a la mitad de la segunda gran hiperinflación china, el 19 de agosto de 1948, fue introducida una reforma monetaria que reemplazó los viejos billetes por nuevos “yuanes de oro”, a una razón de tres millones a uno. Desde luego, la palabra “oro” solo era una idea para dar más “confianza”, pues en realidad no se trataba de billetes amparados, redimibles en el metal. Era simplemente otra divisa que correría luego la misma suerte que la anterior.

En realidad, lo más relevante de esa reforma fue que se prohibió la tenencia de oro y plata a los individuos, que tenían que entregarlo al banco central de forma obligatoria a cambio de “yuanes de oro”. Tanto precios como tipos de cambio fueron congelados a los niveles vigentes en esa fecha, y se impusieron castigos severos contra “especuladores” y aquellos que fueran descubiertos realizando transacciones en el mercado negro.

Todas estas medidas, son típicas de todo gobierno que se ve inmiscuido en procesos inflacionarios, sin saber que además de absurdas, son inútiles, pues el mercado y el dinero real, al final, siempre prevalecen.

La prueba está en que desde mediados de octubre la presión social creció a tal grado, que los controles de precios fueron hechos a un lado, sin remedio, el 1 de noviembre, pues los comerciantes ya se negaban a vender sus productos a los precios oficiales. Llegó el caos.

Solo la centralización del poder en toda la China continental, alcanzada con la victoria de los comunistas sobre el decadente gobierno nacionalista, habría de traer mayor estabilidad hacia el primer trimestre de 1950.

En preparación para esto, el recién fundado por ellos Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés), había comenzado en diciembre de 1948, a emitir los billetes de la nueva divisa que comenzó a unificar todas las locales que circulaban en territorios dominados por las tropas de Mao, y a remplazar los moribundos y rechazados “yuanes de oro”.

El titular del PBOC en julio de 1949, estimó que la emisión total de estos últimos, en mayo de ese año, habría alcanzado los 60 billones de yuanes áureos, cuando unos meses antes, en noviembre de 1948, oficialmente estaban circulando solo 3.4 mil millones.

Como vemos, la trágica historia de la hiperinflación china es otra muestra de lo que sucede cuando se prueban los límites de la creación de dinero fíat, y de que se diga lo que se diga, el resultado nunca es la creación de riqueza, sino la generalización de la miseria. Un cuento de nunca acabar, que seguirá sorprendiendo en la actualidad a los que, por no protegerse con activos tangibles como el oro y la plata, les seguirán robando sin darse cuenta.