AVISO IMPORTANTE

¡BIENVENIDOS AL NUEVO PORTAL GUILLERMOBARBA.COM!

Estimados lectores de Inteligencia Financiera Global: Este blog se ha mudado definitivamente al nuevo portal de GuillermoBarba.com . Agr...

Mostrando entradas con la etiqueta origen dinero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta origen dinero. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de marzo de 2014

NADIE ESCAPA DEL ORO Y LA PLATA




Imagen: peakprosperity.com
En un excelente artículo en inglés publicado hace unos días en el portal Plata.com.mx, el empresario Hugo Salinas Price explica cómo y por qué nada ni nadie puede “escaparse” hoy en día del oro y plata. Lo que quiere decir, es que todo lo que conocemos y usamos a diario como “dinero” –divisas o monedas de curso legal como los pesos, dólares, libras, etc., tiene una historia detrás cuyos orígenes, van a dar siempre a estos metales preciosos. Tiene razón.

Por desgracia, la absoluta mayoría de seres humanos desconoce este hecho, y por tanto, llevan a cabo cientos de millones de operaciones con ese falso dinero, sin tener la menor idea del por qué suben los precios de manera infinita, y mucho menos, del por qué el “valor” de sus billetes, monedas y cuentas bancarias siempre se está diluyendo. De hecho, ya ni siquiera les asusta que el objetivo declarado de sus gobiernos y bancos centrales sea que haya inflación. La simple amenaza de una baja de precios, es considerada una catástrofe para los funcionarios, por lo que la impresión masiva de billetes, es una “necesidad”.

Es una pena que los humanos, dice Salinas Price, nos quedemos “tan absortos con la tecnología, el Dios de la época actual, que tenemos pocas ganas de dirigir nuestra atención hacia otra parte.” Pone como ejemplo al Bitcoin, que al ser visto por algunos como una maravilla tecnológica, se cree que tendrá un futuro exitoso. Nada más alejado de la verdad.

Pero el hecho es que, como decíamos al principio, todas las divisas del presente incorporan un elemento histórico que no se pierde ni siquiera con la digitalización de las mismas. “Las divisas digitales derivan de las de papel, y las de papel, todas ellas, derivan de las unidades monetarias originales que eran varias cantidades de oro y plata”, explica el autor. De hecho, muchos de los nombres de las unidades monetarias que usamos como “peso”, “dólar”, “libra”, etc., hacen referencia justo a aquellas viejas cantidades de metal fino que antes se empleaba. La tecnología, no puede borrar esta condición.

Los seres humanos parecemos dispuestos a atribuir valores derivados de las monedas fiduciarias incluso cuando estos están expresados en muchos millones de unidades, como ha ocurrido en incontables ocasiones a lo largo de la historia y en diferentes latitudes, como Zimbabwe –que es un caso extremo, y México, donde por decreto se eliminaron tres ceros de nuestro “viejo peso” para facilitar las operaciones. Dice Hugo Salinas: “Zimbabwe tuvo su divisa con el 1 seguido de 22 ceros, antes de que finalmente fuera arrojada a la basura. ¡Así de tolerante es la humanidad!”

De modo que solo cuando esas unidades se vuelven inmanejables, es que la moneda que se está inflando es por fin rechazada a favor de una nueva, otra vez, derivada en origen del oro y la plata. En este sentido, el peso mexicano tiene una equivalencia real de más de 18 millones por una onza de oro puro (a precios del viernes pasado), y no de más de 18 mil pesos, como se dice.

En opinión de Hugo Salinas, los críticos de las monedas fiduciarias (fíat) han pasado por alto este componente histórico. Eso es un serio problema, pues vemos cómo nuestros “gurús” actuales no dejan de denostar primero que nada al oro, al que con frecuencia califican como “reliquia barbárica”, ignorando u omitiendo con alevosía que las divisas “descienden del oro o la plata, y que no podrían existir sin esa descendencia.”

Por ello, la esencia monetaria de esos metales preciosos permanece intacta, y sin importar las leyes que los mantienen desmonetizados por la fuerza, fueron, son y seguirán siendo el dinero supremo y auténtico. Todas las divisas que se cargan en los bolsillos y cuentas bancarias del mundo, son testigos de su propio origen en esos metales.

Quizás por eso Salinas Price concluye: “El Bitcoin no es un derivado del oro o la plata, es un huérfano y así, no puede circular y no circulará jamás como un tipo de divisa fíat, no importa qué tan perfecta sea su concepción tecnológica”. Y ni siquiera eso. Recordemos que las vulnerabilidades o errores de esa “criptodivisa”, han provocado ya varios fraudes multimillonarios que propiciaron incluso el cierre de su otrora más importante bolsa de intercambio: Mt.Gox.

No podemos escaparnos del oro y la plata. En lugar de eso, luchemos por reivindicar su posición original en el trono del dinero, por un auténtico mundo libre y honesto en el que los gobiernos, dejen de coartar la voluntad de las personas y de meter las manos en sus bolsillos. El “pecado original” de los males económicos que nos aquejan, está en el abandono de los metales preciosos y en la consecuente corrupción monetaria oficial para beneficiar a una insaciable élite. Algo, que sin duda, tenemos que cambiar.

domingo, 3 de noviembre de 2013

BAJAR TASAS DE INTERÉS DESTRUYE AL CAPITAL




Imagen: upad.co.uk
Resulta curioso que a estas alturas de la crisis económica global, muchos aún no conozcan la importancia que tienen el oro y la plata en el sistema monetario y en la determinación del nivel de interés, y en cambio se dejen guiar por los mensajes provenientes de medios especializados y círculos académicos dominantes, en los que se les atribuye un mero papel de materias primas, o en el peor de los casos, de “reliquias” del pasado.

No sorprende. Esa ha sido la línea desde que los keynesianos y monetaristas dominan la escena económica, algo que ocurre desde el siglo pasado.

En este espacio hemos dedicado amplias líneas a explicar cómo y por qué, a pesar de que haya leyes que los hayan desmonetizado por la fuerza, el oro y la plata seguirán siendo el único dinero real y por excelencia. 

Ya Carl Menger demostró en el siglo XIX que el dinero es una institución social desde su origen, y no estatal. El dinero así surgió espontáneamente en el mercado, como una herramienta de las personas para el intercambio, y no como un invento del gobierno.

Así que la “modernidad”, tan alejada de los principios básicos y fundamentales de la economía y del dinero, ha caído en el soberbio error de creer que lo complejo es mejor que lo sencillo, que lo intrincado es superior a lo simple, y que por tanto, ya es posible violar las leyes económicas de manera impune.

Nada más alejado de la realidad.

Haber desarrollado un sistema en el que el “dinero” puede crearse de la nada, imprimiendo billetes o cargando simples cuentas imaginarias en computadoras, no es lo que le dio a la humanidad la posibilidad de alcanzar un progreso que antes era inimaginable. Eso pudo ocurrir gracias a la acumulación de riqueza (ahorro) que se convertiría luego en capital, y al desarrollo propio del capitalismo.

Esa acumulación se materializó debido a la propensión natural de los seres humanos a hacer acopio de provisiones, en prevención de acontecimientos y situaciones riesgosas futuras, como el simple hecho de que al envejecer ya no tendrán las mismas fuerzas para trabajar y procurar su sustento. En una palabra, la senescencia afecta sus decisiones en el presente.

Por sus características físicas, sus bajos costos de almacenamiento, su conservación y sobre todo su “vendibilidad”, el oro se fue convirtiendo en el medio de acumulación más propicio para esos fines desde tiempos inmemoriales. Dinero, con auténtico valor redimible en el futuro.

Es por ello que el oro, y en segundo lugar la plata, son la últimas estaciones en el camino del ser humano económico que tuvo que ir descubriendo, vía la discriminación de mercancías, las dos más aptas para funcionar como medio de intercambio general, pero también, para satisfacer su necesidad de guardar provisiones. Su necesidad, deseo y derecho de acumular.
Imagen: Mises.ca

Éste, guarda una estrecha relación con el surgimiento del interés. El Prof. Antal Fekete, fundador de la Nueva Escuela Austríaca de Economía, ha desarrollado toda una teoría al respecto, que explica en sí misma por qué un sistema de divisas fíat, como el que vivimos en la actualidad, no solo corrompe el dinero y las tasas de interés, sino que tiende a la destrucción de capital. En consecuencia, también al fin de la civilización como la conocemos actualmente. Todo cambiará y no para bien.

Y es que en una estructura con la que se permite crear dinero a voluntad, expandir el gasto público y privado con cargo a la deuda, y manipular las tasas de interés para “estimular” el crecimiento económico a través de más consumo, el resultado no puede ser más que ese.

Se disocian así el universo real del ilusorio, que por construir castillos en el aire está condenado al fracaso y el desastre total.

En el primero, el mundo real que no tenemos, la tasa de interés es la que determina el techo y el piso a la acumulación de oro: una tasa bajará hasta el punto en que el nivel de ahorro comience disminuir por los bajos rendimientos, y así la sobreabundancia de reservas comience a mermar, ya sea porque se utiliza directo para consumir o simplemente porque el tenedor opta por guardar su tesoro en casa.

En cambio, la tasa subirá hasta el máximo en que alcance a la productividad marginal del capital, esto es, el vértice llegará cuando ante rendimientos tal elevados sea mejor para el empresario vender sus activos para comprar un bono de oro, y recibir sus beneficios sin tanto riesgo. El proceso se revierte justo para atraer más reservas de oro (ahorros) al sistema.

Así que una perversión de esos mecanismos de libre mercado –como por cierto se practica en nuestros días, no puede traer consecuencias positivas. No hay sistema de dinero real en operación, ni mercados ni tasas de interés de verdad libres que no manden mensajes tergiversados al público inversor.

En cambio, hemos alcanzado el punto en que desde el centro de la estructura monetaria, la Reserva Federal de Estados Unidos, hasta órganos periféricos como el propio Banco de México, se manipulan la tasa de interés a la baja.

Tasas bajas no destruyen el capital per se como ya se vio, si el esquema es con dinero honesto y libre mercado, pues por su propio mecanismo las tasas se autoajustarán tanto a la baja como al alza. En cambio, la destrucción del capital sí ocurre si aquellas no dejan de tender a la baja, o permanecen allí, como consecuencia de esa artera manipulación que no mejora nada, pero sí empeora las cosas.

La razón es que no importa qué interés tome el empresario para invertir, siempre será visto mañana como caro y en mal momento, pues en el futuro las condiciones habrían sido mejores y más baratas. De modo que el instinto de aquellos no los lleva por el lado de arriesgarse a emprender, generar riqueza y empleos como creen los gobiernos y bancos centrales, sino en el mejor de los casos a incrementar su propensión a acumular activos reales para defenderse de la desgracia que sin remedio se avecina: la Gran Deflación.

De todos esos activos, la acumulación de los más avezados está presentándose como lo fue antes y lo será por siempre, en la mejor forma financiera posible: el oro. 

No hay ni puede haber, por lo tanto, "estímulo" al desarrollo y crecimiento económicos con las viejas recetas que todo el mundo está usando. Al contrario, a menor capital la crisis y el desempleo se agravarán.

Moneda mexicana
Onza de oro "Libertad"
Evidencia de esa referida acumulación de oro físico puede ser encontrada en indicadores como la base y la cobase del metal (descubiertos también por Fekete) que están en “backwardation”, o la propia tasa GOFO (Gold Forward Offered Rate) que otra vez se encuentra en terreno negativo a uno, dos y tres meses.

Esta “backwardation” o inversión de la curva del mercado del oro, significa que hay “escasez” de metal físico, pues “las hormigas” no dejan de guardar provisiones de forma ávida y desesperada para el invierno económico que nos espera, por lo que están dispuestas a pagar más caro por tener el oro hoy, en vez de una simple promesa de entrega futura, aunque aparezca como más barata.

Las "cigarras", al revés, preferirán seguir cantando y bailando al ritmo de las divisas fíat, en perjuicio de la gran mayoría de habitantes del planeta que las sigue.

Entre más tardemos en corregir este problema con el falso dinero de papel, manipuladas tasas de interés y mercados no libres, o peor aún, si esa corrección llega por la fuerza, más lo habremos de lamentar.

martes, 9 de abril de 2013

EL ORO, ¡MÁS VALIOSO QUE NUNCA!


Tesoro de monedas antiguas
British Museum
El mundo vive hoy una auténtica anti-fiebre del oro que, azuzada desde los principales medios de comunicación, está confundiendo a una parte del público que por error, omisión o buena fe, está creyendo en lo que le dicen. 

“El oro está muerto”, “explotó la burbuja del precio del oro”, etc., son solo algunas de las frases que, como mentira que repiten mil veces, pretenden convertir en verdad. La realidad, en cambio, es muy distinta.

No hay duda alguna de que los metales monetarios, el oro y la plata, se encuentran en una fase de “corrección” (baja) de sus precios que por cierto, no es reciente. De hecho para el primero inició desde septiembre de 2011, y para la segunda incluso antes, en abril de ese año.

Sin embargo, poner atención solo a los precios del oro conocidos en los mercados de futuros es un error. Los es por múltiples razones, pero entre las más importantes podemos encontrar el de la tan negada manipulación de su mercado, que como cualquiera, debería ser libre por completo. No es el caso.

El tema se ha vuelto tabú, no por casualidad, también en los principales medios de información que lo consideran como una vacua teoría conspirativa. Seguro que deberían recordar que uno de los escándalos más famosos de manipulación de mercados, que ahora es conocido por todos, permaneció “oculto” incluso ante los ojos de las autoridades que se supone los vigilan: el de la tasa Líbor.

Notas periodísticas aisladas dieron cuenta de este engaño con años de anticipación, pero como suele ocurrir, sus voces fueron desdeñadas hasta por el Banco Internacional de Pagos (BIS) y el propio FMI. Una vez caído el “teatro”, las sanciones y castigos a lo que antes “nadie vio” se hicieron presentes, muy tarde por supuesto.

La experiencia lo demuestra: si alguien espera a creer en algo como la manipulación del precio del oro, hasta que aparece en los medios masivos, está condenado a sufrir las mismas consecuencias que aquél que cae en las manos de un fraude al estilo de Carlo Ponzi.

La sentencia maquiavélica de que el que engaña siempre encuentra a alguien que se deje engañar, es infalible. Este blog, por tanto, invita a los lectores a profundizar en la materia. El Comité de Acción Antimonopolio del Oro (gata.org), tiene un extenso trabajo al respecto.

Por otro lado, resulta indispensable que cualquier persona interesada en la defensa de su integridad financiera, comprenda la importancia de los metales preciosos, en específico el oro y la plata, para la consecución de sus fines. En este sentido, es vital comprender que no significan lo mismo la palabra “precio” y “valor”.
Imagen: goldprice.org

Mientras que en apariencia el precio del oro fluctúa, en el fondo lo que vemos no es más que la mera variación del precio de las divisas “fíat” (dólar, peso, libra, etc.) frente a él.

Esto no es un capricho o una simple interpretación. La causa nos remite a los propios orígenes del dinero. Carl Menger, fundador de la Escuela Austríaca de Economía, sintetizó esto en su tratado “On the Origins of Money”.

No podemos hacer a un lado que la aparición del dinero tiene que ver con la mayor demanda que existe, desde los inicios del comercio, para ciertas mercancías. Esta preferencia más constante en algunas que en otras, dio paso a un proceso natural de discriminación entre ellas, que a su vez fue dando pie a la aparición de los llamados medios de intercambio.

Y es que como explica Menger, “Es evidente aún para la inteligencia más común, que la mercancía debe ser entregada por su propietario a cambio de otra que le será de mayor utilidad.”

De ahí que solo aquellas que aunque no fuesen necesitadas por los entes comerciantes, contaban con la mayor capacidad de poder ser a su vez canjeadas por otras en cualquier momento, es decir las más líquidas, fueran prevaleciendo como “dinero”. Solo éste les daría la certeza de poder adquirir en forma inmediata, las mercancías deseadas o requeridas en última instancia.

El proceso en los más apartados lugares de la Tierra y momentos de la historia, ha concluido siempre en dos mercancías: oro y plata. En ese orden pero, ¿por qué?

La razón es que las personas, en el intercambio de sus productos, buscan la maximización del beneficio que obtienen de los mismos. No obstante, no existe un único precio sino dos, al que siempre se tendrán que enfrentar: el que demanda el vendedor y el que ofrece el comprador.

En este entendido, el “spread” (diferencial) entre ambos precios asegura que los productos con menor liquidez ofrezcan un riesgo mayor de sufrir una reducción en su precio final, y por tanto, un “castigo” para el vendedor. En otras palabras, su spread es más amplio, y se incrementará entre mayor sea la cantidad de producto a ofrecer. ¿Quién quiere cada vez más y más de algo que no sabe si después lo podrá enajenar sin grandes pérdidas?

En ello radica la conveniencia del oro –y en segundo lugar de la plata, que el actuar humano descubrió para sí como los medios de intercambio por antonomasia, por tener el spread más bajo, y por supuesto, una escasez que aporta a su valor.

Menger encontró entonces que el oro tiene una “utilidad marginal” prácticamente constante. Dicho de otro modo, que el apetito por el oro para cualquiera no tiene límites en cantidad, justo por su capacidad de ser liquidado (intercambiado) por casi cualquier cosa que se desee, y con el mínimo “castigo” posible. Bien se dice que a nadie cae mal una moneda de oro.

Todo lo anterior, nos permite apreciar con claridad su cualidad de dinero real. Satisface la necesidad humana de un medio de intercambio que maximice su beneficio y minimice sus costos, al tiempo que la cantidad existente de él, es decir, su disponibilidad material por supuesto, es muy limitada.
Imagen: Timepassguru.com


Su producción total anual, aporta muy poco a sus existencias totales, pues en los hechos, casi todo el oro extraído desde el inicio de los tiempos, sigue sobre la faz de nuestro planeta en alguna forma u otra. No existe una sola mercancía, ni siquiera la plata pues es consumida, que tenga esta característica. ¿Alguien duda ahora de su valía?

Lo aquí expuesto, intenta pues dar algo de luz en el profundo y oscuro túnel económico-financiero que nos ha tocado vivir.

A pesar de la turba que denuesta al oro, lo único cierto es que al final seguirá como el último refugio de pie, viendo cómo más o menos rápido unas divisas corren frente a otras en la carrera hacia su auténtico valor: cero.

No por nada la tasa de mortalidad de todas ellas es de 100% en el tiempo, mientras que el rey de los metales estuvo aquí antes de que existiéramos, y seguirá cuando nos hayamos ido.

Ese solo hecho debería ser suficiente para demostrar la falaz ilusión que significa el pensar que el dinero, puede ser creado de la nada, impreso a voluntad, como lo promueven los monetaristas y keynesianos.

Sus “estímulos” monetarios (flexibilizaciones cuantitativas o Quantitative Easing, en inglés) y fiscales nos conducen a la ruina. Justo ese será el tema de la segunda parte de este artículo, al cual amable lector, desde luego, está invitado.