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miércoles, 25 de febrero de 2015

El Plan B: ¿dracma y moneda de plata para Grecia?

Imagen: Wikipedia
El lunes expusimos la débil posición griega en los encuentros con las “Instituciones” –como ahora llaman a la Troika integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional–, que ha llevado al nuevo gobierno de extrema izquierda que encabeza Alexis Tsipras, a incumplir sus populistas promesas de campaña.

Ayer se supo que Atenas “envió” el paquete de medidas que se compromete a cumplir a cambio de cuatro meses de ampliación de su rescate financiero. Sin embargo, el borrador del documento ni siquiera fue elaborado por el gobierno griego, ¡sino por la propia Comisión Europea!

El periodista Yannis Koutsomitis publicó en su cuenta de Twitter que en las propiedades del documento filtrado en PDF, se lee que el autor fue “COSTELLO Declan (ECFIN)”. Costello es jefe del equipo de la Comisión Europea sobre el tema Grecia.

La anécdota ilustra cómo del envalentonado liderazgo de izquierda radical de Syriza al llegar al poder, ya no queda nada.

Debido a ello hay una creciente inconformidad al interior de dicha coalición. Una de las voces más críticas ha sido la de Stathis Kouvelakis, miembro del comité central de Syriza. Kouvelakis afirmó en un artículo publicado ayer en jacobinmag.com, que la extensión del rescate griego bajo las condiciones impuestas por las Instituciones, “marca el final de la estrategia de ´una solución positiva a toda costa dentro del euro´".

Dicho de otro modo, los radicales más extremos dentro de Syriza quieren abandonar la moneda única y volver al dracma. Esta divisa permitiría a Grecia imprimir tantos billetes como quisiera, pero justo por eso, el ínfimo valor que tendría su nueva/vieja moneda se desvanecería cada segundo a una velocidad vertiginosa. Pese a ello, después de tocar fondo podría haber una recuperación. El problema es que en Europa, el precedente marcaría la ruta para países más grandes como España, razón por la cual, Alemania cederá y presionará para retener a los griegos en el euro.

Solo hay de dos: quedarse o salirse de la divisa única. Pero si Tsipras acabara optando por la segunda opción, más le valdría volver a leer una carta que le envió en julio de 2012 el empresario mexicano Hugo Salinas Price, y que nunca contestó. Salinas Price –principal promotor de la monetización de la plata en México, publicó ayer en su portal plata.com.mx una epístola que hizo llegar al entonces opositor Alexis Tsipras.

En aquella ocasión, el magnate le dijo que tenía enfrente la oportunidad de convertirse en estadista si, a la par de declarar una moratoria de pagos y volver al dracma, se dotara a la gente de una protección contra la inevitable espiral inflacionaria que se desencadenaría. Ese refugio financiero sería nada menos que la moneda de plata. Con ella, habría un estímulo para que la gente ahorrara de manera natural, la demanda de estas monedas sería enorme y Grecia podría de forma paulatina volver al equilibrio fiscal. Salinas resaltó el enorme orgullo por Grecia que sentirían sus ciudadanos, indispensable para lograr la recuperación.

Otra de las ventajas políticas para Tsipras sería que la inestabilidad social y política sería limitada, pues toda la población, incluidos los empresarios, contendrían su disgusto por la crisis gracias a la protección de la plata. 

La circulación del dracma ordinario en paralelo con la moneda de metal fino, dijo Salinas, sería “una fórmula para la unidad nacional y la reconstrucción. La reconstrucción de Grecia va a requerir de ahorro y nada propicia mejor el ahorro más eficientemente que la moneda de plata.” Tiene razón.

Para que los nuevos Búhos –como se le conoce al típico dracma antiguo de plata– de 1/10 de onza circularan como dinero, sería necesario que tuvieran un valor monetario expresado en dracmas corrientes. Ese valor le sería asignado por la Autoridad Monetaria pero NO lo llevaría grabado. Ese valor asignado tendría que ser un poco más alto que el valor de la plata contenida en la moneda. De otro modo, tarde o temprano terminaría en la fundición cuando su valor metálico rebasara el nominal.

Cada vez que la plata subiera de precio, la Autoridad Monetaria deberá ajustar al alza el valor asignado del búho, para mantenerlo siempre a “flote” sobre el valor de la plata que contiene. Un “bote salvavidas” contra la inflación. En cambio si el precio de la plata se desplomara, el valor asignado debe permanecer inmóvil. Así, la gente las seguiría utilizando en sus pagos diarios, tal cual se hace con las monedas actuales de metales básicos cuyo valor como metal es mínimo.

Salinas Price vaticinó que la fuga de capitales se detendría, porque “los griegos preferirán tener sus búhos, en vez de cualquier otra moneda extranjera.” Es cierto, como que también, monetizada y sin pagar impuesto como mercancía, el búho de plata se convertiría en un producto griego de exportación –que tanta falte le hace. De manera que luego de su quiebra, Grecia resurgiría “con una moneda mejor que el euro”, sentenció el empresario.


Este “Plan B” podría llevarse a cabo en cualquier país, empezando por el nuestro. Por desgracia los principales opositores son los banqueros centrales, incluido Banco de México, que de hecho actúan como sucursales de la Reserva Federal de Estados Unidos y su dólar. Ojalá que pese a ello, llegue el momento en el cual los tomadores de decisiones opten por el camino de la plata, que sin duda, sería muy benéfica para toda la gente.

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