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martes, 7 de julio de 2015

GRECIA, UN REFLEJO DEL MUNDO

El gobierno de izquierda radical que encabeza Alexis Tsipras se jugó su cabeza el domingo pasado en el referéndum, y ganó. Aquí dijimos que esa victoria le daría un juego que desde Europa no le podrían ganar, pues no podrían exigirle ya medidas de ajuste que el pueblo ha rechazado. No hay marcha atrás.

Como muestra de su “disposición” para sentarse de nuevo a la mesa de negociaciones, Tsipras ofreció la cabeza de su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, a quien en el eurogrupo ya veían con desconfianza y desprecio. La intención siempre fue la de presionar al máximo a la troika para forzar un condonación de sus deudas. No había más que ofrecer del lado griego, por lo que ahora ruega por un acuerdo y nuevo rescate.

La respuesta europea

El encargado de dar el “mensaje siciliano” de respuesta corrió a cargo del Banco Central Europeo (BCE), quien en un comunicado anunció que la provisión de liquidez de emergencia (ELA por sus siglas en inglés) a la banca griega, se mantendría en el mismo nivel del 26 de junio de 2015. Asimismo, amplió los recortes sobre los activos que recibe para dar la ELA, y recalcó que esta sólo puede ser proveída contra suficientes colaterales. Los de los bancos griegos son en mayoría bonos del gobierno, o sea, basura.

Sin dinero fresco fluyendo al país helénico y a horas de que se agoten las provisiones en los cajeros automáticos, los pagos del gobierno y las pensiones tendrán que hacerse en pagarés, es decir, promesas de pago en euros. Dada la precaria situación gubernamental, el valor de esos documentos caerá de forma precipitada, y de hecho, sería el preludio de lo que ocurriría una vez que se estableciera en forma el nuevo dracma.

Dado que del lado griego ya llegaron al final del callejón, la reacción europea tiene dos lecturas: o es una medida para ganar tiempo y vender más cara también las nuevas demandas de las instituciones, o es un síntoma de que –como dijimos en el artículo de ayer, están dispuestos a asfixiar financieramente a los griegos para que se vayan por sí mismos del euro. Sería de facto, una expulsión que de otra forma no puede operar. Atenas tomará lo que le ofrezcan… si es que llega alguna oferta.

Aquí hemos sostenido que Alemania quiere todo menos que se le resquebraje la Unión Monetaria que, por otro lado, luce condenada de manera irremediable en el largo plazo. A eso también jugaron gobierno y pueblo griegos, pues las comodidades y beneficios que el euro les ha dado no los tuvieron nunca antes. Por eso no quieren irse, pero la fiesta terminó.

Grecia debe irse del euro

Dado que no es posible una abierta expulsión, Grecia debe irse por su propio pie.

Pero no es tan sencillo. Las reformas, recortes y austeridad que los griegos no quieren realizar, de todos modos las tendrían que hacer para salir del agujero. De la resaca ya no se salvan. No es nada más irse del euro y seguir viviendo como ricos sin serlo, la ilusión de abundancia acabó como acaba el sueño de aquel que vive como rey viviendo de prestado. Los acreedores sufrirán también las consecuencias por haber dado crédito a quien no debían.

Entre las reformas aludidas se encuentran cuando menos: la flexibilización laboral, desregulación y minimización de requisitos y trámites para apertura de negocios, aumento en la edad de retiro, recorte masivo al gasto para equilibrar el presupuesto público, minimización del aparato estatal, austeridad y reducción de impuestos.

Lo anterior es justo en contra de lo que votaron los griegos. Así que si se van de la Unión Monetaria –como deberían hacerlo, tendrían esperanzas de una recuperación solo con las citadas reformas. Dado que por ahora el gobierno lo encabeza la izquierda –que también se opone a esos inevitables cambios, las esperanzas de pronta recuperación para Grecia parecen nulas.


El último rayo de luz que les queda, reiteramos, es la condonación de sus deudas. Esta opción se extingue conforme transcurre el tiempo. Pero en el fondo, los griegos deben entender que esa salida no les conviene como creen, porque al no resolver su enfermedad económico-financiera, solo seguirían posponiendo la debacle. Dicha enfermedad de dispendio, deuda y crédito por cierto, es la misma en la que está basada el sistema monetario actual de dinero de papel. Grecia pues, es un reflejo del mundo.

domingo, 5 de julio de 2015

GRECIA DIJO “NO”, ¿Y AHORA QUÉ?

Los resultados oficiales del referéndum celebrado ayer en Grecia, arrojaron una victoria para el NO. Esa negativa es a aceptar los términos y condiciones que los acreedores oficiales buscan imponer al país, entre las que destacan el equilibrio fiscal por la vía del aumento de impuestos y la austeridad.

Aquí hemos sostenido que en la tragedia griega, a pesar de todo, es Atenas la que mantiene la posición de fuerza. Tsipras y el gobierno de izquierda radical que encabeza lo saben de sobra, y ante la presión de la Troika, se jugó su propia cabeza en el “Greferendum”… y ganó. Ahora se sentará a negociar ante las instituciones con más ventaja, pues nadie más le podrá exigir que decida en contra de lo que el pueblo le ha mandado.

Opción uno: Grecia se queda en el euro

Si Alemania y el eurogrupo quieren darle una vida más larga al euro –como es nuestra apuesta que hará, cederá ante las presiones griegas que ahora además aparecen reforzadas por Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI): el camino a seguir es el trago amargo de la quita a las impagables deudas del país helénico. En la lógica del eurogrupo, el costo de no hacerlo para el proyecto, sería mayor.

Si no hay un acuerdo o preacuerdo este lunes, la volatilidad en los mercados podría prolongarse toda la semana hasta que en la Troika acepten la realidad: nunca volverán a ver el dinero prestado. Lo anterior es independiente de si Grecia se queda o se va del euro. No hay más.

Como hemos sostenido en este espacio, el teatro de rompimientos y negociaciones de las últimas semanas siempre se ha tratado en el fondo, de un proceso de renegociación de deuda soberana, no de la “expulsión” o abandono voluntario del euro por parte de los griegos.

Opción dos: Grecia deja el euro

Por supuesto, nunca debe subestimarse la capacidad de los tomadores de decisiones de adoptar medidas radicales e inesperadas. Atenas no será quien lo haga porque, como lo confirman los sondeos de opinión, la absoluta mayoría de ciudadanos y políticos quiere permanecer en la Unión Monetaria: la comodidad que les brinda el vivir del contribuyente europeo no tiene comparación. Así que aquí el manotazo en la mesa solo puede provenir de Europa central.

En el poco probable pero no imposible caso de que se fuerce una salida griega del euro por la vía de “asfixiarlos” financieramente, a Atenas le quedarían pocas opciones.

Una de ellas y quizá por la que optaría es la de volver a su vieja divisa, el dracma, cuya devaluación sería espeluznante desde el momento mismo de su emisión. La inflación sería la constante. Las deudas se redenominarían en dracmas y para pagarlas, se imprimiría tanto “dinero” como fuera necesario.

Es una lástima que el propio Alexis Tsipras haya desestimado la realista y positiva propuesta de monetizar el “Búho” de plata, que el empresario Hugo Salinas Price le hizo llegar en su momento. Esa opción daría a los griegos un “salvavidas” para los difíciles tiempos que se les vendrán encima.

En fin, la única forma de que la fiesta para los griegos continúe por el momento es que les perdonen la mayoría de lo que deben, y que la Troika haga como que les cree que “ahora sí” van a pagar algo. Un cuento de nunca acabar.

En cambio, su salida forzada sentaría la base para que, de asumir el poder partidos de izquierda radical en países en problemas como España, también terminen por mandar al diablo el proyecto de divisa única.


Como quiera, insistimos en que de todas maneras el euro aparece condenado en el largo plazo. Si Grecia se va de la moneda común podría acelerarse el proceso, pero si se queda, el mismo problema de las deudas impagables y la depresión económica permanente en algunos países, seguirá latente. Dará problemas de manera periódica hasta que se derrumbe. Como está, el euro ha incentivado que unas naciones se endeuden, derrochen y consuman lo que trabajan y ahorran las más ricas. Pésima señal. Los amos del dólar deben estar de fiesta.

miércoles, 1 de julio de 2015

¿De veras el euro está en peligro?

Ayer se consumó la moratoria griega con el Fondo Monetario Internacional a quien le debía abonar más de 1.5 mil millones de euros. Conforme se aproxima el domingo, día en que se celebrará el referéndum en el que se preguntará a los griegos si aceptan o no las condiciones que les quieren imponer sus acreedores a cambio de ayuda financiera, las presiones continúan subiendo de tono con mentiras y amenazas de ambos bandos.

Del lado europeo no cabe duda que no toleran la permanencia en el cargo del primer ministro griego Alexis Tsipras. Quizá la crítica más dura sea la de Sigmar Gabriel, vice-canciller alemán, quien calificó a Tsipras y su radicalismo como una amenaza para el orden europeo.

A juzgar por las notas de los medios predominantes ya están en campaña abierta por el “sí”, e irán de la mano del resto de países de la eurozona en un esfuerzo para tumbar al jefe de gobierno griego. Tsipras ha dicho que podría dimitir si pierde el referéndum, pero una victoria para el “no”, en cambio, le significaría tener una mano invencible: la troika no podría exigirle austeridad y disciplina financieras que el pueblo no respalda formalmente.

Tsipras tiene confianza en que no los echarán del euro por los elevados costos –más allá de los financieros, que tendría para toda Europa y en particular para Alemania. Por eso decidió jugarse su futuro en el referéndum.

Pero del otro lado también dan la batalla. El vice-canciller Gabriel también declaró amenazante que si gana el no, los griegos estarían votando “en contra de permanecer en el euro”. Como se dice, quieren asustar a los votantes “con el petate del muerto”, nada más.

Ayer por cierto, la canciller alemana Angela Merkel desechó también la solicitud de Atenas de más ayuda, y aclaró que no negociará nada antes del domingo. La apuesta es hacer campaña abierta por el sí. Reiteramos, esto se ha convertido en el juego de “todos mienten”.

El mentiroso confeso de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, dijo en un largo discurso que “(el) no significaría que Grecia le está diciendo que no a Europa”, y recomendó a los griegos que “no cometan suicidio porque tienen miedo de morir”. Sí, es cierto que una eventual salida del euro significaría para el país helénico el caer en una depresión muy profunda, pero de todos modos ya está en ella y al final, no sería el fin del mundo.

Miente también el gobierno alemán porque, aunque nunca lo dirá en público, está más que dispuesto a mantener a Grecia en la Unión Monetaria casi al costo que sea. Su proyecto continental no lo echará por la borda por un pequeño país sureño.

Miente además Alexis Tsipras porque vende el referéndum como una forma de empoderar a la gente, cuando en realidad solo la quiere utilizar para sus planes de seguir haciendo de la República Helénica un parásito de Europa. En el camino, está dispuesto a sacrificar al extremo a los ciudadanos que no pueden retirar sus ahorros del banco, con el único fin de seguir manteniendo el dispendio público, privilegios y un Estado obeso. La izquierda pues, ahorcando al pueblo.

Este “estira y afloja” no es más que una doble puesta en escena cuyo único propósito es, en realidad, llegar a un mutuo acuerdo de quita para las deudas griegas.

Así que ni Alexis Tsipras es “un peligro para Europa y el euro” como se le pinta, ni Grecia será echada de la Unión Monetaria.

En el fondo unos –los acreedores, quieren que la quita sea la menor posible, mientras Atenas se juega el todo por el todo para que le perdonen la mayor cantidad de deuda que se pueda. Los dos resistirán hasta el límite. Cuando las conversaciones vuelvan a fallar, es de esperar más “gritos y sombrerazos” que terminarán en un apretón de manos que no satisfará a nadie, pero calmará los titulares y los mercados.

El mayor riesgo colateral es que les guste o no, se sentará un precedente para que otros países europeos en apuros levanten la mano y pidan también el “borrón” en su deuda, en especial, si partidos o coaliciones de izquierda radical al estilo de Syriza llegan al poder.


A final de cuentas, lo relevante es que este mal experimento del euro terminará por fracasar más tarde de todas maneras. Lo que mal se diseña, mal acaba.

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Plan B: ¿dracma y moneda de plata para Grecia?

Imagen: Wikipedia
El lunes expusimos la débil posición griega en los encuentros con las “Instituciones” –como ahora llaman a la Troika integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional–, que ha llevado al nuevo gobierno de extrema izquierda que encabeza Alexis Tsipras, a incumplir sus populistas promesas de campaña.

Ayer se supo que Atenas “envió” el paquete de medidas que se compromete a cumplir a cambio de cuatro meses de ampliación de su rescate financiero. Sin embargo, el borrador del documento ni siquiera fue elaborado por el gobierno griego, ¡sino por la propia Comisión Europea!

El periodista Yannis Koutsomitis publicó en su cuenta de Twitter que en las propiedades del documento filtrado en PDF, se lee que el autor fue “COSTELLO Declan (ECFIN)”. Costello es jefe del equipo de la Comisión Europea sobre el tema Grecia.

La anécdota ilustra cómo del envalentonado liderazgo de izquierda radical de Syriza al llegar al poder, ya no queda nada.

Debido a ello hay una creciente inconformidad al interior de dicha coalición. Una de las voces más críticas ha sido la de Stathis Kouvelakis, miembro del comité central de Syriza. Kouvelakis afirmó en un artículo publicado ayer en jacobinmag.com, que la extensión del rescate griego bajo las condiciones impuestas por las Instituciones, “marca el final de la estrategia de ´una solución positiva a toda costa dentro del euro´".

Dicho de otro modo, los radicales más extremos dentro de Syriza quieren abandonar la moneda única y volver al dracma. Esta divisa permitiría a Grecia imprimir tantos billetes como quisiera, pero justo por eso, el ínfimo valor que tendría su nueva/vieja moneda se desvanecería cada segundo a una velocidad vertiginosa. Pese a ello, después de tocar fondo podría haber una recuperación. El problema es que en Europa, el precedente marcaría la ruta para países más grandes como España, razón por la cual, Alemania cederá y presionará para retener a los griegos en el euro.

Solo hay de dos: quedarse o salirse de la divisa única. Pero si Tsipras acabara optando por la segunda opción, más le valdría volver a leer una carta que le envió en julio de 2012 el empresario mexicano Hugo Salinas Price, y que nunca contestó. Salinas Price –principal promotor de la monetización de la plata en México, publicó ayer en su portal plata.com.mx una epístola que hizo llegar al entonces opositor Alexis Tsipras.

En aquella ocasión, el magnate le dijo que tenía enfrente la oportunidad de convertirse en estadista si, a la par de declarar una moratoria de pagos y volver al dracma, se dotara a la gente de una protección contra la inevitable espiral inflacionaria que se desencadenaría. Ese refugio financiero sería nada menos que la moneda de plata. Con ella, habría un estímulo para que la gente ahorrara de manera natural, la demanda de estas monedas sería enorme y Grecia podría de forma paulatina volver al equilibrio fiscal. Salinas resaltó el enorme orgullo por Grecia que sentirían sus ciudadanos, indispensable para lograr la recuperación.

Otra de las ventajas políticas para Tsipras sería que la inestabilidad social y política sería limitada, pues toda la población, incluidos los empresarios, contendrían su disgusto por la crisis gracias a la protección de la plata. 

La circulación del dracma ordinario en paralelo con la moneda de metal fino, dijo Salinas, sería “una fórmula para la unidad nacional y la reconstrucción. La reconstrucción de Grecia va a requerir de ahorro y nada propicia mejor el ahorro más eficientemente que la moneda de plata.” Tiene razón.

Para que los nuevos Búhos –como se le conoce al típico dracma antiguo de plata– de 1/10 de onza circularan como dinero, sería necesario que tuvieran un valor monetario expresado en dracmas corrientes. Ese valor le sería asignado por la Autoridad Monetaria pero NO lo llevaría grabado. Ese valor asignado tendría que ser un poco más alto que el valor de la plata contenida en la moneda. De otro modo, tarde o temprano terminaría en la fundición cuando su valor metálico rebasara el nominal.

Cada vez que la plata subiera de precio, la Autoridad Monetaria deberá ajustar al alza el valor asignado del búho, para mantenerlo siempre a “flote” sobre el valor de la plata que contiene. Un “bote salvavidas” contra la inflación. En cambio si el precio de la plata se desplomara, el valor asignado debe permanecer inmóvil. Así, la gente las seguiría utilizando en sus pagos diarios, tal cual se hace con las monedas actuales de metales básicos cuyo valor como metal es mínimo.

Salinas Price vaticinó que la fuga de capitales se detendría, porque “los griegos preferirán tener sus búhos, en vez de cualquier otra moneda extranjera.” Es cierto, como que también, monetizada y sin pagar impuesto como mercancía, el búho de plata se convertiría en un producto griego de exportación –que tanta falte le hace. De manera que luego de su quiebra, Grecia resurgiría “con una moneda mejor que el euro”, sentenció el empresario.


Este “Plan B” podría llevarse a cabo en cualquier país, empezando por el nuestro. Por desgracia los principales opositores son los banqueros centrales, incluido Banco de México, que de hecho actúan como sucursales de la Reserva Federal de Estados Unidos y su dólar. Ojalá que pese a ello, llegue el momento en el cual los tomadores de decisiones opten por el camino de la plata, que sin duda, sería muy benéfica para toda la gente.

lunes, 23 de febrero de 2015

Grecia o cómo vivir para siempre del contribuyente europeo

Imagen: lamiradacritica.com
El viernes se llegó a un acuerdo tras el tercer Eurogrupo desde que Syriza ganó las elecciones en Grecia, y con él se decidió extender por cuatro meses más el programa de rescate griego que expira el 28 de febrero. El nuevo texto también fue acordado con las tres instituciones que supervisan dicho rescate: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) conocidos hasta ahora como Troika.

Mientras que los funcionarios griegos confiaban en que aquella les aprobara hoy el paquete de reformas que propondrán, un mal paso dieron al decir que será hasta mañana cuando las presenten. Por eso los alemanes tampoco están optimistas. Según el periódico Handelsblatt, Hans Michelbach, un experto financiero miembro de la Unión Social Cristiana –de la coalición gobernante–, es “inconcebible que el parlamento alemán pueda tomar una decisión final sobre el programa puente para Grecia antes de que termine febrero.” Como quiera, si las “Instituciones” –como ahora llamarán eufemísticamente a la Troika, dieran el “no”, se convocaría de inmediato a una reunión de emergencia del Eurogrupo.

Como es obvio, las propuestas griegas de reforma que prometerán implementar, no generan mucha confianza. Otra vez, han dicho que quieren pagar sus deudas, pero se sabe que en realidad no están dispuestos a cumplir... y no pueden hacerlo. El gobierno de izquierda radical que encabeza Syriza, al cual muchos celebraban como si su llegada al gobierno fuera el principio de una bonanza económica, está comenzando a quedar mal con sus propios electores. Recordemos que Alexis Tsipras, primer ministro griego, llegó al poder gracias a la campaña en la que abanderó propuestas como: abandonar la austeridad gubernamental para “estimular” la economía, aumentar los empleados públicos, aumentar el salario mínimo al nivel anterior a la crisis, nacionalizar organismos y empresas privatizados, entre otras.

Este incumplimiento –evidente después de los acuerdos del viernes, ha comenzado a generar algunas divisiones al interior de Syriza. Uno de sus eurodiputados más prominentes, Manolis Glezos, dijo que “El cambio de nombre de la 'troika' a 'instituciones', el del 'memorando' por 'acuerdo' y el de 'prestamistas' por 'socios' no cambia la realidad anterior”.

Como queda claro, Tsipras tiene dos opciones: cumplir su palabra ante el electorado a costa de abandonar el euro y arruinar más al país, o quedar mal con los votantes para permanecer en la moneda única. Alemania lo acorraló por una sencilla razón: el que paga, manda. Y es que por más deseos que tenga, la realidad es que dio su brazo a torcer porque resulta imposible terminar con la austeridad si lo que no se tiene, es dinero para gastar. Por eso su demanda se puede resumir en tres cosas: euros, euros y más euros. La opción de abandonar esta divisa, pese a lo atractivo que era para quienes votaron por Syriza, implicaría regresar al dracma, una moneda cuyo valor sería ínfimo y que cada segundo se devaluaría aún más debido a la hiperinflación. El plan pues para acabar con la austeridad, nació muerto.

Del lado alemán, aunque sin admitirlo, están más dispuestos a seguir dando dinero a Grecia a cambio de más promesas de cambio y pago, que a permitir que una salida del euro que siente un precedente para otras naciones mucho más grandes e importantes como España. Así que el país helénico representa un enorme riesgo sistémico, tan grande, que es capaz de doblar a Alemania. Esta, en contraataque, hará firmar a Tsipras los compromisos que espera de él, aunque ya se sabe que en el futuro, la palabra griega vale un centavo. Todos se hacen los tontos. Lo que quieren los griegos es seguir viviendo de los contribuyentes europeos para siempre, pues sin más rescate, Atenas no puede pagar.

De hecho, Grecia enfrentará de marzo a agosto compromisos de pago por 11 mil millones de euros que no tiene, menos aún cuando sus ingresos se han desplomado. De manera que el gobierno de Tsipras tiene que encontrar la manera de mantener un superávit primario para que sus acreedores hagan como que le creen. Atenas dice que logrará esto combatiendo el lavado de dinero, la evasión fiscal y con recortes en el servicio público. Como quiera, transcurrido el plazo de los cuatro meses, será inevitable que se requiera un tercer rescate financiero para Grecia, que el Financial Times estima en cuando menos 37.8 mil millones de euros para este año. ¿Qué dirá entonces Tsipras para justificar una petición o aceptación de este tipo cuando lo que lo llevó al poder fue su lucha por acabar con las exigencias del segundo rescate?


Como debe quedarnos claro, el euro para ser sostenible necesita que los estados miembros tengan disciplina fiscal y no que se sigan acumulando deudas impagables, como la griega. Esta asciende a unos 323 mil millones de euros que por donde se vea, no podría cubrir jamás. Con esa claridad, lo mejor para la eurozona y los propios griegos sería que aceptaran esta realidad. Tarde o temprano el contribuyente europeo dirá “no más” y habrá dos alternativas: patear a Grecia fuera del euro con las consecuencias aludidas para la eurozona, o perdonarle la mayor parte de su deuda como debió ocurrir desde un inicio. Esto último es lo más probable. Los propios miembros de la zona euro –tenedores del 60% de sus pasivos, serían quienes asumirían la mayor parte de las pérdidas. Nadie niega que habría una crisis enorme, pero al menos, el precedente y la lección de que no se debe echar dinero bueno al malo, servirían de ejemplo y se podría comenzar a hablar por fin de una verdadera salida. Mientras esto no ocurra, cualquier supuesta solución no es más que pura fantasía.

viernes, 18 de mayo de 2012

CATACLISMO FINANCIERO: LA TRAGEDIA GRIEGA ES SOLO EL COMIENZO

México, D. F., 18 Mayo 2012 (Guillermo Barba) – Sobre la salida griega de la zona Euro se seguirán escribiendo cientos de artículos que, como es habitual, quieren encontrar respuestas coyunturales a problemas estructurales. Esa falla en la que también incurren políticos e inversores, es muy común. Tanto, que ven por ejemplo en el fracaso griego de formar un nuevo gobierno de coalición, la causa del inminente abandono de dicha divisa.

Se equivocan. Grecia se comenzó a condenar a sí misma, quizás desde el mismo momento en que se incorporó oficialmente a la región. Para decirlo con claridad, se convirtieron junto con otros países del vecindario continental, como España y Portugal, en víctimas de sus propios ímpetus de riqueza pronta.

La ventana de oportunidad que les permitió alcanzar este sueño, se materializó en la moneda única, condenada de nacimiento a su fracaso. La razón fundamental: la ausencia de una unidad fiscal que imposibilitara de hecho y de derecho, que cualquiera de sus miembros abusara de los privilegios de adquirir súbitamente, acceso amplio y barato a fuentes de crédito, y por ende, manga ancha para el dispendio.

Eso sí constituyó el error sustancial de la Unión Monetaria, sobre todo, en un contexto en el que la visión económica predominante, privilegia y alienta el consumo sobre el ahorro y la deuda sobre la inversión. Los beneficiarios no iban a desperdiciar la oportunidad, cuyo resultado no podía haber sido diferente al que ya vimos, con burbujas en activos como los bienes raíces, colosales déficits públicos y abultados endeudamientos gubernamentales y privados.

El péndulo del ciclo económico es infalible. Comprender eso es importante para no perder de vista que a la expansión crediticia (inflación), le sucederá siempre su colapso (deflación). Cualquier intento de desviar esas fuerzas o de evitar lo inevitable, solo empeorará la situación.

Los griegos se convierten así en el botón de muestra de lo que más tarde vendrá para otras naciones. Por ello, pese a los previsibles esfuerzos franco-alemanes, del Banco Central Europeo (BCE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) por forzar la integridad de la zona, la salida griega y de otros más tarde, es cuestión de tiempo.

El nerviosismo que esto genera explica, por supuesto, por qué los capitales no dejan de abandonar a los bancos y territorio helénicos, las caídas bursátiles, y también por qué el dólar se ha fortalecido por su condición, todavía existente, de ser el refugio “seguro”.

Pese a que no podemos perder de vista que el dólar tiene sus propias cuentas por pagar en el futuro, debe tenerse cuidado en no adelantar sus obituarios, como lo ha señalado el profesor Antal Fekete, de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (http://bit.ly/Lb9y0a).

Asimismo, deberían ser precavidos aquellos que hoy denuestan al oro acusándolo de “perder” su condición de amparo ante las vicisitudes de la economía mundial, por las normales correcciones que ha sufrido los últimos meses.

Y es que como queda explícito en la gráfica de Steen Jakobsen, economista en jefe de Saxo Bank en Dinamarca (tomada del blog de Mike Shedlock), el temor supremo de los bancos centrales de Estados Unidos (Fed), Japón (BoJ), Inglaterra (BoE) y BCE, seguirá siendo la deflación, a la que infructuosamente querrán seguir combatiendo con más inyecciones de liquidez conocidas como “flexibilizaciones cuantitativas” (QE, en inglés).

De ahí que en todos los casos, su hoja de balance como porcentaje del PIB, marque una clara tendencia alcista a partir del inicio de la crisis en 2008.



Así que no nos distraigamos. Los bancos centrales pueden controlar la cuantía de dicha liquidez, pero no hacia dónde se dirigirá. Es previsible que una parte muy importante de ella se siga yendo al oro, y que su subida se acelere a velocidades insospechadas cuando el turno protagónico de la crisis fiscal y de divisas, toque a Estados Unidos, la última ficha.

De tal suerte que no es casualidad ni coincidencia, que muchos otros bancos centrales como el de México y Rusia, continúen ampliando sus reservas en metal, ante lo que el mismo FMI ha reconocido como “elevados riesgos crediticios”. Que no se nos olvide, la tragedia griega, es solo el comienzo.

Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com

viernes, 20 de enero de 2012

EL FIN DEL EURO SE APROXIMA

México, D. F., 20 Enero 2012 (Guillermo Barba) – La última semana nueve países europeos, entre ellos Portugal, Italia, Francia y España, sufrieron una baja en su calificación crediticia por parte de Standard & Poor’s (S&P), que desató toda clase de reacciones negativas. Ante ello, los políticos europeos deben ser muy cuidadosos para no tropezar con la misma piedra, al desacreditar de plano a aquellas firmas que, es cierto, tienen un negro historial de equivocaciones cuyos alcances llegan hasta el mismo detonante de la crisis global.

No se puede soslayar que las agencias calificadoras fueron las que otorgaron la máxima nota a las famosas hipotecas “subprime” en Estados Unidos, que el tiempo y el mercado demostraron que eran basura. Sus pecados, son sus pecados.

Sin embargo, culparlas de las caídas bursátiles o de “ataques especulativos” a los mercados de bonos soberanos y de elevar los tipos de interés, por ejemplo, es un error tan grande como el que las propias calificadoras cometieron.

Cualquiera que en su vida haya hecho un examen escolar, sabe que la nota que se obtendrá en realidad ya fue adquirida a lo largo del desarrollo mismo de la evaluación, no cuando el profesor entrega las calificaciones.

O, ¿acaso las agencias se gastaron el dinero que derrocharon irresponsablemente los gobiernos que pensaron que la fiesta del dinero barato y abundante duraría para siempre? Para nada.

Es más, las tibias degradaciones de S&P llegan tarde, una vez más, pues los elevados niveles de déficit, deuda y el estancamiento económico que sobre todo los llamados PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) se han auto infligido con sus excesos, hace pensar que sus calificaciones deberían ser incluso más bajas.

El caso griego es paradigmático y sirve de preludio a la suerte que correrá en un futuro el resto de los PIIGS.

Cómo olvidar que fue cuestión de meses para que pasáramos del “No necesitamos un crédito” del primer ministro Papandreu, al primer “rescate” financiero; de los compromisos de austeridad y recorte del déficit a la admisión de que no los cumplirían en tiempo y forma; de rendimientos de bonos a un año de 3% (en enero de 2010) a más de 450% ayer.

Las tensas negociaciones entre el país helénico y sus acreedores privados evidencian las debilidades de un acuerdo por el que se condonaría el 50% de su deuda en bonos, que ya se ve que no era tan “voluntario” como se afirmó. Es un hecho por un lado que las quitas tendrán que ser incluso mayores, pero también que una vez que se concreten sentarán un precedente para que más tarde otras naciones exijan lo mismo. En otras palabras, el escenario de deflación (contracción del crédito) luce espeluznante, y como ha ocurrido antes podría propiciar liquidaciones masivas de activos y una revaluación del efectivo, que en todo caso los más astutos aprovecharán para canjearlo por metales preciosos.

Pese a que el dúo Merkel-Sarkozy asegura que el caso griego es excepcional, ¿con qué cara podrán decirle a los portugueses, italianos o españoles que no “merecen” las mismas concesiones que los griegos? ¿Puede la moneda única sobrevivir a una catástrofe financiera con meros cambios políticos?

No obstante, no debemos subestimar la capacidad política de inventar nuevos mecanismos que, aunque no resuelven nada de fondo, siempre les permiten ganar tiempo. Las pretensiones del FMI de recabar medio billón de dólares adicionales para enfrentar la crisis del euro, son la prueba de que buscarán seguir echando dinero bueno al malo, es decir, tratando de salvar lo insalvable. Es ahí donde el error de la impresión monetaria para compensar la deflación, seguirá alimentando a la divisa que más se beneficia de esa falla estructural: el oro.

Las medidas de austeridad si bien son inevitables, no servirán de nada mientras los grandes tenedores de bonos, no estén dispuestos a asumir las pérdidas que deberían.

Cuando la implacable fuerza del mercado obligue a estas correcciones al estilo griego, algo que quizás sea lo mejor para propiciar una auténtica recuperación de las naciones en aprietos, la historia del euro, al menos como existe hasta hoy, habrá llegado a su fin.

© Guillermo Barba/OroyFinanzas

Twitter: @memobarba
memob@hotmail.com

viernes, 22 de julio de 2011

LA CRISIS DE GRECIA: ¿TAN CONTAGIOSA COMO EL SARAMPIÓN?

Lo inevitable, inevitable es. Sin embargo, hoy Europa celebra el nuevo “rescate” de Grecia que, según dicen, fue hecho para salvar al euro y evitar un contagio de la crisis a otros países de la zona. Llama la atención que tanto políticos como diversos medios masivos de comunicación, hagan tanta alusión a ello como si de verdad los problemas provocados por gastos excesivos, déficits fiscales, falta de liquidez y de solvencia se propagaran como el sarampión. Nada más lejos de la realidad.

Esos mismos funcionarios y sus medios afines, son los que suelen expiar sus culpas descargándolas en especuladores que “atacan” mercados como el de bonos para obtener ganancias y poner de rodillas a naciones enteras.

Si fuera cierta la idea de que un segundo paquete europeo de ayuda va a curar de facto la crisis, podríamos estar seguros de los rendimientos de los bonos portugueses, irlandeses italianos y españoles comenzarían a volver ya a niveles considerados normales, pero sin duda eso está lejos de ocurrir. Luego de una previsible baja, volverán en todos los casos a los máximos históricos observados hace poco, alejándose cada vez más de los bajos rendimientos que pagan los seguros bonos alemanes.

A decir verdad, diversos mecanismos e instrumentos financieros sí permiten a los inversionistas más avezados, obtener utilidades en mercados al alza o a la baja, pero en ningún caso ellos son la causa de los problemas económicos. Su trabajo es ganar dinero y, si las torpezas de los gobiernos les permiten tomar posiciones para maximizar sus ganancias, lo van a hacer. Echarles la culpa, es como responsabilizar a los apostadores en un mundial de fútbol, por el fracaso del equipo peor clasificado del torneo.

De antemano se puede saber que una selección extremadamente débil, tiene ínfimas probabilidades de ganar la copa. Los números, no mienten. ¿O acaso los especuladores derrocharon el dinero con el que se endeudaron los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? ¿Puede contagiarse una enfermedad que ya tienen y que ellos mismos se auto provocaron?

Los apoyos a Grecia anunciados ayer, constituyen la admisión tácita de algo que ya se sabía desde un principio: no podrían cumplir sus compromisos como estaban pactados, pues desde siempre, estuvieron quebrados. Es así que por donde se le vea, el rescate griego es de hecho un “default” (impago) disfrazado.

El paquete de financiación consistirá en 109 mil millones de euros de la unión monetaria y el FMI, más 50 mil millones de la banca privada que de manera “voluntaria” tendrá que cambiar sus bonos por otros de mayor plazo. La tasa de interés se rebaja más de un punto porcentual hasta el 3.5%, y se amplían los tiempos de pago de siete y medio a mínimo 15 y máximo 30 años.

Uno de los protagonistas de esta historia, el señor Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, ha subrayado: “lo que hemos hecho por Grecia no lo vamos a hacer por otros países”. Solo el tiempo dirá si tendrá que comerse sus palabras, como ya lo hicieron otros en su momento: “No necesitamos un crédito”, dijo el griego Papandreou; “no tenemos que pedir prestado dinero alguno”, presumió el irlandés Cowen; “Portugal no necesita el rescate”, desdeñó Sócrates.

Es decepcionante ver cómo el sentido común y la razón, son hechos a un lado por la prepotencia y la soberbia de los que, sintiéndose todopoderosos, pretenden manipular las fuerzas del mercado, lo mismo en Europa que en América. Esto porque se ha anunciado también que los estados miembros, reforzarán los usos del denominado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) de 440 mil millones, para que pueda comprar deuda pública de países en problemas, refinanciar bancos, etc. para “impedir” nuevos rescates. En otras palabras, estará facultado para intervenir en el mercado secundario cuando éste mande señales de alerta, y fingir (engañar) que todo está bien.

La peor parte para estos neo planificadores centrales, es que la historia no está de su lado. Echar el polvo debajo de la alfombra nunca funcionó para recomponer las cosas, y nunca funcionará. El tiempo que hoy han ganado con estas medidas, solo se equipara a lo que también harán en unos días los legisladores estadounidenses al aprobar un nuevo techo de deuda, pero tarde o temprano todos pagaremos más caro el costo de su estupidez, que nada más puede ser resuelta con un doloroso pero necesario “reset” (reinicio) de todo el sistema. En fin, allá ellos, y que algún día, el oro y la plata los rediman.

Guillermo Barba