AVISO IMPORTANTE

¡BIENVENIDOS AL NUEVO PORTAL GUILLERMOBARBA.COM!

Estimados lectores de Inteligencia Financiera Global: Este blog se ha mudado definitivamente al nuevo portal de GuillermoBarba.com . Agr...

viernes, 24 de junio de 2011

MÁS DESEMPLEO, ¿CÓMO SOBREVIVIR A UNA ECONOMÍA DE "GATO MUERTO"?

Ayer el INEGI (México) dio a conocer las cifras de desempleo para mayo, con un resultado que para los seguidores de las versiones oficiales, fue sorpresivo por elevado: más de 2.5 millones de mexicanos buscan un trabajo, sin encontrarlo. La tasa desestacionalizada de 5.54 por ciento de la Población Económicamente Activa, es la más alta de los últimos 13 meses, dato que se suma a una larga lista de malos indicadores en la economía nacional y su principal propulsor: Estados Unidos.

No por nada esta semana el mismísimo Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed, su banco central) admitió el freno de la todavía economía más grande del planeta, que los conducirá a un periodo prolongado de más desempleados y menor crecimiento. Por eso vale la pena imaginar que México es aún como una gran lancha, cuyo motor externo se está quedando sin combustible y a la deriva.

No podría ser de otra forma. Ese combustible que se utilizó para revivir de manera temporal a la mermada economía gringa (impresión monetaria masiva sumada a colosales déficits fiscales), está a punto de agotarse. Eso explica además, entre otros factores, las recientes caídas en los índices bursátiles y commodities como el petróleo, oro y plata, etc., que se irán acentuando conforme aumente el pesimismo.

En el medio financiero se usa una analogía conocida como “el gato muerto”, para explicar una situación como esta. El razonamiento es el siguiente: si tú arrojas un gato muerto de un edificio de 50 pisos, es probable que rebote cuando golpee el piso; pero no significa que haya revivido…todavía está muerto. Así pues, esta obviedad nos ilustra la ilusión de la “recuperación”, que en realidad no era otra cosa que un mero rebote de un enfermo terminal: el sistema económico basado en el endeudamiento exponencial que, por definición, no puede durar para siempre.

De ahí que intentar resolver un problema de consumo, deuda y crédito excesivos, empleando más de lo mismo, sea sencillamente estúpido.

El origen de esta fantasía, está a punto de cumplir 40 años en agosto, pues fue en 1971 cuando se abandonó el último vestigio del patrón oro. En aquella data, el presidente estadounidense Richard Nixon, eliminó esa ancla que estorbaba a la libre creación de crédito y dinero, y cuya acción se convirtió en el “pecado original” que nos ha llevado a la arruinada economía mundial de hoy.

Ahora bien, retomando el dato inicial de este artículo, el elevado indicador de desempleo en mayo es cosa del pasado. Es decir, si bien la información nos es útil para confirmar lo que en este espacio hemos venido adelantando desde hace meses, no es más trascendental que mirar hacia delante. Si ya sabemos lo que vendrá mañana, tenemos solo dos opciones: no hacer nada, o ser proactivos. Sobra decir que lo segundo da mejores rendimientos, por lo que vale tener presente las tres “i” más importantes para nuestras finanzas personales: inflación, impuestos e intereses.

De ellas, sobre las que menos control tenemos a escala individual, son las dos primeras. La última, intereses, está en función de algo sobre lo que sí podemos manejar mejor, que es nuestro nivel de deuda. Para la mayoría de las personas (que no lleva una adecuada administración de su dinero), quizás lo más conveniente sería empezar a liquidar sus cuentas pendientes, y formarse poco a poco un hábito de ahorro e inversión.

Si uno está dispuesto a pagarle a alguien más intereses a cambio de capital, qué mejor que pagárselo a uno mismo. A final de cuentas, el círculo virtuoso inversión-ganancias-reinversión, puede ser la guía sencilla y perfecta para navegar en medio de una tempestad como la que se avecina, y de la que muy poco habremos de escuchar en los medios masivos de comunicación, hasta que sea demasiado tarde.

Twitter: @memobarba

viernes, 17 de junio de 2011

LAS MENTIRAS DE GRECIA

Grecia se encuentra al borde de un profundo abismo. Los excesos de gasto y endeudamiento que cometieron y siguen cometiendo los griegos, los han conducido a toda velocidad a un callejón sin salida llamado “bancarrota”. Para quien guste de pensar con base en el sentido común, ese inevitable desenlace estaba “cantado” desde un principio, y pese a ello, hay todavía quienes se empeñan en afirmar que el problema griego tiene solución sin incurrir en una moratoria de pagos, o reestructuración, como se le suele llamar eufemísticamente a una quiebra.

¿Usted le prestaría dinero sin límite a algún vecino apurado, que necesita el dinero para poder pagar los intereses de su hipoteca? La única respuesta lógica, es no. Toda proporción guardada, Alemania y en menor medida Francia se han convertido en esos vecinos acaudalados, que han financiado gran parte de las deudas de países periféricos como Grecia, Irlanda y Portugal.

En ese mismo orden, todos han ido cayendo como fichas de dominó para terminar suplicando por rescates financieros a las puertas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), para poder hacer frente a sus compromisos de pago de deuda. El juego no sólo amenaza con no detenerse, sino con arrastrar también tarde o temprano a España e Italia.

Las sirenas de alerta que ha lanzado el mercado, advirtiendo estos peligros, llevan mucho sonando por la vía de los rendimientos de los bonos de deuda gubernamental. Cuando las tasas de rendimiento van a la alza, se debe a que el valor de sus bonos va a la baja. Esta aparente contradicción, se explica gracias a los básicos de oferta y demanda: un bono altamente demandado será más caro, y al tener que pagar más por él, los intereses fijos que paga serán menores en proporción al capital invertido.

En cambio, un bono con poca demanda verá sus rendimientos dispararse, pues la desesperación del tenedor lo hará liquidarlo incluso con pérdida, con tal de deshacerse de él; de este modo, el adquiriente obtiene una mayor utilidad vía cobro intereses respecto a lo invertido… en teoría.

Y es que por supuesto, para que ese último caso opere, tiene que darse una condición obvia: que el deudor, de veras pague lo que ha prometido. Es justo ese el problema con Grecia, pues las apuestas apuntan a que más temprano que tarde, terminará por no cumplir. Para darnos cuenta de lo que dice el mercado, la tasa que “pagan” los bonos griegos, irlandeses y portugueses están en máximos históricos.

El rendimiento del bono griego a dos años, por ejemplo, está sobre niveles de 28.15 por ciento, que contrasta en forma dramática con el alemán de apenas 1.44. Frente a frente, uno es evidenciado como basura.

Las muchas mentiras de Grecia, que empezaron cuando su primer ministro decía que ni siquiera sería necesario un rescate, se siguen multiplicando. Por eso, los alemanes ya han dado muestras de no estar dispuestos a seguir pagando los platos rotos. No por nada la canciller Ángela Merkel quiere aplazar un segundo plan de rescate que quizá no quiera. Los únicos que parecen seguir creyendo en los helenos, son los funcionarios del FMI que se dicen dispuestos a mantener los apoyos, si se toman las medidas de austeridad y ahorro que, hay que decirlo, tampoco han querido cumplir por la presión social sobre el gobierno.

Las proyecciones del propio BCE cifran en 166 por ciento del PIB la deuda bruta de la República Helénica para 2012, cuando para este año la estiman en 157.7, por lo que cualquier ayuda será mero dinero bueno echado a la hoguera.

Por eso, ya que muchos funcionarios se sienten aún con el poder suficiente para desafiar al mercado, es de esperarse que haya más rescates tipo Grecia para aplazar de nuevo lo inevitable, hasta que una nueva crisis haga caer por su propio peso este enorme castillo de naipes. Eso sí, que no se nos olvide que, del otro lado del planeta, existe un gigante enfermo que tiene peores síntomas que el “enano” griego, y que hoy ruega por que le permitan elevar su techo de endeudamiento para seguir con vida.

Si los problemas de un pequeño causan tanto revuelo, más nos vale ir tomando previsiones para la caída del coloso. No vaya a ser que a algún despistado, lo vaya a agarrar sin una buena armadura de plata, y un escudo de oro.

viernes, 10 de junio de 2011

AHORRO = PROSPERIDAD, DISPENDIO = RUINA

Es sorprendente cómo en la historia de la humanidad, la ingenuidad y/o ignorancia de la gente, han sido aprovechadas por embusteros que buscan sacar provecho. La gran crisis por la que atraviesa el mundo, es así la ocasión perfecta para que los mentirosos utilicen sus mejores trucos para engatusar al que se deje. Es por eso que, pese a que nos encontramos en el ojo del huracán de una verdadera depresión, los mayores responsables de este desastre salen a la luz pública para repetir que todo está bajo control, que “no pasa nada”.

Esto aplica para la gran mayoría de las autoridades gubernamentales y monetarias, pero sobre todo a los protagonistas de esta historia: el gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal (Fed), su banco central. Qué tan mal estarán las cosas, que ahora hasta el presidente de esta última dio ya su primera conferencia de prensa.

Cabe recordar que para supuestamente salir de la recesión que provocó la pérdida de millones de empleos, el cierre de empresas y los mayores rescates financieros de que se tenga memoria, se recurrió a típicas recetas keynesianas y monetaristas: expandir el gasto público e imprimir dinero para inundar de liquidez el mercado. Las medidas fueron fortísimas, y en su momento comentamos que sólo servirían para ganar un poco de tiempo, pero que sería inevitable la recaída.

No era muy difícil predecir esto, sobre todo cuando de antemano sabíamos que la crisis fue provocada justo por recurrir a esas mortales herramientas de derroche. El año pasado, ante signos claros de que ese combustible arrojado a la economía se estaba agotando, la Fed anunció una nueva ronda de compra de bonos del Tesoro por 600 mil millones de dólares (QE2) para volver a “revitalizarla”.

En otras palabras, al paciente terminal se le suministró una nueva dosis de dinero para prolongar su agonía. Cada vez que la Fed compra un bono, el vendedor obtiene billetes frescos con los cuales puede hacer lo que le plazca. El razonamiento era que más dinero disponible estimularía el gasto privado, columna vertebral del sistema. La pinza, la cerrarían las finanzas deficitarias del gobierno. El problema es que esa vieja fórmula que antes funcionó en apariencia, llegó al límite por estar basada en algo que por definición no puede crecer al infinito: la deuda.

De hecho, a partir de 1971 en que se abandonó en definitiva el último vestigio del patrón oro, la gráfica oficial de Deuda Total estadounidense (que incluye la del sector financiero, la de los hogares, la pública en todos sus niveles, etc.) es elocuente: su crecimiento exponencial es perfecto como se aprecia en la gráfica de abajo. Al menos así lo era hasta el estallido de la crisis. No es casualidad entonces que el Foro Económico Mundial haya revelado a inicios de este año que el planeta necesita 103 millones de millones de dólares hasta 2020 para cumplir sus metas de crecimiento

¿Será coincidencia que es casi exactamente el doble de los 52.6 millones de millones de Deuda Total que según datos de la Fed tenía E.U. al primer trimestre de 2011? ¿Es posible que la deuda siga creciendo a este ritmo sin cesar? La respuesta contundente en ambos casos es…no.

El decrépito sistema financiero internacional, se aproxima así a su colapso, víctima de sí mismo, por lo que muchas promesas de pago quedarán sin cumplir. A decir verdad no será la primera vez que un castillo de naipes, como lo es todo sistema monetario basado en dinero “de mentiras”, caiga por su propio peso. No obstante, las consecuencias de esta catástrofe económica son inconmensurables todavía, pues con la invención de las computadoras el dinero ya ni siquiera tiene que imprimirse o acuñarse, es imaginario, un simple dígito.

Hoy, los titulares de todos los diarios financieros del orbe dan cuenta a ocho columnas de los “síntomas recesivos” que se vuelven a presentar. Ante eso debemos estar conscientes de que, pese a ser el camino equivocado, las autoridades reutilizarán tarde o temprano los mismos mecanismos fallidos para ganar tiempo, sobre todo estando tan cerca de las próximas elecciones en el vecino del Norte. Agravar las cosas, no les importa.

Por eso, en lo individual sería fatal esperar que otros resuelvan las cosas. Lo mejor, es tomar las mismas previsiones que tomaríamos de saber que un gran terremoto se aproxima, y tener presente dos igualdades que, cuando se llevan a la práctica, son válidas para personas como países enteros: ahorro = prosperidad, dispendio = ruina.

 Twitter: @memobarba

credit-market-doublings.jpg
Cifras en millones de millones de dólares.

viernes, 27 de mayo de 2011

CARSTENS, ¿NUESTRO "CHICHARITO" PARA SUSTITUIR A STRAUSS- KAHN?

El debate está a todo lo que da. De un día para otro, uno de los hombres más influyentes y poderosos, el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn (DSK), dio su mal paso. Su obligada renuncia tras su detención por ser acusado de asaltar sexualmente a la empleada de un hotel, desató ya una auténtica batalla política. De un lado, las viejas potencias del hemisferio occidental; del otro, las orientales potencias en desarrollo.

Y no es para menos. Unas, se resisten a soltar el liderazgo y preeminencia de la que han gozado desde el fin de la segunda guerra mundial; otras, exigen se haga valer el mayor peso específico que se han ganado, y que les ha permitido encabezar el crecimiento económico global en los últimos años.

En este escenario, hasta el momento hay dos candidatos formales a la vacante que dejó DSK: la ministra francesa de Finanzas, Cristine Lagarde, y el mexicano Agustín Carstens, gobernador del Banco de México. La realidad es que ambos por currículum vítae, poseen los méritos suficientes para el cargo. No obstante, la posición a la que aspiran no es meramente administrativa sino política, o sea, de poder real. Por eso, las credenciales y méritos no bastan en este juego.

No podía ser de otra manera, cuando estamos en el ojo del “huracán” de la mayor crisis desde la Gran Depresión, y el FMI es el protagonista de los rescates financieros que necesitan países enteros como Grecia, Irlanda y Portugal.

En México, los medios están sobredimensionando las probabilidades de que Carstens llegue a la cabeza del FMI. Y es que la verdad se antoja muy complicada su llegada, más cuando México no forma parte de ninguno de los dos grandes grupos en disputa: Estados Unidos-Europa y los BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Desde luego, los europeos ya han anunciado que votaran en bloque, y no es muy difícil adivinar por quién lo harán.

Por otra parte, si vemos los adjetivos con que se han expresado por ejemplo, el secretario estadunidense del Tesoro, Tim Geithner, que calificó a ambos candidatos como “creíbles”; o los de fuentes del gobierno brasileño que ven al mexicano como “demasiado ortodoxo”, podemos percatarnos que nadie pone en duda la calificación de Carstens, pero que tampoco lo respaldan. En este contexto, fuentes diplomáticas afirman que China y Estados Unidos estarían por dar su apoyo a Lagarde, con lo que arrasaría en la elección.

En el FMI, las cuotas que aporta cada país miembro determinan en gran medida el número de votos que le corresponden. Así, Europa en conjunto posee la mayor participación seguida de Estados Unidos. China, segunda economía del planeta, jugará el papel de oposición principal al frente de los BRICs. Está claro que estos últimos por sí solos no podrán imponer aún sus condiciones, pero también que los occidentales no pueden ignorarlos. Menos, cuando se sabe que los chinos poseen los recursos que los europeos necesitan, y con los que de hecho participarán a través de la compra de grandes cantidades de bonos que financiarán el rescate de Portugal.

Visto así, ¿qué puede ofrecer México o Carstens para ganarse los sufragios mínimos necesarios? ¿Alguien cree que Europa quitaría a Lagarde por Carstens, o que los BRICs apoyen a alguien que no es de su grupo? Honestamente, no es imposible, pero al parecer la única oportunidad del Gobernador del Banxico sería como un eventual “tercero en discordia”, ante una negociación muy tensa y la ausencia de acuerdos concretos. Ojalá tenga suerte, pues como mexicano me gusta la idea de ver uno dirigiendo el FMI, aunque luce difícil.

Por último, Carstens en una entrevista dijo que lo suyo son las “Ligas Mayores”, que tiene toda la intención de irse y hasta hizo una analogía con el fútbol, diciendo que preferir quedarse, sería “como decir que el ‘Chicharito’ se quede a jugar en las Chivas”. Lo malo es que esta vez, nuestro “Chicharito” financiero no parece ser del todo del agrado de los “visores” y dueños de los equipos. Eso sí, ya que todo indica que se quedará, ojalá aquí siga anotando buenos goles como el de la compra de las 100 toneladas de oro para las Reservas. 

Twitter: @memobarba

viernes, 20 de mayo de 2011

PELIGRO INMINENTE: EL NUEVO GRAN COLAPSO

Las señales están por doquier. Las luces amarillas empiezan a multiplicarse por todas latitudes. Todos los días, a todas horas, llegan noticias que apuntan cada vez con mayor claridad, a una inevitable recaída en esta nueva Gran Depresión. Unas veces alentada por hambre de democracia, otras por anhelos de empleo, oportunidades o por la simple urgencia de llevarse alimento a la boca, la tensión global aumenta a gran velocidad.

Y es que no por nada las transiciones suelen ocurrir de manera violenta, pues los nacimientos de nuevas eras requieren romper por completo paradigmas caducos. Los sistemas en mutación van desde lo político-social hasta lo económico-financiero, esferas diferentes pero unidas como vasos comunicantes bajo alta presión.

En este sentido, desde las revueltas con tintes de guerra civil en África del Norte y Oriente Medio, las manifestaciones multitudinarias en Grecia, Francia, España, etcétera, hasta las sacudidas bursátiles y los malos datos económicos, constituyen el síndrome de la decadencia del establishment. Ese sistema que hoy se autoinmola, producto de sus propios excesos, más tarde habrá de resurgir transmutado, como Ave Fénix, en un mundo sustentable que nuestros padres no podrían reconocer.

Coincidencia o presagio, la realidad es que quizá por eso 2012 haya sido tomado como un año emblemático. Así pues, la segunda mitad de 2011, que ya se halla a la vuelta de la esquina, podría traernos grandes sorpresas que, según se esté preparado, serán agradables o negativas. Y es que está demostrado que las grandes crisis también son los momentos de mayor oportunidad para el que sabe sacarles provecho.

¿O acaso alguien pensará que en las crisis económicas la riqueza es destruida? Si es así, bueno, la verdad es que sirve más darse cuenta que sólo suele cambiar de manos. En esos shocks como el que se avecina, las manos débiles pierden para darlo todo, con su consentimiento, a las más fuertes.

En el ámbito de la economía, las señales son incontables, pero no pasa desapercibido que en los epicentros de los terremotos financieros más recientes las cosas lucen incluso peor que antes del inicio de la crisis en 2008. En Estados Unidos, además de la evidente desaceleración de su crecimiento, alcanzaron su techo de endeudamiento y, como todo hombre en bancarrota, está metiendo mano a todos los bolsillos que puede, incluso a los de sus fondos de pensiones, sin que se perciba bien cómo va a reducir su brutal déficit fiscal.

Asimismo, los quebrados España, Grecia e Irlanda sufren tasas de desempleo mayores que las de hace tres años, y en marzo la producción industrial europea cayó de forma inesperada. Del otro lado del mundo, el gigante motor chino se está sobrecalentando.

En los mercados financieros, los índices bursátiles parecen estar anticipándose a la inminente terminación de la fase dos “relajamiento cuantitativo” (QE2) en junio, y se ve difícil que puedan levantar el vuelo sin esa maravillosa droga a la que se han vuelto adictos: la impresión masiva de dinero por parte de la Reserva Federal estadunidense (Fed).

Con todo eso, la mesa está más que puesta para un posible gran colapso en la segunda mitad del año. Como siempre en estos asuntos, no hay certeza del momento en el que todo podría venirse abajo, pero ayuda el estar atento adonde se ubican las mayores probabilidades. ¿Será en verano u otoño?

¿Acaso en octubre como en 1929 y 2008? Imposible saber. Lo cierto es que, de ocurrir, el fantasma de la deflación que tanto espanta a la Fed será el pretexto perfecto para volver a lanzar un QE3 o como le quieran llamar. En ese caso, habría imperdibles oportunidades de compra en los mercados que no durarán mucho, sobre todo, en los mercados de materias primas (commodities).

En este marco, está claro que los estímulos fiscales y monetarios no sirvieron más que para empeorar las condiciones previas. Llegado el día, la transición a que hacíamos referencia marcará, entre lo más importante, el fin de la era del dólar, que Banco Mundial data como máximo en 2025, y el de Estados Unidos como súper potencia hegemónica. La reforma al sistema monetario internacional habrá de dar así un puesto más valioso al Yuan chino y al Euro que, en torno a un nuevo rey, el oro, trazará la pauta de lo que será la “nueva normal” del siglo XXI.

Twitter: @memobarba

viernes, 13 de mayo de 2011

¿POR QUÉ BANCO DE MÉXICO COMPRÓ TANTO ORO?

Bueno, por primera vez es posible contestar fácil y rápidamente a una pregunta como la del título de este artículo, gracias a que el principal responsable de esa adquisición se encargó de responderla. Como usted recordará, este mes se dio a conocer que Banco de México (Banxico) compró alrededor de 100 toneladas de oro (más de tres millones de onzas) en el primer trimestre de 2011.

La semana pasada, incluso comentamos en este espacio (http://bit.ly/la4gSq) que había sido una lástima que nos hubiésemos tenido que enterar del hecho gracias a un diario extranjero: el Financial Times. Pareció entonces como si se hubiese querido que pasara desapercibida, una de las mayores y más aceleradas compras de ese metal de que se tenga registro, por parte de un banco central, en la historia reciente.

Pues bien, ayer en una entrevista con Óscar Mario Beteta, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, dio la esperada respuesta al por qué de dicha operación: “nos disminuye el riesgo”.

Como se sabe, no hay inversión que no lo conlleve, pero lo que más llama la atención, es que cada día hay más señales de un cambio profundo entre lo que se percibe como “seguro” y “riesgoso”. Para nadie es un secreto, por ejemplo, aquel viejo mito de que el dólar estadounidense es el mejor refugio para los inversionistas, pero si eso fuera vigente, ni siquiera se hubiera considerado ampliar nuestras reservas internacionales en oro; no haría ninguna falta.

Así pues, en México durante mucho tiempo estuvimos acostumbrados a mirar al tipo de cambio peso/dólar como indicador de crisis, y nos enseñaron que entre más subiera el billete verde, sería peor. No obstante, nunca aprendimos que lo contrario, que el dólar bajara, no necesariamente sería un buen augurio. Y es que ahora es el dólar el que está enfermo, y su mortal padecimiento lo devalúa ante los ojos de todos.

Por desgracia, no es la mayoría la que se percata de ello, y en consecuencia, muchos ni siquiera están tomando previsiones. Esa devaluación se refleja en el aumento de precio de los activos tangibles (commodities), entre los que se encuentran los metales preciosos.

Queda claro que Banxico es uno de los que sí se están dando cuenta de la gravedad de esta situación, y ante el peligro inminente del dólar recurre al “viejo confiable”. Carstens puede decir que no se trata de huir del dólar, pero las cifras muestran que al menos en los tres primeros meses de 2011 así fue: de los 7,673.8 millones de dólares acumulados en los Activos de Reserva Oficiales, más del 56 por ciento fue en oro.

Para los que hoy critican y sospechan que esa inversión pudo no haber sido acertada, por la reciente baja en los precios de las commodities, de nuevo Carstens tiene razón cuando dice: “en el mediano y largo plazos, sí vemos que el oro tiene la capacidad de subir.” Y vaya que sí. Los metales preciosos (y en general las materias primas), se encuentran en lo que se conoce como “bull market” (mercado alcista) que dista mucho de terminar.

Las bajas en sus cotizaciones parecen solamente estar descontando que, en junio, terminará la segunda ronda QE2 de “relajamiento cuantitativo” (impresión de dinero) de la Reserva Federal de Estados Unidos. Además, no existe un solo mercado en el que los valores vayan en línea recta hacia arriba o hacia abajo siempre.

En este sentido, en un mercado al alza las correcciones hacia abajo son sanas y normales, pero no hay duda que luego la tendencia será retomada tarde o temprano, conforme se acerque un QE3. La historia da evidencias de que cada vez que se ha recurrido a devaluar una moneda (como ahora el dólar) a través de la impresión de dinero de papel para “impulsar” la economía, los resultados son desastrosos.

Ante este hecho, ojalá que Banxico continúe acumulando reservas en oro, pues con este panorama hasta le podríamos perdonar que lo siga haciendo calladito, calladito .

viernes, 6 de mayo de 2011

MÉXICO, ¿AVERGONZADO POR LLENARSE LOS BOLSILLOS DE ORO?

Ojalá que la frase del título de este artículo hiciera referencia a que la “pujante” economía mexicana, nos estuviera permitiendo a la mayoría de los ciudadanos llenar nuestros bolsillos de oro contante y sonante. Por desgracia no es así, pero resulta que al menos esa expresión es válida en el plano macroeconómico. Y es que esta semana se dio a conocer que, durante el primer trimestre de 2011, Banco de México (Banxico) acumuló una de las mayores compras de oro de su historia: nada menos que 100 toneladas.

No obstante, lo que sin duda fue una decisión acertada de parte de ese Instituto Central (entre muchas equivocadas, por cierto), quedó empañada por una enorme duda: ¿por qué una inversión de estas proporciones en un activo tan poco habitual, ni siquiera mereció en su momento un boletín de prensa tan pobre, como el que sacaron tras la publicación del hecho en el Financial Times?

Dice Banxico en su escueto comunicado, que dichas adquisiciones “se inscriben dentro de la política habitual de este Instituto Emisor referente a la inversión y diversificación de sus activos.” Sin embargo, lo cierto es que esto no tiene nada de habitual, al contrario. Se trata de una de las mayores y más aceleradas compras del metal amarillo que haya hecho un banco central, en la historia reciente, por un monto aproximado de 4.5 mil millones de dólares. B

Banco de México se defiende argumentando que las notas periodísticas se sustentaron en su propio Reporte sobre las Reservas Internacionales y la Liquidez en Moneda Extranjera, publicado en internet, pero queda claro que se comportó como aquel niño inquieto que, después de una de sus travesuras, hace todo lo posible para que sus padres no lo noten.

En este caso, es evidente que alguien tuvo que tomar la decisión de no hacerlo público. Eso en tierra de “sospechosistas”, nos conduce a pensar que quizá no se haya querido incomodar al país vecino que, vaya casualidad, es el emisor del enemigo público número uno del oro: el dólar.

¿De veras era una vergüenza admitir abiertamente que nuestro país se sumó a otras naciones que han expandido sus reservas de oro como Rusia, India y China? No tendría por qué haberlo sido. Después de todo, cada país tiene el genuino derecho de obrar conforme a sus propios intereses.

Sea como fuere, la realidad es que el hecho de que en el propio vecindario de los Estados Unidos se esté considerando reducir las reservas internacionales en su divisa, es una señal más de que la suerte del dólar está echada. Esos 4.5 mil millones de dólares no fueron a dar a Bonos del Tesoro norteamericano para ganar cero intereses, como de costumbre, sino que fueron convertidos en dinero real, un bien valioso y tangible. Eso es justo lo que poco a poco comienzan a hacer cada vez más bancos centrales y personas, que guardan sus propias reservas para el día en que el billete verde, y en general el dinero ficticio, sean sometidos a su “Juicio Final”.

Por eso, hoy que ha llegado una sana corrección a los mercados de oro y plata, no debemos perder de vista el bosque distrayéndonos con un árbol. Si bien el rey de los metales cayó por debajo de los 1,500 dólares la onza, todavía está uno por ciento arriba de donde se encontraba hace sólo un mes, y su caída no ha sido estrepitosa como la de su compañera.

El caso de la plata es distinto, pues los datos muestran que quizás subió demasiado en muy poco tiempo, y su corrección será más drástica. Pero el bosque al cual nos referimos, sigue ahí: la debilidad de la economía y su adicción a la impresión de dinero para mantenerse con vida, las monumentales e impagables deudas soberanas en Europa y Estados Unidos, los incontrolables déficits fiscales, etc.

En fin, el punto es que, para los desilusionados que piensan que el oro y la plata están enfermos, mejor váyanse haciendo a la idea de todo lo contrario; lo que vieron en las últimas semanas, no fue más que un mero ensayo de lo que vendrá cuando de veras estén ardiendo. No por nada se dice: “no hay ninguna fiebre, como la fiebre del oro”.

viernes, 29 de abril de 2011

FUTURO REY ORO Y FUTURA REINA PLATA, LA FIESTA QUE AÚN NO TERMINA

Las últimas dos semanas han sido verdaderamente emocionantes para los mercados, pero sobre todo para el de metales preciosos.  Mientras que la Semana Santa y la de Pascua son para muchos de solaz y diversión, los centros bursátiles no dieron tregua. En particular llamó la atención lo que ocurrió con el oro y, por su espectacularidad, con la plata. La actividad de estos ha sido tanta o más activa que antes de los días feriados. Ayer mismo, ambos tocaron a la par, por primera vez en más de 31 años, nuevos máximos históricos. El primero dejó atrás la barrera psicológica de los 1,500 dólares por onza (1,538.35), y el segundo rozó los 50 dólares (49.51).

Y es que si bien el metal amarillo no ha dejado de acumular un largo historial de nuevos récords, la plata había permanecido “dormida” la mayor parte de la década, alejada de la atención de los inversionistas que, a causa de su bajo precio, la tuvieron menospreciada por largo tiempo. Este típico error de la mayoría de los inversores –incapaces de detectar la oportunidad de compra precisamente por su subvaluación, generó enormes oportunidades a los que sí las vieron: en lo que va del año, su precio se ha disparado casi 60 por ciento.

Los amables lectores de este espacio, recordarán que desde la aparición de Inteligencia Financiera, expusimos las ventajas que ofrecía la plata para quien gusta de invertir en valor, así como las bondades de la pospuesta monetización en México de la onza Libertad.

Hoy, todo y nada ha cambiado. Todo porque la plata ya no está a menos de 10 dólares como en 2008; y nada, porque pese a los agoreros que pregonan que la “burbuja” de las commodities está cerca de explotar, la realidad es que estamos quizá apenas a medio camino en su “bull market” (mercado alcista).

Para quien tenga duda, valdría la pena que revisara las cantinflescas declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, que en un hecho insólito sostuvo el miércoles una conferencia de prensa posterior a la reunión de su Comité de Mercado Abierto. Si bien por un lado dejó claro que la fase dos de su programa de impresión monetaria (QE2) terminará en junio, lo cierto es que reconoció la inocultable desaceleración de la economía estadounidense, que se reflejó en los decepcionantes datos de crecimiento del PIB en el primer trimestre (1.8%).

Asimismo, echó por tierra las voces de los que auguraban una pronta subida de tasas de interés, y reiteró el compromiso de mantenerlas casi en cero “por un periodo prolongado”.

Si a ello sumamos los inminentes recortes presupuestales que tendrá que asumir Obama ante el embate republicano, ¿alguien tiene duda de que sólo es cuestión de tiempo para el anuncio de una nueva inyección de liquidez QE3? ¿O acaso también pasó de noche que los chinos ya dieron visos de querer deshacerse de dos terceras partes de sus reservas de dólares?

En este sentido, la debilidad de la divisa norteamericana es sintomática. El Índice Dólar está en su nivel más bajo desde 2008, y su caída libre la vemos en el país con el espejismo del “súper” peso, que ayer se situó en 11.54 por billete verde. El dúo fatídico del secretario del Tesoro, Geithner y Bernanke, podrá decir que está en su interés un dólar fuerte, pero sus hechos demuestran lo contrario. Su complacencia ante esta circunstancia, abona a las condiciones que permitirán que se sigan encareciendo materias primas indispensables como los alimentos y los combustibles.

Por todo eso, hoy que los reflectores de los medios apuntan hacia Londres por el enlace matrimonial de William y Kate, valdría la pena no distraerse del hecho de que, pese a las habituales correcciones en el camino (como la que podría darse pronto), la fiesta del oro y la plata está lejos de terminar. Sin duda, llegará el día en que con su empoderamiento, ambos monarcas recuperarán la corona que por la naturaleza de las cosas, siempre les ha correspondido. Más que futuros rey y reina, volverán al lugar del que nunca debimos de haberlos movido.

viernes, 15 de abril de 2011

LA GRAN MINA DE ORO, Y EL "ORO DE LOS POBRES"

Esta semana se dio a conocer el descubrimiento de una mega mina de oro y plata, al noroeste de Durango. Con este nuevo descubrimiento realizado por la empresa canadiense Chesapeak Gold Corp., llegaría a convertirse en la quinta más grande del mundo, con una producción anual de plata de 19.4 millones de onzas, que generaría también en sus 20 años de vida más de 17 millones de onzas del metal amarillo.

De acuerdo a proyecciones de la Cámara Minera de México, con este y otros proyectos en puerta, nuestro país pasaría de la posición 12 a estar en el “Top 5” de los productores de oro en los próximos años. Cabe recordar que en 2010 recuperamos ya el primer lugar en producción de plata a nivel global.

Estas señales constituyen un indicador más de que el “péndulo” de los mercados, ya ha cambiado de dirección. Y es que en esa infalible dualidad -tan evidente para el que la quiere ver, unas veces predominan los activos en papel y otras los activos tangibles. La historia financiera nos permite observar esta asombrosa periodicidad, que marca el compás al que los capitales se mueven.

Así pues, hay tiempos en los que los bienes “de papel”, como las divisas, los bonos (deuda) y las acciones, son la opción inteligente al brindar los mayores rendimientos y la mayor seguridad. Sin embargo, cuando la propia fuerza natural de los mercados conduce a excesos en alguno de sus componentes, oferta y demanda, el equilibrio se rompe, la balanza se inclina y el péndulo camina en sentido opuesto.

Cuando ello ocurre, sólo las mentes más avezadas suelen advertir los cambios y actúan en consecuencia. El efecto, por supuesto, es que lo que antes fue menospreciado, comienza a adquirir fuerza y notoriedad. Si antes los bienes tangibles fueron lo menos, se transforman poco a poco en lo más, hasta tocar el otro extremo: lo que pierde o carece de valor, es todo lo que huela a activos de papel; y el ciclo vuelve a empezar. Comprender esto es fundamental para todo aquel interesado en la adquisición y sobre todo, en la preservación de su riqueza, sea poca o mucha.

Hoy día, somos testigos de este cambio de dirección en un mundo que, grosso modo, podemos decir vivió un auge de activos de papel durante las dos últimas décadas del siglo XX. En 2011 entonces, estamos inmersos en un auge de su contraparte, los bienes materiales como las materias primas, que en los 20 años previos sólo vieron caer su valor, sus precios, su producción y su prestigio. Este nuevo apogeo que comenzó con el nuevo milenio es pues, resultado de un cambio fundamental, no sólo coyuntural.

De ahí que en anticipación a la fase de frenesí (que por cierto es el momento en que la mayor transferencia de riqueza ocurre), con la que suelen concluir estos mercados alcistas, veamos signos claros como las macro inversiones que apuntamos al principio: todos quieren llegar a la olla al final del arcoíris antes que nadie. Los grandes inversores, de este modo, prevén la transición y no esperan.

Por eso, del otro lado de la moneda, los síntomas inequívocos de la etapa de decadencia están aplicando para los activos en papel: las divisas, corrompidas por la impresión masiva de billetes a cargo de los principales bancos centrales; los bonos, por las ínfimas tasas nominales de interés que pagan (negativas en términos reales) y el elevado costo artificial que tienen; y las bolsas que ven opacadas sus utilidades reales frente a las que obtienen las “commodities”.

En este contexto, el rey de los metales y su pareja inseparable, la reina plata, no han dejado de revaluarse en la última década. Por ello, la expresión con la que muchos se han dirigido a esta última al llamarla “el oro de los pobres”, la tiene sin cuidado pues al día de hoy, su desempeño está opacando al de su compañero.

No obstante que ayer mismo oro y plata tocaron máximos, histórico en el primer caso y de 31 años en el segundo (1,479.01 y 42.41 dólares la onza, respectivamente), no debemos perder de vista que, ajustados por inflación oficial, ambos aún se ubican muy por debajo del pico que alcanzaron en enero de 1980. De esta manera, más valdría parafrasear así a un clásico: “oro y plata son dinero, todo lo demás, es crédito”, ¿está claro?

viernes, 8 de abril de 2011

POR FAVOR, ¡DEJEN QUEBRAR A PORTUGAL!

En los mercados financieros como en la vida misma, los errores y aciertos se pagan y se cobran en función de su relevancia. Así pues, con una buena decisión un inversionista puede ganar una fortuna de la noche a la mañana, mientras que con una pésima, puede perderlo todo. Ese razonamiento, suele no aplicar del todo en lo que podríamos considerar como las “Ligas Mayores”.

Y es que está demostrado que si se es “demasiado grande” para quebrar, del tamaño de un banco importante o un país, no hay por qué temer por las malas acciones, pues  siempre habrá manos públicas generosas que se encarguen de entrar al rescate para evitar la bancarrota, por supuesto, socializando las pérdidas.

El mundo occidental vive esta nueva “normal” que, por supuesto, implica también que pocos se enriquecen mientras muchos se empobrecen, aniquilando lenta pero consistentemente a la clase media. Una fiesta en la que los que pueden, disfrutan de las mieles del derroche y abuso del crédito a costa de hipotecar el trabajo y los recursos de futuras generaciones.

Esa, es la historia que hemos atestiguado una y otra vez en lo que va del siglo: burbujas especulativas alentadas por tasas de interés manipuladas a la baja, que empujan a los tenedores de capitales en su búsqueda de ganancias, a prestar incluso a aquellos que aunque no pueden pagar, disfrutan de la fiesta mientras dure. Un mundo feliz.

Lo malo es que cuando la parranda termina -y siempre lo hace, la resaca empieza a hacerse sentir y a nadie le gusta. Por eso recurren a la vieja técnica de patear lejos la bomba para que después le explote a otro, o lo que es lo mismo, a evitar la resaca manteniéndose ebrios. Esa, la cruda realidad de tener que pagar las cuentas, es la que no está gustando nada en Europa, y la causa principal de los llamados rescates financieros.

El argumento siempre es el mismo, se hace “por el bien de todos”. Lo que no se dice, es que en verdad a quien se rescata, es a los grandes corporativos bancarios, que como decíamos al principio, deberían asumir los costos de sus malas decisiones, perder. Los que pagan los platos rotos, terminan siendo naciones y ciudadanos de países que por su esfuerzo, gozan de una mejor posición, como Alemania o Francia. Es como si en cualquier barrio, los de la casa de al lado tuvieran que dar la cara y pagarle al banco la hipoteca del vecino moroso.

Ejemplos recientes sobran. Basta con voltear a ver a Grecia e Irlanda en 2010, y ahora a Portugal. El detalle es que su problema de fondo no es que les falte liquidez, sino solvencia; o sea, no es que el de la casa de al lado no tenga “cash”, simplemente, no puede pagar. ¿Vale la pena seguir posponiendo la dolorosa solución inevitable, cuando han probado una y otra vez que ocultan la verdad? ¿No sería mejor al mal paso darle prisa?

Recordemos que los gobiernos de esas tres naciones, días antes de anunciar que recurrirían al un rescate de la Unión Europea, juraban no necesitarlo. “No necesitamos un crédito”, decía el griego Papandreou; “no tenemos que pedir prestado dinero alguno”, clamaba el irlandés Cowen; “Portugal no necesita el rescate”, desdeñaba Sócrates. ¿Será acaso un preludio de lo que ocurrirá con la España de Zapatero, que descarta “absolutamente” cualquier salvamento?

Es oportuno traer a cuentas lo que en este espacio decíamos en enero de 2010, meses antes del primer rescate a Grecia, en el artículo “Dólar vs. Euro ¿Quién para campeón?” (http://bit.ly/fO0KO9): “cinco países están causando preocupación (…) Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, que enfrentan serios problemas comunes como desempleo, déficits públicos y sobre todo deuda creciente”.

Tres de ellos, ya han caído. Lo ocurrido hasta ahora, confirma que las fichas del dominó financiero seguirán sucumbiendo una a una, hasta que por la fuerza natural del mercado, la amarga medicina, el sistema finalmente se depure y reinicie sobre bases sólidas de ahorro, inversión y crecimiento. Dejemos que el tiempo, nos dé la última palabra.

viernes, 1 de abril de 2011

RETIRARSE SIN PENSIONES = RETIRARSE POBE

El año pasado dedicamos varias entregas de esta columna a las pensiones. El tema por sí mismo levanta pasiones, pues se trata de un beneficio que atiende a grupos más o menos vulnerables que, en muchos casos, dependen por completo de ese ingreso para subsistir. Pensar siquiera en reformas que recorten los recursos dedicados a actuales o futuros pensionistas, resulta un asunto de debate inmediato, por las naturales inconformidades y reacciones –incluso violentas, que se pueden generar.

No obstante, la crisis económica que el mundo atraviesa en la actualidad y las proyecciones actuariales más serias, ponen en serio entredicho la sobrevivencia del esquema de Estado de Bienestar que las creó.

Esta misma semana, la sostenibilidad de las pensiones en México volvió a ser puesta en la mesa, cuando especialistas de las firmas de Ernst & Young, Lockton y el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, plantearon que se requiere alrededor de 20 millones de millones de pesos para financiarlas. La cifra equivale a casi seis veces el Presupuesto de Egresos federal de este año y a 150 por ciento del PIB, lo que por supuesto impone una pesada carga a las finanzas públicas presentes y futuras, por no decir que no alcanzará para pagarlas.

El reto es todavía mayor, si se considera que ese dato sólo contempla los requerimientos monetarios para atender a aquellos trabajadores que se encuentran bajo un esquema de retiro que les permita jubilarse. Es decir, ni siquiera incluye las cantidades que se necesitarían en caso de que aquellos que se emplean en la informalidad, tuvieran derecho a ella; de hacerlo, el déficit sería más grande.

Y es que si bien en la fría contabilidad, quizás no parezcan afectar al erario, sí lo harán por el lado de la asistencia pública a la que se verán forzados a recurrir. Tarde o temprano, como es obvio, los trabajadores del sector informal también querrán o tendrán que retirarse, sin la garantía de que contarán con recursos que les permitan hacerlo con dignidad. De hecho, los expertos comentaron que es probable que hacia 2050, sólo uno de cada cuatro adultos mayores de 60 años sea pensionado. Por eso, la materia es de la incumbencia de todos los que hoy son jóvenes, pues la falta de previsión implicaría acabar justo como nadie quiere: viejo, solo y pobre.

Eso sí, cuidado con pensar que los planes de retiro auguran necesariamente un porvenir alentador. La realidad es que algunos cálculos estiman que una persona, podría recibir como pago mensual el equivalente a entre 10 y 20 por ciento de lo que percibía en su vida laboral activa. Ese recorte, por fuerza significará caídas en el nivel de vida de la gente y/o la obligación de trabajar por más años.

El sentido común nos conduce a pensar que, cuando todos estos programas de “Estado de Bienestar” no existían, debió haber una mayor cultura de la previsión. Muy pocos osados o irresponsables, estarían dispuestos a terminar como la Cigarra de la fábula. De hecho, hay evidencia suficiente en países en vías de desarrollo que cuentan con incipientes sistemas de seguridad social, que demuestran este hecho. Es el caso por ejemplo de varias naciones asiáticas que cuentan con elevadas tasas de ahorro.

Sin embargo, la verdad es que resulta difícil pensar en ahorrar, cuando por un lado, los sueldos medios son tan bajos y, para empeorar la situación, los responsables ahorradores son reducidos a “tontos”, que ven desvanecer el valor de lo preservado a manos del incremento de los precios. Un universo al revés en el que el castigo es impuesto a los que no están conformes con gastar todo lo que tienen.

Esta absurda lógica puede cambiar a medida que se fomente en serio una política de ahorro interno, fundamento indispensable del desarrollo. La garantía de que el dinero guardado por lo menos valga igual mañana que hoy, será así un aliciente para todos los que deseen oponerse a un retiro de pobreza.

Ojalá por eso cada día sean más los que impulsemos medidas de bien común “de a de veras”, como la de introducir la onza de plata “Libertad” a la circulación monetaria, a la par de los pesos de papel. ¿Quién no estaría dispuesto a ahorrar de esta manera? Que la esperanza, nunca muera.

viernes, 25 de marzo de 2011

OPTIMISMO OFICIAL EN MÉXICO

Hace algunas semanas, el secretario de Hacienda se lució con una pifia que opacó la nota que quería presumir: la del crecimiento de la economía mexicana en 2010. Sólo para recordarlo, aquel resbalón fue conocido por decir que con seis mil pesos de ingreso mensual, había mexicanos que pagaban casa, carro y escuela privada para sus hijos, al más puro estilo de la canción “Peso sobre peso” del famoso Chava Flores. Pues bien, Ernesto Cordero sigue dando de qué hablar, y si antes nos hizo recordar a la “Bartola” de la canción, ahora hace lo propio con aquel personaje conocido como “La Chimoltrufia”.

Y es que en menos de una semana, ha mandado mensajes bastante contradictorios. Al más puro estilo de la creación de “Chespirito” (que repetía su frase de “así como digo una cosa, digo otra”), primero el lunes declaró que la reciente alza en los precios del petróleo significaban una amenaza mayúscula para la economía del país. En lo que parecía una esperada entrada en razón, admitió abiertamente también que nuestra recuperación está en función de la de Estados Unidos, y que la apreciación del peso se está convirtiendo en una “mala noticia” para las arcas nacionales, al recibirse menos pesos por cada dólar que ingresa.

Sin embargo, sólo un día más tarde, el secretario pareció olvidar los riesgos de los que hablaba por el alza del crudo, al referirse a “una fuerte posibilidad” de que el PIB en 2011 crezca a una tasa aún mayor que la del año pasado, de 5.5 por ciento. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Le debemos creer al Cordero realista o al optimista?

Queda claro que la primera perspectiva luce más sustentada, en un escenario que cada vez se asemeja más a una tormenta perfecta para los precios del crudo. A factores como la creación masiva de liquidez monetaria (a cargo de los principales bancos centrales), las apretadas reservas petroleras mundiales y la demanda creciente, se suman ahora la inestabilidad política en Medio Oriente, África del Norte y la crisis nuclear japonesa; todos, elementos que fortalecen su tendencia alcista. Aunque todavía estamos lejos de los máximos históricos (alrededor de 150 dólares el barril) vistos en 2008, la cotización ya está de nuevo arriba de los 100 dólares. Las probabilidades de una recaída económica mundial, avanzan a la par de los precios del oro negro. Por eso se antoja muy complicado que nuestro principal motor, Estados Unidos, pueda vigorizar su producción en un marco de combustible caro.

Eso sí, no debemos perder de vista que el petróleo y sus derivados, con todo y su importancia, forman parte de las materias primas. En este sentido, otras aún más importantes como los alimentos, están experimentando encarecimientos por razones similares, y que en conjunto merman a diario la capacidad de compra de la gente. Eso explica en gran parte, por qué la recuperación que tanto anuncian en los medios genera serias suspicacias. ¿O acaso de veras estamos mejor con gasolina y tortillas más caras?

Ahora que si el bando de los optimistas quiere conservar los adeptos que tiene, que no voltee a Europa ni a ver las cotizaciones del dinero real (oro y plata), pues corre peligro de irse de espaldas. Ayer mismo el oro tocó un máximo histórico por arriba de 1446 dólares la onza, y la plata uno de 31 años en 38.09 dólares/oz, mientras Europa se cimbra ante la inminencia de un rescate financiero para Portugal.

Visto de esta manera, tal vez Ernesto Cordero quiso remediar el descontento que generó con la anécdota de los seis mil pesos, ideando una manera de estar siempre en lo correcto, como aquella trampa en los “volados” en que uno dice: “sol, yo gano; águila, tú pierdes. De ser así, ¿usted de qué lado lo apoya?

viernes, 18 de marzo de 2011

JAPÓN: UN TSUNAMI QUE SUBIRÁ LOS PRECIOS DE COMBUSTIBLES

La catástrofe que sufrió Japón hace unos días y que ha consternado al mundo entero, no es una tragedia más, sino una que quedará marcada con tinta indeleble en la historia de la humanidad. Si bien hay desastres de toda índole que ocurren año con año a lo largo y ancho del planeta, existen algunos que sirven de referencia obligada para marcar cambios en los paradigmas existentes.

Entre estos sucesos se cuentan desde fenómenos meteorológicos y extinciones masivas de especies, hasta grandes guerras. Así pues, el terremoto, posterior tsunami y posible gran tragedia nuclear en el país del Sol Naciente, será uno de esos hitos históricos al margen de lo que suceda de aquí en adelante.

Por supuesto, lo más doloroso sin duda es que miles de personas hayan perdido la vida, y que millones de afectados más, tendrán que cambiar sus hábitos, costumbres y actividades cotidianas para habituarse a una nueva realidad. No me refiero solamente al pueblo japonés, sino incluso a aquellos que nos encontramos en otros continentes, a los que nos serviría tomar conciencia de que esta desgracia acelerará procesos de cambio, en un ámbito que incumbe a toda la humanidad: la economía.

En este sentido, debemos entender otra cara del problema originado en Japón que poco se ha abordado: las consecuencias que tendrá en los precios de alimentos, combustibles y materias primas en general. Su tendencia alcista no sólo sigue intacta, sino que además se ha reforzado y acelerado con lo ocurrido.

Así pues, mientras Alemania decreta un cierre temporal de sus plantas nucleares más viejas, y Estados Unidos y México realizan nuevas revisiones en los sistemas de seguridad de las propias, el descrédito que recibe la energía atómica la condena sin remedio a soportar una pesada carga de la que no será fácil desprenderse.

El beneficiario directo de esto es el petróleo, que junto con el carbón y el gas natural, constituye el principal recurso para la generación de energía eléctrica. Esto se traduce en que, a pesar de las caídas en precios que se puedan observar en el corto plazo, la realidad es que podemos esperar que esta década el crudo y sus derivados sigan encareciéndose.

No podemos hacer a un lado que hace mucho no se descubren nuevos yacimientos súper masivos del “oro negro” que, por su accesibilidad, pudieran asegurar un pronto crecimiento de la oferta para descender su cotización. Es más, gracias a los cables de Wikileaks, ahora se sabe que la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita, reportó a Washington entre 2007 y 2009 sus sospechas fundadas de que los sauditas habrían exagerando hasta en 40 por ciento las reservas petroleras que dicen tener.

Este aliado de los estadounidenses, siempre ha prometido elevar su producción de crudo en el caso de que precios altos comprometan el ya por sí mermado crecimiento económico yanqui. ¿Qué pasaría entonces si se comprueba que, pese a su compromiso, Arabia Saudita fuera incapaz de producir más petróleo? No hace falta explicarlo.

En fin, al pueblo japonés no nos queda más que desearle que la contingencia que enfrenta se resuelva pronto, e inicien su reconstrucción. Mientras tanto, en el resto del mundo vayámonos preparando para lo que, todo indica, será un “tsunami” en el precio de los energéticos que, afortunadamente, sí podemos predecir.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿BANCOS CENTRALES CONTRA LA INFLACIÓN? (NUNCA COMBATA UN INCENDIO CON GASOLINA)

Es curioso que los principales responsables de la expansión monetaria y del crédito, los bancos centrales del mundo, se dividan ya entre los que no ven la inflación y los que comienzan a “preocuparse” por ella. Ninguno tiene remedio, pues si bien la desvergüenza de los primeros es mayor, los segundos se rasgan las vestiduras en el tema como si en ello no tuvieran nada que ver.

Las muestras más representativas de cada caso, son la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). Banco de México ha tomado partida del lado de la Fed, pues además sus respectivos titulares han concluido lo mismo: no hay presiones inflacionarias serias, pero de llegar a existir por los precios del petróleo y demás commodities, éstas serán “temporales”. Basta revisar las declaraciones de Bernanke y Carstens para notar sus coincidencias.

Estas falaces conclusiones, así como la fingida preocupación por el incremento de precios, nos revelan su nula comprensión de este fenómeno monetario o su desfachatez. Esta semana, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, coordinó conversaciones entre los principales banqueros centrales en las que descargó toda la responsabilidad de lo que llamó “amenaza de inflación”, en los precios del crudo y alimentos. En otras palabras, fue capaz de ver el peligro presente pero ninguna de sus causas estructurales, como si la inflación fuese un asunto de generación espontánea. En cambio, siempre será más fácil atribuir las vicisitudes a coyunturas externas como la inestabilidad en Medio Oriente.

Para contrarrestar estos riesgos, Trichet dio señales de que está listo para comenzar a subir las tasas de interés en la zona Euro. Sin embargo, poco éxito puede augurarse a su intento, pues contra el incendio inflacionario más grande de la historia un solo carro de bomberos con un chorro insignificante de tipos de interés, nada podrá hacer contra las grandes oleadas de combustible (dinero de papel) que se arrojan desde América a todo el orbe.

La apuesta de Carstens, Bernanke y Trichet es que el sobrecalentamiento de economías emergentes como la china, provoque una desaceleración que alivie las presiones en las commodities. Pero el tsunami de liquidez que devalúa al dólar, no se detendrá en el corto plazo, por lo que tanto alimentos como energéticos continuarán su tendencia alcista. Es más, incluso de presentarse una pronunciada desaceleración, los problemas de oferta que atraviesan las commodities seguirán presionando los precios.

Por ese motivo, la lucha de “todos contra la inflación” sólo puede ser liderada por los propios ciudadanos. Aquél que piense que los banqueros centrales le pondrán fin a este problema, verá perder con impotencia la capacidad de compra de su dinero. De ahí que resulte indispensable proteger el valor de lo ganado, jugando las contras a los que se empeñan en robar de los bolsillos de todos. El ahorro en onzas de plata amonedadas como la “Libertad”, en México; las “Eagles”, en la Unión Americana; las “Maple Leaves”, en Canadá, etc., es sin duda una opción insoslayable.

A propósito de la plata, las últimas semanas ha tocado máximos de 31 años, y aunque una corrección parece inminente, lo cierto es que los fundamentos para que su “bull market” (mercado a la alza) continúe, siguen sólidos. A pesar de eso, con tristeza vemos que en México, por un lado, se sigue desaprovechando la oportunidad de monetizar la onza Libertad, y por otro, que la demanda de dicha moneda podría estarse desacelerando.

Según informa Banxico en respuesta a la solicitud de información OFI006-3646 realizada por este columnista, la colocación de onzas Libertad se disparó de 375,282 piezas en 2007, a 1,275,731 en 2008, cuando inició la crisis. Sin embargo, para 2009 sólo creció 20.25 por ciento más, y para 2010 cayó 26.07 por ciento a 1,134,043 unidades. ¿Será acaso que haya quien sí se esté creyendo el cuento de la recuperación? Que cada uno decida qué camino tomar, pero ante la posibilidad de una gran tormenta, más valdrá siempre estar preparados.

viernes, 18 de febrero de 2011

LA "GUERRA" POR LOS ALIMENTOS: EL PUNTO CRÍTICO

En Inteligencia Financiera hemos dedicado por su importancia, un amplio espacio al tema del alza en el precio de los alimentos. No es ninguna sorpresa que los niveles de pobreza y hambre estén vinculados estrechamente a estos, pues las familias de menores ingresos destinan una porción mayor de su gasto a la comida que aquellas más favorecidas. Por ello, cada peso o dólar de aumento implica que miles de personas más se suman sin remedio a las estadísticas de pobreza y desnutrición, dondequiera que se encuentren.

Dos organismos internacionales, la FAO y el Banco Mundial –que cuentan con sendos índices de precios alimenticios, ya han expresado en reportes por separado su preocupación al respecto. El primero, porque su medición acumula siete meses consecutivos hacia arriba; el segundo, porque estima que justo en ese mismo periodo (de junio a enero pasados), 44 millones de personas en países en desarrollo han caído dentro de lo que considera como “pobreza extrema”, es decir, aquellos que sobreviven con menos de 1.25 dólares diarios. Por supuesto, estas coincidencias no son producto de la casualidad.

Nuestro país, como es obvio, no es ajeno a esa realidad. Sin embargo, en cualquier entrevista podemos escuchar muy tranquilo al titular de SAGARPA, Francisco Mayorga, hablar de que el abasto de maíz y hortalizas, por ejemplo, está garantizado a pesar de la tragedia agrícola de un estado tan importante en esa materia, como Sinaloa. Asimismo, que los problemas de precios tienen su origen en las cotizaciones de los productos en el mercado internacional, afectados nada más que por las condiciones climáticas.

Sí, claro que en esas variaciones influyen los fenómenos meteorológicos, pero contrario a lo que cree el alto funcionario, esa no es la raíz de los crecientes precios sino sólo un ingrediente más. Queda clara entonces la intención oficial de atribuir los inminentes aumentos sólo a meras motivaciones externas. Una reedición de aquella frase de: “esta crisis, vino de fuera”.

De este modo se pretende fingir que México puede darse el lujo de perder el 75 por ciento de su producción nacional de maíz (del ciclo otoño-invierno), sin que pase nada; eso no es posible. Las leyes de oferta y demanda no fallan y, en este caso, la menor disponibilidad del grano tendrá severas consecuencias inmediatas en precios como el de la tortilla. Para ello ya sólo es cuestión de tiempo.

En otras palabras, aunque se satisficieran los requerimientos de maíz como promete Francisco Mayorga, éste no estará a costos accesibles para todos. Si no, que le pregunten a los castigados empresarios de la industria tortillera, que ya sufren la subida de sus costes en un ambiente de dura competencia frente a las grandes cadenas, que pueden subsidiar el kilo para ser más competitivos.

Ante estas circunstancias internas, podemos esperar un golpe más fuerte de lo que se preveía por la elevada liquidez monetaria global. La historia demuestra que, cada vez que gobiernos y bancos centrales se dedican a derrochar e imprimir dinero para enfrentar sus dificultades económicas, como está ocurriendo ahora, el resultado es un incremento en el valor de activos tangibles. Las commodities –entre las que se encuentran los alimentos,  forman parte de esos activos que además se potencian con la escasez de inventarios y de tierra cultivable disponible que hay en el mundo.

Mientras no se vislumbre un cambio de dirección en esta política de creación monetaria, la tendencia al alza seguirá imparable. Esa sí, es la causa original de este “big bang”.

Ahora bien, ¿qué sucedería si para cumplir con el abasto se requiriera importar el maíz? Los riesgos son evidentes, pues la crisis alimentaria que se gesta no es exclusiva de México. Aquellas naciones en posición de exportar sus excedentes agrícolas, sobre todo de granos, la pensarán dos veces antes de venderlos, bajo el riesgo de comprometer la oferta suficiente en sus mercados internos. Justo eso sucedió con Rusia el año pasado, cuando prohibió las exportaciones de trigo.

Como en una guerra, los frentes guardan sus provisiones. Es por todo eso que el Banco Mundial califica los precios actuales como “peligrosos”, en punto crítico, pues pueblos hambrientos son susceptibles de organizar movimientos sociales que generan inestabilidad al estilo de Túnez o Egipto. En América Latina, Bolivia, Guatemala, Haití y Honduras enfrentan desafíos todavía mayores al nuestro.

Por eso hoy más que nunca, nada puede haber más importante que, primero, buscar ser autosuficientes en materia alimentaria. Luego, a través de la investigación, del desarrollo y de más infraestructura, sentar las bases para poder ofrecer en el largo plazo, nuestros productos agropecuarios al continente asiático, que será el que lidere el crecimiento económico en el presente siglo. El campo, después de todo, resultará ser un gran negocio si lo sabemos aprovechar.

Guillermo Barba


Twitter: @memobarba

viernes, 4 de febrero de 2011

EL CONFESIONARIO DE GEITHNER Y BERNANKE

Todos conocemos la forma en que los políticos suelen mentir acerca de diversos temas de interés público. Pareciera que imaginarlos declarar con la verdad sería un sueño imposible. Pero no, por increíble que parezca, al menos en Estados Unidos dos de los funcionarios públicos del más alto nivel se han visto forzados de algún modo u otro, a reconocer las más crudas realidades.

Sin embargo, lo que más llama la atención no es eso, sino que parece que lo dijeran en alguna lengua extraterrestre, pues la mayoría o no entiende, o de veras no les cree aunque sea cierto.

Lo digo porque mientras aquí el gobernador del Banco de México y el secretario de Hacienda ya dejaron en el pasado cualquier alusión a la crisis para hablar sólo de recuperación, sus homólogos gringos han pasado ya, de plano, al confesionario. Como si de un programa de “Big Brother” se tratara, Tim Geithner y Ben Bernanke, secretario del Tesoro y Presidente del Banco Central, respectivamente, han llegado al punto de descararse y hablar con la verdad, cada uno con su estilo, incluso frente a los medios informativos. Lo curioso del tema es estas “confesiones”, no han generado ni por mucho una alerta general.

Sí, insisto, mientras Ernesto Cordero se regodea con las “fortalezas” de la economía mexicana y su crecimiento, omite como típico funcionario decir lo obvio: que nuestro ciclo está atado al de nuestros vecinos del Norte y que, por ende, cuando ellos se desaceleren o caigan de nuevo en recesión, correremos su suerte. Algo debería aprenderle a su homólogo Geithner, que dejó por un momento de esconder lo inocultable.

En su carta a los “reyes magos” (la envió el 6 de enero pasado), Tim Geithner fue explícito en su mensaje al Congreso rogando que se eleve aún más el techo de endeudamiento de la administración Obama: de no hacerlo habrá “consecuencias económicas catastróficas que durarían por décadas”. De antemano se sabe que, pese a las resistencias de la oposición, los legisladores terminarán aprobando el nuevo tope. El detalle es que eso no les permitirá salir de sus problemas, sólo posponer el “Juicio Final”.

¿Qué ocurrirá entonces cuando por las fuerza del mercado, ya no puedan postergar la inevitable caída? El mismo Geithner nos da las respuestas en su misiva: Estados Unidos incumplirá el pago de sus obligaciones soberanas; estallarán de inmediato las tasas de interés; caerán los precios de las casas; se perderán miles de empresas y millones de empleos; el dólar “morirá” como moneda de reserva internacional; se eliminarán o recortarán beneficios de seguridad social y pagos a pensionados, entre muchos otros.

Claro, si algún ciudadano tan acostumbrado a las mentiras desconfiara todavía –y con razón- de tan encumbrado funcionario, podría escuchar la versión del presidente de la Reserva Federal (Fed), el señor Bernanke. Éste, ayer mismo, pronunció un discurso estremecedor. Al referirse a la urgente necesidad de que el gobierno norteamericano deje de gastar más de lo que puede, dejó en claro que los ajustes llegarán y que la cuestión ya sólo es de si “estos se presentarán a través de un cuidadoso y deliberado proceso […] o si serán una respuesta rápida y dolorosa a una inminente crisis fiscal”.

Sobra decir que todos estos caminos no conducen a “Roma”, sino a su debacle.

Por eso digo que tantas veces han ocultado la verdad, que ahora no pasa gran cosa cuando se descaran. Más allá de una subida ayer en el precio del oro y otros indicadores, para la gran mayoría estas “confesiones” pasaron de largo. Las implicaciones por supuesto, son múltiples pero bien conocidas. Quizá la más representativa seguirá siendo la inflación.

Toda vez que el punto de no retorno ha quedado ya muy atrás, los gobiernos seguirán creando dinero de la nada para no pagar a través de esa vieja y mañosa vía.

En su momento en Inteligencia Financiera anticipamos que llegarían nuevas rondas de estímulos monetarios conocidos como Quantitative Easing (QE), pronóstico que se cumplió en noviembre pasado con el anuncio del QE2. Sin embargo, todo apunta a que estas compras de bonos (impresión de dólares) que se proyecta terminen en junio, continuarán con más QE ad infinitum, so pretexto de la debilidad de la recuperación y las altas tasas de desempleo.

Lo correcto, sería dejar de intentar tapar el sol con un dedo, y permitir que el sistema colapse por su propio peso, pues luego de un periodo doloroso, se reiniciaría el crecimiento económico con bases más sólidas. Al mal paso darle prisa.

En tanto eso ocurre en la “metrópoli”, más valdría poner nuestras barbas a remojar. Aunque con tamaños distintos, las debilidades fiscales de México, la dependencia del erario de los ingresos petroleros, el peso de las pensiones, la nula diversificación de nuestros mercados, etc., también nos obliga a replantearnos alternativas de prevención. Si aquellos “Pedros” yanquis ya nos anunciaron que ahí viene el “lobo”, de nosotros nada más, dependerá el creerles o no.

Guillermo Barba

viernes, 28 de enero de 2011

LAS "DROGAS": ¿AL RESCATE DE LA ECONOMÍA MUNDIAL?

Es lugar común que, para que un adicto pueda rehabilitarse, el primer paso es reconocer que lo es, sin importar si su vicio es la cocaína o cualquier otra droga. Al menos suena lógico. En todo caso, la idea es disminuir su dependencia a tal o cual sustancia, con el firme propósito de independizarse de ella algún día. Seguramente, el proceso además de difícil, es doloroso pero necesario.

En este sentido, pocas esperanzas abrigan al alcohólico, por ejemplo, que ni siquiera es capaz de reconocer que lo es, y peor aún, si llega a concluir que su situación mejorará a medida que bebe más. No dudo que una de sus frases favoritas sea “evite la cruda, manténgase ebrio”. Una locura.

Este último caso, es una buena analogía de lo es ahora la economía mundial: una adicta a una droga maravillosa, llamada Deuda. Sí, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) reveló a través de un reporte hace unos días, que para apoyar el crecimiento económico global, los niveles de crédito deben duplicarse en esta década, a niveles de 103 billones (millones de millones) de dólares.

De ese tamaño es la “botella” que necesita nuestra enferma, que se encuentra en estado de comapor los excesos cometidos, sobre todo, en los últimos diez años. Si el diagnostico de estos “doctores” es que este alcohólico necesita más de lo mismo, la verdad es que el resultado no puede ser más que aterrador.

Fue justo la abusiva expansión monetaria y crediticia, la que nos condujo a un interminable ciclo de crisis cada vez más severas desde 1971, cuando por decreto del presidente estadounidense Richard Nixon, se abandonó lo que quedaba del patrón oro.

Es curioso que estos economistas del WEF, incluyeran el término y monto de lo que consideran “crédito sostenible” en su texto, pero lo es más que para definirlo, consultaran a directores generales de la industria financiera, ejecutivos de agencias calificadoras, banqueros centrales y reguladores, pues este selecto grupo ha sido precisamente el mayor beneficiario de las burbujas crediticias que se han inflado en el planeta.

Total, ya saben que a la hora de los problemas, los gobiernos los rescatarán echándose a cuestas (con cargo a los contribuyentes) las pérdidas que dejaron.

Así ocurrió ya en México hace unos años, en Estados Unidos hace menos y en unos meses más sucederá en España, que ya anunció que nacionalizará sus Cajas de ahorro hacia la segunda mitad de 2011. El común denominador es siempre “proteger a los ahorradores”, “evitar nuevas crisis”, bla, bla, bla… sin admitir jamás que se trata de un “socialismo para ricos”, no vaya a ser que pierdan el dinero de sus inversiones estos señores banqueros.

Eso sí, está garantizado que una vez que pasen las turbulencias, les será reintegrada la empresa para seguir haciendo negocio.

Por eso, da igual escuchar a los funcionarios norteamericanos o a los europeos, el discurso, es el mismo. La muestra más reciente la puso la vicepresidenta económica de España, Elena Salgado, que ofreció consuelo a sus ciudadanos diciendo que las ayudas financieras estatales no cuentan para su déficit fiscal, “nada más” engruesan la deuda pública. Menos mal.

En fin, el mercado nos enseña que por la buena o por la mala, los ajustes se tienen que dar. La moraleja es muy sencilla: no se puede por avaricia andar prestando dinero incluso a quien no puede pagar, sin que tarde o temprano se sufran las consecuencias.

Tal vez convendría regalar a nuestros políticos, un diccionario de la Real Academia Española, para que lo abran en la siguiente palabra, pues en una de sus acepciones dice: “Droga: Deuda, a veces la que no se piensa pagar”. ¿Será?

Guillermo Barba

viernes, 14 de enero de 2011

PESO VS. DÓLAR: LA DEVALUACIÓN QUE MATA DE HAMBRE

Dice un clásico que aquel que engaña, siempre encontrará alguien que se deje engañar. Para el caso de la economía, esas palabras aplican a la perfección. 2011 inició con protestas de todo tipo en contra del alza de precios de mercancías y servicios. Existe pues un claro sentimiento de enojo e impotencia, que no encaja con el optimismo de muchos gobiernos que insisten en clamar la existencia de una recuperación que no se percibe.

En medio de esta niebla de mentiras, conviene ser cuidadosos cuando nos hablan de términos como los de “devaluación” e “inflación”, para evitar caer en la trampa. Y es que en los tiempos actuales, uno corre el riesgo de dejarse llevar, por ejemplo, por la apreciación del tipo de cambio peso/dólar (que esta semana alcanzó niveles mínimos que no se veían desde octubre de 2008), y creerse el cuento de la recuperación. Lo mismo en el caso de la supuesta “inflación controlada” o nula, que de existir, no generaría descontento popular.

Debemos tener claro que la baja del dólar, obedece a las políticas de “relajamiento cuantitativo” (en español, impresión masiva de dinero) de su banco central (Fed). Esa creación de dinero, es inflación pura que luego se manifiesta en los precios. En un ambiente de tasas de interés manipuladas hacia cero por ciento, esa liquidez empuja a los capitales en su lógica de buscar con desesperación, nuevos destinos para la obtención de rendimientos.

México ha mantenido –también de modo artificial, tasas más altas que por supuesto, nos convirtieron en uno de los destinos favoritos de esos flujos especulativos. No por nada en 2010, los recursos de extranjeros en el mercado mexicano de bonos gubernamentales, se dispararon casi 90 por ciento para imponer un récord de 22.3 mil millones de dólares.

Banco de México (Banxico) se quedó cruzado de brazos en momentos en los que estos influjos extraordinarios y anormales, exigían bajar los tipos de interés. Hoy, ese irresponsable temor de actuar mantiene sobrevaluado al peso, y manda señales tergiversadas a ciudadanos e inversionistas.

Estos últimos sacarán todo el provecho posible mientras dure, pero no titubearán en reaccionar cuando la casa de naipes se tambalee. En este espacio pensamos que, con estas presiones cambiarias, Banxico reforzará pronto sus compras de dólares (imprimiendo pesos), para comenzar a depreciar paulatina pero consistentemente al peso frente al billete verde; un nuevo frente en la Guerra de Divisas.

Pero, si el tipo de cambio no es un indicador fiel de la verdadera devaluación que sufrimos, sí lo es en cambio el precio de las commodities o materias primas (metales, café, petróleo, gas, etc.).  Evidencias sobran. El oro por ejemplo, cerró el año con una ganancia en dólares de alrededor de 30 por ciento; la plata, de 80 por ciento.

Hacemos un paréntesis para recordar que esta columna, es una férrea defensora de la propuesta de monetizar la onza de plata Libertad para fomentar el ahorro en México. Estos resultados nos ayudan a explicar el por qué es una manera sencilla y práctica de proteger nuestro poder adquisitivo.

Ahora bien, la mayor preocupación no llega por el lado del alza en los metales preciosos, sin los cuales todos podemos vivir. No. El peligro más grande se encuentra en la imparable escalada de precios de otras commodities indispensables para vivir: los alimentos. La ONU ha lanzado ya una alerta de “crisis alimentaria” que, sobra decir, pegará más a las naciones y personas más pobres. No es casual que el índice con que la FAO mide los precios de productos agropecuarios base (cereales, carne, azúcar, etc.), se encuentre en su máximo desde que comenzó a elaborarlo hace 20 años.

¿Podrán explicarnos cómo es que la economía se está recuperando, mientras los billetes y monedas que cargamos cada día compran menos? Esa, la devaluación que mata de hambre, es la que debe ocupar toda nuestra atención. Ayer mismo, la CANACINTRA anunció inminentes aumentos en bebidas y alimentos, una historia sin fin.
Por eso, la disputa Peso vs. Dólar, en tanto que peleadores de papel, ya es secundaria. Ambos están perdiendo valor a un ritmo vertiginoso e irrefrenable frente a activos reales como las commodities, que afectan directamente la vida cotidiana de millones de habitantes del planeta. En esta ocasión, la devaluación del billete verde nos arrastra con él.

El panorama no cambiará pronto, menos aún con los crecientes déficits fiscales y “estímulos” que seguirán en Estados Unidos. Así que señor presidente, en vez de decir que la economía “está más fuerte que nunca”, debería admitir que el crecimiento del PIB se lo debe a Barack Obama y sus absurdas políticas keynesianas, que tienen a su país al borde de una cesación de pagos y de la próxima Gran Depresión.


Guillermo Barba

Twitter: @memobarba

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA "RELIQUIA BARBÁRICA" vs. LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE SEGURA


No, por desgracia el título del artículo no tiene nada que ver con Harry Potter. Se trata de algo mucho más serio, de una auténtica batalla entre dos rivales que alguna vez fueron compañeros inseparables, pero que ante la avaricia y soberbia de aquel que se creyó superior, el destino los terminó separando de mala manera el 15 de agosto de 1971. 

Uno, a la fecha, ha tenido que soportar por décadas, toda clase de agravios de los partidarios del otro, que incluso se atrevieron a degradarlo a nivel de “reliquia barbárica”. Ello, a pesar de que cuando los ofensores se hayan ido, él aquí seguirá por su naturaleza perenne. Sin embargo, el error que cometieron los que siguieron al falso líder (más obligados que por voluntad), algún día tendrá que ser corregido.

Llegado el momento, las viejas injurias se transformarán en loas.

Esa metafórica lucha a que nos referimos, no es otra que la puja financiera que nos tocó vivir. Los nombres de los peleadores son bien conocidos: Oro y Dólar. De hecho, este último es sin duda el más representativo de las “reliquias de la muerte”, o dinero fíat. Ese que siempre fenece con el tiempo para regresar a su valor esencial… cero. 

No obstante, al tratarse en esta ocasión de la divisa de reserva internacional, es el sistema completo el que está en riesgo con su inminente caída, producto de todos los excesos cometidos. Nunca antes una moneda de papel había jugado este rol a escala global, como tampoco hay precedente para la impresión masiva de divisas por todo el orbe. 

Esa falsa medicina que se está tomando, finge que se está solucionando un problema de fondo: el abuso en la deuda, consumo y crédito. Una trilogía de empobrecimiento.

Por eso, es cuestión de sentido común conocer de antemano al vencedor de esta contienda, más aún cuando la Reserva Federal de Estados Unidos nos ha anunciado una nueva ronda de creación de dólares por alrededor de 900 mil millones (Inteligencia Financiera, 05 de nov. http://bit.ly/bIs6Jw). De hecho, en lo que va del siglo, el dólar ya ha perdido todos los “rounds” con el metal dorado, frente al que ha caído más de 400 por ciento(el peso 550 por ciento). 

No es gratuito que naciones poderosas como Brasil, China, Rusia y Alemania hayan condenado aquellas políticas expansivas, ni que J.P. Morgan haya predicho ya que el dólar se convertirá en la “divisa más débil” del mundo.

Ojalá fuese tan sencillo expandir la riqueza echando a andar una impresora. En cambio, sólo encendieron la mecha de una “guerra de divisas”, en la que los países compiten con los norteamericanos devaluando sus propias monedas para impulsar sus exportaciones.

Y es que la crueldad máxima, consiste en meter las manos a los bolsillos de todos los habitantes del planeta, por la vía inflacionaria. Cada nuevo billete creado, extrae una porción de valor de todos los demás que ya circulan, y así, no hay escapatoria. Sea que se encuentre bajo el colchón, en una cuenta o pagaré bancarios, etc., el dinero va perdiendo poder adquisitivo de modo irremediable. 

Se supone que la meta es estimular el consumo y la recuperación, cerrando la pinza con tasas de interés cercanas a cero.  Como resultado, el ahorro es aniquilado. Por eso no es ninguna casualidad que pese a que se pregone que la inflación es “demasiado baja” en Occidente, los precios de materias primas, alimentos y bienes tangibles en general sigan a la alza.

Qué diferente sería, si echásemos a competir al dinero real (oro y plata) con el ficticio, en las manos de todos. En este caso, la plata jugaría un papel primordial. No por nada esa palabra es sinónimo de dinero en muchas lenguas. Hace poco un amigo me decía: “si tuviera que elegir entre pagar el cine con una moneda de plata o con un billete, lo haría con un billete”. 

Es definitivo, “duele” desprenderse de un bien tan apreciable, de tal suerte que la mayoría de la plata se atesoraría como ahorro efectivo, valioso. De éste provienen la inversión, el producto y un mejor nivel de vida: un círculo virtuoso de riqueza. 

En México, la mejor manera de lograrlo sería con la introducción de la onza Libertad monetizada, en vez de engañar y robar a los incautos ahorradores vendiéndoles Cetes directo (programa que inaugura hoy el presidente Calderón).

Con la onza Libertad sí podríamos sortear mejor lo que falta de las turbulencias financieras, pues la bomba que ayer fue Grecia, hoy Irlanda y mañana Portugal y España, no es nada junto a la madre de todas las crisis por venir: la del dólar- bonos del Tesoro estadounidense. 

Sin importar dónde nos encontremos, o lo que estemos haciendo, todos sentiremos las consecuencias de ese cataclismo que ensombrecerá la peor de las maldades imaginadas por J.K. Rowling.

memob@hotmail.com