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viernes, 26 de agosto de 2011

ESTAMOS EN EL "HOYO" (JACKSON HOLE)

Hoy los ojos del mundo estarán puestos en un lugar llamado Jackson Hole, Wyoming, E.U., por el discurso que rendirá el presidente del Banco Central estadounidense (Fed), Ben Bernanke. Y no es para menos. Las caídas bursátiles y la posterior volatilidad sufrida en los mercados financieros luego de ser degradada la calificación crediticia de aquel país de AAA a AA+, ha multiplicado la especulación de una tercera ronda masiva de impresión monetaria (QE3). Sin embargo, hay un consenso entre los economistas de que el presidente de la Fed, no anunciará (todavía) una nueva compra masiva de bonos del Tesoro.

Por eso, las esperanzas de muchos medios especializados e inversionistas que animaron algunos rebotes en los índices de valores  hace unos días, podrían quedar en eso: simples anhelos. De ocurrir así, quizás no hayamos visto todavía los mínimos bursátiles del año, además de tener la certeza de que la volatilidad permanecerá por largo rato. No obstante, no debemos perder de vista el “bosque” contemplando un árbol. Es indudable que, en un sistema adicto al endeudamiento exponencial, la creación de más y más dinero “de la nada”, está garantizada en el futuro cada vez que las condiciones empeoren. En este sentido, sólo es cuestión de tiempo (y de más desplomes en las bolsas), para el lanzamiento de un QE3, QE4, QE5, etc., los que sean “necesarios”.

Esto lo podemos prever, pues está claro que los impresores de dinero como Ben Bernanke, un estudioso de la Gran Depresión del ’29, no tienen miedo alguno de lo que ellos crean (inflación), sino de su antítesis: la deflación. La razón es muy simple. Si la casa de naipes que es el sistema financiero global tiene sus cimientos en una perpetua y creciente deuda, entonces el desendeudamiento, el ahorro, la disciplina fiscal y monetaria significan su aniquilación.

Si por culpa de gobiernos y personas “insensatos”, que ante la tormenta económica o su circunstancia individual comienzan a liquidar sus préstamos, a equilibrar sus presupuestos, etc. (sin contar a los que nunca debieron de haber recibido créditos por ser incapaces de liquidarlos), se aparece el fantasma de la deflación, el hueco dejado por esa contracción en la oferta monetaria buscará ser compensada por los impresores de dinero. Hoy, estamos en ese “hoyo”, y por eso la Fed lidera la carga gracias al monopolio que tiene de la divisa de reserva: el dólar.

El problema mayúsculo, es que esto constituye una manipulación del mercado que, bien se sabe, no durará para siempre. Se pretende hacer creer a todos que es posible salir de una borrachera descomunal de deuda, sin sufrir las consecuencias. Es evidente que esto es algo que tiene sin cuidado a Bernanke y compañía, pues finalmente los que pagarán los platos rotos son los ciudadanos no solo de Estados Unidos, sino de todos los países que, como México, no deja de acumular reservas en billetes verdes condenados a perder su valor. No es gratuito que, aquellos que ven venir el tamaño del “huracán” económico que se aproxima, busquen el amparo infalible del enemigo número uno del dinero fíat, el real (oro y plata).

Para quien tenga alguna duda respecto al futuro actuar de la Fed, debería recordar que hace poco más de un mes, el propio Bernanke en un desliz afirmó que una mayor debilidad económica y riesgos de deflación, implicarían la necesidad de mayores estímulos monetarios. ¿Hacia dónde nos dirigimos si no es hacia allá, cuando hay datos que evidencian que la supuesta “recuperación” está agotada?

Y con estos fundamentos, ¿por qué hay quien se atreve a repetir que el oro está en una burbuja que acaba de reventar? Por favor, sean serios y buena suerte, la van a necesitar.

viernes, 12 de agosto de 2011

P.D. A 40 AÑOS EL REY ORO NO HA MUERTO,¡VIVA EL REY!

Este 15 de agosto de 2011, se cumple un aniversario más de aquella fatídica fecha en que, por decreto del presidente norteamericano Richard Nixon, se abandonó lo que quedaba del patrón oro. Ese acontecimiento marcó, de hecho, el primer “default” (incumplimiento de pago) de Estados Unidos, al que sin embargo solo después de cuatro décadas la calificadora Standard & Poor’s se atrevió a degradar de la nota más alta (AAA).

Grosso modo, el estándar vigente hasta entonces implicaba que el billete verde era tan bueno como el metal áureo: para obtener una onza, bastaban 35 billetes verdes a una tasa de cambio fija, a la que se sujetarían todas las demás monedas. No obstante, esta relación implicaba un límite a la creación de dinero de papel, pues para emitirlo debía estar amparado antes por su equivalente en metal, cuya disponibilidad desde luego, es limitada.

Los déficits de las cuentas estadounidenses con el exterior (por comprar mucho más de lo que vendían al mundo) acumulados por varios años, les significaron ver cómo rápidamente sus arcas comenzaron a vaciarse, pues países como Francia demandaron se les entregara el oro que les correspondía por los dólares que poseían. Sin la orden de Nixon, pronto se hubiesen quedado sin un gramo de oro. En otras palabras, no podían pagar, estaban quebrados.

Lo que es cierto, es que esa decisión les permitió vivir la época de mayor expansión económica de su historia, pues por su posición hegemónica el planeta entero asumió de facto, un patrón dólar. Gracias a él, podrían vivir más allá de sus propios medios con solo imprimir dinero, por supuesto, mientras todas las demás naciones estuvieran dispuestas a aceptar sus billetes.

Para hacer una analogía, es como si a cualquiera de nosotros se nos permitiera pagar cualquier cosa con billetes del “Monopoly” (“Turista” en México), y cuando se nos acabaran pudiéramos sacarles copias fotostáticas desde la comodidad de nuestro hogar, para seguir la fiesta y el derroche. Un absurdo total.

El problema fundamental de este nuevo sistema, vigente hasta hoy, es que se sostiene en algo que, por definición, no puede crecer al infinito: el endeudamiento. Tarde o temprano, todas las cuentas se tienen que pagar, de un modo o de otro; por la buena o por la mala. Cada billete ya no está respaldado por oro, ni por la supuesta capacidad de pago del emisor, nada más por su promesa de hacerlo, por mera deuda.

Por este motivo, el dólar ya no es lo que alguna vez fue. Su posición como divisa internacional de reserva, se debilita cada minuto, pues ya no estamos todos tan dispuestos a aceptar una la moneda de una nación que, como en 1971, está en quiebra. Grave error, por tanto, es la soberbia que se demuestra en palabras como estas, pronunciadas por Obama: "Los mercados bajan y suben. No importa lo que diga una agencia de calificación. Estados Unidos es y siempre será un país  triple A”. O peor todavía, las de Ben Bernanke, presidente de su banco central (Fed), que con desprecio ha dicho que el oro “no es dinero”. Ese mismo desdén, fue con que Nixon humilló en su momento al oro, al rebajarlo de su calidad de ser el dinero por excelencia, a una simple “materia prima”.

Muy a su pesar, en 2011 el metal amarillo sigue cobrando fuerza y, 40 años después, ridiculiza al dólar. Si entonces bastaban 35 unidades de aquél para valer igual que 31.1 gramos de oro (una onza), ahora han llegado a necesitarse más de 1,800, evidencia irrefutable de que toda divisa de papel eventualmente regresa a su valor original…cero. ¿Podrá solucionarse una enfermedad estructural como esta, combatirse con más impresión de dinero como ahora no sólo lo ha hecho la Fed, sino el Banco Central Europeo, el japonés, el suizo, etc.? ¿Puede más alcohol curar al alcohólico?

Una cosa es cierta, la historia muestra que todos los experimentos de este tipo, han tenido desenlaces terribles; el dinero de papel siempre termina autodestruyéndose y su emisor arruinado. Así que para los que quisieran ver al monarca de los metales desaparecer de la faz de la Tierra, el mensaje es claro: el Rey no ha muerto, y muy pronto reclamará su lugar en el sistema monetario global ¡que viva el rey!

viernes, 5 de agosto de 2011

¡SE HUNDEN LAS BOLSAS! LLEGÓ EL GRAN COLAPSO

Las señales del colapso estuvieron siempre para el que las quiso ver. Por supuesto, en este rango no entran gobernantes, periodistas y medios que, una y otra vez, afirmaron que la recuperación económica estaba en marcha. Ante lo que no quisieron ver –u ocultaron, esta semana los mercados financieros los evidenciaron con un mensaje claro y contundente, al desplomarse los índices bursátiles. Este jueves negro en México, vio a la Bolsa Mexicana de Valores tener su peor caída desde 2009 (-3.37%), mientras que en Wall Street el Dow Jones y el S&P500 perdieron 4.31 y 4.78%, respectivamente.

Al cierre de esta columna, los índices asiáticos los imitaban teniendo su peor derrumbe desde marzo. En palabras llanas, el rebote económico provocado por todo el arsenal de estímulos fiscales y monetarios que soltaron, se agotó; estas caídas, son solo un reflejo. Descanse en paz su “recuperación”.

Como es evidente, cuando el dinero sale de un lado después entra en otro, por lo que el dólar, el franco suizo y los bonos del Tesoro estadounidense destacaron entre los ganadores del día, con lo que no queda lugar a dudas que, la madre de todas las burbujas, es la de los “treasuries”. Y es que por contradictorio que parezca, tanto el billete verde como sus bonos soberanos siguen siendo considerados aún, como un refugio seguro. De ahí que sus rendimientos, a pesar de ser ya tan bajos, sigan comprimiéndose.

Eso sí, llegará el día en que esta farsa global –en  la que todo el sistema se basa en dinero fíat (de papel), tendrá que caer por su propio peso, y entonces el dinero real (oro y plata) con su propia burbuja, verá estallar ante sus ojos la de los bonos yanquis.

Mientras tanto, la realidad es que como ya hemos señalado con anterioridad, es posible (y deseable) que ante el gran colapso que ha reiniciado, se presente una liquidación mayor en metales preciosos y otras commodities, que podría ser la última gran oportunidad de compra. Su “bull market” (mercado alcista), por lo tanto, seguirá intacto y más fuerte que nunca.

Por supuesto, la evidente tendencia bajista verá por momentos algunos rebotes temporales, hasta que las voces desesperadas de los inversionistas y grandes capitales de hoy, se conviertan mañana en exigencias de más de esa poderosa droga a la que el sistema es adicto: la impresión monetaria. De hecho, esta ya inició en Japón y Suiza que han tenido que inyectar (crear) dinero para tratar de controlar la apreciación de sus monedas. Asimismo, el Banco Central Europeo a través de su torpe titular, Jean-Claude Trichet, ha indicado que está listo para volver a intervenir en forma selectiva en el mercado de bonos irlandés y portugués.

¿Queda alguna duda de que nadie quiere una moneda fuerte? Por lo tanto, la guerra de divisas continuará también, hasta que el propio presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, termine anunciando alguna modalidad de “relajamiento cuantitativo” (QE3).

Ahora bien, para los escépticos que a estas alturas dudan que recaigamos en una recesión, habría que decirles que según estadísticas de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés), desde 1945 a la fecha, Estados Unidos ha caído en recesión luego de un promedio de 59 meses de expansión. No obstante, en ese periodo ha habido extremos en los que la misma fue tan breve como 12 meses (’81-’82), y tan larga como 10 años (1991-2001). O sea, una recaída en todo caso, es sólo cuestión de tiempo. Si como mero ejercicio tomáramos la media de meses de crecimiento (casi 5 años), eso marcaría altas probabilidades de contracción hacia 2014.

Para como están las cosas, se ve muy difícil que la economía aguante tanto, sobre todo si consideramos que en 2008-2009, cuando estalló la crisis, ni siquiera había reventado el problema en Grecia, España, Portugal, Irlanda, ni tampoco Estados Unidos tenía los problemas que enfrentó recientemente para elevar su techo de endeudamiento.

¿Qué “estímulos” les quedarán para la próxima vez? Si añadiéramos un ingrediente más, una eventual desaceleración china, el trazo de la tormenta perfecta queda concluido para lo que algún día, en definitiva, quedará marcado como la Gran Depresión que nos tocó vivir.

Twitter: @memobarba

viernes, 22 de julio de 2011

LA CRISIS DE GRECIA: ¿TAN CONTAGIOSA COMO EL SARAMPIÓN?

Lo inevitable, inevitable es. Sin embargo, hoy Europa celebra el nuevo “rescate” de Grecia que, según dicen, fue hecho para salvar al euro y evitar un contagio de la crisis a otros países de la zona. Llama la atención que tanto políticos como diversos medios masivos de comunicación, hagan tanta alusión a ello como si de verdad los problemas provocados por gastos excesivos, déficits fiscales, falta de liquidez y de solvencia se propagaran como el sarampión. Nada más lejos de la realidad.

Esos mismos funcionarios y sus medios afines, son los que suelen expiar sus culpas descargándolas en especuladores que “atacan” mercados como el de bonos para obtener ganancias y poner de rodillas a naciones enteras.

Si fuera cierta la idea de que un segundo paquete europeo de ayuda va a curar de facto la crisis, podríamos estar seguros de los rendimientos de los bonos portugueses, irlandeses italianos y españoles comenzarían a volver ya a niveles considerados normales, pero sin duda eso está lejos de ocurrir. Luego de una previsible baja, volverán en todos los casos a los máximos históricos observados hace poco, alejándose cada vez más de los bajos rendimientos que pagan los seguros bonos alemanes.

A decir verdad, diversos mecanismos e instrumentos financieros sí permiten a los inversionistas más avezados, obtener utilidades en mercados al alza o a la baja, pero en ningún caso ellos son la causa de los problemas económicos. Su trabajo es ganar dinero y, si las torpezas de los gobiernos les permiten tomar posiciones para maximizar sus ganancias, lo van a hacer. Echarles la culpa, es como responsabilizar a los apostadores en un mundial de fútbol, por el fracaso del equipo peor clasificado del torneo.

De antemano se puede saber que una selección extremadamente débil, tiene ínfimas probabilidades de ganar la copa. Los números, no mienten. ¿O acaso los especuladores derrocharon el dinero con el que se endeudaron los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)? ¿Puede contagiarse una enfermedad que ya tienen y que ellos mismos se auto provocaron?

Los apoyos a Grecia anunciados ayer, constituyen la admisión tácita de algo que ya se sabía desde un principio: no podrían cumplir sus compromisos como estaban pactados, pues desde siempre, estuvieron quebrados. Es así que por donde se le vea, el rescate griego es de hecho un “default” (impago) disfrazado.

El paquete de financiación consistirá en 109 mil millones de euros de la unión monetaria y el FMI, más 50 mil millones de la banca privada que de manera “voluntaria” tendrá que cambiar sus bonos por otros de mayor plazo. La tasa de interés se rebaja más de un punto porcentual hasta el 3.5%, y se amplían los tiempos de pago de siete y medio a mínimo 15 y máximo 30 años.

Uno de los protagonistas de esta historia, el señor Nicolas Sarkozy, presidente de Francia, ha subrayado: “lo que hemos hecho por Grecia no lo vamos a hacer por otros países”. Solo el tiempo dirá si tendrá que comerse sus palabras, como ya lo hicieron otros en su momento: “No necesitamos un crédito”, dijo el griego Papandreou; “no tenemos que pedir prestado dinero alguno”, presumió el irlandés Cowen; “Portugal no necesita el rescate”, desdeñó Sócrates.

Es decepcionante ver cómo el sentido común y la razón, son hechos a un lado por la prepotencia y la soberbia de los que, sintiéndose todopoderosos, pretenden manipular las fuerzas del mercado, lo mismo en Europa que en América. Esto porque se ha anunciado también que los estados miembros, reforzarán los usos del denominado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) de 440 mil millones, para que pueda comprar deuda pública de países en problemas, refinanciar bancos, etc. para “impedir” nuevos rescates. En otras palabras, estará facultado para intervenir en el mercado secundario cuando éste mande señales de alerta, y fingir (engañar) que todo está bien.

La peor parte para estos neo planificadores centrales, es que la historia no está de su lado. Echar el polvo debajo de la alfombra nunca funcionó para recomponer las cosas, y nunca funcionará. El tiempo que hoy han ganado con estas medidas, solo se equipara a lo que también harán en unos días los legisladores estadounidenses al aprobar un nuevo techo de deuda, pero tarde o temprano todos pagaremos más caro el costo de su estupidez, que nada más puede ser resuelta con un doloroso pero necesario “reset” (reinicio) de todo el sistema. En fin, allá ellos, y que algún día, el oro y la plata los rediman.

Guillermo Barba

viernes, 8 de julio de 2011

LA "RELIQUIA BARBÁRICA" VS. LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE SEGURA (PARTE II)

Hace siete meses, en la parte uno de este artículo (http://bit.ly/eumXQV), abordamos la cruenta y épica batalla entre dos gigantes, uno eterno e inmortal –de nombre Oro, y un coloso de papel que representa a las divisas fíat o dinero de “mentiritas”, llamado Dólar estadounidense. Hoy, a poco más de un mes de llegar a un aniversario más del fatídico 15 de agosto de 1971, fecha en que por decreto se abandonó el último vestigio del patrón oro, podemos dar cuenta de que en ese lapso ha seguido apabullando el púgil dorado al verde que ha perdido cerca de un 10 por ciento más de su valor.

No por nada en los primeros diez años del siglo XXI, el metal amarillo se llevó el galardón de “la inversión de la década”, título más cercano a su nobleza que el despectivo “reliquia barbárica” que le endilgaron los que, con sus ideas, siguen conduciendo al mundo hacia la quiebra definitiva del sistema monetario.

El marcador de la disputa es contundente. Pese a los eventuales respiros que con normalidad toman las verdaderas reliquias, las divisas de papel, la tendencia se mantiene intacta. Por eso, lo único que estas pueden tener garantizado, es que su valor habrá de morir con el tiempo, para quedar en el panteón de la historia. Así han concluido todos los anteriores experimentos de este tipo, que han pretendido engañar a la gente haciéndola creer que se puede crear riqueza de la nada.

En este sentido, las alineadas fichas de dominó de la siguiente etapa de la crisis, siguen y seguirán cayendo hasta acabar con la última que se encuentra en Norteamérica. Esas piezas denominadas PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) han ido cediendo uno a uno sin que un solo problema se haya resuelto de fondo. La expansión sin cesar del crédito-deuda, que sería imposible con el ancla del oro, no nada más no se ha detenido, sino que amenaza con seguir sin importar que más tarde las consecuencias sean aún peores.

Grecia sólo es el ejemplo de moda. Si los griegos tenían un gran problema enfrente, ahora es mayor. La “ayuda” recibida en realidad ha sido para salvar a grandes instituciones financieras, que debían pagar con pérdidas el haberle prestado a un país sin capacidad de pago suficiente. Es justo esta insolvencia, que no falta de liquidez, la que más tarde hará evidente que fue una pésima idea echar dinero bueno al malo. La medicina, será tan amarga como inevitable con repercusiones globales.

La segunda mitad de 2011, quedará así marcada como aquella en que las señales de alerta se multiplicaron más que nunca, pero en la que también volvieron a ser ignoradas. Por eso, no es difícil predecir que muy cerca de cumplir 40 años del inicio del apogeo de la Reliquias de la Muerte Segura, el congreso de Estados Unidos elevará el tope de endeudamiento para que Barack Obama siga cavando más profundo la tumba del dólar. Vaya coincidencia.

La esperanza, sin embargo, pervive gracias a todos aquellos que han renunciado a seguir a un falso mesías, y ven un refugio en la posesión de dos metales preciosos: oro y plata. ¿Será más inteligente seguir a alguien que tiene el agua hasta el cuello, o a quien a través de una nueva “Bolsa” (la Pan Asia Gold Exchange, sita en Kunming, China) permitirá a cientos de millones de clientes potenciales proteger su poder de compra, facilitando la adquisición física de ambos metales? Al buen entendedor, pocas palabras.

Así que, en analogía con el último episodio de la exitosa serie de Harry Potter, no tenemos que esperar a ver o leer el final para saber que el bien y la razón, siempre triunfan sobre el absurdo. O como diría un clásico: “Hasta la vista, Dollardemort”.

Twitter: @memobarba

viernes, 1 de julio de 2011

CARLOS SLIM, ¿DESBANCADO POR UNA MUJER QUE VENDE CARBÓN?

El  magnate Carlos Slim, bien se sabe, es considerado por la revista Forbes como el hombre más rico del mundo, con una fortuna estimada a marzo de 2011 de 74 mil millones de dólares (mdd). Su fuerte, por supuesto, es el área de las telecomunicaciones en las que destaca con una de las empresas más importantes del ramo a nivel internacional: América Móvil. Este año incluso se alejó más de dos viejos conocidos que quedaron en segundo y tercer lugar, Bill Gates (Microsoft) y Warren Buffet (Berkshire Hathaway), con “solo” 56 y 50 mil mdd respectivamente.

Esta semana, sin embargo, una noticia llamó la atención: la empresaria australiana más acaudalada –que este año figuró en la posición 100 de la referida lista con una riqueza de 9 mil mdd, podría desbancar con facilidad al mismo Slim en unos cuantos años. Su nombre, Georgina Rinehart; su área, la minería; principales productos: carbón, mineral de hierro y cobre; su fortuna potencial, 100 mil millones de dólares.

Pero, ¿cómo es que una vendedora de carbón podrá superar tan rápido a los líderes en telecomunicaciones, software y finanzas? La respuesta tiene múltiples aristas. No obstante, la razón fundamental para este salto, es que nos encontramos en medio de uno de los más largos y poderosos mercados alcistas (“bull market”) en materias primas (commodities) de que se tenga registro. Uno, que sin duda será un hito en la historia universal, y que será el resorte que catapulte a Rinehart por encima de todos.

No podría entenderse de otro modo. Recientes análisis y proyecciones revelan que tres de sus proyectos mineros, se encuentran en el “Top 10” de los de mayor potencial de desarrollo en todo el orbe, con miras a iniciar la producción hacia 2013. La australiana propietaria de Hancock Prospecting Pty Ltd., ha visto realizar así el sueño de todo emprendedor: que sus productos suban de precio de forma acelerada, y que a pesar de ello su demanda siga en aumento. Una vez en operación, sus minas dispararían su capital a los niveles mencionados, pues su principal cliente, el colosal “dragón” chino, se ha vuelto un consumidor insaciable no solo de hierro, cobre y carbón, sino de todo recurso natural que se le ponga enfrente.

Por eso, a pesar de encontrarnos también en el ojo del huracán de la más severa crisis desde la Gran Depresión del ‘29, la realidad es que las malas noticias no afectan a todos. Lo que para unos es el relato de su perdición, para otros lo es de su auge. Así pues, en un futuro muy próximo serán los empresarios mineros, agrícolas y petroleros los que se estarán llevando los titulares de los diarios más importantes, las portadas de las revistas más influyentes y los que más vean multiplicar su número en las listas de millonarios de Forbes.

Todos ellos tienen algo en común, y que los diferencia de otras industrias: sus mercancías son indispensables y, como todo “bull market”, también habrán de terminar algún día en una fase de euforia, tras la cual sus precios comenzarán a bajar, fase que por cierto aún no hemos visto. La “burbuja” en materias primas, es un mito.

En este entendido, debemos tener claro que la reciente fase de corrección en que las commodities han entrado desde de abril, no es más que una etapa normal de consolidación tras la cual sus precios volverán a retomar la subida. Eso sí, ésta podría durar varios meses más, por lo que debemos estar atentos a las buenas oportunidades de compra.

Si bien es un hecho que no todos vamos a volar a la misma altura que Slim y Rinehart, también lo es que podemos tomar posiciones lucrativas en la gran ola de las commodities. Después de todo, la alternativa de quedarse  siempre en activos de papel, no parece ser la mejor en un clima de sobreendeudamiento, rescates financieros e impresión monetaria que, podemos estar seguros, continuarán hasta cavar, en definitiva, su propia tumba.

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viernes, 24 de junio de 2011

MÁS DESEMPLEO, ¿CÓMO SOBREVIVIR A UNA ECONOMÍA DE "GATO MUERTO"?

Ayer el INEGI (México) dio a conocer las cifras de desempleo para mayo, con un resultado que para los seguidores de las versiones oficiales, fue sorpresivo por elevado: más de 2.5 millones de mexicanos buscan un trabajo, sin encontrarlo. La tasa desestacionalizada de 5.54 por ciento de la Población Económicamente Activa, es la más alta de los últimos 13 meses, dato que se suma a una larga lista de malos indicadores en la economía nacional y su principal propulsor: Estados Unidos.

No por nada esta semana el mismísimo Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed, su banco central) admitió el freno de la todavía economía más grande del planeta, que los conducirá a un periodo prolongado de más desempleados y menor crecimiento. Por eso vale la pena imaginar que México es aún como una gran lancha, cuyo motor externo se está quedando sin combustible y a la deriva.

No podría ser de otra forma. Ese combustible que se utilizó para revivir de manera temporal a la mermada economía gringa (impresión monetaria masiva sumada a colosales déficits fiscales), está a punto de agotarse. Eso explica además, entre otros factores, las recientes caídas en los índices bursátiles y commodities como el petróleo, oro y plata, etc., que se irán acentuando conforme aumente el pesimismo.

En el medio financiero se usa una analogía conocida como “el gato muerto”, para explicar una situación como esta. El razonamiento es el siguiente: si tú arrojas un gato muerto de un edificio de 50 pisos, es probable que rebote cuando golpee el piso; pero no significa que haya revivido…todavía está muerto. Así pues, esta obviedad nos ilustra la ilusión de la “recuperación”, que en realidad no era otra cosa que un mero rebote de un enfermo terminal: el sistema económico basado en el endeudamiento exponencial que, por definición, no puede durar para siempre.

De ahí que intentar resolver un problema de consumo, deuda y crédito excesivos, empleando más de lo mismo, sea sencillamente estúpido.

El origen de esta fantasía, está a punto de cumplir 40 años en agosto, pues fue en 1971 cuando se abandonó el último vestigio del patrón oro. En aquella data, el presidente estadounidense Richard Nixon, eliminó esa ancla que estorbaba a la libre creación de crédito y dinero, y cuya acción se convirtió en el “pecado original” que nos ha llevado a la arruinada economía mundial de hoy.

Ahora bien, retomando el dato inicial de este artículo, el elevado indicador de desempleo en mayo es cosa del pasado. Es decir, si bien la información nos es útil para confirmar lo que en este espacio hemos venido adelantando desde hace meses, no es más trascendental que mirar hacia delante. Si ya sabemos lo que vendrá mañana, tenemos solo dos opciones: no hacer nada, o ser proactivos. Sobra decir que lo segundo da mejores rendimientos, por lo que vale tener presente las tres “i” más importantes para nuestras finanzas personales: inflación, impuestos e intereses.

De ellas, sobre las que menos control tenemos a escala individual, son las dos primeras. La última, intereses, está en función de algo sobre lo que sí podemos manejar mejor, que es nuestro nivel de deuda. Para la mayoría de las personas (que no lleva una adecuada administración de su dinero), quizás lo más conveniente sería empezar a liquidar sus cuentas pendientes, y formarse poco a poco un hábito de ahorro e inversión.

Si uno está dispuesto a pagarle a alguien más intereses a cambio de capital, qué mejor que pagárselo a uno mismo. A final de cuentas, el círculo virtuoso inversión-ganancias-reinversión, puede ser la guía sencilla y perfecta para navegar en medio de una tempestad como la que se avecina, y de la que muy poco habremos de escuchar en los medios masivos de comunicación, hasta que sea demasiado tarde.

Twitter: @memobarba

viernes, 17 de junio de 2011

LAS MENTIRAS DE GRECIA

Grecia se encuentra al borde de un profundo abismo. Los excesos de gasto y endeudamiento que cometieron y siguen cometiendo los griegos, los han conducido a toda velocidad a un callejón sin salida llamado “bancarrota”. Para quien guste de pensar con base en el sentido común, ese inevitable desenlace estaba “cantado” desde un principio, y pese a ello, hay todavía quienes se empeñan en afirmar que el problema griego tiene solución sin incurrir en una moratoria de pagos, o reestructuración, como se le suele llamar eufemísticamente a una quiebra.

¿Usted le prestaría dinero sin límite a algún vecino apurado, que necesita el dinero para poder pagar los intereses de su hipoteca? La única respuesta lógica, es no. Toda proporción guardada, Alemania y en menor medida Francia se han convertido en esos vecinos acaudalados, que han financiado gran parte de las deudas de países periféricos como Grecia, Irlanda y Portugal.

En ese mismo orden, todos han ido cayendo como fichas de dominó para terminar suplicando por rescates financieros a las puertas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), para poder hacer frente a sus compromisos de pago de deuda. El juego no sólo amenaza con no detenerse, sino con arrastrar también tarde o temprano a España e Italia.

Las sirenas de alerta que ha lanzado el mercado, advirtiendo estos peligros, llevan mucho sonando por la vía de los rendimientos de los bonos de deuda gubernamental. Cuando las tasas de rendimiento van a la alza, se debe a que el valor de sus bonos va a la baja. Esta aparente contradicción, se explica gracias a los básicos de oferta y demanda: un bono altamente demandado será más caro, y al tener que pagar más por él, los intereses fijos que paga serán menores en proporción al capital invertido.

En cambio, un bono con poca demanda verá sus rendimientos dispararse, pues la desesperación del tenedor lo hará liquidarlo incluso con pérdida, con tal de deshacerse de él; de este modo, el adquiriente obtiene una mayor utilidad vía cobro intereses respecto a lo invertido… en teoría.

Y es que por supuesto, para que ese último caso opere, tiene que darse una condición obvia: que el deudor, de veras pague lo que ha prometido. Es justo ese el problema con Grecia, pues las apuestas apuntan a que más temprano que tarde, terminará por no cumplir. Para darnos cuenta de lo que dice el mercado, la tasa que “pagan” los bonos griegos, irlandeses y portugueses están en máximos históricos.

El rendimiento del bono griego a dos años, por ejemplo, está sobre niveles de 28.15 por ciento, que contrasta en forma dramática con el alemán de apenas 1.44. Frente a frente, uno es evidenciado como basura.

Las muchas mentiras de Grecia, que empezaron cuando su primer ministro decía que ni siquiera sería necesario un rescate, se siguen multiplicando. Por eso, los alemanes ya han dado muestras de no estar dispuestos a seguir pagando los platos rotos. No por nada la canciller Ángela Merkel quiere aplazar un segundo plan de rescate que quizá no quiera. Los únicos que parecen seguir creyendo en los helenos, son los funcionarios del FMI que se dicen dispuestos a mantener los apoyos, si se toman las medidas de austeridad y ahorro que, hay que decirlo, tampoco han querido cumplir por la presión social sobre el gobierno.

Las proyecciones del propio BCE cifran en 166 por ciento del PIB la deuda bruta de la República Helénica para 2012, cuando para este año la estiman en 157.7, por lo que cualquier ayuda será mero dinero bueno echado a la hoguera.

Por eso, ya que muchos funcionarios se sienten aún con el poder suficiente para desafiar al mercado, es de esperarse que haya más rescates tipo Grecia para aplazar de nuevo lo inevitable, hasta que una nueva crisis haga caer por su propio peso este enorme castillo de naipes. Eso sí, que no se nos olvide que, del otro lado del planeta, existe un gigante enfermo que tiene peores síntomas que el “enano” griego, y que hoy ruega por que le permitan elevar su techo de endeudamiento para seguir con vida.

Si los problemas de un pequeño causan tanto revuelo, más nos vale ir tomando previsiones para la caída del coloso. No vaya a ser que a algún despistado, lo vaya a agarrar sin una buena armadura de plata, y un escudo de oro.

viernes, 10 de junio de 2011

AHORRO = PROSPERIDAD, DISPENDIO = RUINA

Es sorprendente cómo en la historia de la humanidad, la ingenuidad y/o ignorancia de la gente, han sido aprovechadas por embusteros que buscan sacar provecho. La gran crisis por la que atraviesa el mundo, es así la ocasión perfecta para que los mentirosos utilicen sus mejores trucos para engatusar al que se deje. Es por eso que, pese a que nos encontramos en el ojo del huracán de una verdadera depresión, los mayores responsables de este desastre salen a la luz pública para repetir que todo está bajo control, que “no pasa nada”.

Esto aplica para la gran mayoría de las autoridades gubernamentales y monetarias, pero sobre todo a los protagonistas de esta historia: el gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal (Fed), su banco central. Qué tan mal estarán las cosas, que ahora hasta el presidente de esta última dio ya su primera conferencia de prensa.

Cabe recordar que para supuestamente salir de la recesión que provocó la pérdida de millones de empleos, el cierre de empresas y los mayores rescates financieros de que se tenga memoria, se recurrió a típicas recetas keynesianas y monetaristas: expandir el gasto público e imprimir dinero para inundar de liquidez el mercado. Las medidas fueron fortísimas, y en su momento comentamos que sólo servirían para ganar un poco de tiempo, pero que sería inevitable la recaída.

No era muy difícil predecir esto, sobre todo cuando de antemano sabíamos que la crisis fue provocada justo por recurrir a esas mortales herramientas de derroche. El año pasado, ante signos claros de que ese combustible arrojado a la economía se estaba agotando, la Fed anunció una nueva ronda de compra de bonos del Tesoro por 600 mil millones de dólares (QE2) para volver a “revitalizarla”.

En otras palabras, al paciente terminal se le suministró una nueva dosis de dinero para prolongar su agonía. Cada vez que la Fed compra un bono, el vendedor obtiene billetes frescos con los cuales puede hacer lo que le plazca. El razonamiento era que más dinero disponible estimularía el gasto privado, columna vertebral del sistema. La pinza, la cerrarían las finanzas deficitarias del gobierno. El problema es que esa vieja fórmula que antes funcionó en apariencia, llegó al límite por estar basada en algo que por definición no puede crecer al infinito: la deuda.

De hecho, a partir de 1971 en que se abandonó en definitiva el último vestigio del patrón oro, la gráfica oficial de Deuda Total estadounidense (que incluye la del sector financiero, la de los hogares, la pública en todos sus niveles, etc.) es elocuente: su crecimiento exponencial es perfecto como se aprecia en la gráfica de abajo. Al menos así lo era hasta el estallido de la crisis. No es casualidad entonces que el Foro Económico Mundial haya revelado a inicios de este año que el planeta necesita 103 millones de millones de dólares hasta 2020 para cumplir sus metas de crecimiento

¿Será coincidencia que es casi exactamente el doble de los 52.6 millones de millones de Deuda Total que según datos de la Fed tenía E.U. al primer trimestre de 2011? ¿Es posible que la deuda siga creciendo a este ritmo sin cesar? La respuesta contundente en ambos casos es…no.

El decrépito sistema financiero internacional, se aproxima así a su colapso, víctima de sí mismo, por lo que muchas promesas de pago quedarán sin cumplir. A decir verdad no será la primera vez que un castillo de naipes, como lo es todo sistema monetario basado en dinero “de mentiras”, caiga por su propio peso. No obstante, las consecuencias de esta catástrofe económica son inconmensurables todavía, pues con la invención de las computadoras el dinero ya ni siquiera tiene que imprimirse o acuñarse, es imaginario, un simple dígito.

Hoy, los titulares de todos los diarios financieros del orbe dan cuenta a ocho columnas de los “síntomas recesivos” que se vuelven a presentar. Ante eso debemos estar conscientes de que, pese a ser el camino equivocado, las autoridades reutilizarán tarde o temprano los mismos mecanismos fallidos para ganar tiempo, sobre todo estando tan cerca de las próximas elecciones en el vecino del Norte. Agravar las cosas, no les importa.

Por eso, en lo individual sería fatal esperar que otros resuelvan las cosas. Lo mejor, es tomar las mismas previsiones que tomaríamos de saber que un gran terremoto se aproxima, y tener presente dos igualdades que, cuando se llevan a la práctica, son válidas para personas como países enteros: ahorro = prosperidad, dispendio = ruina.

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Cifras en millones de millones de dólares.

viernes, 27 de mayo de 2011

CARSTENS, ¿NUESTRO "CHICHARITO" PARA SUSTITUIR A STRAUSS- KAHN?

El debate está a todo lo que da. De un día para otro, uno de los hombres más influyentes y poderosos, el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn (DSK), dio su mal paso. Su obligada renuncia tras su detención por ser acusado de asaltar sexualmente a la empleada de un hotel, desató ya una auténtica batalla política. De un lado, las viejas potencias del hemisferio occidental; del otro, las orientales potencias en desarrollo.

Y no es para menos. Unas, se resisten a soltar el liderazgo y preeminencia de la que han gozado desde el fin de la segunda guerra mundial; otras, exigen se haga valer el mayor peso específico que se han ganado, y que les ha permitido encabezar el crecimiento económico global en los últimos años.

En este escenario, hasta el momento hay dos candidatos formales a la vacante que dejó DSK: la ministra francesa de Finanzas, Cristine Lagarde, y el mexicano Agustín Carstens, gobernador del Banco de México. La realidad es que ambos por currículum vítae, poseen los méritos suficientes para el cargo. No obstante, la posición a la que aspiran no es meramente administrativa sino política, o sea, de poder real. Por eso, las credenciales y méritos no bastan en este juego.

No podía ser de otra manera, cuando estamos en el ojo del “huracán” de la mayor crisis desde la Gran Depresión, y el FMI es el protagonista de los rescates financieros que necesitan países enteros como Grecia, Irlanda y Portugal.

En México, los medios están sobredimensionando las probabilidades de que Carstens llegue a la cabeza del FMI. Y es que la verdad se antoja muy complicada su llegada, más cuando México no forma parte de ninguno de los dos grandes grupos en disputa: Estados Unidos-Europa y los BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Desde luego, los europeos ya han anunciado que votaran en bloque, y no es muy difícil adivinar por quién lo harán.

Por otra parte, si vemos los adjetivos con que se han expresado por ejemplo, el secretario estadunidense del Tesoro, Tim Geithner, que calificó a ambos candidatos como “creíbles”; o los de fuentes del gobierno brasileño que ven al mexicano como “demasiado ortodoxo”, podemos percatarnos que nadie pone en duda la calificación de Carstens, pero que tampoco lo respaldan. En este contexto, fuentes diplomáticas afirman que China y Estados Unidos estarían por dar su apoyo a Lagarde, con lo que arrasaría en la elección.

En el FMI, las cuotas que aporta cada país miembro determinan en gran medida el número de votos que le corresponden. Así, Europa en conjunto posee la mayor participación seguida de Estados Unidos. China, segunda economía del planeta, jugará el papel de oposición principal al frente de los BRICs. Está claro que estos últimos por sí solos no podrán imponer aún sus condiciones, pero también que los occidentales no pueden ignorarlos. Menos, cuando se sabe que los chinos poseen los recursos que los europeos necesitan, y con los que de hecho participarán a través de la compra de grandes cantidades de bonos que financiarán el rescate de Portugal.

Visto así, ¿qué puede ofrecer México o Carstens para ganarse los sufragios mínimos necesarios? ¿Alguien cree que Europa quitaría a Lagarde por Carstens, o que los BRICs apoyen a alguien que no es de su grupo? Honestamente, no es imposible, pero al parecer la única oportunidad del Gobernador del Banxico sería como un eventual “tercero en discordia”, ante una negociación muy tensa y la ausencia de acuerdos concretos. Ojalá tenga suerte, pues como mexicano me gusta la idea de ver uno dirigiendo el FMI, aunque luce difícil.

Por último, Carstens en una entrevista dijo que lo suyo son las “Ligas Mayores”, que tiene toda la intención de irse y hasta hizo una analogía con el fútbol, diciendo que preferir quedarse, sería “como decir que el ‘Chicharito’ se quede a jugar en las Chivas”. Lo malo es que esta vez, nuestro “Chicharito” financiero no parece ser del todo del agrado de los “visores” y dueños de los equipos. Eso sí, ya que todo indica que se quedará, ojalá aquí siga anotando buenos goles como el de la compra de las 100 toneladas de oro para las Reservas. 

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viernes, 20 de mayo de 2011

PELIGRO INMINENTE: EL NUEVO GRAN COLAPSO

Las señales están por doquier. Las luces amarillas empiezan a multiplicarse por todas latitudes. Todos los días, a todas horas, llegan noticias que apuntan cada vez con mayor claridad, a una inevitable recaída en esta nueva Gran Depresión. Unas veces alentada por hambre de democracia, otras por anhelos de empleo, oportunidades o por la simple urgencia de llevarse alimento a la boca, la tensión global aumenta a gran velocidad.

Y es que no por nada las transiciones suelen ocurrir de manera violenta, pues los nacimientos de nuevas eras requieren romper por completo paradigmas caducos. Los sistemas en mutación van desde lo político-social hasta lo económico-financiero, esferas diferentes pero unidas como vasos comunicantes bajo alta presión.

En este sentido, desde las revueltas con tintes de guerra civil en África del Norte y Oriente Medio, las manifestaciones multitudinarias en Grecia, Francia, España, etcétera, hasta las sacudidas bursátiles y los malos datos económicos, constituyen el síndrome de la decadencia del establishment. Ese sistema que hoy se autoinmola, producto de sus propios excesos, más tarde habrá de resurgir transmutado, como Ave Fénix, en un mundo sustentable que nuestros padres no podrían reconocer.

Coincidencia o presagio, la realidad es que quizá por eso 2012 haya sido tomado como un año emblemático. Así pues, la segunda mitad de 2011, que ya se halla a la vuelta de la esquina, podría traernos grandes sorpresas que, según se esté preparado, serán agradables o negativas. Y es que está demostrado que las grandes crisis también son los momentos de mayor oportunidad para el que sabe sacarles provecho.

¿O acaso alguien pensará que en las crisis económicas la riqueza es destruida? Si es así, bueno, la verdad es que sirve más darse cuenta que sólo suele cambiar de manos. En esos shocks como el que se avecina, las manos débiles pierden para darlo todo, con su consentimiento, a las más fuertes.

En el ámbito de la economía, las señales son incontables, pero no pasa desapercibido que en los epicentros de los terremotos financieros más recientes las cosas lucen incluso peor que antes del inicio de la crisis en 2008. En Estados Unidos, además de la evidente desaceleración de su crecimiento, alcanzaron su techo de endeudamiento y, como todo hombre en bancarrota, está metiendo mano a todos los bolsillos que puede, incluso a los de sus fondos de pensiones, sin que se perciba bien cómo va a reducir su brutal déficit fiscal.

Asimismo, los quebrados España, Grecia e Irlanda sufren tasas de desempleo mayores que las de hace tres años, y en marzo la producción industrial europea cayó de forma inesperada. Del otro lado del mundo, el gigante motor chino se está sobrecalentando.

En los mercados financieros, los índices bursátiles parecen estar anticipándose a la inminente terminación de la fase dos “relajamiento cuantitativo” (QE2) en junio, y se ve difícil que puedan levantar el vuelo sin esa maravillosa droga a la que se han vuelto adictos: la impresión masiva de dinero por parte de la Reserva Federal estadunidense (Fed).

Con todo eso, la mesa está más que puesta para un posible gran colapso en la segunda mitad del año. Como siempre en estos asuntos, no hay certeza del momento en el que todo podría venirse abajo, pero ayuda el estar atento adonde se ubican las mayores probabilidades. ¿Será en verano u otoño?

¿Acaso en octubre como en 1929 y 2008? Imposible saber. Lo cierto es que, de ocurrir, el fantasma de la deflación que tanto espanta a la Fed será el pretexto perfecto para volver a lanzar un QE3 o como le quieran llamar. En ese caso, habría imperdibles oportunidades de compra en los mercados que no durarán mucho, sobre todo, en los mercados de materias primas (commodities).

En este marco, está claro que los estímulos fiscales y monetarios no sirvieron más que para empeorar las condiciones previas. Llegado el día, la transición a que hacíamos referencia marcará, entre lo más importante, el fin de la era del dólar, que Banco Mundial data como máximo en 2025, y el de Estados Unidos como súper potencia hegemónica. La reforma al sistema monetario internacional habrá de dar así un puesto más valioso al Yuan chino y al Euro que, en torno a un nuevo rey, el oro, trazará la pauta de lo que será la “nueva normal” del siglo XXI.

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viernes, 13 de mayo de 2011

¿POR QUÉ BANCO DE MÉXICO COMPRÓ TANTO ORO?

Bueno, por primera vez es posible contestar fácil y rápidamente a una pregunta como la del título de este artículo, gracias a que el principal responsable de esa adquisición se encargó de responderla. Como usted recordará, este mes se dio a conocer que Banco de México (Banxico) compró alrededor de 100 toneladas de oro (más de tres millones de onzas) en el primer trimestre de 2011.

La semana pasada, incluso comentamos en este espacio (http://bit.ly/la4gSq) que había sido una lástima que nos hubiésemos tenido que enterar del hecho gracias a un diario extranjero: el Financial Times. Pareció entonces como si se hubiese querido que pasara desapercibida, una de las mayores y más aceleradas compras de ese metal de que se tenga registro, por parte de un banco central, en la historia reciente.

Pues bien, ayer en una entrevista con Óscar Mario Beteta, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, dio la esperada respuesta al por qué de dicha operación: “nos disminuye el riesgo”.

Como se sabe, no hay inversión que no lo conlleve, pero lo que más llama la atención, es que cada día hay más señales de un cambio profundo entre lo que se percibe como “seguro” y “riesgoso”. Para nadie es un secreto, por ejemplo, aquel viejo mito de que el dólar estadounidense es el mejor refugio para los inversionistas, pero si eso fuera vigente, ni siquiera se hubiera considerado ampliar nuestras reservas internacionales en oro; no haría ninguna falta.

Así pues, en México durante mucho tiempo estuvimos acostumbrados a mirar al tipo de cambio peso/dólar como indicador de crisis, y nos enseñaron que entre más subiera el billete verde, sería peor. No obstante, nunca aprendimos que lo contrario, que el dólar bajara, no necesariamente sería un buen augurio. Y es que ahora es el dólar el que está enfermo, y su mortal padecimiento lo devalúa ante los ojos de todos.

Por desgracia, no es la mayoría la que se percata de ello, y en consecuencia, muchos ni siquiera están tomando previsiones. Esa devaluación se refleja en el aumento de precio de los activos tangibles (commodities), entre los que se encuentran los metales preciosos.

Queda claro que Banxico es uno de los que sí se están dando cuenta de la gravedad de esta situación, y ante el peligro inminente del dólar recurre al “viejo confiable”. Carstens puede decir que no se trata de huir del dólar, pero las cifras muestran que al menos en los tres primeros meses de 2011 así fue: de los 7,673.8 millones de dólares acumulados en los Activos de Reserva Oficiales, más del 56 por ciento fue en oro.

Para los que hoy critican y sospechan que esa inversión pudo no haber sido acertada, por la reciente baja en los precios de las commodities, de nuevo Carstens tiene razón cuando dice: “en el mediano y largo plazos, sí vemos que el oro tiene la capacidad de subir.” Y vaya que sí. Los metales preciosos (y en general las materias primas), se encuentran en lo que se conoce como “bull market” (mercado alcista) que dista mucho de terminar.

Las bajas en sus cotizaciones parecen solamente estar descontando que, en junio, terminará la segunda ronda QE2 de “relajamiento cuantitativo” (impresión de dinero) de la Reserva Federal de Estados Unidos. Además, no existe un solo mercado en el que los valores vayan en línea recta hacia arriba o hacia abajo siempre.

En este sentido, en un mercado al alza las correcciones hacia abajo son sanas y normales, pero no hay duda que luego la tendencia será retomada tarde o temprano, conforme se acerque un QE3. La historia da evidencias de que cada vez que se ha recurrido a devaluar una moneda (como ahora el dólar) a través de la impresión de dinero de papel para “impulsar” la economía, los resultados son desastrosos.

Ante este hecho, ojalá que Banxico continúe acumulando reservas en oro, pues con este panorama hasta le podríamos perdonar que lo siga haciendo calladito, calladito .

viernes, 6 de mayo de 2011

MÉXICO, ¿AVERGONZADO POR LLENARSE LOS BOLSILLOS DE ORO?

Ojalá que la frase del título de este artículo hiciera referencia a que la “pujante” economía mexicana, nos estuviera permitiendo a la mayoría de los ciudadanos llenar nuestros bolsillos de oro contante y sonante. Por desgracia no es así, pero resulta que al menos esa expresión es válida en el plano macroeconómico. Y es que esta semana se dio a conocer que, durante el primer trimestre de 2011, Banco de México (Banxico) acumuló una de las mayores compras de oro de su historia: nada menos que 100 toneladas.

No obstante, lo que sin duda fue una decisión acertada de parte de ese Instituto Central (entre muchas equivocadas, por cierto), quedó empañada por una enorme duda: ¿por qué una inversión de estas proporciones en un activo tan poco habitual, ni siquiera mereció en su momento un boletín de prensa tan pobre, como el que sacaron tras la publicación del hecho en el Financial Times?

Dice Banxico en su escueto comunicado, que dichas adquisiciones “se inscriben dentro de la política habitual de este Instituto Emisor referente a la inversión y diversificación de sus activos.” Sin embargo, lo cierto es que esto no tiene nada de habitual, al contrario. Se trata de una de las mayores y más aceleradas compras del metal amarillo que haya hecho un banco central, en la historia reciente, por un monto aproximado de 4.5 mil millones de dólares. B

Banco de México se defiende argumentando que las notas periodísticas se sustentaron en su propio Reporte sobre las Reservas Internacionales y la Liquidez en Moneda Extranjera, publicado en internet, pero queda claro que se comportó como aquel niño inquieto que, después de una de sus travesuras, hace todo lo posible para que sus padres no lo noten.

En este caso, es evidente que alguien tuvo que tomar la decisión de no hacerlo público. Eso en tierra de “sospechosistas”, nos conduce a pensar que quizá no se haya querido incomodar al país vecino que, vaya casualidad, es el emisor del enemigo público número uno del oro: el dólar.

¿De veras era una vergüenza admitir abiertamente que nuestro país se sumó a otras naciones que han expandido sus reservas de oro como Rusia, India y China? No tendría por qué haberlo sido. Después de todo, cada país tiene el genuino derecho de obrar conforme a sus propios intereses.

Sea como fuere, la realidad es que el hecho de que en el propio vecindario de los Estados Unidos se esté considerando reducir las reservas internacionales en su divisa, es una señal más de que la suerte del dólar está echada. Esos 4.5 mil millones de dólares no fueron a dar a Bonos del Tesoro norteamericano para ganar cero intereses, como de costumbre, sino que fueron convertidos en dinero real, un bien valioso y tangible. Eso es justo lo que poco a poco comienzan a hacer cada vez más bancos centrales y personas, que guardan sus propias reservas para el día en que el billete verde, y en general el dinero ficticio, sean sometidos a su “Juicio Final”.

Por eso, hoy que ha llegado una sana corrección a los mercados de oro y plata, no debemos perder de vista el bosque distrayéndonos con un árbol. Si bien el rey de los metales cayó por debajo de los 1,500 dólares la onza, todavía está uno por ciento arriba de donde se encontraba hace sólo un mes, y su caída no ha sido estrepitosa como la de su compañera.

El caso de la plata es distinto, pues los datos muestran que quizás subió demasiado en muy poco tiempo, y su corrección será más drástica. Pero el bosque al cual nos referimos, sigue ahí: la debilidad de la economía y su adicción a la impresión de dinero para mantenerse con vida, las monumentales e impagables deudas soberanas en Europa y Estados Unidos, los incontrolables déficits fiscales, etc.

En fin, el punto es que, para los desilusionados que piensan que el oro y la plata están enfermos, mejor váyanse haciendo a la idea de todo lo contrario; lo que vieron en las últimas semanas, no fue más que un mero ensayo de lo que vendrá cuando de veras estén ardiendo. No por nada se dice: “no hay ninguna fiebre, como la fiebre del oro”.

viernes, 29 de abril de 2011

FUTURO REY ORO Y FUTURA REINA PLATA, LA FIESTA QUE AÚN NO TERMINA

Las últimas dos semanas han sido verdaderamente emocionantes para los mercados, pero sobre todo para el de metales preciosos.  Mientras que la Semana Santa y la de Pascua son para muchos de solaz y diversión, los centros bursátiles no dieron tregua. En particular llamó la atención lo que ocurrió con el oro y, por su espectacularidad, con la plata. La actividad de estos ha sido tanta o más activa que antes de los días feriados. Ayer mismo, ambos tocaron a la par, por primera vez en más de 31 años, nuevos máximos históricos. El primero dejó atrás la barrera psicológica de los 1,500 dólares por onza (1,538.35), y el segundo rozó los 50 dólares (49.51).

Y es que si bien el metal amarillo no ha dejado de acumular un largo historial de nuevos récords, la plata había permanecido “dormida” la mayor parte de la década, alejada de la atención de los inversionistas que, a causa de su bajo precio, la tuvieron menospreciada por largo tiempo. Este típico error de la mayoría de los inversores –incapaces de detectar la oportunidad de compra precisamente por su subvaluación, generó enormes oportunidades a los que sí las vieron: en lo que va del año, su precio se ha disparado casi 60 por ciento.

Los amables lectores de este espacio, recordarán que desde la aparición de Inteligencia Financiera, expusimos las ventajas que ofrecía la plata para quien gusta de invertir en valor, así como las bondades de la pospuesta monetización en México de la onza Libertad.

Hoy, todo y nada ha cambiado. Todo porque la plata ya no está a menos de 10 dólares como en 2008; y nada, porque pese a los agoreros que pregonan que la “burbuja” de las commodities está cerca de explotar, la realidad es que estamos quizá apenas a medio camino en su “bull market” (mercado alcista).

Para quien tenga duda, valdría la pena que revisara las cantinflescas declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, que en un hecho insólito sostuvo el miércoles una conferencia de prensa posterior a la reunión de su Comité de Mercado Abierto. Si bien por un lado dejó claro que la fase dos de su programa de impresión monetaria (QE2) terminará en junio, lo cierto es que reconoció la inocultable desaceleración de la economía estadounidense, que se reflejó en los decepcionantes datos de crecimiento del PIB en el primer trimestre (1.8%).

Asimismo, echó por tierra las voces de los que auguraban una pronta subida de tasas de interés, y reiteró el compromiso de mantenerlas casi en cero “por un periodo prolongado”.

Si a ello sumamos los inminentes recortes presupuestales que tendrá que asumir Obama ante el embate republicano, ¿alguien tiene duda de que sólo es cuestión de tiempo para el anuncio de una nueva inyección de liquidez QE3? ¿O acaso también pasó de noche que los chinos ya dieron visos de querer deshacerse de dos terceras partes de sus reservas de dólares?

En este sentido, la debilidad de la divisa norteamericana es sintomática. El Índice Dólar está en su nivel más bajo desde 2008, y su caída libre la vemos en el país con el espejismo del “súper” peso, que ayer se situó en 11.54 por billete verde. El dúo fatídico del secretario del Tesoro, Geithner y Bernanke, podrá decir que está en su interés un dólar fuerte, pero sus hechos demuestran lo contrario. Su complacencia ante esta circunstancia, abona a las condiciones que permitirán que se sigan encareciendo materias primas indispensables como los alimentos y los combustibles.

Por todo eso, hoy que los reflectores de los medios apuntan hacia Londres por el enlace matrimonial de William y Kate, valdría la pena no distraerse del hecho de que, pese a las habituales correcciones en el camino (como la que podría darse pronto), la fiesta del oro y la plata está lejos de terminar. Sin duda, llegará el día en que con su empoderamiento, ambos monarcas recuperarán la corona que por la naturaleza de las cosas, siempre les ha correspondido. Más que futuros rey y reina, volverán al lugar del que nunca debimos de haberlos movido.

viernes, 15 de abril de 2011

LA GRAN MINA DE ORO, Y EL "ORO DE LOS POBRES"

Esta semana se dio a conocer el descubrimiento de una mega mina de oro y plata, al noroeste de Durango. Con este nuevo descubrimiento realizado por la empresa canadiense Chesapeak Gold Corp., llegaría a convertirse en la quinta más grande del mundo, con una producción anual de plata de 19.4 millones de onzas, que generaría también en sus 20 años de vida más de 17 millones de onzas del metal amarillo.

De acuerdo a proyecciones de la Cámara Minera de México, con este y otros proyectos en puerta, nuestro país pasaría de la posición 12 a estar en el “Top 5” de los productores de oro en los próximos años. Cabe recordar que en 2010 recuperamos ya el primer lugar en producción de plata a nivel global.

Estas señales constituyen un indicador más de que el “péndulo” de los mercados, ya ha cambiado de dirección. Y es que en esa infalible dualidad -tan evidente para el que la quiere ver, unas veces predominan los activos en papel y otras los activos tangibles. La historia financiera nos permite observar esta asombrosa periodicidad, que marca el compás al que los capitales se mueven.

Así pues, hay tiempos en los que los bienes “de papel”, como las divisas, los bonos (deuda) y las acciones, son la opción inteligente al brindar los mayores rendimientos y la mayor seguridad. Sin embargo, cuando la propia fuerza natural de los mercados conduce a excesos en alguno de sus componentes, oferta y demanda, el equilibrio se rompe, la balanza se inclina y el péndulo camina en sentido opuesto.

Cuando ello ocurre, sólo las mentes más avezadas suelen advertir los cambios y actúan en consecuencia. El efecto, por supuesto, es que lo que antes fue menospreciado, comienza a adquirir fuerza y notoriedad. Si antes los bienes tangibles fueron lo menos, se transforman poco a poco en lo más, hasta tocar el otro extremo: lo que pierde o carece de valor, es todo lo que huela a activos de papel; y el ciclo vuelve a empezar. Comprender esto es fundamental para todo aquel interesado en la adquisición y sobre todo, en la preservación de su riqueza, sea poca o mucha.

Hoy día, somos testigos de este cambio de dirección en un mundo que, grosso modo, podemos decir vivió un auge de activos de papel durante las dos últimas décadas del siglo XX. En 2011 entonces, estamos inmersos en un auge de su contraparte, los bienes materiales como las materias primas, que en los 20 años previos sólo vieron caer su valor, sus precios, su producción y su prestigio. Este nuevo apogeo que comenzó con el nuevo milenio es pues, resultado de un cambio fundamental, no sólo coyuntural.

De ahí que en anticipación a la fase de frenesí (que por cierto es el momento en que la mayor transferencia de riqueza ocurre), con la que suelen concluir estos mercados alcistas, veamos signos claros como las macro inversiones que apuntamos al principio: todos quieren llegar a la olla al final del arcoíris antes que nadie. Los grandes inversores, de este modo, prevén la transición y no esperan.

Por eso, del otro lado de la moneda, los síntomas inequívocos de la etapa de decadencia están aplicando para los activos en papel: las divisas, corrompidas por la impresión masiva de billetes a cargo de los principales bancos centrales; los bonos, por las ínfimas tasas nominales de interés que pagan (negativas en términos reales) y el elevado costo artificial que tienen; y las bolsas que ven opacadas sus utilidades reales frente a las que obtienen las “commodities”.

En este contexto, el rey de los metales y su pareja inseparable, la reina plata, no han dejado de revaluarse en la última década. Por ello, la expresión con la que muchos se han dirigido a esta última al llamarla “el oro de los pobres”, la tiene sin cuidado pues al día de hoy, su desempeño está opacando al de su compañero.

No obstante que ayer mismo oro y plata tocaron máximos, histórico en el primer caso y de 31 años en el segundo (1,479.01 y 42.41 dólares la onza, respectivamente), no debemos perder de vista que, ajustados por inflación oficial, ambos aún se ubican muy por debajo del pico que alcanzaron en enero de 1980. De esta manera, más valdría parafrasear así a un clásico: “oro y plata son dinero, todo lo demás, es crédito”, ¿está claro?

viernes, 8 de abril de 2011

POR FAVOR, ¡DEJEN QUEBRAR A PORTUGAL!

En los mercados financieros como en la vida misma, los errores y aciertos se pagan y se cobran en función de su relevancia. Así pues, con una buena decisión un inversionista puede ganar una fortuna de la noche a la mañana, mientras que con una pésima, puede perderlo todo. Ese razonamiento, suele no aplicar del todo en lo que podríamos considerar como las “Ligas Mayores”.

Y es que está demostrado que si se es “demasiado grande” para quebrar, del tamaño de un banco importante o un país, no hay por qué temer por las malas acciones, pues  siempre habrá manos públicas generosas que se encarguen de entrar al rescate para evitar la bancarrota, por supuesto, socializando las pérdidas.

El mundo occidental vive esta nueva “normal” que, por supuesto, implica también que pocos se enriquecen mientras muchos se empobrecen, aniquilando lenta pero consistentemente a la clase media. Una fiesta en la que los que pueden, disfrutan de las mieles del derroche y abuso del crédito a costa de hipotecar el trabajo y los recursos de futuras generaciones.

Esa, es la historia que hemos atestiguado una y otra vez en lo que va del siglo: burbujas especulativas alentadas por tasas de interés manipuladas a la baja, que empujan a los tenedores de capitales en su búsqueda de ganancias, a prestar incluso a aquellos que aunque no pueden pagar, disfrutan de la fiesta mientras dure. Un mundo feliz.

Lo malo es que cuando la parranda termina -y siempre lo hace, la resaca empieza a hacerse sentir y a nadie le gusta. Por eso recurren a la vieja técnica de patear lejos la bomba para que después le explote a otro, o lo que es lo mismo, a evitar la resaca manteniéndose ebrios. Esa, la cruda realidad de tener que pagar las cuentas, es la que no está gustando nada en Europa, y la causa principal de los llamados rescates financieros.

El argumento siempre es el mismo, se hace “por el bien de todos”. Lo que no se dice, es que en verdad a quien se rescata, es a los grandes corporativos bancarios, que como decíamos al principio, deberían asumir los costos de sus malas decisiones, perder. Los que pagan los platos rotos, terminan siendo naciones y ciudadanos de países que por su esfuerzo, gozan de una mejor posición, como Alemania o Francia. Es como si en cualquier barrio, los de la casa de al lado tuvieran que dar la cara y pagarle al banco la hipoteca del vecino moroso.

Ejemplos recientes sobran. Basta con voltear a ver a Grecia e Irlanda en 2010, y ahora a Portugal. El detalle es que su problema de fondo no es que les falte liquidez, sino solvencia; o sea, no es que el de la casa de al lado no tenga “cash”, simplemente, no puede pagar. ¿Vale la pena seguir posponiendo la dolorosa solución inevitable, cuando han probado una y otra vez que ocultan la verdad? ¿No sería mejor al mal paso darle prisa?

Recordemos que los gobiernos de esas tres naciones, días antes de anunciar que recurrirían al un rescate de la Unión Europea, juraban no necesitarlo. “No necesitamos un crédito”, decía el griego Papandreou; “no tenemos que pedir prestado dinero alguno”, clamaba el irlandés Cowen; “Portugal no necesita el rescate”, desdeñaba Sócrates. ¿Será acaso un preludio de lo que ocurrirá con la España de Zapatero, que descarta “absolutamente” cualquier salvamento?

Es oportuno traer a cuentas lo que en este espacio decíamos en enero de 2010, meses antes del primer rescate a Grecia, en el artículo “Dólar vs. Euro ¿Quién para campeón?” (http://bit.ly/fO0KO9): “cinco países están causando preocupación (…) Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, que enfrentan serios problemas comunes como desempleo, déficits públicos y sobre todo deuda creciente”.

Tres de ellos, ya han caído. Lo ocurrido hasta ahora, confirma que las fichas del dominó financiero seguirán sucumbiendo una a una, hasta que por la fuerza natural del mercado, la amarga medicina, el sistema finalmente se depure y reinicie sobre bases sólidas de ahorro, inversión y crecimiento. Dejemos que el tiempo, nos dé la última palabra.

viernes, 1 de abril de 2011

RETIRARSE SIN PENSIONES = RETIRARSE POBE

El año pasado dedicamos varias entregas de esta columna a las pensiones. El tema por sí mismo levanta pasiones, pues se trata de un beneficio que atiende a grupos más o menos vulnerables que, en muchos casos, dependen por completo de ese ingreso para subsistir. Pensar siquiera en reformas que recorten los recursos dedicados a actuales o futuros pensionistas, resulta un asunto de debate inmediato, por las naturales inconformidades y reacciones –incluso violentas, que se pueden generar.

No obstante, la crisis económica que el mundo atraviesa en la actualidad y las proyecciones actuariales más serias, ponen en serio entredicho la sobrevivencia del esquema de Estado de Bienestar que las creó.

Esta misma semana, la sostenibilidad de las pensiones en México volvió a ser puesta en la mesa, cuando especialistas de las firmas de Ernst & Young, Lockton y el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, plantearon que se requiere alrededor de 20 millones de millones de pesos para financiarlas. La cifra equivale a casi seis veces el Presupuesto de Egresos federal de este año y a 150 por ciento del PIB, lo que por supuesto impone una pesada carga a las finanzas públicas presentes y futuras, por no decir que no alcanzará para pagarlas.

El reto es todavía mayor, si se considera que ese dato sólo contempla los requerimientos monetarios para atender a aquellos trabajadores que se encuentran bajo un esquema de retiro que les permita jubilarse. Es decir, ni siquiera incluye las cantidades que se necesitarían en caso de que aquellos que se emplean en la informalidad, tuvieran derecho a ella; de hacerlo, el déficit sería más grande.

Y es que si bien en la fría contabilidad, quizás no parezcan afectar al erario, sí lo harán por el lado de la asistencia pública a la que se verán forzados a recurrir. Tarde o temprano, como es obvio, los trabajadores del sector informal también querrán o tendrán que retirarse, sin la garantía de que contarán con recursos que les permitan hacerlo con dignidad. De hecho, los expertos comentaron que es probable que hacia 2050, sólo uno de cada cuatro adultos mayores de 60 años sea pensionado. Por eso, la materia es de la incumbencia de todos los que hoy son jóvenes, pues la falta de previsión implicaría acabar justo como nadie quiere: viejo, solo y pobre.

Eso sí, cuidado con pensar que los planes de retiro auguran necesariamente un porvenir alentador. La realidad es que algunos cálculos estiman que una persona, podría recibir como pago mensual el equivalente a entre 10 y 20 por ciento de lo que percibía en su vida laboral activa. Ese recorte, por fuerza significará caídas en el nivel de vida de la gente y/o la obligación de trabajar por más años.

El sentido común nos conduce a pensar que, cuando todos estos programas de “Estado de Bienestar” no existían, debió haber una mayor cultura de la previsión. Muy pocos osados o irresponsables, estarían dispuestos a terminar como la Cigarra de la fábula. De hecho, hay evidencia suficiente en países en vías de desarrollo que cuentan con incipientes sistemas de seguridad social, que demuestran este hecho. Es el caso por ejemplo de varias naciones asiáticas que cuentan con elevadas tasas de ahorro.

Sin embargo, la verdad es que resulta difícil pensar en ahorrar, cuando por un lado, los sueldos medios son tan bajos y, para empeorar la situación, los responsables ahorradores son reducidos a “tontos”, que ven desvanecer el valor de lo preservado a manos del incremento de los precios. Un universo al revés en el que el castigo es impuesto a los que no están conformes con gastar todo lo que tienen.

Esta absurda lógica puede cambiar a medida que se fomente en serio una política de ahorro interno, fundamento indispensable del desarrollo. La garantía de que el dinero guardado por lo menos valga igual mañana que hoy, será así un aliciente para todos los que deseen oponerse a un retiro de pobreza.

Ojalá por eso cada día sean más los que impulsemos medidas de bien común “de a de veras”, como la de introducir la onza de plata “Libertad” a la circulación monetaria, a la par de los pesos de papel. ¿Quién no estaría dispuesto a ahorrar de esta manera? Que la esperanza, nunca muera.

viernes, 25 de marzo de 2011

OPTIMISMO OFICIAL EN MÉXICO

Hace algunas semanas, el secretario de Hacienda se lució con una pifia que opacó la nota que quería presumir: la del crecimiento de la economía mexicana en 2010. Sólo para recordarlo, aquel resbalón fue conocido por decir que con seis mil pesos de ingreso mensual, había mexicanos que pagaban casa, carro y escuela privada para sus hijos, al más puro estilo de la canción “Peso sobre peso” del famoso Chava Flores. Pues bien, Ernesto Cordero sigue dando de qué hablar, y si antes nos hizo recordar a la “Bartola” de la canción, ahora hace lo propio con aquel personaje conocido como “La Chimoltrufia”.

Y es que en menos de una semana, ha mandado mensajes bastante contradictorios. Al más puro estilo de la creación de “Chespirito” (que repetía su frase de “así como digo una cosa, digo otra”), primero el lunes declaró que la reciente alza en los precios del petróleo significaban una amenaza mayúscula para la economía del país. En lo que parecía una esperada entrada en razón, admitió abiertamente también que nuestra recuperación está en función de la de Estados Unidos, y que la apreciación del peso se está convirtiendo en una “mala noticia” para las arcas nacionales, al recibirse menos pesos por cada dólar que ingresa.

Sin embargo, sólo un día más tarde, el secretario pareció olvidar los riesgos de los que hablaba por el alza del crudo, al referirse a “una fuerte posibilidad” de que el PIB en 2011 crezca a una tasa aún mayor que la del año pasado, de 5.5 por ciento. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Le debemos creer al Cordero realista o al optimista?

Queda claro que la primera perspectiva luce más sustentada, en un escenario que cada vez se asemeja más a una tormenta perfecta para los precios del crudo. A factores como la creación masiva de liquidez monetaria (a cargo de los principales bancos centrales), las apretadas reservas petroleras mundiales y la demanda creciente, se suman ahora la inestabilidad política en Medio Oriente, África del Norte y la crisis nuclear japonesa; todos, elementos que fortalecen su tendencia alcista. Aunque todavía estamos lejos de los máximos históricos (alrededor de 150 dólares el barril) vistos en 2008, la cotización ya está de nuevo arriba de los 100 dólares. Las probabilidades de una recaída económica mundial, avanzan a la par de los precios del oro negro. Por eso se antoja muy complicado que nuestro principal motor, Estados Unidos, pueda vigorizar su producción en un marco de combustible caro.

Eso sí, no debemos perder de vista que el petróleo y sus derivados, con todo y su importancia, forman parte de las materias primas. En este sentido, otras aún más importantes como los alimentos, están experimentando encarecimientos por razones similares, y que en conjunto merman a diario la capacidad de compra de la gente. Eso explica en gran parte, por qué la recuperación que tanto anuncian en los medios genera serias suspicacias. ¿O acaso de veras estamos mejor con gasolina y tortillas más caras?

Ahora que si el bando de los optimistas quiere conservar los adeptos que tiene, que no voltee a Europa ni a ver las cotizaciones del dinero real (oro y plata), pues corre peligro de irse de espaldas. Ayer mismo el oro tocó un máximo histórico por arriba de 1446 dólares la onza, y la plata uno de 31 años en 38.09 dólares/oz, mientras Europa se cimbra ante la inminencia de un rescate financiero para Portugal.

Visto de esta manera, tal vez Ernesto Cordero quiso remediar el descontento que generó con la anécdota de los seis mil pesos, ideando una manera de estar siempre en lo correcto, como aquella trampa en los “volados” en que uno dice: “sol, yo gano; águila, tú pierdes. De ser así, ¿usted de qué lado lo apoya?

viernes, 18 de marzo de 2011

JAPÓN: UN TSUNAMI QUE SUBIRÁ LOS PRECIOS DE COMBUSTIBLES

La catástrofe que sufrió Japón hace unos días y que ha consternado al mundo entero, no es una tragedia más, sino una que quedará marcada con tinta indeleble en la historia de la humanidad. Si bien hay desastres de toda índole que ocurren año con año a lo largo y ancho del planeta, existen algunos que sirven de referencia obligada para marcar cambios en los paradigmas existentes.

Entre estos sucesos se cuentan desde fenómenos meteorológicos y extinciones masivas de especies, hasta grandes guerras. Así pues, el terremoto, posterior tsunami y posible gran tragedia nuclear en el país del Sol Naciente, será uno de esos hitos históricos al margen de lo que suceda de aquí en adelante.

Por supuesto, lo más doloroso sin duda es que miles de personas hayan perdido la vida, y que millones de afectados más, tendrán que cambiar sus hábitos, costumbres y actividades cotidianas para habituarse a una nueva realidad. No me refiero solamente al pueblo japonés, sino incluso a aquellos que nos encontramos en otros continentes, a los que nos serviría tomar conciencia de que esta desgracia acelerará procesos de cambio, en un ámbito que incumbe a toda la humanidad: la economía.

En este sentido, debemos entender otra cara del problema originado en Japón que poco se ha abordado: las consecuencias que tendrá en los precios de alimentos, combustibles y materias primas en general. Su tendencia alcista no sólo sigue intacta, sino que además se ha reforzado y acelerado con lo ocurrido.

Así pues, mientras Alemania decreta un cierre temporal de sus plantas nucleares más viejas, y Estados Unidos y México realizan nuevas revisiones en los sistemas de seguridad de las propias, el descrédito que recibe la energía atómica la condena sin remedio a soportar una pesada carga de la que no será fácil desprenderse.

El beneficiario directo de esto es el petróleo, que junto con el carbón y el gas natural, constituye el principal recurso para la generación de energía eléctrica. Esto se traduce en que, a pesar de las caídas en precios que se puedan observar en el corto plazo, la realidad es que podemos esperar que esta década el crudo y sus derivados sigan encareciéndose.

No podemos hacer a un lado que hace mucho no se descubren nuevos yacimientos súper masivos del “oro negro” que, por su accesibilidad, pudieran asegurar un pronto crecimiento de la oferta para descender su cotización. Es más, gracias a los cables de Wikileaks, ahora se sabe que la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita, reportó a Washington entre 2007 y 2009 sus sospechas fundadas de que los sauditas habrían exagerando hasta en 40 por ciento las reservas petroleras que dicen tener.

Este aliado de los estadounidenses, siempre ha prometido elevar su producción de crudo en el caso de que precios altos comprometan el ya por sí mermado crecimiento económico yanqui. ¿Qué pasaría entonces si se comprueba que, pese a su compromiso, Arabia Saudita fuera incapaz de producir más petróleo? No hace falta explicarlo.

En fin, al pueblo japonés no nos queda más que desearle que la contingencia que enfrenta se resuelva pronto, e inicien su reconstrucción. Mientras tanto, en el resto del mundo vayámonos preparando para lo que, todo indica, será un “tsunami” en el precio de los energéticos que, afortunadamente, sí podemos predecir.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿BANCOS CENTRALES CONTRA LA INFLACIÓN? (NUNCA COMBATA UN INCENDIO CON GASOLINA)

Es curioso que los principales responsables de la expansión monetaria y del crédito, los bancos centrales del mundo, se dividan ya entre los que no ven la inflación y los que comienzan a “preocuparse” por ella. Ninguno tiene remedio, pues si bien la desvergüenza de los primeros es mayor, los segundos se rasgan las vestiduras en el tema como si en ello no tuvieran nada que ver.

Las muestras más representativas de cada caso, son la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE). Banco de México ha tomado partida del lado de la Fed, pues además sus respectivos titulares han concluido lo mismo: no hay presiones inflacionarias serias, pero de llegar a existir por los precios del petróleo y demás commodities, éstas serán “temporales”. Basta revisar las declaraciones de Bernanke y Carstens para notar sus coincidencias.

Estas falaces conclusiones, así como la fingida preocupación por el incremento de precios, nos revelan su nula comprensión de este fenómeno monetario o su desfachatez. Esta semana, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, coordinó conversaciones entre los principales banqueros centrales en las que descargó toda la responsabilidad de lo que llamó “amenaza de inflación”, en los precios del crudo y alimentos. En otras palabras, fue capaz de ver el peligro presente pero ninguna de sus causas estructurales, como si la inflación fuese un asunto de generación espontánea. En cambio, siempre será más fácil atribuir las vicisitudes a coyunturas externas como la inestabilidad en Medio Oriente.

Para contrarrestar estos riesgos, Trichet dio señales de que está listo para comenzar a subir las tasas de interés en la zona Euro. Sin embargo, poco éxito puede augurarse a su intento, pues contra el incendio inflacionario más grande de la historia un solo carro de bomberos con un chorro insignificante de tipos de interés, nada podrá hacer contra las grandes oleadas de combustible (dinero de papel) que se arrojan desde América a todo el orbe.

La apuesta de Carstens, Bernanke y Trichet es que el sobrecalentamiento de economías emergentes como la china, provoque una desaceleración que alivie las presiones en las commodities. Pero el tsunami de liquidez que devalúa al dólar, no se detendrá en el corto plazo, por lo que tanto alimentos como energéticos continuarán su tendencia alcista. Es más, incluso de presentarse una pronunciada desaceleración, los problemas de oferta que atraviesan las commodities seguirán presionando los precios.

Por ese motivo, la lucha de “todos contra la inflación” sólo puede ser liderada por los propios ciudadanos. Aquél que piense que los banqueros centrales le pondrán fin a este problema, verá perder con impotencia la capacidad de compra de su dinero. De ahí que resulte indispensable proteger el valor de lo ganado, jugando las contras a los que se empeñan en robar de los bolsillos de todos. El ahorro en onzas de plata amonedadas como la “Libertad”, en México; las “Eagles”, en la Unión Americana; las “Maple Leaves”, en Canadá, etc., es sin duda una opción insoslayable.

A propósito de la plata, las últimas semanas ha tocado máximos de 31 años, y aunque una corrección parece inminente, lo cierto es que los fundamentos para que su “bull market” (mercado a la alza) continúe, siguen sólidos. A pesar de eso, con tristeza vemos que en México, por un lado, se sigue desaprovechando la oportunidad de monetizar la onza Libertad, y por otro, que la demanda de dicha moneda podría estarse desacelerando.

Según informa Banxico en respuesta a la solicitud de información OFI006-3646 realizada por este columnista, la colocación de onzas Libertad se disparó de 375,282 piezas en 2007, a 1,275,731 en 2008, cuando inició la crisis. Sin embargo, para 2009 sólo creció 20.25 por ciento más, y para 2010 cayó 26.07 por ciento a 1,134,043 unidades. ¿Será acaso que haya quien sí se esté creyendo el cuento de la recuperación? Que cada uno decida qué camino tomar, pero ante la posibilidad de una gran tormenta, más valdrá siempre estar preparados.