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miércoles, 8 de abril de 2015

Estados Unidos quiere guerra nuclear con Rusia

Imagen: Zerohedge.com
Estados Unidos, o mejor dicho, el verdadero poder que lo mueve desde atrás, quiere una guerra nuclear con Rusia. De eso no hay duda. Un análisis de las constantes presiones y rumbo que han tomado las decisiones de envío de tropas y preparativos de guerra de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se aceleraron desde la desestabilización americana de Ucrania y la defenestración del entonces presidente Víktor Yanukóvich, deja ver con claridad el rumbo trazado.

La gravedad de una decisión como esa –que nos podría llevar a la Tercera Guerra Mundial–, sólo puede tener como trasfondo algo aún más grave: el saber que el colapso de su hegemonía y del reinado del dólar, es inevitable. El desastre que ello les generará en los años por venir es de tal magnitud, que son bien sabidos los preparativos que han hecho desde el mismo 11 de septiembre de 2001, para despojar cada vez más a los ciudadanos de sus libertades individuales. Pretenden atarlos.

Cuando los soberbios políticos entran en desesperación, apuntan a los que consideran responsables de su desgracia. Nunca son ellos mismos o el sistema que los encumbró, sino los periodistas, los extranjeros, un gobierno enemigo, “el mercado”, etc., con tal de distraer la atención del público y descargar las culpas propias en espaldas ajenas.

Lo peor es que Washington, haciendo de titiritero, sigue moviendo a placer a los gobernantes europeos. Aprovechando las distancias geográficas, lo que los americanos quieren es una guerra en el campo de batalla europeo –de preferencia con un ejército común de naciones–, lejos de casa, y pelear a la distancia con misiles balísticos intercontinentales (ICBMs, por sus siglas en inglés). Quizá aún estén algunos generales confiados en su supuesta “superioridad” sobre las fuerzas armadas rusas. Mal hecho.

Aquí hemos dado cuenta de que la supremacía militar americana es un mito. Las Fuerzas Nucleares Estratégicas de Rusia son ahora más avanzadas que las estadounidenses, la superioridad en tanques es abrumadora sobre Europa, sus submarinos se “pasean” con libertad en aguas británicas y por si fuese poco, sus armas electrónicas son tan sofisticadas que ya habrían hecho estragos sobre al menos un destructor, un portaaviones y un submarino americanos. El Pentágono, por supuesto, jamás lo admitirá.

Europa está cometiendo un gravísimo e histórico error haciéndole el juego a Washington y los hilos que la mueven. Pretenden acorralar a Rusia y dejarla “sola”, pero eso la ha arrojado a los brazos de una gustosa China, que le ha dado la bienvenida. La ahora máxima economía global –medida por capacidad de poder de compra, tiene sus propios planes de dominación y encumbramiento de su divisa, el yuan (RMB o renminbi), que la han llevado a seguir devorando de forma descomunal el oro mundial, a asociarse con los rusos en el terreno energético y a conformar el desafiante Banco de Inversión en Infraestructura Asiática (AIIB, por sus siglas en inglés).

En este contexto, Pepe Escobar de Asia Times, ha revelado que según una fuente diplomática de alto nivel, la canciller alemana, Ángela Merkel, se ha aproximado a Beijing para tratar de “interrumpir su asociación estratégica de múltiples frentes con Rusia.” El tema aquí es que los chinos tienen su proyecto de una nueva “Ruta de la Seda” euroasiática que implica lazos forzosos con ambas potencias, Alemania y Rusia. De manera que nada garantiza que el gobierno chino vaya a ceder a este cabildeo orquestado desde América. Escobar dice que en la capital estadounidense no pueden tolerar una cercana relación Alemania-Rusia, “porque amenaza directamente su hegemonía en el Imperio del Caos.” No hay duda.

El analista dice que a su reciente retorno de Moscú, en el Servicio de Seguridad Federal y la inteligencia militar acusan recibo de las crecientes provocaciones de Estados Unidos y la OTAN. Consideran una amenaza a la existencia de la Federación Rusa el intento de aquellos de bloquear el desarrollo comercial euroasiático, la destrucción de su perímetro de defensa y la preparación de un conflicto armado.

Pero Escobar también subraya la superioridad del armamento ruso. Comenta que sería una pésima idea para el bloque occidental, por no decir un suicidio, iniciar una guerra. Agrega que los rusos cuentan con los avanzados misiles S-500 que están terminando de preparar. Los S-500 son “proyectiles antimisiles y antiaéreos que pueden interceptar cualquier misil balístico intercontinental, misiles o aviones de crucero existente. Viajan a 15,480 millas por hora (casi 25 mil Km/hr.); alcanzan una altitud de 115 millas (185 km.); viajan horizontalmente 2,174 millas (3,500 km.); y puede interceptar hasta diez misiles entrantes. Simplemente no pueden ser detenidos por ningún sistema antimisiles estadounidense”, advierte el autor. Moscú ha dicho que el sistema entrará en operación en 2017, pero es un hecho que una vez en funcionamiento, su espacio aéreo estará sellado. Las defensas convencionales de la OTAN son “un chiste”.

Como ve, cada vez son más las voces de alerta respecto a las debilidades militares de los aliados que no deben pasarse por alto.  ¿Por qué entonces las manos que mecen la cuna se empeñan en ir a una guerra que podría escalar al terreno nuclear? La respuesta sólo puede ser que desean pelear por pelear. No sería la primera vez. Y es que el que esta guerra significara una derrota para la OTAN, no quiere decir que no habría manos que se atascarían los bolsillos de dinero con la conflagración, que sería para ese poder oculto, un negocio extraordinario.

No es casual entonces que en todos los medios occidentales la cantinela de “los rusos son los malos”, los espías, los mafiosos, los hackers, etc. no deje de repetirse. Pero justo por ello, por ser la guerra lo que quieren para su conveniencia y no para la de la mayoría de la humanidad, debemos resistirnos y exigir la paz. Hasta ahora Rusia se ha limitado a la autodefensa, pero que nadie espere que un oso herido tolerará para siempre el ser golpeado. Responderá tarde o temprano y quizá sólo esté ajustando los últimos detalles.


El único camino posible para la paz pasa por el levantamiento de las sanciones contra Rusia, y la apertura e integración de los mercados euroasiáticos como lo han planteado desde Moscú y Beijing. En Washington no deberían empeñarse en tratar de detenerlo, ya es demasiado tarde, como lo es también para evitar el fin del dólar como divisa global de reserva. Más ganaría el mundo entero en cooperación y progreso por la vía de la apertura comercial plena. Ese, es el camino al que Estados Unidos debe volver si aspira a seguir siendo una potencia después de su debacle económica y/o militar. Lo contrario sólo lo dirigirá a guerra, miseria y muerte.

viernes, 27 de febrero de 2015

Jugar con fuego: tropas americanas rozan frontera con Rusia

Imagen: Washington Post
El martes pasado vehículos de combate estadounidenses desfilaron en la ciudad estonia de Narva, y llegaron a menos de 300 metros de la frontera con Rusia. En asuntos de poder –y más si se trata de asuntos militares, las casualidades no existen. El hecho –sucedido en el marco de la conmemoración del día de la independencia de Estonia, es solo el mensaje bélico más reciente que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha enviado a Rusia, desde que el año pasado se recrudeció su rivalidad que data de la Guerra Fría.

Los soldados del Segundo Regimiento de Caballería del Ejército americano circularon con la bandera de su país. Cabe recordar que en noviembre, tanques estadounidenses desfilaron también en la capital de la vecina Letonia. La diferencia ahora es que la aproximación fue extrema. En términos de la propia OTAN, podemos decir que se trata de un descarado acto de provocación.

No olvidemos por ejemplo que una semana antes dos jets de la Real Fuerza Aérea británica interceptaron dos bombarderos rusos Tu-95 frente a la costa sur del Reino Unido, en aguas internacionales. Horas más tarde, el secretario de la Defensa de ese país calificó a Rusia como una “amenaza real y presente”, que podría emprender campañas para desestabilizar a antiguos miembros de la Unión Soviética y a la propia alianza atlántica. Pero, si según ellos los aviones rusos son una amenaza a pesar de encontrarse en aguas internacionales, es decir, a kilómetros de espacio aéreo británico, ¿qué será entonces la OTAN para Moscú cuando exhibe sus armas y soldados a unos cuantos metros de su territorio?

Como es obvio, la queja de Rusia ante la evidente expansión de los aliados en su vecindario está más que sustentada. Las repúblicas bálticas –Estonia, Letonia y Lituania– forman desde 2004 parte de la alianza que encabeza Estados Unidos. No por nada el presidente ruso Vladimir Putin teme que Ucrania, con quien se encuentra en disputa, se integre a los actuales 28 países miembro.

En respuesta al desafío del martes, Moscú ordenó maniobras militares con dos mil efectivos y 500 unidades de vehículos y armas en Pskov, muy cerca de la frontera común entre Rusia, Estonia y Lituania. Estos ejercicios durarán hasta mañana sábado, y según informes, se practicará la invasión y destrucción de un aeropuerto enemigo, así como acciones para la defensa de la frontera.

Como podrá darse cuenta, ambos bandos están retándose y enseñando los dientes, antecedente de lo que podría convertirse en un conflicto de grandes dimensiones.

El problema de fondo es que tanto la OTAN como Rusia, pecan de soberbia. El que ambos estén tan envalentonados nos habla de que están autoconvencidos de la propia superioridad que tienen sobre el otro. Sin embargo, el que más podría dar la sorpresa es Moscú.

Empecemos por decir que es un mito que Washington comanda el ejército “más poderoso del mundo”. Pese a esa idea, hay noticias de que el armamento ruso podría ser muy superior en varios aspectos. Por ejemplo, aquí ya mencionamos en una entrega anterior el reporte del Departamento de Estado norteamericano publicado en septiembre pasado, en el cual se rinde cuenta de que por primera vez desde el colapso de la URSS, Rusia alcanzó la paridad con Estados Unidos en materia de armas nucleares estratégicas. Estas son ya incluso más avanzadas que las americanas que, quizás por el exceso de confianza del gobierno americano, se quedaron rezagadas. En cambio, el programa de modernización nuclear y convencional de Rusia está en marcha. La muestra son las pruebas que ha realizado con éxito de misiles balísticos intercontinentales de nueva generación lanzados desde submarino nucleares.

En materia de armas convencionales, según el portal Pravda.ru, a la caída del Muro de Berlín el acomodo de la principal fuerza de combate de tierra –los tanques, era más o menos la siguiente: 6 mil tanques Abram de la OTAN por 20 mil tanques rusos en el Teatro de Operaciones Europeo. Desde entonces, los aliados comenzaron a remplazar estos vehículos en una proporción de un tanque nuevo por cada 10 a 15 viejos. A principios de 2013, los americanos retiraron de Europa el último grupo de tanques Abrams. Según la publicación, el resultado es que a mediados de 2014, el balance favorable para Moscú era absoluto –con más de 18 mil tanques operables, cuya  mayoría, está estacionada en sus bases. Que nadie dude que serían utilizados en caso necesario.

Por si fuera poco, un tercer país más cercano políticamente a Rusia que a Estados Unidos, China, según el Vicealmirante Joseph Mulloy ya sobrepasa en número de submarinos a los americanos. A pesar de que matiza que la calidad de los mismos –tanto nucleares como a diesel– sigue siendo inferior, dice estar preocupado por la expansión del área operativa y de su duración de despliegue. Esta semana ante el Comité de Defensa de la Cámara de Representantes, Mulloy citó como ejemplo el caso de la misión de tres submarinos chinos que patrullaron el Océano Índico por 95 días. Funcionarios americanos han expresado su preocupación ante el crecimiento militar de China y sus lazos estratégicos y tecnológicos con Rusia.


De manera que Estados Unidos y la OTAN, en vez de estar jugando con fuego, deberían de sacar las manos de Ucrania y dejar de acorralar y sancionar a Rusia. Meterse a jugar con el “oso” es muy peligroso. Ya suficiente daño están haciendo desde sus bancos centrales imprimiendo billetes sin control, manipulando las tasas de interés y destruyendo capital a escala global, como para orillar al mundo a una guerra que la absoluta mayoría de sus habitantes, no desea.

miércoles, 6 de agosto de 2014

RUSIA PREPARA EL DESQUITE, ¿E INVASIÓN A UCRANIA?




Imagen: 20minutos.es
El conflicto en Ucrania ha recibido toda la atención y seguimiento de este blog por una razón fundamental: lo que sucede en Europa tiene siempre implicaciones mundiales, y de salirse de control, nadie puede descartar que una guerra local en realidad pueda convertirse en una Tercera Guerra Mundial. Las tensiones en Medio Oriente por la criminal acción bélica de Israel sobre la Franja de Gaza, y en el lejano Oriente por las disputas territoriales en el Mar de la China Meridional, predisponen el terreno.

En este sentido, a la serie de sanciones impuestas a Rusia tanto por Estados Unidos como la Unión Europea, el presidente Vladimir Putin ha girado instrucciones a su gobierno para preparar una respuesta “cautelosa”. Entre las medidas a implementar ha trascendido que se restringiría e incluso prohibiría a aerolíneas europeas volar a Asia a través de Siberia. Las líneas más afectadas serían Lufthansa, British Airways y Air France, cuyo costo se elevaría por el cambio de rutas hasta en 1.3 mil millones de dólares en tres meses -según una fuente del diario ruso Vedomosti, aunque algunos expertos de la industria consideran que la cifra real no sería tan elevada. Desde luego, Putin va a paso lento en el contraataque político porque sabe que este tipo de decisiones siempre terminan teniendo un efecto búmeran.

Esta última parte es la que los líderes europeos y estadounidenses pretenden ignorar con soberbia. Más les valdría un “baño” de humildad, pues si siguen presionando a Rusia y esta cierra la llave del gas a Europa el próximo invierno, más temprano que tarde veríamos a la canciller alemana Angela Merkel y compañía sentarse a la mesa con Putin.

De hecho, aunque hay una negación oficial, gracias al periódico británico The Independent, hace unos días supimos que ya existe un acuerdo secreto entre Alemania y Rusia. Dicho arreglo reconocería la anexión de la península de Crimea, el cese de los apoyos económicos y militares rusos a los separatistas, restablecería el suministro de gas a los ucranianos y obligaría a Kiev a no solicitar su ingreso a la OTAN, entre otros puntos. Solo Putin y Merkel saben si esto también lo conversaron en Brasil durante la final de la copa FIFA, donde se les vio juntos.

Por supuesto, el gran ausente e inconforme sería como siempre el presidente estadounidense Barack Obama, que dicho sea de paso, junto con su secretario de Estado, John Kerry, han manejado una desastrosa política exterior.

En este sentido, ayer los principales mercados bursátiles cayeron fuerte ante los dichos del ministro de Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, quien opinó que Moscú estaría incrementando sus tropas en la frontera ucrania “para ejercer presión o para invadir”. Desde luego, se trata de una especulación que no es nueva, pero que también fue suficiente para levantar las cotizaciones del oro desde sus pérdidas iniciales del día y para que el dólar se fortaleciera hasta un máximo de casi nueve meses frente al euro. La búsqueda de activos exhibe el miedo de los inversionistas ante una guerra. Los efectos ya son globales.

De acuerdo con un portavoz militar ucranio, Rusia tendría desplegados 45 mil soldados en la frontera con Ucrania. Los cálculos de la OTAN son de 20 mil efectivos. Más allá de si se prepara una invasión o no, está claro que Moscú enseña el “músculo” a Kiev, esta vez, con un ejercicio militar de cinco días en el que ha involucrado a más de 100 aviones.

No obstante, las declaraciones del ministro polaco se inscriben en el discurso occidental anti-ruso, mientras cada vez se hace más evidente que, a pesar de la propaganda en sentido contrario, el ejército fiel a Kiev está perdiendo fuerza. Bajo esta óptica, las advertencias de una presunta invasión rusa son por completo infundadas dado que los rebeldes del Este no necesitarían de un apoyo armado total de Moscú para vencer. De esto hay señales cada día más claras, como que 438 soldados ucranios decidieron dejar las filas para irse a Rusia. De ellos, 195 habrían solicitado volver a casa pero el resto, solicitará asilo y la ciudadanía rusa.

Por eso Kiev tiene prisa pues en reforzar al precio que sea a sus fuerzas armadas, para lo que también ha impuesto una serie de gravámenes “temporales” para los gastos militares y ha intentando sin éxito vender bonos para recaudar fondos. Saben que están perdiendo. Fracaso tras fracaso se acumula en el país “apoyado” por Estados Unidos mientras continúan además sumidos en la inflación, la devaluación de su divisa, el desempleo y la recesión.


En suma, ojalá más temprano que tarde veamos a ambos bandos dejar a un lado sus diferencias y se sienten de una vez por todas a negociar una solución pacífica. No parece ser lo que quieren en el bloque occidental que sigue provocando intencionalmente la discordia. Como sea, la senda por la que va el conflicto es perjudicial para todos y de continuar así, la onda expansiva la seguiremos sintiendo en todo el planeta.