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martes, 12 de mayo de 2015

Acapulco: de la perla del pacífico a la perla olvidada (primera parte)

Mario Urióstegui
Columna Invitada: En Síntesis
Mario Urióstegui*

No cabe duda que Acapulco (de donde es un servidor) es el ejemplo claro de que un lugar tranquilo, bello en cuanto a sus atractivos naturales y próspero, puede  convertirse en caótico y decadente cuando se desaprovecha su época de bonanza y esplendor. La ciudad que en algún momento fue un paraíso aislado y pueblo de pescadores, en cuya cúspide estaban familias de origen español que regían la vida económica y política del puerto, terminó como muchas ciudades mexicanas  que desatendieron el desordenado crecimiento urbano pero sobre todo, no respetaron una planeación urbana adecuada a las necesidades del lugar.


Dos son los problemas que originaron lo anterior: La corrupción y la falta de regulación de la tenencia de la tierra.

La tormenta tropical Manuel en 2013 dejó ver la ineficacia de las instituciones para aplicar la ley pues gran parte de los damnificados estaban en zonas de alto riesgo y de deslave. Aquí se incluyen grandes unidades habitacionales y ni pobres ni ricos se salvan, pero,  ¿quién les permitió construir y vivir allí? ¿Por qué? La respuesta es obvia: Los gobiernos municipales y del estado en colusión con los líderes (servidores de la clase política)  de colonos paracaidistas (invasores de terrenos ilegales), quienes aprovechándose de la necesidad de un lugar para vivir de gente con escasos recursos, se apropiaron ilegalmente de gran cantidad de terreno en zonas de alta riesgo, pero también invadiendo y arrebatando terreno destinado a la construcción de espacios públicos en colonias dentro de la ciudad. De ahí la escasez que padecemos en cuanto a la cantidad y calidad de espacios como parques, jardines y plazas dignas de un destino turístico de altura.

Por otra parte la clase política (regidores, alcaldes y gobernadores sobre todo) solaparon la construcción de unidades habitacionales y comercios en la Zona Diamante del puerto, aun cuando el consejo de urbanismo de Acapulco se ha opuesto, es decir, los intereses mezquinos de quienes ostentan los poderes están por encima del bienestar ciudadano.

Pero los causantes de uno de los grandes males de Acapulco desde luego que se cobran ¡y vaya que bien! Ahora se les puede ver participando activamente en este proceso electoral “acarreando” gente para quedar bien con el partido que más le convenga y así seguir despojando a la ciudad de más terreno, agudizando con ello la carencia en servicios públicos sobre todo de agua, recolección de basura, alumbrado, seguridad y vialidades.

De acuerdo al  IMCO los destinos turísticos crecen dos y media veces más rápido que el resto de las ciudades mexicanas y por ello los diversos problemas se agravan en esas urbes. Lo anterior tiene su origen en las etapas iniciales de desarrollo, pues es donde se reciben las inversiones públicas y privadas, las cuales fomenta el crecimiento acelerado de la población en el lugar receptor.

Ahora ya es tarde para querer reconstruir Acapulco “desde los cimientos”. Sin embargo se puede (y debe de) frenar las invasiones ilegales con un gobierno municipal fuerte y decidido a realizar un proyecto de rescate urbano e implementarlo cuanto antes, desde luego que deberá acompañado con la aplicación de la justicia a quien fuera en contra del bienestar ciudadano que tanta falta nos hace alcanzar a los acapulqueños.

Esperen la segunda parte en la que explicaré más sobre los “grandes males de Acapulco” pero también compartiré opiniones de expertos para rescatar la ciudad.

Por Mario Urióstegui Mendoza*

*Analista político en formación y apasionado del sector energético

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