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lunes, 15 de junio de 2015

¿Qué pasó realmente el 7 de Junio en México?

Articulista Invitado: Alberto Zuarth* 

Si queremos cambiar a México tenemos que cambiar al ciudadano, gritaba con el rostro desencajado Diego Fernández de Ceballos en su reaparición pública tras ser secuestrado aquél 14 de Mayo de 2011. Los políticos le quedamos a deber a la ciudadanía, más nos vale reaccionar bien y hacerlo pronto, abrió la conferencia de prensa del ya histórico domingo 7 de Junio de 2015 el líder nacional del PRI César Camacho Quiroz. Me voy del partido porque el PRD no esta siendo útil a las transformaciones que el país requiere dijo Cuauhtémoc Cárdenas al abandonar la organización política que fundó hace poco más de 25 años. 
 Si hay un debate recurrente en los últimos días en la vida política de la nación mexicana es la cuestión que envuelve a quién ganó, pero sobretodo quién perdió en las pasadas elecciones intermedias; la democracia, el poder, los partidos políticos o los ciudadanos. Seguramente, la mejor forma de responder a esta intriga es saber que nos dicen los números y como nuestros nuevos representantes interpretarán los deseos ciudadanos. Así, la primera pregunta a responder será: ¿Qué pasó realmente el domingo 7 de junio en nuestro país?
 Nadie gana y nadie pierde para siempre. El poder político no es monolítico, sino plural y diverso y esa diferenciación ha sido una de las conquistas de la democratización, siendo la democracia la mejor forma de gobierno que permite a una organización humana enfrentar la complejidad y el cambio.
 Las elecciones intermedias en el mundo se han convertido en una especie de referéndum respecto de la gestión del gobierno en turno, el banderazo de salida rumbo a la sucesión presidencial.  La actual administración ha salido bien librada de esta “consulta”, pues continúa ostentándose como la primera fuerza política en el país, aunque este triunfo debe matizarse.
 En su último censo de población y vivienda, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía nos dice que somos un total de 112 millones 336 mil  538 ciudadanos. Por otro lado, el listado nacional de electores del recién “creado” Instituto Nacional Electoral registra 76 millones 97 mil 576 posibles votantes.
 De acuerdo a los conteos finales, el PRI consigue un triunfo incuestionable en el Cámara Baja, junto con sus aliados tendrá como principal ventaja la capacidad de aprobar el presupuesto de egresos sin tener que negociar con la oposición, obtuvo 11 millones 638 mil 556 sufragios, pero representa únicamente al 15.29% de los ciudadanos del país, más del 60% votó por opciones diferentes a este instituto político y todo apunta a que su condición de primera fuerza se debió a la fragmentación del voto opositor. Acción Nacional queda como segunda fuerza política, consigue 8 millones 379 mil 270 votos, arranca en la segunda posición por la carrera presidencial representando al 11.01% del electorado mexicano. El PRD alcanza 4 millones 335 mil 731 y el 5% de la representación de los ciudadanos, dejando a la izquierda mexicana dividida y fragmentada. Además, se confirma la tendencia de una reducción de la votación a favor de los tres principales partidos, es decir, uno de cada cuatro mexicanos optó por opciones marginales. Votaron pues, 35 millones y 40 millones de ciudadanos mexicanos prefirieron abstenerse, duro golpe a la estructura de nuestro sistema de partidos.
Por otro lado, las campañas electorales se dieron en medio de una crisis política con múltiples expresiones mayormente relacionadas a la pérdida de credibilidad y confianza en nuestras instituciones políticas, particularmente hacia los partidos. Así como, una demanda creciente en contra de la corrupción en la política. Asimismo, las campañas de la oposición no fueron lo suficientemente eficaces como para colocar en la agenda pública temas centrales como la corrupción, inseguridad o la desaparición de estudiantes de Ayotzinapa. La campaña más exitosa parece haber sido otra vez la del PRI.
De ahora en adelante, los partidos políticos deberán responder al desafío de un desconocido jugador en el tablero político;  las candidaturas ciudadanas,  que se convirtieron en una alternativa viable para candidatos frustrados con los partidos, o bien, ciudadanos con capacidad de convocatoria. Los candidatos independientes no garantizan en absoluto mejores gobiernos, pero una estructura no partidizada de nuestra democracia tendría una carga muy ligera para el fisco, justo lo que necesitamos en épocas de austeridad. También, con este tipo de candidaturas la tendencia hacia la individualización de la política en México comienza a expandirse y quizás se convertirá en una de las piedras angulares del sistema político mexicano porque los resultados nos dicen que en nuestros tiempos los liderazgos personales están superando la gran potencia de las ideologías. Un tipo de ciudadano que no ha existido nunca en la historia de México pide la palabra frente a una estructura de poder cada vez más cerrada y opaca. Intentando definir claramente, la nueva cuestión social del siglo XXI.
Esa cuestión social que ha sido asustada por varios fantasmas que se han convertido en los grandes retos de la gobernabilidad y la eficacia del accionar gubernamental del estado mexicano, esos miedos que asientan sus bases en la frustración de no estar generando el crecimiento y el desarrollo económico por el que se ha trabajado incansablemente, eso que se traduzca en menor desigualdad, en un mejoramiento de la seguridad pública y el estado de derecho, pero sólo haciendo política, trabajando con otros y a favor de todos, lejos de ser el problema, la política es la solución a los problemas colectivos. Sólo haciendo política acabaremos con todos los que hasta ahora han sido nuestros enemigos; la pobreza, la corrupción y la exclusión. Sólo participando podremos hacer denuncias, desplazar a los políticos abusivos, presentar nuevos rostros y servir a quién más lo necesita. Es probable que haciendo esto no pasemos a la historia pero es seguro que cambiaremos la nuestra.  
Bienvenido el ciudadano que apuesta por el ser y no el parecer, que lucha por elevarse a niveles cada vez más altos de moralidad y de conducta, porque el amor a lo que somos y sobre todo el amor a lo que hacemos es lo único que nos garantiza la felicidad y el éxito como nación. Muchos hombres y muchas mujeres de esta noble tierra han hecho en cada tiempo lo que la responsabilidad les ha exigido ya nada más faltaba que nosotros no hagamos lo que nos corresponde. Todo esto ha sucedido un 7 de Junio en México. 
*Alberto Zuarth: Politólogo chiapaneco, candidato a Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y maestro en Estudios Avanzados en Comunicación Política por la misma institución.
Contacto: azuarth@hotmail.com
Twitter: @Beto_Zuarth

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